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  "id": "nexus-sen-1-0007-201371",
  "citation": "Res. 04947-2002 Sala Constitucional",
  "section": "nexus_decisions",
  "doc_type": "constitutional_decision",
  "title_es": "Derecho al ambiente sano, salud y quema de cañales — principio de prudencia y coordinación interinstitucional",
  "title_en": "Right to a Healthy Environment, Health, and Sugarcane Burning — Principle of Prudence and Interinstitutional Coordination",
  "summary_es": "La Sala Constitucional conoce un amparo presentado por vecinos de Paso Tempisque, Palmira, Los Jocotes y Filadelfia de Carrillo contra el Ministerio de Salud, el MAG, el MINAE y la Central Azucarera Tempisque S.A. (CATSA). Los recurrentes alegan que los malos olores de una laguna de sedimentación y la quema de 5000 hectáreas de cañales por CATSA vulneran su derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado y a la salud. La Sala constata que los malos olores persisten pese a los sistemas de tratamiento, lo que constituye una violación de esos derechos. En cuanto a las quemas, aunque no puede determinar técnicamente su impacto, existen fuertes indicios de afectación ambiental y a la salud; además, CATSA no solicita permiso para quemas desde 1995. La Sala critica la absoluta falta de coordinación entre los ministerios para abordar el problema y la inacción del MAG, que pese a conocer las quemas no denunció ni coordinó con otras entidades. Aplica los principios pro homine y pro libertatis, pero rechaza el cierre del ingenio por desproporcionado y en aplicación del principio de prudencia. Ordena a los tres ministerios y a CATSA elaborar e implantar, en forma coordinada, un plan que solucione razonablemente los problemas en un plazo de diez meses, bajo apercibimiento de desobediencia. Condena al Estado al pago de costas, daños y perjuicios.",
  "summary_en": "The Constitutional Chamber hears an amparo filed by residents of Paso Tempisque, Palmira, Los Jocotes, and the Filadelfia de Carrillo area against the Ministry of Health, MAG, MINAE, and Central Azucarera Tempisque S.A. (CATSA). The claimants argue that foul odors from a sedimentation lagoon and the burning of 5,000 hectares of sugarcane by CATSA violate their rights to a healthy and ecologically balanced environment and to health. The Chamber finds that the foul odors persist despite treatment systems, constituting a violation of these rights. Regarding the burns, although it cannot technically determine their impact, there is strong evidence of environmental and health effects; moreover, CATSA has not requested a burning permit since 1995. The Chamber criticizes the complete lack of coordination among the ministries to address the problem and the inaction of MAG, which, despite knowing of the burning, failed to report or coordinate with other entities. It applies the pro homine and pro libertatis principles but refuses to order the mill’s closure as disproportionate and under the principle of prudence. It orders the three ministries and CATSA to jointly prepare and implement a plan to reasonably solve the problems within ten months, under penalty of contempt. The State is ordered to pay costs, damages, and losses.",
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  "date": "24/05/2002",
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    "amparo ambiental",
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    "derecho a la salud",
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    "quema de cañales",
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    "Decreto 23850-MAG-SP",
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  "excerpt_es": "Se declara CON LUGAR el recurso. Se le ORDENA a las personas que ejerzan los cargos de MINISTRO DE SALUD, MINISTRO DE AMBIENTE Y ENERGIA Y MINISTRO DE AGRICULTURA Y GANADERIA, y a EDGAR ALEJANDRO PONCIANO LAVERGNE, en su calidad de Gerente General de la CENTRAL AZUCARERA TEMPISQUE S.A., o a quien se desempeñe en su puesto, BAJO PENA DE DESOBEDIENCIA, que en el término improrrogable de DIEZ MESES contado a partir de la notificación de esta sentencia, elaboren en forma coordinada e implanten un plan que solucione en forma razonable los problemas que acusan los recurrentes. Se condena al ESTADO al pago de las costas, daños y perjuicios causados con los hechos que sirven de base a esta declaratoria, los que se liquidarán en ejecución de sentencia de lo contencioso administrativo.",
  "excerpt_en": "The appeal is GRANTED. The persons holding the positions of MINISTER OF HEALTH, MINISTER OF ENVIRONMENT AND ENERGY, and MINISTER OF AGRICULTURE AND LIVESTOCK, and EDGAR ALEJANDRO PONCIANO LAVERGNE, in his capacity as General Manager of CENTRAL AZUCARERA TEMPISQUE S.A., or whoever holds his position, are ORDERED, UNDER PENALTY OF CONTEMPT, to jointly prepare and implement, within the non-extendable term of TEN MONTHS from notification of this ruling, a plan that reasonably resolves the problems raised by the claimants. The STATE is ordered to pay the costs, damages, and losses caused by the facts underlying this ruling, to be settled in the enforcement stage of the contentious-administrative proceeding.",
  "outcome": {
    "label_en": "Granted",
    "label_es": "Con lugar",
    "summary_en": "The Chamber grants the amparo but rejects the claim for CATSA's closure, ordering the three ministries and the company to jointly prepare and implement, within ten months, a plan to reasonably resolve the foul odor and burning problems, under penalty of contempt, and orders the State to pay costs, damages, and losses.",
    "summary_es": "La Sala declara con lugar el amparo, pero rechaza la pretensión de cierre del ingenio CATSA y ordena a los tres ministerios y a la empresa elaborar e implantar, en diez meses y de forma coordinada, un plan para solucionar razonablemente los problemas de malos olores y quema de cañales, bajo apercibimiento de desobediencia, y condena al Estado al pago de costas, daños y perjuicios."
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  "pull_quotes": [
    {
      "context": "Considerando VIII",
      "quote_en": "The Chamber considers that the main problem evidenced in the file is the absolute lack of coordination among the respondent Ministries in addressing and reasonably resolving the environmental problems raised.",
      "quote_es": "La Sala estima que el principal problema que se ha evidenciado en el expediente, es la absoluta falta de coordinación de los Ministerios recurridos a la hora de abordar y resolver razonablemente los problemas ambientales expuestos."
    },
    {
      "context": "Considerando IV",
      "quote_en": "The State must adopt a dual behavior of acting and refraining; on one hand, it must refrain from itself violating the right to a healthy and ecologically balanced environment, and on the other, it must undertake the task of issuing measures to comply with constitutional requirements.",
      "quote_es": "El Estado debe asumir un doble comportamiento de hacer y de no hacer; por un lado debe abstenerse de atentar él mismo contra el derecho a contar con un ambiente sano y ecológicamente equilibrado, y por otro lado, debe asumir la tarea de dictar las medidas que permitan cumplir con los requerimientos constitucionales."
    },
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      "context": "Considerando IV",
      "quote_en": "Regarding environmental protection, the typically diffuse interest that gives standing to the subject to bring an action is transformed, by virtue of its incorporation into the catalog of human rights, into a true 'reactional right'.",
      "quote_es": "Tratándose de la protección del ambiente, el interés típicamente difuso que legitima al sujeto para accionar, se transforma en virtud de su incorporación al elenco de los derechos de la persona humana, convirtiéndose en un verdadero ‘derecho reaccional’."
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      "context": "Considerando VIII",
      "quote_en": "The jurisprudence of the Supreme Court of the United States has held that the Constitution 'is not a suicide pact' but, on the contrary, an instrument that makes social coexistence possible.",
      "quote_es": "La jurisprudencia de la Corte Suprema de los Estados Unidos ha sostenido que la Constitución 'no es un pacto suicida' sino, por el contrario, un instrumento que hace posible la convivencia social."
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  "body_es_text": "Grande\nNormal\nPequeña\nSala Constitucional\n\nResolución Nº 04947 - 2002\n\nFecha de la Resolución: 24 de Mayo del 2002 a las 09:20\n\nExpediente: 02-002257-0007-CO\n\nRedactado por: Eduardo Sancho González\n\nClase de asunto: Recurso de amparo\n\nAnalizado por: SALA CONSTITUCIONAL\n\n\n\n\nSentencia con Voto Salvado\n\nSentencias Relacionadas\n\n\nContenido de Interés:\n\nTipo de contenido: Voto de mayoría\n\nRama del Derecho: 2. PRINCIPIOS CON JURISPRUDENCIA\n\nTema: Prudencia\n\nSubtemas:\n\nNO APLICA.\n\nSobre el Principio de Prudencia. Esta Sala estima que el principio aludido no le permite validar una medida de tal magnitud como el cierre del ingenio, especialmente si se considera que los propios recurridos se han esforzado para erradicar el problema denunciado. A mayor abundamiento, tampoco es este Tribunal parte integrante de la Administración activa de la República, de tal modo que no le corresponde asumir las tareas de evaluación propias del Ministerio de Salud, o cualquier otro ente administrativo, como lo sería declarar que la quema masiva de cañales que realiza CATSA es perjudicial para la salud y, peor aun, decidir que medida debe implantarse para darle fin al problema, ponderando para ello cuestiones de orden técnico, económico y político que exceden a la naturaleza de la función jurisdiccional. A este respecto, estima la Sala que el principal problema que se ha evidenciado en el expediente, es la absoluta falta de coordinación de los Ministerios recurridos a la hora de abordar y resolver razonablemente los problemas ambientales expuestos. Es obligación del Estado proporcionar la protección necesaria para que todos los individuos disfruten de un ambiente libre de contaminación. Partiendo de las anteriores consideraciones, la solución que se impone, luego de efectuar una correcta armonización de los principios mencionados, es disponer que todas estas dependencias estatales le den una solución razonable a los problemas expuestos, en un plazo determinado.- Sentencia 4947-02, 736-10, 3828-11\n\n... Ver más\nContenido de Interés:\n\nTipo de contenido: Voto de mayoría\n\nRama del Derecho: TEMAS ANTERIORES\n\nTema: Derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado\n\nSubtemas:\n\nViolación por incumplimiento de las autoridades recurridas de su deber de protección a la salud de los pobladores..\n\nTema: Contaminación atmosférica\n\nSubtemas:\n\nPor los malos olores en el lavado de la caña de azúcar y las quemas en los cañales.-.\n\nTema: Interpretación de norma jurídica\n\nSubtemas:\n\nEsta Sala ha indicado que la interpretación de normas cuando se trata de las personas, se basa en dos principios pro homine y pro libertatis..\n\nTema: Administración pública\n\nSubtemas:\n\nEs función esencial del Estado el velar por la protección a la salud de la población..\n\nEste Tribunal se ha pronunciado reiteradamente sobre la naturaleza constitucional de los derechos a gozar de un medio ambiente sano y ecológicamente equilibrado que ostentan los pobladores nuestro país; materias que, por consiguiente, se ubican en el ámbito propio de los Derechos Fundamentales. Así por ejemplo, en sentencia N° 00644–99 de las once horas veinticuatro minutos del veintinueve de enero de mil novecientos noventa y nueve, la Sala indicó:\n\n\"III.– Sobre el derecho. El artículo 50 de la Constitución Política establece que toda persona tiene derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado. El derecho a un ambiente sano tiene un contenido amplio que equivale a la aspiración de mejorar el entorno de vida del ser humano, de manera que desborda los criterios de conservación natural para ubicarse dentro de toda esfera en la que se desarrolle la persona, sea la familiar, la laboral o la del medio en el cual habita. De ahí que se afirme que se trata de un derecho transversal, es decir, que se desplaza a todo lo largo del ordenamiento jurídico, modelando y reinterpretando sus institutos. El ambiente es definido por la Real Academia Española de la Lengua como el ‘conjunto de circunstancias físicas que rodean a los seres vivos’, lo que recalca aún más el carácter general del derecho. En cambio el derecho a un ambiente ecológicamente equilibrado es un concepto más restringido referido a una parte importante de ese entorno en el que se desarrolla el ser humano, al equilibrio que debe existir entre el avance de la sociedad y la conservación de los recursos naturales. Ambos derechos se encuentran reconocidos expresamente en el artículo 50 de la Constitución Política, que perfila el Estado Social de Derecho. La ubicación del derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado dentro de las regulaciones constitucionales del Estado Social de Derecho es el punto a partir del cual debe éste ser analizado. El Estado Social de Derecho produce el fenómeno de incorporación al texto fundamental de una serie de objetivos políticos de gran relevancia social y de la introducción de un importante número de derechos sociales que aseguran el bien común y la satisfacción de las necesidades elementales de las personas. En esta perspectiva, la Constitución Política enfatiza que la protección de los recursos naturales es un medio adecuado para tutelar y mejorar la calidad de vida de todos, lo que hace necesaria la intervención de los poderes públicos sobre los factores que pueden alterar el equilibrio de los recursos naturales y, más ampliamente, obstaculizar que la persona se desarrolle y desenvuelva en un ambiente sano. De igual forma que el principio del Estado Social de Derecho es de aplicación inmediata, el derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado también lo es, de manera que se manifiesta en la doble vertiente de derecho subjetivo de las personas y configuración como meta o fin de la acción de los poderes públicos en general. La incidencia que tiene el derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado dentro de la actividad del Estado… encuentra su primera razón de ser en que por definición los derechos no se limitan a la esfera privada de los individuos sino que tienen asimismo trascendencia en la propia estructura del Estado en su papel de garante de los mismos y, en segundo término, porque la actividad del Estado se dirige hacia la satisfacción de los intereses de la colectividad. La Constitución Política establece que el Estado debe garantizar, defender y preservar ese derecho. Prima facie garantizar es asegurar y proteger el derecho contra algún riesgo o necesidad, defender es vedar, prohibir e impedir toda actividad que atente contra el derecho, y preservar es una acción dirigida a poner a cubierto anticipadamente el derecho de posibles peligros a efectos de hacerlo perdurar para futuras generaciones. El Estado debe asumir un doble comportamiento de hacer y de no hacer; por un lado debe abstenerse de atentar él mismo contra el derecho a contar con un ambiente sano y ecológicamente equilibrado, y por otro lado, debe asumir la tarea de dictar las medidas que permitan cumplir con los requerimientos constitucionales.\"\n\nY también:\n\n\"Toda la vida del hombre ocurre en relación inevitable con su ambiente, en especial con el mejoramiento de la calidad de vida que es el objetivo central que el desarrollo necesita, pero éste debe estar en relación con el ambiente de modo tal que sea armónico y sustentable.\n\nEl ambiente, por lo tanto, debe ser entendido como un potencial de desarrollo para utilizarlo adecuadamente, debiendo actuarse de modo integrado en sus relaciones naturales, socioculturales, tecnológicas y de orden político, ya que, en caso contrario, se degrada su productividad para el presente y el futuro y podría ponerse en riesgo el patrimonio de las generaciones venideras. Los orígenes de los problemas ambientales son complejos y corresponden a una articulación de procesos naturales y sociales en el marco del estilo de desarrollo socioeconómico que adopte el país. Por ejemplo, se producen problemas ambientales cuando las modalidades de explotación de los recursos naturales dan lugar a una degradación de los ecosistemas superior a su capacidad de regeneración, lo que conduce a que amplios sectores de la población resulten perjudicados y se genere un alto costo ambiental y social que redunda en un deterioro de la calidad de vida; pues precisamente el objetivo primordial del uso y protección del ambiente es obtener un desarrollo y evolución favorable al ser humano. La calidad ambiental es un parámetro fundamental de esa calidad de vida; otros parámetros no menos importantes son salud, alimentación, trabajo, vivienda, educación, etc., pero más importante que ello es entender que si bien el hombre tiene el derecho de hacer uso del ambiente para su propio desarrollo, también tiene el deber de protegerlo y preservarlo para el uso de las generaciones presentes y futuras, lo cual no es tan novedoso, porque no es más que la traducción a esta materia, del principio de la ‘lesión’, ya consolidado en el derecho común, en virtud del cual el legítimo ejercicio de un derecho tiene dos límites esenciales: Por un lado, los iguales derechos de los demás y, por el otro, el ejercicio racional y el disfrute útil del derecho mismo.\n\nII) – Es importante hacer algunas aclaraciones, íntimamente relacionadas con el fondo de este amparo, para poder comprender los aspectos relacionados con el ambiente y sus deteriorantes, entendiendo que el primero es todo lo que naturalmente nos rodea y permite el desarrollo de la vida y tanto se refiere a la atmósfera y sus capas superiores como a la tierra, sus aguas, flora, fauna y recursos naturales en general, todo lo cual conforma la naturaleza con sus sistemas ecológicos de equilibrio entre los organismos y el medio en que viven. Por otro lado, el sistema ecológico o ecosistema es la unidad básica de interacción entre organismos vivos con el medio en un espacio determinado; y contaminante es todo elemento, compuesto o sustancia, su asociación o composición, derivado químico o biológico, así como cualquier tipo de energía, radiación vibración o ruido que, incorporados en cierta cantidad al ambiente por un lapso más o menos prolongado, puedan afectar negativamente o ser dañinos a la vida, la salud o al bienestar del hombre o de la flora y fauna, o causar un deterioro en la calidad del aire, agua, suelo, ‘bellezas naturales’ o recursos en general, que hacen en síntesis la calidad de vida.\n\n(…)\n\nIV) – La preocupación por los recursos naturales y por un desarrollo armónico a largo plazo ha sido un elemento reiterado en la evolución histórica de nuestro país desde el siglo pasado. Tradicionalmente se ha sostenido que Costa Rica es un Estado de Derecho y es quizás por esta razón que exista la tendencia a pretender resolver todos los problemas con la promulgación de leyes y normas de otro rango. Sin embargo, dentro de nuestro entorno cultural, las leyes por sí solas han resultado evidentemente insuficientes para garantizar la conservación de los recursos naturales y asegurar un desarrollo sostenible futuro, por ello es indispensable que la norma jurídica tenga no solo un respaldo técnico, sino que, de hecho, se asuman responsabilidades individuales y colectivas respecto el cumplimiento de dicha normativa en los diferentes niveles e instancias que corresponda.\n\n(…)\n\nHablar de desarrollo sostenible en términos de satisfacción de las necesidades humanas presentes y futuras y del mejoramiento de la calidad de vida es hablar de la demanda de los recursos naturales a nivel individual y de los medios directos o de apoyo necesarios para que la economía funcione generando empleo y creando los bienes de capital, que a su vez hagan posible la transformación de los recursos en productos de consumo, de producción y de exportación.\n\n(…)\n\nNo puede dejar de hacerse referencia a la reunión convocada en julio de 1992 en Brasil, denominada Cumbre de la Tierra, en la cual se proclamó y reconoció la naturaleza integral e independiente del planeta. Dicha declaración significa la aceptación de ciertos principios que informan la transición de los actuales estilos de desarrollo a la sustentabilidad. Los Estados signatarios, entre los que figura Costa Rica, se comprometieron, dentro de la preservación del desarrollo sostenible, a la protección sobre todo del ser humano. Se partió del principio de que toda persona tiene derecho a una vida saludable y productiva en armonía con la naturaleza; se incluyó el derecho de las generaciones presentes y futuras a que el desarrollo se realice de modo tal que satisfaga sus necesidades ambientales y de progreso; se mantuvo la potestad soberana de los Estados de explotar sus recursos, recalcando su responsabilidad de asegurar que las actividades que realicen dentro de su jurisdicción y control no causen daños ambientales a otros Estados o areás (sic) más allá de los límites de su jurisdicción nacional. Establecieron el deber de los Estados de cooperar en la conservación, protección y restauración del ambiente y sus responsabilidades comunes en ese sentido; de ese modo la cooperación internacional en la promoción y apoyo del crecimiento económico y el desarrollo sostenible permitirá abordar mejor los problemas de la degradación ambiental. Asimismo, se impuso un deber especial a los países desarrollados fundado en su responsabilidad en la búsqueda del desarrollo sostenible, dada la evidente presión que ejercen en el ambiente global las tecnologías que desarrollan y los recursos financieros que poseen.\" (Sentencia número 3705–93 de las quince horas del treinta de julio de mil novecientos noventa y tres).\n\nLa naturaleza transversal de los Derechos Fundamentales que se analizan, por cierto, tiene importantes repercusiones en el ámbito propio de la legitimación para acudir a la vía del amparo, y esta cuestión no ha pasado inadvertida para la Sala, que expuso claramente sus consecuencias en sentencias como la número 3705–93 de las quince horas del treinta de julio de mil novecientos noventa y cuatro que, en lo conducente, expresa:\n\n\"Tratándose de la protección jurídica del ambiente, la legitimación de los particulares para actuar judicialmente y lograr la aplicación de las normas que tienen esa finalidad o bien, solicitar la tutela jurisdiccional para amparar sus derechos violados, es de gran importancia. Pero debe analizarse desde varios puntos de vista, es decir, en relación con la naturaleza del proceso, las pretensiones y las partes intervinientes y, también tomando en cuenta que el quebranto de las normas ambientales puede provocarlo con su actuación u omisión tanto un sujeto de derecho privado como de derecho público. Este último, simplemente omitiendo ejercer el control debido sobre la actuación de los sujetos privados, cuando infringen las normas ambientales, ignorando su competencia funcional, que le exige ejercer ese control; o bien, infringiendo directamente con su actuación disposiciones jurídicas destinadas a proteger y conservar el ambiente. Esta Sala en Sentencia número 2233–93 al señalar que la preservación y protección del ambiente es un derecho fundamental, da cabida a la legitimación para acudir a la vía de amparo. En el derecho ambiental, el presupuesto procesal de la legitimación tiende a extenderse y ampliarse en una dimensión tal, que lleva necesariamente al abandono del concepto tradicional, debiendo entender que en términos generales, toda persona puede ser parte y que su derecho no emana de títulos de propiedad, derechos o acciones concretas que pudiera ejercer según las reglas del derecho convencional, sino que su actuación procesal responde a lo que los modernos tratadistas denominan el interés difuso, mediante el cual la legitimación original del interesado legítimo o aún del simple interesado, se difunde entre todos los miembros de una determinada categoría de personas que resultan así igualmente afectadas por los actos ilegales que los vulneran. Tratándose de la protección del ambiente, el interés típicamente difuso que legitima al sujeto para accionar, se transforma, en virtud de su incorporación al elenco de los derechos de la persona humana, convirtiéndose en un verdadero ‘derecho reaccional’, que, como su nombre lo indica, lo que hace es apoderar a su titular para ‘reaccionar’ frente a la violación originada en actos u omisiones ilegítimos. Es por ello que la vulneración de ese derecho fundamental, constituye una ilegalidad constitucional, es decir, una causal específica de amparo contra los actos concretos o normas autoaplicativas o, en su caso, en la acción de inconstitucionalidad contra todas las normas o contra los actos no susceptibles de amparo, e incluso, contra las omisiones, categoría ésta que en el caso del derecho al ambiente se vuelve especialmente importante, porque al tratarse de conservar el medio que la naturaleza nos ha dado, la violación más frecuente se produce por la inercia de las autoridades públicas en realizar los actos necesarios para protegerlos. La Jurisdicción Constitucional, como medio jurídicamente idóneo y necesario para garantizar la supremacía del derecho de la Constitución es, además de supremo, de orden público esencial, y ello implica, en general, que una legitimación mucho más flexible y menos formalista, es necesaria para asociar a los ciudadanos al interés del propio Estado de Derecho de fiscalizar y, en su caso, restablecer su propia juridicidad.\"\n\nQue la problemática expuesta incida en todos los niveles del quehacer humano, a estas alturas, resulta evidente, pero vale la pena destacar la especial relación que guarda con otro Derecho Fundamental: el Derecho a la Salud. A este respecto, a dicho la Sala:\n\n\"…Sobre el Derecho a la Salud. La Constitución Política de nuestro país no contempla expresamente el Derecho a la Salud, pero sí tutela la vida humana, que reputa como inviolable. En efecto, el artículo veintiuno de nuestra carta fundamental establece una tutela fundamental del Derecho a la Vida (humana) al expresar que la vida humana es inviolable. Esto conlleva clara e inequívocamente el derecho de todo ser humano a disfrutar de una vida plena, lo cual entraña a su vez exigencia Fundamental a gozar de la Salud, que resulta ser un corolario y componente indispensable e inescindible del Derecho a la Vida. El referido artículo veintiuno de la Constitución Política, por otra parte, guarda una relación muy cercana con la norma prevista en el ordinal cincuenta del texto constitucional, que dispone lo siguiente:\n\n‘Artículo 50.-\n\nEl Estado procurará el mayor bienestar a todos los habitantes del país, organizando y estimulando la producción y el más adecuado reparto de la riqueza.\n\nToda persona tiene derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado. Por ello está legitimada para denunciar los actos que infrinjan ese derecho y para reclamar la reparación del daño causado.\n\nEl Estado garantizará, defenderá y preservará ese derecho. La ley determinará las responsabilidades y las sanciones correspondientes.’ (Artículo reformado mediante Ley No. 7412 de 24 de mayo de 1994, publicada en La Gaceta No. 111 de 10 de junio de 1994).\n\nEsta disposición establece un sistema de garantías que, en forma correlativa al Derecho Fundamental a la Vida, tienden a realizar e impulsar plenamente el afán constitucional de que la vida de todo ser humano sea, no sólo respetada, sino potenciada en todos sus aspectos. Esto significa que nuesto (sic) constituyente comprendió claramente que, de desvincularse el contenido del numeral veintiuno de la Constitución Política del Derecho Fundamental a la Salud, no sólo en el ámbito físico, sino también en el psíquico y el espiritual, el Derecho a la Vida no pasaría de ser, en la práctica, más que una mera declaración de principios. Dicho de otro modo, resulta obvio que el constituyente se percató de que Derecho a la Salud constituye un aspecto indisociable del principio que establece la inviolabilidad de la vida; y es precisamente por esta razón que se previó la creación de un sistema de seguro social, pues éste se revelaba como necesario para concretar el derecho de todos los habitantes de la República de gozar de un verdadero Derecho a la Salud…\n\n(…)\n\nAsimismo, la clarísima raigambre constitucional del Derecho a la Salud se ve complementada por el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, aprobado por la Ley 4229 del once deciembre de mil novecientos sesenta y seis, que además de formar parte del parámetro de constitucionalidad, contempla expresamente el Derecho a la Salud, y lo disciplina de la siguiente manera:\n\n‘Artículo 12\n\nLos Estados Partes en el presente Pacto reconocen el derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental.\n\n(...)’\n\nEsta disposición ayuda a interpretar en forma todavía más plena la normativa constitucional que –ya de por sí– postula a la Salud como un Derecho Fundamental. Dada la importancia de este tema, este Tribunal ya ha emanado abundante jurisprudencia al respecto. Así, se ha dicho lo siguiente:\n\n‘VIIIo. En cuanto al derecho a la salud, es importante aprovechar el contexto que nos presenta el caso en estudio para aclarar que, si bien nuestra Constitución Política no contempla en forma expresa ese derecho –aunque sí se preocupa de regular expresamente los aspectos con ella relacionados, catalogados como parte de los derechos constitucionales sociales, como el derecho a la seguridad social–, no se puede negar su existencia, por ser derivado directo del derecho a la vida protegido en el artículo 21 de nuestra Constitución, ya que éste –el derecho a la vida– es la razón de ser y explicación última del derecho a la salud. La conexión existente entre ambos es innegable, el derecho a la salud tiene como propósito fundamental hacer efectivo el derecho a la vida, porque éste no protege únicamente la existencia biológica de la persona, sino también los demás aspectos que de ella se derivan. Se dice con razón, que el ser humano es el único ser de la naturaleza con conducta teleológica, porque vive de acuerdo a sus ideas, fines y aspiraciones espirituales, en esa condición de ser cultural radica la explicación sobre la necesaria protección que, en un mundo civilizado, se le debe otorgar a su derecho a la vida en toda su extensión, en consecuencia a una vida sana. Si dentro de las extensiones que tiene éste derecho está, como se explicó, el derecho a la salud o de atención a la salud ello incluye el deber del Estado de garantizar la prevención y tratamiento de las enfermedades.’(Voto 1915-92 de las catorce horas y doce minutos del veintidós de julio de mil novecientos noventa y dos).\n\nComo se puede concluir sin mayor esfuerzo de lo expuesto anteriormente, el Derecho a la Salud, que se encuentra desarrollado en numerosos textos legales, tiene como característica esencial el entrañar una obligación del Estado de procurar que la población disfrute de un bienestar físico, mental y hasta social. De ahí que la doctrina lo califique como un Derecho Funcional, ya que implica ‘...también la existencia de obligaciones específicas respecto no sólo de sí mismo, sino también de la familia y la comunidad.’ En tal medida, la Ley General de Salud No. 5395, prevé lo siguiente:\n\n‘Artículo 1.-\n\nLa salud de la población es un bien de interés público tutelado por el Estado.\n\nArtículo 2.-\n\nEs función esencial del Estado velar por la salud de la población. Corresponde al Poder Ejecutivo, por medio del Ministerio de Salud, al cual se referirá abreviadamente la presente ley como ‘ Ministerio ‘, la definición de la política nacional de salud, la normación, planificación y coordinación de todas las actividades públicas y privadas relativas a salud, así como la ejecución de aquellas actividades que le competen conforme a la ley. Tendrá potestades para dictar reglamentos autónomos en estas materias.’\n\nDe las normas citadas anterioremente (sic), se concluye que existe un Principio General del Derecho de la Constitución que obliga a los entes estatales a comprometerse activamente en procurar la Salud de la población –en todas las manifestaciones que esta implique–. Tal obligación, por supuesto, varía en relación con la esfera de competencias que cada ente, órgano o dependencia exhiba, pero aun así es de aplicación general.\" (Sentencia 2000–09051 de las diez horas con dieciocho minutos del trece de octubre de dos mil).\n\nCompárese este precedente con lo dispuesto en el pronunciamiento número 6165-94 de las diecisiete horas doce minutos del diecinueve de octubre de mil novecientos noventa y cuatro:\n\n\"El término ‘bellezas naturales’ era el empleado al momento de promulgarse la Constitución, (7 de noviembre de 1949) que hoy se ha desarrollado como una especialidad del derecho; el derecho ambiental que reconoce la necesidad de preservar el entorno no como un fin cultural únicamente, sino como una necesidad vital de todo ser humano. En este sentido, el concepto de un derecho al ambiente sano, supera los intereses recreativos o culturales que también son aspectos importantes de la vida en sociedad, sino que además constituye un requisito capital para la vida misma. Ningún resultado racional puede producir la negación de nuestra fragilidad como seres animados, dependientes del entorno para nuestra subsistencia y la de generaciones futuras.\n\nXIV.- De esta segunda visión del tema ambiental, se hace posible revestir a los derechos individuales clásicos de las condiciones necesarias para su pleno disfrute y ejercicio, en especial del derecho a la vida particularmente reforzado por nuestro artículo 21 constitucional, que la declara inviolable. Así, de la necesidad de disfrutar plenamente de los derechos humanos, surgen normas directamente derivadas de las fundamentales –entendidas como las ya consagradas en el texto constitucional– que operan como condiciones instrumentales para su preservación y ejercicio. Por ello las condiciones necesarias para la protección de los derechos fundamentales, se constituyen en verdaderos derechos independientes y exigibles con autonomía de aquéllos. Son verdaderas normas subconstitucionales como las denomina la doctrina, surgidas de la interpretación armónica del derecho de la Constitución; como por ejemplo la relación género–especie entre la libertad de comercio y la libertad de contratación según lo desarrolló la Corte Plena en funciones de tribunal constitucional, en la sentencia de 26-8-82. La segunda como consecuencia de la primera, es una condición indispensable para su ejercicio y sin embargo un derecho autónomo a la vez.\n\nXV.- Por ello podemos afirmar que del derecho a la vida y de la obligación estatal de ‘proteger las bellezas naturales’ contenidos en los artículos 21 y 89 de la Constitución, surgen otros derechos de obligada protección e igual rango como son los de la salud y a un ambiente sano, en ausencia de los cuales o no sería posible el ejercicio de los primeros, o su disfrute se vería severamente limitado.\n\nXVI.- El derecho a la Salud, como derecho humano, fue reconocido por la Sala en tempranas sentencias, como la N°56-90 que declaró ese derecho como irrenunciable; y la sentencia N°1755-90 en la que se dijo:\n\n‘En el presente caso, está de por medio del derecho a la Salud, derecho fundamental del ser humano –en la medida en que la vida depende en gran parte de su respecto– de tal forma que conforme a nuestra Constitución Política, artículos 10 y 48, y la Ley de la Jurisdicción Constitucional, la materia objeto del presente recurso... sí se constituye en objeto de obligado conocimiento de esta instancia, en la medida en que involucra la presunta violación de un derecho constitucional...’\n\nDe manera que es claro que ya no existe duda sobre la protección constitucional del derecho a la salud jalonado del derecho a la vida y por allí de un derecho al ambiente sano. A manera de ilustración podemos citar las sentencias 1580-90; 1833-91; 2362-91; 2728-91; 1297-92; 2233-93; 4894-93; que han reconocido el derecho a la salud y a un ambiente sano, como un derecho individual constitucionalmente protegido.\"\n\nAsí, en síntesis, puede decirse que toda persona tiene derecho a una vida saludable y productiva en armonía con la naturaleza y, en esta tesitura, se enmarca el concepto del derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado. Por un lado, el derecho a un ambiente sano consiste en la aspiración de mejorar el entorno de vida del ser humano dentro de toda esfera en la que se desarrolle la persona, sea la familiar, la laboral o la del medio en el cual habita. En este sentido, este concepto supera los meros intereses \"recreativos\" o \"culturales\" porque constituye un requisito capital para la vida misma. En cambio, el derecho a un ambiente ecológicamente equilibrado es una noción más restringida, que únicamente se refiere al equilibrio que debe existir entre el avance de la sociedad y la conservación de los recursos naturales. Ambos conceptos no sólo no son excluyentes, sino que se complementan e implican el uno al otro, al extremo de que generalmente se los trata como uno solo. A la sazón, tanto si se los aborda en conjunto o separadamente, se descubre que ambos revisten el carácter de derecho transversal. Esto quiere decir que se desplazan a todo lo largo del ordenamiento jurídico, modelando y reinterpretando sus institutos. El derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado es de aplicación inmediata, de manera que se manifiesta en la doble vertiente de derecho subjetivo de las personas y configuración como meta o fin de la acción de los poderes públicos en general. La calidad ambiental es un parámetro fundamental de la calidad de vida, pero no es el único: otros parámetros, no menos importantes, son la salud, la alimentación, el trabajo, la vivienda, la educación, etc. A este respecto, cabe añadir que en la actualidad se acepta pacíficamente que existe una tutela de rango constitucional del derecho a la salud, jalonado del derecho a la vida y, por allí, de un derecho al ambiente sano; esto por cuanto el Derecho a la Salud constituye un aspecto indisociable del principio que establece la inviolabilidad de la vida. De hecho, al igual que el Derecho a un Ambiente Sano y Ecológicamente Equilibrado, el Derecho a la Salud tiene como característica esencial el entrañar una obligación del Estado; si bien ella consiste en procurar que la población disfrute de un bienestar físico, mental y hasta social. Por esa razón, la doctrina lo califica como un Derecho Funcional, puesto que entraña obligaciones específicas respecto no sólo de sí mismo, sino también de la familia y la comunidad. En tanto ambos Derechos –en alguna medida– también se implican el uno al otro, no es difícil entender que ambos deben orientar poderosamente el quehacer Estatal. Debe entenderse que existe un Principio General del Derecho de la Constitución, derivado del Derecho a la Vida, que obliga a los entes estatales a comprometerse activamente en procurar, por un lado, la Salud de la población –en todas las manifestaciones que esta implique–, y por el otro, a tutelar al medio ambiente. Tal obligación, por supuesto, varía en relación con la esfera de competencias que cada ente, órgano o dependencia exhiba, pero aun así es de aplicación general. No obstante, las leyes –por sí solas– hasta ahora han resultado evidentemente insuficientes para garantizar la conservación de los recursos naturales y asegurar un desarrollo sostenible futuro. Por ello, es indispensable que la norma jurídica tenga no solo un respaldo técnico, sino que, de hecho, se asuman responsabilidades individuales y colectivas respecto al cumplimiento de dicha normativa en los diferentes niveles e instancias que corresponda. El quebranto de las normas ambientales puede provocarlo con su actuación u omisión tanto un sujeto de derecho privado como de derecho público. Este último, simplemente omitiendo ejercer el control debido sobre la actuación de los sujetos privados, cuando infringen las normas ambientales, ignorando su competencia funcional, que le exige ejercer ese control. Y por eso mismo, si la Administración omite ejercer sus cometidos de tutela y fiscalización, el administrado puede acudir a la vía del amparo.\n\nAhora bien, en este contexto es necesario recordar que la finalidad última de la interpretación constitucional es potenciar la actuación práctica del ordenamiento constitucional, lo cual –se ha dicho– entraña expandir al máximo la fuerza normativa de la Constitución y la interpretación de todo el ordenamiento jurídico (incluyendo la ley de esta jurisdicción) en consonancia con ella misma. En otro nivel, sea al estudiar un caso concreto para darle solución, este propósito se traduce en elegir entre todas las posibles respuestas aquella opción que resulte más correcta desde la perspectiva constitucional. Aplicada al caso concreto, la interpretación constitucional correcta debe fortalecer en la mayor medida posible la actuación de los valores, las normas y los principios íncitos en el parámetro de constitucionalidad. Y en esta labor, se constituyen como norte indiscutible de la interpretación constitucional, los principios pro homine y pro libertatis. El principio pro homine postula que el derecho debe interpretarse y aplicarse siempre de la manera que más favorezca al ser humano. De esa forma, se ha dicho que \"…el sistema de libertad que garantizan los derechos fundamentales, deja fuera del alcance de la acción del Estado, ya sea por medio de la ley, de la actividad administrativa o de los tribunales de justicia, una esfera intangible de libertad, la cual no puede ser tocada por ninguna autoridad, porque es el hombre, no la sociedad, quien tiene dignidad y los consiguientes derechos y libertades fundamentales.\" En efecto, el ser humano es el fin último de las normas jurídicas, y no meramente un destinatario de ellas, de tal modo que éstas –y especialmente las que consagran derechos fundamentales–, deben interpretarse en la forma en que más favorezcan a la persona humana. El principio pro libertatis, por su parte, prescribe que los derechos fundamentales deben interpretarse del modo más amplio posible. Por consiguiente, debe interpretarse extensivamente todo lo que maximice y restrictivamente todo lo que limite libertad de los individuos. De ahí que, en caso de duda, siempre se deberá favorecer la cláusula de libertad, pues los derechos fundamentales han sido justamente consagrados para proteger la libertad, en vez de limitarla. De ahí que con relación a la problemática expuesta, la tarea de esta Sala es establecer, por una parte, si la actividad de CATSA puede reputarse, al menos potencialmente, como peligrosa para la salud, el medio ambiente y, por ende, la calidad de vida que disfrutan los habitantes de Paso Tempisque, Palmira, Los Jocotes y la zona de Filadelfia, en el entendido que, ante la duda, debe optarse por la interpretación que más favorezca los Derechos Fundamentales de la población, de conformidad con los principios pro homine y pro libertatis. Por la otra, la Sala debe constatar si las distintas instituciones del Estado se han avocado diligentemente a procurar –dentro de sus competencias– que los pobladores gocen de un ambiente sano, ecológicamente equilibrado, y que, por ende, no que perjudique su salud.\n\nObjetan los reclamantes que los malos olores que produce la laguna en mención hacen, en sus palabras, \"insoportable\" la vida para los vecinos de Paso Tempisque, Palmira, Los Jocotes y toda la zona cercana a Filadelfia de Carrillo en Guanacaste. En este sentido, aunque la Sala reconoce que se han construido sistemas de tratamiento para las aguas –que no han surtido los efectos deseados– y que, por esa razón, se ha propuesto dejar de lavar la caña a fin de eliminar por completo el problema, lo cierto es que los malos olores, según admiten los señores Pardo y LaVergne, persisten. Si a ello se le suma que, mientras tanto, los pobladores de la región deben vivir sometidos a tales condiciones, se concluye que su derecho a gozar de un ambiente sano, que abarca toda esfera en la que se desarrolle la persona, esta siendo irremisiblemente vulnerado.\n\n. Afirman los recurrentes que la quema de cañales en un área de cinco mil hectáreas que lleva a cabo CATSA para facilitar su cosecha, produce hollín, la muerte de animales silvestres y provoca \"efectos nocivos para la salud pública\". A este respecto, las autoridades de Salud y de Ambiente y Energía, pese a haber sido debidamente prevenidas en las resoluciones que les dieron traslado del presente amparo, guardan un absoluto mutismo, omitiendo hacer cualquier referencia sobre los presuntos efectos nocivos que el fuego y el humo tienen en la salud de las personas y la fauna local. El Gerente General de la Central Azucarera Tempisque S.A., en cambio, refuta tales afirmaciones, y aduce que estas quemas más bien son beneficiosas para el entorno, porque la agroindustria de la caña \"ayuda en el proceso de fijación del dioxido de carbono\" (ver folio 19, apartado sexto). Sobre la contaminación ambiental, la Sala ha dicho:\n\n\"III) – La contaminación, que se refiere específicamente a la impugnación que hace el menor recurrente, puede considerarse como la presencia en el medio ambiente de uno o más contaminantes, o combinación de ellos, en concentraciones tales y con un tiempo de permanencia tal, que causen en dicho ambiente características negativas para la vida humana, la salud o el bienestar del hombre, la flora o fauna, o produzcan en el habitat de los seres vivos, aire, agua, suelos, paisajes o recursos naturales en general, un deterioro importante. Contaminar es introducir sustancias o elementos extraños al ambiente en niveles y con una duración tales, que produzcan contaminación en el sentido expuesto. Contrariamente, descontaminar es reducir el nivel de concentración de los contaminantes que se encuentren presentes en el ambiente, a sus valores aceptables conforme a las normas específicas sobre calidad ambiental.\n\nAmbiente libre de contaminación es, pues, la condición en que se encuentra el medio que nos rodea, cuando las alteraciones producidas tanto por el hombre como por la naturaleza en el entorno próximo o lejano, no sobrepasan los máximos permisibles fijados por aquellas normas.\n\n(…)\n\n…El suelo, el agua, el aire, los recurso (sic) marinos y costeros, los bosques, la diversidad biológica, los recursos minerales y el paisaje conforman el marco ambiental sin el cual las demandas básicas –como espacio vital, alimentación, energía, vivienda, sanidad y recreación– serían imposibles. De igual modo, nuestra economía también está íntimamente ligada al estado del ambiente y de los recursos naturales; así, por ejemplo, tanto la generación de divisas por explotación agrícola y turística, como el éxito de importantes inversiones en infraestructura dependen, en última instancia, de la conservación de aquéllos. Las metas del desarrollo sostenible tienen que ver con la supervivencia y el bienestar del ser humano y con el mantenimiento de los procesos ecológicos esenciales, es decir, de la calidad ambiental y de la sobrevivencia de las otras especies. Hablar de desarrollo sostenible en términos de satisfacción de las necesidades humanas presentes y futuras y del mejoramiento de la calidad de vida es hablar de la demanda de los recursos naturales a nivel individual y de los medios directos o de apoyo necesarios para que la economía funcione generando empleo y creando los bienes de capital, que a su vez hagan posible la transformación de los recursos en productos de consumo, de producción y de exportación.\n\nEn todo proceso de producción es necesario transformar y procesar recursos y, a su vez, transportarlos hasta los centros de consumo, todo lo cual significa un costo energético y ambiental. Asimismo, el proceso productivo no sólo requiere de recursos naturales para mantenerse, sino que genera desechos y contaminación de muy variada indóle (sic) como, por ejemplo, los desechos sólidos o emanaciones que contaminen el aire o el agua. Es evidente que el hombre con su poderío tecnologíco (sic) ha logrado controlar y alterar notablemente su entorno y ha sometido el resto de las especies a su dominio. Empero, desde la revolución industrial –y en una forma significativamente más acelerada a partir de la segunda guerra mundial–, el crecimiento exponencial de la población y las tendencias también exponenciales de la economía han incrementado el nivel de intervención del hombre en el planeta destruyendo habitats, alterando y contaminandos (sic) los ciclos vitales del medio ambiente y exterminando especies vivientes. El acelerado deterioro del medio en las últimas decádas (sic), los costos enormes de las medidas correctivas, no siempre efectivas, y los plazos necesarios, por ejemplo, para la recuperación de una cuenca o de un bosque natural talado, o de un manto de agua subterráneo contaminado, son signos inequívocos del abuso de los recursos naturales y del impacto negativo de la especie humana sobre un mundo limitado.\n\n(…)\n\nLa vida humana sólo es posible en solidaridad con la naturaleza que nos sustenta y nos sostiene, no sólo para alimento físico, sino también como bienestar psíquico: constituye el derecho que todos los ciudadanos tenemos a vivir en un ambiente libre de contaminación, que es la base de una sociedad justa y productiva. Es así como el artículo 21 de la Constitución Política señala: La vida humana es inviolable. Es de este principio constitucional de donde innegablemente se desprende el derecho a la salud, al bienestar físico, mental y social, derecho humano que se encuentra indisolublemente ligado al derecho de la salud y a la obligación del Estado de proteger de la vida humana.\n\nAsimismo, desde el punto de vista psíquico e intelectual, el estado de ánimo depende también de la naturaleza, por lo que también al convertirse el paisaje en un espacio útil de descanso y tiempo libre es obligación su preservación y conservación. Aspecto este último que está protegido en el artículo 89 constitucional, el cual literalmente dice:Entre (sic) los fines culturales de la República están: proteger las bellezas naturales, conservar y desarrollar el patrimonio histórico y artístico de la Nación, y apoyar la iniciativa privada para el progreso científico y artístico. Proteger la naturaleza desde el punto de vista estético no es comercializarla ni transformarla en mercancía, es educar al ciudadano para que aprenda a apreciar el paisaje estético por su valor intrínseco.\" (Sentencia número 3705–93 de las quince horas del treinta de julio de mil novecientos noventa y tres).\n\nPor otra parte, los problemas concretos de contaminación, al igual que la gran mayoría de los asuntos relativos al medio ambiente, plantean serios desafíos para las entidades del Estado, porque generalmente deben abordarse desde una óptica interdisciplinaria. Es frecuente que una misma situación pueda enfocarse desde la perspectiva de la salud pública, la agricultura, la industria, etcétera, y de disciplinas tan disímiles como la ecología, la química, la oceanografía, la antropología y la ingeniería. La atomización provocada por todas estas perspectivas posibles hace que las políticas que inciden sobre controversias ambientales tengan el riesgo de verse minadas por una excesiva \"sectorización\" de sus objetivos. Es posible que los distintos entes públicos caigan víctimas de una visión chata, parcial y descoordinada de los asuntos que interesan a toda la comunidad, cuando más bien deberían presentar un frente común ante ellos. En la práctica, no es raro que este tipo de problemas terminen por ser dejados totalmente de lado por la maquinaria estatal, ya que las entidades involucradas, en vez de percatarse de que existen fines, principios y valores de orden constitucional que rigen toda la actividad del Estado, únicamente se dedican a interpretar sus propias leyes orgánicas o reglamentos de la forma más restrictiva posible, a fin de limitar al máximo su injerencia en ellos. Esta actitud, por cierto, es claramente apreciable en los autos. Es del dominio público que las quemas que se realizan con ocasión del cultivo de la caña de azúcar producen brozas, cenizas y brumas susceptibles de afectar la salud humana, ya que pueden provocar irritaciones en el tracto respiratorio y afecciones de los ojos como la conjuntivitis. Además, los incendios en la actividad agrícola son una de las fuentes del dióxido de carbono que hoy día se acumula en la atmósfera terrestre y según, se afirma, podría ser responsable del tristemente célebre \"efecto de invernadero\" que afecta a todo el mundo. Ahora bien, el artículo 2° de la Ley 7152, \"Ley de Conversión del Ministerio de Industria, Energía y Minas en Ministerio de Recursos Naturales, Energía y Minas\", precisa que es atribución de esa cartera:\n\n\"(…)\n\nFormular, planificar y ejecutar las políticas de recursos naturales, energéticas, mineras y de protección ambiental del Gobierno de la República, así como la dirección, el control, la fiscalización, promoción y el desarrollo en los campos mencionados. Asimismo, deberá realizar y supervisar las investigaciones, las exploraciones técnicas y los estudios económicos de los recursos del sector.\nFomentar el desarrollo de los recursos naturales, energéticos y mineros.\nPromover y administrar la legislación sobre conservación y uso racional de los recursos naturales, a efecto de obtener un desarrollo sostenido de ellos, y velar por su cumplimiento.\n\nch) Dictar, mediante decreto ejecutivo, normas y regulaciones, con carácter obligatorio, relativas al uso racional y a la protección de los recursos naturales, la energía y las minas.\n\n(…)\"\n\nDe donde se colige que, aunque la autorización de quemas está regulada por el Decreto 23850-MAG-SP, si éstas inciden –o pudieran incidir– sobre el medio ambiente, obligan al MINAE a intervenir de alguna forma, aunque sea coordinando esfuerzos con otros entes, como el MAG o el Ministerio de Salud. Aunado a lo anterior, la necesidad de que el Ministerio de Salud se ocupe –siempre dentro de sus competencias– del problema del humo es apremiante, dada la naturaleza potencialmente nociva de los desechos mencionados. Y, en cuanto, al Ministerio de Agricultura y Ganadería, vale recordar que el numeral 48.e) de su Ley Orgánica estatuye que es su función: \"Participar, conjuntamente con otras instituciones del Sector, en la identificación de las necesidades de construcción y mantenimiento de la infraestructura propia para el desarrollo agropecuario y de recursos naturales renovables.\" No obstante lo anterior, los jerarcas de los dos primeros ministerios insisten en sus informes que lo referente a las quemas es competencia exclusiva del Ministerio de Agricultura y Ganadería. Esto, por las razones ya expuestas, es una verdad a medias. En realidad, lo lógico en este caso hubiera sido que las tres autoridades, preocupadas de que los vecinos de Paso Tempisque, Palmira, Los Jocotes y toda la zona cercana a Filadelfia de Carrillo tuvieran garantizado su derecho a la salud y a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado, hubieran realizado investigaciones para determinar si se estaba provocando un daño a la salud y/o al medio y ambiente, su magnitud, y si la situación expuesta ameritaba la adopción de medidas especiales de algún tipo. En este contexto, merece particular mención lo actuado por el MAG. Manifiesta el Ministro de Agricultura y Ganadería que el Decreto N° 23850-MAG-SP, \"Reglamento para Quemas Controladas con fines Agrícolas y Pecuarios\", estatuye que la autorización para quemas en terrenos agrícolas y pecuarios debe ser concedida por las oficinas del Ministerio de Agricultura y Ganadería, pero que dicha regulación no le otorga al MAG ninguna facultad sancionadora para disciplinar su aplicación, puesto que, en sus artículos 9 y 10, remite a las disposiciones pertinentes del Código Penal. Tales excusas son totalmente inaceptables. Los artículos 113 y 114 de la Ley General de la Administración Pública disponen claramente lo siguiente:\n\n\"Artículo 113.-\n\n1. El servidor público deberá desempeñar sus funciones de modo que satisfagan primordialmente el interés público, el cual será considerado como la expresión de los intereses individuales coincidentes de los administrados.\n\n2. El interés público prevalecerá sobre el interés de la Administración Pública cuando pueda estar en conflicto.\n\n3. En la apreciación del interés público se tendrá en cuenta, en primer lugar, los valores de seguridad jurídica y justicia para la comunidad y el individuo, a los que no puede en ningún caso anteponerse la mera conveniencia.\n\nArtículo 114.-\n\n1. El servidor público será un servidor de los administrados, en general, y en particular de cada individuo o administrado que con él se relacione en virtud de la función que desempeña; cada administrado deberá ser considerado en el caso individual como representante de la colectividad de que el funcionario depende y por cuyos intereses debe velar.\n\n2. Sin perjuicio de lo que otras leyes establezcan para el servidor, considérese, en especial, irregular desempeño de su función todo acto, hecho u omisión que por su culpa o negligencia ocasione trabas u obstáculos injustificados o arbitrarios a los administrados.\"\n\nY, en forma consecuente con el espíritu que anima esos artículos, el Código Procesal Penal impone la siguiente obligación:\n\n\"Artículo 281.- Obligación de denunciar\n\nTendrán obligación de denunciar los delitos perseguibles de oficio:\n\na) Los funcionarios o empleados públicos que los conozcan en el ejercicio de sus funciones.\n\n(…)\n\nc) Las personas que por disposición de la ley, de la autoridad o por un acto jurídico tengan a su cargo el manejo, la administración, el cuidado o control de bienes o intereses de una institución, entidad o persona, respecto de delitos cometidos en su perjuicio o en perjuicio de la masa o patrimonio puesto bajo su cargo o control y siempre que conozcan el hecho con motivo del ejercicio de sus funciones.\n\n(…)\"\n\nDe tal forma que si los servidores del MAG estaban al tanto de que la empresa CATSA no solicitaba autorización para realizar la quema de sus cañales desde mil novecientos noventa y cinco, debieron actuar diligentemente, conforme a la ley. Pero la cuestión no termina ahí. El numeral onceavo del Decreto N° 23850-MAG-SP deja entrever que uno de los principios rectores de todo el Reglamento, es que se atienda la problemática de los incendios en forma integral. De ahí que, aunque la norma jurídica no lo declara en forma explícita, una correcta lectura de su articulado, a la luz de los principios expuestos en los considerandos anteriores, no puede sino arrojar como conclusión que si los personeros del MAG se percataban de que los incendios controlados efectuados por CATSA podían afectar al medio ambiente y la salud de los vecinos del lugar, debían notificar y, en su caso, coordinar esfuerzos con otras dependencias estatales, como el Ministerio de Salud y el MINAE, para determinar la gravedad de estos hechos, a fin de que se adoptaran soluciones en el seno de una estrategia conjunta; todo lo cual hubiera permitido ir más allá del ámbito de competencias del MAG. Sin embargo, aun a sabiendas de que la actividad indicada podría estar perturbando a las comunidades cercanas (véase el folio 163 § 3), dichos funcionarios no hicieron nada al respecto. Tal actitud infringe los principios constitucionales que tutelan la vida y la salud de los seres humanos y se configura en una violación flagrante de los deberes propios de la función pública. Ahora bien, la Sala Constitucional es un órgano de índole jurisdiccional, no técnica, y por ende no es capaz de determinar si en el caso específico de CATSA, la práctica de quemas en sus predios efectivamente produce los efectos perniciosos mencionados en el considerando anterior. Sin embargo, en el expediente existen numerosos indicios que apuntan fuertemente en esa dirección, a saber: la misma interposición de este recurso, las denuncias formuladas por los vecinos ante el MINAE que corren agregadas al expediente, y la velada admisión de los informantes de que existe algún tipo de problema referido a esta costumbre. Es sintomático, por ejemplo, que el propio gerente de esa compañía acepte que en la actualidad existe \"…una tendencia en todas las zonas cañeras para eliminar la quema de los cañales mediante el uso de variedades adecuadas (mayor despaje natural) para cosecharlas mediante máquinas cosechadoras combinadas…\" y que, en el último periodo de zafra, CATSA cosechó alrededor de un diez por ciento del área de su propiedad mediante esa técnica (folio 19). Esto, evidentemente, debió ser acicate para estimular la intervención de la Administración.\n\nConsecuentemente, en atención al principio pro homine, estima la Sala que conformarse con reconocer la situación y, aun así, no hacer nada al respecto porque CATSA y el Ministerio de Salud han dado muestras de buena fe, particularmente en cuanto a erradicar los malos olores provocados por la laguna de sedimentación, resultaría irresponsable, si se toma en cuenta que el asunto, como un todo, da muestras de ser un problema serio en lo concerniente a los Derechos Fundamentales de los pobladores de los asentamientos vecinos. Sin embargo, en este punto, cabe observar que la pretensión de los recurrentes de que se cierre la planta de la compañía recurrida le parece excesiva a este Tribunal, especialmente si se toma en cuenta que la actividad agrícola desarrollada por CATSA inyecta bríos a la economía de la región. En efecto, un principio de capital importancia en la tarea de interpretar y aplicar el Derecho Constitucional es actuar con prudencia. El Juzgador, como intérprete de la Constitución, no debe perder de vista las consecuencias de sus interpretaciones. Esto, en doctrina, es denominado \"Principio de Prudencia\", y ha sido muy desarrollado por la jurisprudencia de la Corte Suprema de los Estados Unidos, que ha sostenido que la Constitución \"no es un pacto suicida\" sino, por el contrario, un instrumento que hace posible la convivencia social. Ello significa que, en aras de mantener la vigencia del instrumento, toda interpretación constitucional debe tender a permitir la supervivencia y la prosperidad de la sociedad. Volviendo al presente caso, la Sala estima que el principio aludido no le permite validar una medida de tal magnitud como el cierre del ingenio, especialmente si se considera que los propios recurridos se han esforzado para erradicar el problema denunciado. A mayor abundamiento, tampoco es este Tribunal parte integrante de la Administración activa de la República, de tal modo que no le corresponde asumir las tareas de evaluación propias del Ministerio de Salud, o cualquier otro ente administrativo, como lo sería declarar que la quema masiva de cañales que realiza CATSA es perjudicial para la salud y, peor aun, decidir que medida debe implantarse para darle fin al problema, ponderando para ello cuestiones de orden técnico, económico y político que exceden a la naturaleza de la función jurisdiccional. A este respecto, estima la Sala que el principal problema que se ha evidenciado en el expediente, es la absoluta falta de coordinación de los Ministerios recurridos a la hora de abordar y resolver razonablemente los problemas ambientales expuestos. Es obligación del Estado proporcionar la protección necesaria para que todos los individuos disfruten de un ambiente libre de contaminación. Partiendo de las anteriores consideraciones, la solución que se impone, luego de efectuar una correcta armonización de los principios mencionados, es disponer que todas estas dependencias estatales le den una solución razonable a los problemas expuestos, en un plazo determinado.\n\n... Ver más\nCitas de Legislación y Doctrina\nTexto de la resolución\n\nExp: 02-002257-0007-CO\n\nRes: 2002-04947\n\nSALA CONSTITUCIONAL DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA. San José, a las nueve horas con veinte minutos del veinticuatro de mayo del dos mil dos.-\n\nRecurso de amparo interpuesto por Nombre66326, cédula de identidad número CED3067; Nombre66327, cédula de identidad número CED35169; Nombre66328, cédula de identidad número CED35170; Nombre66329, cédula de identidad número CED35171; Nombre66330, cédula de identidad número CED35172; Nombre66331, cédula de identidad número CED35173 y Nombre66332, cédula de identidad número CED35174, a favor de la \"ASOCIACION CONFRATERNIDAD GUANACASTECA\", contra el MINISTERIO DE SALUD, EL MINISTERIO DE AGRICULTURA Y GANADERIA (MAG), EL MINISTERIO DEL AMBIENTE Y ENERGIA (MINAE) y la \"CENTRAL AZUCARERA DEL TEMPISQUE, SOCIEDAD ANONIMA\" (CATSA).\n\nResultando:\n\n1.- Por escrito recibido en la Secretaría de la Sala a las dieciséis horas y nueve minutos del trece de marzo de dos mil dos (folio 1), los recurrentes manifiestan que en Guardia de Nacascolo, Liberia, se ubica un ingenio que pertenece a la empresa recurrida; que dicho ingenio opera en condiciones que resultan insoportables para los vecinos de Paso Tempisque, Palmira, Los Jocotes y toda la zona cercana a Filadelfia de Carrillo en Guanacaste, toda vez que los olores que produce el citado ingenio en tiempo de zafra, se perciben a kilómetros de distancia, según se desprende de las pruebas realizadas por funcionarios del Departamento de Protección Ambiente Humano del Ministerio de Salud en Filadelfia; que además la empresa recurrida quema anualmente unas cinco mil hectáreas de terreno, con el fin de facilitar la cosecha de caña, lo que produce contaminación, y la muerte de todo tipo de especies que quedan atrapadas en las áreas en llamas; que desde mil novecientos noventa y seis, la Defensoría de los Habitantes, comprobó las violaciones al ambiente y a la salud en que -supuestamente- incurre esta empresa y recomendó tomar medidas concretas para ponerse a derecho, recomendaciones, que después de 6 años, no se han aplicado; que ante dicha situación, procedieron a interponer las respectivas denuncias ante las autoridades del Ministerio de Salud, sin embargo, dicha autoridad no ha tomado las medidas necesarias para evitar la citada contaminación. Solicitan los recurrentes que se ordene la inmediata suspensión de las actividades del Ingenio CATSA, hasta tanto se solucionen los problemas que afectan a los vecinos, se impongan las sanciones a los funcionarios públicos que incumplen con las obligaciones que sus cargos les asignan y sanciones económicas a la empresa CATSA para que pague daños y perjuicios a los afectados.\n\n2.- Edgar Alejandro Ponciano LaVergne, en su calidad de Gerente General de la Central Azucarera Tempisque S.A. contesta la audiencia a él conferida (folio 12), manifestando que, a partir del año mil novecientos noventa y seis, la empresa Central Azucarera Tempisque S.A. (CATSA S.A.) asumió en forma planificada, un compromiso real de protección y conservación del medio ambiente ante las diferentes Instituciones del Estado, encargadas de velar, regular y supervisar todo lo relativo al mismo y a los derechos de los ciudadanos en cuanto a éste. Dicho compromiso consistió en realizar una serie de obras y mejoras en áreas específicas relevantes del Ingenio Azucarero, con el objeto de optimizar la protección y conservación del medio, con el fin de evitarle a los pobladores de las comunidades cercanas, cualquier molestia que pudiese afectar su calidad de vida y con el objeto de hacer la operación industrial de la empresa compatible con las normas de protección ambiental vigentes en el país. Entre las mejoras citadas, destacan las siguientes: A) Construcción de Filtros (Scrubbers) para las calderas del Ingenio: A raíz de las molestias generadas a algunas comunidades vecinas, como consecuencia del hollín y las cenizas producidas por la combustión del bagazo en las calderas, se adoptó esta medida, la cual consistió en comprar la ingeniería y construir los denominados lavadores de residuos o \"scrubbers\", que se instalaron en las chimeneas de las calderas. La instalación y operación de los citados dispositivos de lavado, resultó plenamente satisfactoria, pues redujo considerablemente las emisiones de hollín y cenizas, con lo cual se justificó plenamente la gran inversión realizada por su representada en aras de la protección del medio ambiente y las buenas relaciones con la comunidad. Dicha obra comprendió la instalación de tres scrubber de las calderas Alpha, Foster y Cerrey, para las zafras de los períodos mil novecientos noventa y seis – mil novecientos noventa y siete, mil novecientos noventa y siete - mil novecientos noventa y ocho y mil novecientos noventa y ocho - mil novecientos noventa y nueve, respectivamente. B) Construcción e Instalación de Silenciadores y Atenuadores de Contaminación Sónica: El problema generado como consecuencia de los ruidos producidos por los escapes de vapor en diferentes aplicaciones, fue corregido con la construcción de silenciadores o atenuadores, cuya instalación y operación redujo considerablemente los efectos o molestias del ruido, a tal punto, que en las dos últimas zafras, la operación del ingenio resultó imperceptible desde la perspectiva acústica. Con lo anterior, se protegió y benefició tanto a los trabajadores de la planta, como a los moradores de las comunidades aledañas. Específicamente, la obra consistió en la construcción de: a) silenciadores para las válvulas de escape a la atmósfera para las líneas de 20 y 8 psi, respectivamente, b) silenciadores para las válvulas de escape de las calderas de vapor, c) silenciadores para las válvulas de relleno de vapor de 600 psi y de 250 psi a 20 psi. Dichos silenciadores operan desde la zafra de mil novecientos noventa y seis - mil novecientos noventa y siete. C) Construcción de Trampas Separadoras de Grasas y Aceites contenidas en las Aguas de Enfriamiento: Consiste en un sistema unitario para separar grasas y aceites de las aguas de enfriamiento del equipo de molienda de la caña. Como la instalación y operación de este equipo en su etapa inicial no logró cumplir a cabalidad con los requerimientos de eficiencia exigidos al respecto, posteriormente, en la zafra 1997-1998, se instaló otra unidad para que funcionara paralelamente con la primera y para el año dos mil uno, se cambió la instalación a operar en serie, lo cual en definitiva mejoró los estándares de eficiencia de remoción de grasas y aceites del agua. Lo anterior maximizó la protección y conservación del medio, en las aguas de desecho del ingenio, destinadas al riego de los cultivos. D) Separadores de Ceniza: Consiste en filtros que separan la ceniza y otros sólidos que se depositan en patios, producto del agua que utilizada en el lavado de gases de los \"scrubbers\" de calderas, que arrastra una cantidad importante de ceniza, la que es removida en tamices estacionarios del tipo cóncavo, para luego ser transportados como aplicaciones de abono orgánico en el campo. Este sistema de filtración, compuesto de dos tamices, entró a operar en la Zafra correspondiente al período mil novecientos noventa y siete - mil novecientos noventa y ocho, y hasta hoy se mantiene operando eficientemente. E) Construcción de Laguna y Canal de Sedimentación y Oxidación para depurar las Aguas de Lavado de Caña: Esta laguna tiene por objeto el tratamiento de las aguas de lavado de caña. Dicha laguna de sedimentación posee un área de tres hectáreas, la cual se llena de agua que contiene tierra y materia orgánica que se deposita por decantación en fondo de la misma. El agua limpia se utiliza para riego del cultivo, luego de un proceso de aireación en un canal. La laguna fue diseñada y construida en el año 1999 y entró en operación en el año dos mil. El costo de la obra fue muy elevado, sin embargo, necesario para el mejoramiento de las condiciones del agua para su posterior reutilización. F) Construcción y Operación de laguna de Tratamiento de Vinazas: Las denominadas vinazas, son un subproducto de la fabricación del alcohol, usadas para actividades de \"ferti-riego\". La vinaza es conducida a una laguna construida para ese fin y de ahí es bombeada a las diferentes áreas de cultivo y aplicada como fertilizante. Este sistema de conducción, almacenaje y aplicación, fue aprobado por el Ministerio de Salud en el año mil novecientos noventa y nueve, y opera cumpliendo los estándares de calidad y protección al medio que han sido establecidos y probados en nuestro país y en otros que como Brasil producen inmensas cantidades de tal subproducto y marchan a la vanguardia en las medidas y procedimientos de utilización agrícola del mismo. Refuta el representante de la recurrida que el Ingenio opere en condiciones que puedan resultar insoportables para las comunidades de las zonas cercanas. Refiere éste que, desde que CATSA inició, en el año de mil novecientos noventa y cinco, a tomar drásticas y onerosas medidas de protección del ambiente en su proceso industrial, los funcionarios del Ministerio de Salud, realizan todos los años visitas de inspección y seguimiento, principalmente durante la época productiva, han hecho las recomendaciones para cada caso, y han verificado también el avance en las mejoras realizadas. Además, a partir del año mil novecientos noventa y cinco –y en cumplimiento de las recomendaciones hechas por la Defensoría de los Habitantes– CATSA adoptó una serie de medidas con el fin de poner a derecho el funcionamiento de la empresa. Tanto así es, que en el año mil novecientos noventa y ocho, luego de más de dos años de intensas labores correctivas, el Ministerio de Salud, por primera vez en Costa Rica, nos otorgó, el respectivo \"Permiso Sanitario de Funcionamiento para la Industria\", después de haber cumplido con todos los requisitos legales solicitados para tal efecto. Dicho permiso tenía vigencia de un año y al cabo del mismo, una vez cumplidos nuevamente los requisitos necesarios, el permiso no sólo fue renovado, sino extendido por un periodo de cinco años, el cual se encuentra vigente hasta el año dos mil cuatro. Por otra parte, cabe destacar que en el mes de marzo del presente año, la Empresa fue certificada con la norma ISO 9001– en su versión 2000. Dicho certificado, se otorga a las empresas que logran normalizar sus procesos productivos y que cumplan con una serie de requisitos y estándares de calidad. Asimismo, es menester indicar que a inicios del año dos mil, algunos vecinos se quejaron ante la Defensoría de los Habitantes por \"algunos inconvenientes\" que podían afectar su calidad de vida. Dicha queja fue debidamente contestada mediante nota dirigida al Lic. Bernal Redondo V, funcionario de la Oficina Regional de la Defensoría de Liberia y no hubo reclamos posteriores, en virtud de lo cual la queja fue archivada. El problema de los olores proviene de la Laguna de Sedimentación donde el agua de lavado de caña es tratada. Esta agua, luego del tratamiento a que es sometida, se envía a los sistemas de riego donde se descompone la carga orgánica que esta posee. Este procedimiento natural de descomposición, produce ciertos olores, que el viento lleva a algunas zonas aledañas. Sin embargo, a pesar del gran esfuerzo que ha hecho mi representada en la construcción de este sistema de tratamiento, se ha propuesto al Ministerio de Salud como plan de acción correctivo, dejar de lavar la caña a fin de eliminar por completo la causa del problema. Esta medida ocasionará sin duda trastornos operativos en el proceso productivo, los cuales requerirán de una mayor inversión con el fin de corregirlos. No obstante, pese a lo anterior, CATSA, en su afán de mantener firme su compromiso ambiental y en procura del mejoramiento de las relaciones con las comunidades vecinas, está dispuesta a hacer las inversiones requeridas para mejorar este aspecto. En cuanto a los zancudos, explica que son insectos típicos de los climas tropicales húmedos y calientes, como el de la provincia de Guanacaste, máxime en zonas donde abundan los humedales, como la zona en que se encuentra situado el ingenio. EL cultivo de la caña de azúcar es pionero en nuestro país e inclusive en América Central, en la reducción de plaguicidas químicos para el combate de insectos y otras plagas. Actualmente todas las zonas cañeras del país basan su control en el \"manejo integral de plagas\" (MIP), mediante uso de variedades resistentes, control biológico y combate cultural. La mayoría de las plagas de cultivo se combate sin provocar alteración alguna en los ecosistemas. Además, a la fecha no hay evidencia científica que asocie el cultivo de la de azúcar con el incremento en las poblaciones de zancudos, ni estos se asocian con plaga alguna en el cultivo. En lo referente a la quema de la caña, aduce el gerente de CATSA es una práctica cultural utilizada en la agroindustria del cultivo de la caña nivel mundial. Esto se hace con el fin de reducir las hojas, yaguas y pelos de la caña para facilitar su cosecha manual (corta con machetes adecuados por peones agrícolas. El reducir los residuos facilita la labor y evita accidentes. En la actualidad existe una tendencia en todas las zonas cañeras para eliminar la quema de los cañales mediante el uso de variedades adecuadas (mayor despaje natural) para cosecharlas mediante máquinas cosechadoras combinadas. En el último período de zafra, se cosechó alrededor de un diez por ciento del área propiedad de CATSA mediante esta técnica, para aprender así su adecuado desarrollo para el futuro y determinar ventajas agronómicas, ambientales y posibles problemas que se han reportado en otras latitudes, como es el incremento de algunas plagas de suelo y foliares. La afirmación de los recurrentes demuestra además una absoluta ignorancia del aporte de la agroindustria de la caña en los procesos de fijación del CO2, puesto que estudios científicos recientes, han logrado demostrar que la caña de azúcar –en su proceso de crecimiento– fija más del doble del C02, que lo que fija un bosque tropical húmedo en el mismo período, y esto resulta así aun tomando en consideración el CO2 liberado en el proceso de quema e industrialización de la caña. Por lo anterior, lejos de ser sujetos de aplicación de multa alguna por tal efecto, la industria azucarera mundial se propone lograr que los países premien este beneficioso efecto logrado al respecto. Solicita que se desestime el recurso planteado.\n\n3.- Informa bajo juramento Rogelio Pardo Evans, en su calidad de Ministro de Salud (folio 126), que es cierto que, en la comunidad de Guardia del Cantón de Liberia, se encuentra ubicado y funcionando un ingenio que es propiedad de la Central Azucarera Tempisque. S.A. De ahí que ese Ministerio, a través de los diferentes niveles de atención, ha venido realizando las gestiones procedentes a fin de resolver de forma definitiva los problemas que genera dicha empresa respecto a: A) Sistema de tratamiento de cenizas. B) Sistema de control de emisiones atmosféricas; y, C) Sistema de tratamiento de aguas residuales. A su vez, indica que dicho ingenio cuenta, a la fecha, con los siguientes sistemas debidamente aprobados: A) Sistema de Tratamiento de Cenizas, aprobado el proyecto mediante plano N° 214-23 con DECAP-99-97 el tres de mayo de mil novecientos noventa y siete. B) Equipo de Control de Emisiones Atmosféricas, aprobado con DECAP1OO-97 del tres de mayo de mil novecientos noventa y siete. C) Sistema de Tratamiento de Aguas Residuales, Plano N°05-01-97 (2000) aprobado el seis de enero del dos mil por el Ing. Marcello De Simone C., funcionario del Proceso Permisos de Ubicación y Construcción. D) Este ingenio utiliza las aguas de lavado de la caña de azúcar para riego, previo tratamiento (sedimentación y laguna anaeróbica). E) Las vinazas, previo tratamiento mediante lagunas anaeróbicas, se utilizan para el riego de los cañales. Para ello dicha empresa presentó, en el año de mil novecientos noventa y cinco, en la Dirección de Protección al Ambiente Humano de ese Ministerio, un \"Proyecto de aplicación de vinaza–Fertirriego\". En el año mil novecientos noventa y nueve, la empresa presentó nueva \"propuesta para el manejo de la vinaza como fertilizante\"; con el fin de eliminar las descargas controladas al Río Tempisque. Por todo lo anterior, y en vista de que dicho ingenio ha cumplido con todas las especificaciones pedidas por la Institución, mediante oficio UPC-PSF-18 96-99 UAC5083-99 del diecinueve de diciembre de mil novecientos noventa y nueve, suscrito por el Ing. Eugenio Androvetto Villalobos, se le informó al Licenciado Gonzalo Cubero Brealey, Representante Legal de Central Azucarera Tempisque, sobre el otorgamiento del Permiso Sanitario de Funcionamiento a la industria citada, que corresponde al número 217-99 y debe ser renovado el día trece de diciembre del dos mil cuatro. Respecto a lo alegado sobre la quema de cañales, manifiesta el Jerarca del Ministerio de Salud que esta actividad es autorizada por las Agencias de Servicios Agropecuarios del Ministerio de Agricultura y Ganadería, conforme al Decreto Ejecutivo N° 23850MAG-SP, artículos 6 y 7. Y, en lo referente a la generación de olores de las lagunas de oxidación, los cuales se perciben a distancias considerables y de alguna forma afecta a comunidades cercanas como es el caso de Paso Tempisque, Palmira y Los Jocotes, admite que es cierto; empero, manifiesta que se ha estado trabajando al respecto, sin lograr hasta la fecha el control efectivo de los mismos. En tal sentido, añade que muchos de los cambios que se han realizado en la operación de las lagunas de oxidación y en general en los sistemas de tratamiento persiguen ese fin, pero que es evidente –según lo atestigua la queja de los vecinos– que a la fecha todavía quedan algunas cosas por mejorar. Explica que, recientemente, el Sr. Luis Fernando Retana Segura realizó inspección sanitaria, a partir de la cual se elaboró el Informe UPC-CAI-I-003-03–R–2002, con fecha seis de marzo del dos mil dos. En el apartado \"Recomendaciones\" de ese informe, se le solicita a la empresa presentar estudio de emisiones atmosféricas, control inmediato de la caña de azúcar derramada en las calles públicas y control inmediato del bagazo en el patio. Este Informe se le entregó en el sitio al Ing. Bernal Odio, de CATSA, para que se adoptaran acciones correctivas. Solicita que se desestime el recurso planteado.\n\n4.- Informa bajo juramento Elizabeth Odio Benito, en su calidad de Ministra de Ambiente y Energía (folio 148), que se solicitó la información correspondiente al Director del Area de Conservación Guanacaste, ya que es dentro de esta Area que se encuentran las instalaciones de la Central Azucarera del Tempisque Sociedad Anónima; que éste le indicó que una vez revisados sus archivos se encontró lo siguiente: a. - Que el día ocho de marzo del dos mil dos, en la Oficina Subregional de Liberia se recibió nota fechada el diez de febrero del presente año, suscrita por los vecinos de Residencial El Roble Sabana de Liberia, donde denuncian los efectos negativos que produce la quema de la caña, tanto en el ámbito de la salud humana como al medio ambiente, al producirse la muerte de especies y contaminación. b.- El día doce de marzo, mediante oficio ACG-OSRL-087, se le comunicó a la empresa Central Azucarera del Tempisque Sociedad Anónima, la denuncia presentada por los vecinos del Residencial El Roble Sabana de Liberia, y además se le solicitó a la empresa información sobre las medidas de mitigación del daño ambiental asociado a la práctica que utilizan en el desarrollo de esa actividad; que en la misma misiva se le planteó a la empresa el interés de la Oficina Subregional de Liberia de realizar una reunión para buscar soluciones con las partes involucradas. c.- El día doce de marzo de dos mil dos, según oficio ACG-OSRL-088, se le solicitó al Ministerio de Agricultura y Ganadería, información acerca de si la Central Azucarera del Tempisque, ha tramitado permiso para la realización de quemas en terrenos agropecuarios, en el sector residencial. d. - En la misma fecha, según oficio ACG-OSRL-089, se le preguntó al Capitán del Cuerpo Bomberos de Liberia, si existe alguna solicitud de parte de la Central Azucarera del Tempisque, para el desarrollo de quemas de terrenos de uso agropecuario. El mismo día doce de marzo del dos mil dos, mediante oficio ACG-OSRL-090, se le consultó al encargado de la Comisión Nacional de Incendios Forestales de la Región, si existe una solicitud de apoyo para la realización de quemas en terrenos agropecuarios, siendo su repuesta negativa y manifestando que no le corresponde al MINAE, la emisión de permisos de quema en terrenos de uso agropecuario, de acuerdo con el Decreto Ejecutivo número 23850-MAG-SP, del catorce de noviembre de 1994. e. - El día catorce de marzo del dos mil dos, el Ministerio de Agricultura y Ganadería informó que la Central Azucarera del Tempisque, no ha tramitado ningún permiso de quema ante esa dependencia. g. - El dieciocho de marzo del dos mil dos, el gerente de Central Azucarera del Tempisque, manifestó mediante carta fechada 18-03-02, que la plantación que está afectando al Residencial el Roble Sabana, pertenece a un productor independiente a la empresa que él representa. h.- El día veintidós de abril del dos mil dos, mediante oficio ACG-OSRL-124, se le solicitó al representante de Central Azucarera del Tempisque, se sirviera brindar mayor información sobre la persona que realiza las quemas con el fin de orientar a los vecinos del Residencial El Roble Sabana. Ante la única denuncia presentada en la Oficina Subregional de Liberia del Area de Conservación Guanacaste, se ha realizado todas las gestiones enumeradas, a pesar que de conformidad con el Decreto Ejecutivo 23850-MAG-SP, la competencia en cuestión de quemas en terrenos agropecuarios le corresponde al Ministerio de Agricultura y Ganadería. Solicita que se desestime el recurso planteado.\n\n5.- Informa bajo juramento Rodolfo Coto Pacheco, en su calidad de Ministro de Agricultura y Ganadería (folio 162), que única y exclusivamente se refiere a los aspectos en que se menciona una ingerencia o participación del Ministerio de Agricultura y Ganadería, sea a las quemas que anualmente –según se indica– realiza la Empresa Central Azucarera del Tempisque en las hectáreas de su propiedad que se encuentran sembradas de caña con el fin de facilitar la preparación de terrenos y la cosecha de caña. En lo que respecta a la competencia de ese Ministerio, efectivamente, existe publicado el Decreto Ejecutivo No. 23850-MAG-SP de cuatro de noviembre de mil novecientos noventa y cuatro, publicado en La Gaceta No. 237 del catorce de diciembre del mismo año, denominado \"Reglamento para Quemas Controladas con fines Agrícolas y Pecuarios\", en el cual se establece que la autorización para quemas en terrenos agrícolas y pecuarios, la otorgan las oficinas respectivas del Ministerio de Agricultura y Ganadería. Sin embargo, dicha regulación no otorga ninguna facultad sancionatoria al Ministerio de Agricultura y Ganadería, pues la remisión en esa materia en los artículos 9 y 10, está referida a las disposiciones pertinentes del Código Penal. En lo que respecta a los hechos mencionados en el recurso que guardan relación con eventuales quemas agrícolas realizadas por la Central Azucarera del Tempisque S.A., por la ubicación del Ingenio que se establece en la localidad de Guardia de Nacascolo, Liberia, ese Ministerio realizó las consultas pertinentes a las dos Agencias de Servicios Agropecuarios que podrían tener ingerencia sobre el asunto y que corresponden a la Agencia de Servicios Agropecuarios (o de Extensión Agrícola) del MAG de Carrillo y la de Liberia. El Jefe de la Agencia del MAG de Carrillo, señor Johel Pomares, manifiesta que de acuerdo con los registros de la Agencia, los señores de la Central Azucarera del Tempisque S.A. nunca han solicitado permisos ante esa Agencia para quemas agrícolas y, de igual manera, ningún administrado, interesado, o vecino ha presentado denuncia alguna por quemas agrícolas ante esa Agencia. La Jefe de la Agencia del MAG de Liberia, Ing. Marina Jiménez Rivas, manifiesta que ella ha tenido algún conocimiento del asunto, incluso por la ubicación del Ingenio, que está dentro del área de circunscripción territorial de la Agencia; sin embargo, la Empresa Central Azucarera del Tempisque S.A. hace muchos años que no ha vuelto a solicitar permisos para quemas agrícolas, ha pesar de la existencia del Decreto Ejecutivo N° 23850 MAC-SP. De hecho el último permiso solicitado data de diciembre de mil novecientos noventa y cinco, el cual con el cumplimiento de los requisitos, fue en su oportunidad concedido. Lo anteriormente mencionado, es la única participación de ese Ministerio en los hechos o actuaciones administrativas citadas por los recurrentes, en este asunto y como podrá determinar y comprobar esa Sala Constitucional. Solicita que se desestime el recurso planteado.\n\n6.- En los procedimientos seguidos se han observado las prescripciones legales.\n\nRedacta el magistrado Sancho González; y,\n\nConsiderando:\n\nI.- Objeto del recurso. Los recurrentes consideran que la empresa CATSA opera en condiciones que resultan insoportables para quienes habitan en las inmediaciones de la zona cercana a Filadelfia de Carrillo, porque genera malos olores durante la temporada de zafra, prohija la reproducción de zancudos y quema sus cañales –que abarcan un área de cinco mil hectáreas de terreno– para facilitar su cosecha, lo que genera hollín, la muerte de animales silvestres y provoca \"efectos nocivos para la salud pública\" (folio 02). Asimismo, se quejan de que las entidades del Estado no hacen nada para solucionar el problema.\n\nII.- Hechos que se estiman probados. De importancia para la decisión de este asunto, se estiman como demostrados los siguientes hechos, en parte porque así han sido acreditados en autos, pero también, especialmente, porque las autoridades recurridas y el representante de CATSA han omitido referirse a ellos según lo prevenido en el auto inicial:\n\nQue la empresa CATSA ha realizado una serie de obras y mejoras a sus instalaciones, que comprenden la instalación de filtros (\"scrubbers\") en las calderas de su ingenio, silenciadores y atenuadores de contaminación sónica, trampas y separadoras de grasas y aceites contenidas en las aguas de enfriamiento del equipo de molienda de caña, separadores de ceniza y la construcción de una laguna o canal de sedimentación y oxidación para depurar el levado de caña, entre otras (folios 12 a 18 y 126 y siguientes).\nQue, además, según informa el Ministerio de Salud, el ingenio de CATSA cuenta, a la fecha, con los siguientes sistemas debidamente aprobados: 1) Sistema de Tratamiento de Cenizas, aprobado el proyecto mediante plano N° 214-23 con DECAP-99-97 el tres de mayo de mil novecientos noventa y siete. 2) Equipo de Control de Emisiones Atmosféricas, aprobado con DECAP1OO-97 del tres de mayo de mil novecientos noventa y siete. 3) Sistema de Tratamiento de Aguas Residuales, Plano N°05-01-97 (2000) aprobado el seis de enero del dos mil por el Ing. Marcello De Simone C., funcionario del Proceso Permisos de Ubicación y Construcción. 4) Este ingenio utiliza las aguas de lavado de la caña de azúcar para riego, previo tratamiento (sedimentación y laguna anaeróbica). 5) Las vinazas, previo tratamiento mediante lagunas anaeróbicas, se utilizan para el riego de los cañales. Para ello dicha empresa presentó, en el año de mil novecientos noventa y cinco, en la Dirección de Protección al Ambiente Humano de ese Ministerio, un \"Proyecto de aplicación de vinaza–Fertirriego\" (folios 126 y 127)\nEn el año mil novecientos noventa y nueve, la empresa presentó nueva \"propuesta para el manejo de la vinaza como fertilizante\"; con el fin de eliminar las descargas controladas al Río Tempisque (folio 127).\nQue en vista de que dicho ingenio ha cumplido con todas las especificaciones pedidas por el Ministerio de Salud, mediante oficio UPC-PSF-18 96-99 UAC5083-99 del diecinueve de diciembre de mil novecientos noventa y nueve, suscrito por el Ing. Eugenio Androvetto Villalobos, se le informó al Licenciado Gonzalo Cubero Brealey, Representante Legal de Central Azucarera Tempisque, sobre el otorgamiento del Permiso Sanitario de Funcionamiento a la industria citada, que corresponde al número 217-99 y debe ser renovado el día trece de diciembre del dos mil cuatro (folio 127).\nQue en oficio AJ–018–2002 que corre agregado a folio 129 y siguientes del expediente, se afirma lo siguiente: \"…es cierto que en tiempos de Zafra, de las lagunas de oxidación de dicha empresa (CATSA) se generan olores que se perciben a distancia considerable de su ubicación; lo cual afecta a otras comunidades cercanas como es el caso de Paso Tempisque, Palmira, Los Jocotes.\" (Ver folio 129).\nQue el Ministro de Salud y el representante de CATSA admiten que el problema de los malos olores creado por las lagunas de oxidación de la empresa es cierto (folios 18 y 127), aunque ambos alegan que se han hecho ingentes esfuerzos para solucionar el problema.\nQue, de hecho, los vecinos del Ingenio presentaron una denuncia por los malos olores generados por la laguna de oxidación (ver oficio RCH–ORSA 082–2001, folio 132).\nQue la empresa CATSA efectivamente quema la mayoría de sus cañales –aproximadamente cinco mil hectáreas de tierra. Lo anterior se desprende de las afirmaciones contenidas en el líbelo de interposición, los informes de los Jerarcas del MAG y del MINAE, y la velada admisión del representante de la empresa recurrida (folios 19, 148 y 163).\nQue no obstante lo anterior, esa compañía no ha solicitado un permiso para realizar tal actividad desde diciembre de mil novecientos noventa y cinco (folio 148, 149 y 163).\n\nIII.– Hechos no probados. No se estiman demostrados los siguientes hechos de relevancia para esta resolución:\n\nQue la actividad de CATSA incremente la proliferación de mosquitos en el área afectada.\n\nIV.- Acerca del derecho de los recurrentes a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado. Este Tribunal se ha pronunciado reiteradamente sobre la naturaleza constitucional de los derechos a gozar de un medio ambiente sano y ecológicamente equilibrado que ostentan los pobladores nuestro país; materias que, por consiguiente, se ubican en el ámbito propio de los Derechos Fundamentales. Así por ejemplo, en sentencia N° 00644–99 de las once horas veinticuatro minutos del veintinueve de enero de mil novecientos noventa y nueve, la Sala indicó:\n\n\"III.– Sobre el derecho. El artículo 50 de la Constitución Política establece que toda persona tiene derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado. El derecho a un ambiente sano tiene un contenido amplio que equivale a la aspiración de mejorar el entorno de vida del ser humano, de manera que desborda los criterios de conservación natural para ubicarse dentro de toda esfera en la que se desarrolle la persona, sea la familiar, la laboral o la del medio en el cual habita. De ahí que se afirme que se trata de un derecho transversal, es decir, que se desplaza a todo lo largo del ordenamiento jurídico, modelando y reinterpretando sus institutos. El ambiente es definido por la Real Academia Española de la Lengua como el ‘conjunto de circunstancias físicas que rodean a los seres vivos’, lo que recalca aún más el carácter general del derecho. En cambio el derecho a un ambiente ecológicamente equilibrado es un concepto más restringido referido a una parte importante de ese entorno en el que se desarrolla el ser humano, al equilibrio que debe existir entre el avance de la sociedad y la conservación de los recursos naturales. Ambos derechos se encuentran reconocidos expresamente en el artículo 50 de la Constitución Política, que perfila el Estado Social de Derecho. La ubicación del derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado dentro de las regulaciones constitucionales del Estado Social de Derecho es el punto a partir del cual debe éste ser analizado. El Estado Social de Derecho produce el fenómeno de incorporación al texto fundamental de una serie de objetivos políticos de gran relevancia social y de la introducción de un importante número de derechos sociales que aseguran el bien común y la satisfacción de las necesidades elementales de las personas. En esta perspectiva, la Constitución Política enfatiza que la protección de los recursos naturales es un medio adecuado para tutelar y mejorar la calidad de vida de todos, lo que hace necesaria la intervención de los poderes públicos sobre los factores que pueden alterar el equilibrio de los recursos naturales y, más ampliamente, obstaculizar que la persona se desarrolle y desenvuelva en un ambiente sano. De igual forma que el principio del Estado Social de Derecho es de aplicación inmediata, el derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado también lo es, de manera que se manifiesta en la doble vertiente de derecho subjetivo de las personas y configuración como meta o fin de la acción de los poderes públicos en general. La incidencia que tiene el derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado dentro de la actividad del Estado… encuentra su primera razón de ser en que por definición los derechos no se limitan a la esfera privada de los individuos sino que tienen asimismo trascendencia en la propia estructura del Estado en su papel de garante de los mismos y, en segundo término, porque la actividad del Estado se dirige hacia la satisfacción de los intereses de la colectividad. La Constitución Política establece que el Estado debe garantizar, defender y preservar ese derecho. Prima facie garantizar es asegurar y proteger el derecho contra algún riesgo o necesidad, defender es vedar, prohibir e impedir toda actividad que atente contra el derecho, y preservar es una acción dirigida a poner a cubierto anticipadamente el derecho de posibles peligros a efectos de hacerlo perdurar para futuras generaciones. El Estado debe asumir un doble comportamiento de hacer y de no hacer; por un lado debe abstenerse de atentar él mismo contra el derecho a contar con un ambiente sano y ecológicamente equilibrado, y por otro lado, debe asumir la tarea de dictar las medidas que permitan cumplir con los requerimientos constitucionales.\"\n\nY también:\n\n\"Toda la vida del hombre ocurre en relación inevitable con su ambiente, en especial con el mejoramiento de la calidad de vida que es el objetivo central que el desarrollo necesita, pero éste debe estar en relación con el ambiente de modo tal que sea armónico y sustentable.\n\nEl ambiente, por lo tanto, debe ser entendido como un potencial de desarrollo para utilizarlo adecuadamente, debiendo actuarse de modo integrado en sus relaciones naturales, socioculturales, tecnológicas y de orden político, ya que, en caso contrario, se degrada su productividad para el presente y el futuro y podría ponerse en riesgo el patrimonio de las generaciones venideras. Los orígenes de los problemas ambientales son complejos y corresponden a una articulación de procesos naturales y sociales en el marco del estilo de desarrollo socioeconómico que adopte el país. Por ejemplo, se producen problemas ambientales cuando las modalidades de explotación de los recursos naturales dan lugar a una degradación de los ecosistemas superior a su capacidad de regeneración, lo que conduce a que amplios sectores de la población resulten perjudicados y se genere un alto costo ambiental y social que redunda en un deterioro de la calidad de vida; pues precisamente el objetivo primordial del uso y protección del ambiente es obtener un desarrollo y evolución favorable al ser humano. La calidad ambiental es un parámetro fundamental de esa calidad de vida; otros parámetros no menos importantes son salud, alimentación, trabajo, vivienda, educación, etc., pero más importante que ello es entender que si bien el hombre tiene el derecho de hacer uso del ambiente para su propio desarrollo, también tiene el deber de protegerlo y preservarlo para el uso de las generaciones presentes y futuras, lo cual no es tan novedoso, porque no es más que la traducción a esta materia, del principio de la ‘lesión’, ya consolidado en el derecho común, en virtud del cual el legítimo ejercicio de un derecho tiene dos límites esenciales: Por un lado, los iguales derechos de los demás y, por el otro, el ejercicio racional y el disfrute útil del derecho mismo.\n\nII) – Es importante hacer algunas aclaraciones, íntimamente relacionadas con el fondo de este amparo, para poder comprender los aspectos relacionados con el ambiente y sus deteriorantes, entendiendo que el primero es todo lo que naturalmente nos rodea y permite el desarrollo de la vida y tanto se refiere a la atmósfera y sus capas superiores como a la tierra, sus aguas, flora, fauna y recursos naturales en general, todo lo cual conforma la naturaleza con sus sistemas ecológicos de equilibrio entre los organismos y el medio en que viven. Por otro lado, el sistema ecológico o ecosistema es la unidad básica de interacción entre organismos vivos con el medio en un espacio determinado; y contaminante es todo elemento, compuesto o sustancia, su asociación o composición, derivado químico o biológico, así como cualquier tipo de energía, radiación vibración o ruido que, incorporados en cierta cantidad al ambiente por un lapso más o menos prolongado, puedan afectar negativamente o ser dañinos a la vida, la salud o al bienestar del hombre o de la flora y fauna, o causar un deterioro en la calidad del aire, agua, suelo, ‘bellezas naturales’ o recursos en general, que hacen en síntesis la calidad de vida.\n\n(…)\n\nIV) – La preocupación por los recursos naturales y por un desarrollo armónico a largo plazo ha sido un elemento reiterado en la evolución histórica de nuestro país desde el siglo pasado. Tradicionalmente se ha sostenido que Costa Rica es un Estado de Derecho y es quizás por esta razón que exista la tendencia a pretender resolver todos los problemas con la promulgación de leyes y normas de otro rango. Sin embargo, dentro de nuestro entorno cultural, las leyes por sí solas han resultado evidentemente insuficientes para garantizar la conservación de los recursos naturales y asegurar un desarrollo sostenible futuro, por ello es indispensable que la norma jurídica tenga no solo un respaldo técnico, sino que, de hecho, se asuman responsabilidades individuales y colectivas respecto el cumplimiento de dicha normativa en los diferentes niveles e instancias que corresponda.\n\n(…)\n\nHablar de desarrollo sostenible en términos de satisfacción de las necesidades humanas presentes y futuras y del mejoramiento de la calidad de vida es hablar de la demanda de los recursos naturales a nivel individual y de los medios directos o de apoyo necesarios para que la economía funcione generando empleo y creando los bienes de capital, que a su vez hagan posible la transformación de los recursos en productos de consumo, de producción y de exportación.\n\n(…)\n\nNo puede dejar de hacerse referencia a la reunión convocada en julio de 1992 en Brasil, denominada Cumbre de la Tierra, en la cual se proclamó y reconoció la naturaleza integral e independiente del planeta. Dicha declaración significa la aceptación de ciertos principios que informan la transición de los actuales estilos de desarrollo a la sustentabilidad. Los Estados signatarios, entre los que figura Costa Rica, se comprometieron, dentro de la preservación del desarrollo sostenible, a la protección sobre todo del ser humano. Se partió del principio de que toda persona tiene derecho a una vida saludable y productiva en armonía con la naturaleza; se incluyó el derecho de las generaciones presentes y futuras a que el desarrollo se realice de modo tal que satisfaga sus necesidades ambientales y de progreso; se mantuvo la potestad soberana de los Estados de explotar sus recursos, recalcando su responsabilidad de asegurar que las actividades que realicen dentro de su jurisdicción y control no causen daños ambientales a otros Estados o areás (sic) más allá de los límites de su jurisdicción nacional. Establecieron el deber de los Estados de cooperar en la conservación, protección y restauración del ambiente y sus responsabilidades comunes en ese sentido; de ese modo la cooperación internacional en la promoción y apoyo del crecimiento económico y el desarrollo sostenible permitirá abordar mejor los problemas de la degradación ambiental. Asimismo, se impuso un deber especial a los países desarrollados fundado en su responsabilidad en la búsqueda del desarrollo sostenible, dada la evidente presión que ejercen en el ambiente global las tecnologías que desarrollan y los recursos financieros que poseen.\" (Sentencia número 3705–93 de las quince horas del treinta de julio de mil novecientos noventa y tres).\n\nLa naturaleza transversal de los Derechos Fundamentales que se analizan, por cierto, tiene importantes repercusiones en el ámbito propio de la legitimación para acudir a la vía del amparo, y esta cuestión no ha pasado inadvertida para la Sala, que expuso claramente sus consecuencias en sentencias como la número 3705–93 de las quince horas del treinta de julio de mil novecientos noventa y cuatro que, en lo conducente, expresa:\n\n\"Tratándose de la protección jurídica del ambiente, la legitimación de los particulares para actuar judicialmente y lograr la aplicación de las normas que tienen esa finalidad o bien, solicitar la tutela jurisdiccional para amparar sus derechos violados, es de gran importancia. Pero debe analizarse desde varios puntos de vista, es decir, en relación con la naturaleza del proceso, las pretensiones y las partes intervinientes y, también tomando en cuenta que el quebranto de las normas ambientales puede provocarlo con su actuación u omisión tanto un sujeto de derecho privado como de derecho público. Este último, simplemente omitiendo ejercer el control debido sobre la actuación de los sujetos privados, cuando infringen las normas ambientales, ignorando su competencia funcional, que le exige ejercer ese control; o bien, infringiendo directamente con su actuación disposiciones jurídicas destinadas a proteger y conservar el ambiente. Esta Sala en Sentencia número 2233–93 al señalar que la preservación y protección del ambiente es un derecho fundamental, da cabida a la legitimación para acudir a la vía de amparo. En el derecho ambiental, el presupuesto procesal de la legitimación tiende a extenderse y ampliarse en una dimensión tal, que lleva necesariamente al abandono del concepto tradicional, debiendo entender que en términos generales, toda persona puede ser parte y que su derecho no emana de títulos de propiedad, derechos o acciones concretas que pudiera ejercer según las reglas del derecho convencional, sino que su actuación procesal responde a lo que los modernos tratadistas denominan el interés difuso, mediante el cual la legitimación original del interesado legítimo o aún del simple interesado, se difunde entre todos los miembros de una determinada categoría de personas que resultan así igualmente afectadas por los actos ilegales que los vulneran. Tratándose de la protección del ambiente, el interés típicamente difuso que legitima al sujeto para accionar, se transforma, en virtud de su incorporación al elenco de los derechos de la persona humana, convirtiéndose en un verdadero ‘derecho reaccional’, que, como su nombre lo indica, lo que hace es apoderar a su titular para ‘reaccionar’ frente a la violación originada en actos u omisiones ilegítimos. Es por ello que la vulneración de ese derecho fundamental, constituye una ilegalidad constitucional, es decir, una causal específica de amparo contra los actos concretos o normas autoaplicativas o, en su caso, en la acción de inconstitucionalidad contra todas las normas o contra los actos no susceptibles de amparo, e incluso, contra las omisiones, categoría ésta que en el caso del derecho al ambiente se vuelve especialmente importante, porque al tratarse de conservar el medio que la naturaleza nos ha dado, la violación más frecuente se produce por la inercia de las autoridades públicas en realizar los actos necesarios para protegerlos. La Jurisdicción Constitucional, como medio jurídicamente idóneo y necesario para garantizar la supremacía del derecho de la Constitución es, además de supremo, de orden público esencial, y ello implica, en general, que una legitimación mucho más flexible y menos formalista, es necesaria para asociar a los ciudadanos al interés del propio Estado de Derecho de fiscalizar y, en su caso, restablecer su propia juridicidad.\"\n\nQue la problemática expuesta incida en todos los niveles del quehacer humano, a estas alturas, resulta evidente, pero vale la pena destacar la especial relación que guarda con otro Derecho Fundamental: el Derecho a la Salud. A este respecto, a dicho la Sala:\n\n\"…Sobre el Derecho a la Salud. La Constitución Política de nuestro país no contempla expresamente el Derecho a la Salud, pero sí tutela la vida humana, que reputa como inviolable. En efecto, el artículo veintiuno de nuestra carta fundamental establece una tutela fundamental del Derecho a la Vida (humana) al expresar que la vida humana es inviolable. Esto conlleva clara e inequívocamente el derecho de todo ser humano a disfrutar de una vida plena, lo cual entraña a su vez exigencia Fundamental a gozar de la Salud, que resulta ser un corolario y componente indispensable e inescindible del Derecho a la Vida. El referido artículo veintiuno de la Constitución Política, por otra parte, guarda una relación muy cercana con la norma prevista en el ordinal cincuenta del texto constitucional, que dispone lo siguiente:\n\n‘Artículo 50.-\n\nEl Estado procurará el mayor bienestar a todos los habitantes del país, organizando y estimulando la producción y el más adecuado reparto de la riqueza.\n\nToda persona tiene derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado. Por ello está legitimada para denunciar los actos que infrinjan ese derecho y para reclamar la reparación del daño causado.\n\nEl Estado garantizará, defenderá y preservará ese derecho. La ley determinará las responsabilidades y las sanciones correspondientes.’ (Artículo reformado mediante Ley No. 7412 de 24 de mayo de 1994, publicada en La Gaceta No. 111 de 10 de junio de 1994).\n\nEsta disposición establece un sistema de garantías que, en forma correlativa al Derecho Fundamental a la Vida, tienden a realizar e impulsar plenamente el afán constitucional de que la vida de todo ser humano sea, no sólo respetada, sino potenciada en todos sus aspectos. Esto significa que nuesto (sic) constituyente comprendió claramente que, de desvincularse el contenido del numeral veintiuno de la Constitución Política del Derecho Fundamental a la Salud, no sólo en el ámbito físico, sino también en el psíquico y el espiritual, el Derecho a la Vida no pasaría de ser, en la práctica, más que una mera declaración de principios. Dicho de otro modo, resulta obvio que el constituyente se percató de que Derecho a la Salud constituye un aspecto indisociable del principio que establece la inviolabilidad de la vida; y es precisamente por esta razón que se previó la creación de un sistema de seguro social, pues éste se revelaba como necesario para concretar el derecho de todos los habitantes de la República de gozar de un verdadero Derecho a la Salud…\n\n(…)\n\nAsimismo, la clarísima raigambre constitucional del Derecho a la Salud se ve complementada por el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, aprobado por la Ley 4229 del once deciembre de mil novecientos sesenta y seis, que además de formar parte del parámetro de constitucionalidad, contempla expresamente el Derecho a la Salud, y lo disciplina de la siguiente manera:\n\n‘Artículo 12\n\nLos Estados Partes en el presente Pacto reconocen el derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental.\n\n(...)’\n\nEsta disposición ayuda a interpretar en forma todavía más plena la normativa constitucional que –ya de por sí– postula a la Salud como un Derecho Fundamental. Dada la importancia de este tema, este Tribunal ya ha emanado abundante jurisprudencia al respecto. Así, se ha dicho lo siguiente:\n\n‘VIIIo. En cuanto al derecho a la salud, es importante aprovechar el contexto que nos presenta el caso en estudio para aclarar que, si bien nuestra Constitución Política no contempla en forma expresa ese derecho –aunque sí se preocupa de regular expresamente los aspectos con ella relacionados, catalogados como parte de los derechos constitucionales sociales, como el derecho a la seguridad social–, no se puede negar su existencia, por ser derivado directo del derecho a la vida protegido en el artículo 21 de nuestra Constitución, ya que éste –el derecho a la vida– es la razón de ser y explicación última del derecho a la salud. La conexión existente entre ambos es innegable, el derecho a la salud tiene como propósito fundamental hacer efectivo el derecho a la vida, porque éste no protege únicamente la existencia biológica de la persona, sino también los demás aspectos que de ella se derivan. Se dice con razón, que el ser humano es el único ser de la naturaleza con conducta teleológica, porque vive de acuerdo a sus ideas, fines y aspiraciones espirituales, en esa condición de ser cultural radica la explicación sobre la necesaria protección que, en un mundo civilizado, se le debe otorgar a su derecho a la vida en toda su extensión, en consecuencia a una vida sana. Si dentro de las extensiones que tiene éste derecho está, como se explicó, el derecho a la salud o de atención a la salud ello incluye el deber del Estado de garantizar la prevención y tratamiento de las enfermedades.’(Voto 1915-92 de las catorce horas y doce minutos del veintidós de julio de mil novecientos noventa y dos).\n\nComo se puede concluir sin mayor esfuerzo de lo expuesto anteriormente, el Derecho a la Salud, que se encuentra desarrollado en numerosos textos legales, tiene como característica esencial el entrañar una obligación del Estado de procurar que la población disfrute de un bienestar físico, mental y hasta social. De ahí que la doctrina lo califique como un Derecho Funcional, ya que implica ‘...también la existencia de obligaciones específicas respecto no sólo de sí mismo, sino también de la familia y la comunidad.’ En tal medida, la Ley General de Salud No. 5395, prevé lo siguiente:\n\n‘Artículo 1.-\n\nLa salud de la población es un bien de interés público tutelado por el Estado.\n\nArtículo 2.-\n\nEs función esencial del Estado velar por la salud de la población. Corresponde al Poder Ejecutivo, por medio del Ministerio de Salud, al cual se referirá abreviadamente la presente ley como ‘ Ministerio ‘, la definición de la política nacional de salud, la normación, planificación y coordinación de todas las actividades públicas y privadas relativas a salud, así como la ejecución de aquellas actividades que le competen conforme a la ley. Tendrá potestades para dictar reglamentos autónomos en estas materias.’\n\nDe las normas citadas anterioremente (sic), se concluye que existe un Principio General del Derecho de la Constitución que obliga a los entes estatales a comprometerse activamente en procurar la Salud de la población –en todas las manifestaciones que esta implique–. Tal obligación, por supuesto, varía en relación con la esfera de competencias que cada ente, órgano o dependencia exhiba, pero aun así es de aplicación general.\" (Sentencia 2000–09051 de las diez horas con dieciocho minutos del trece de octubre de dos mil).\n\nCompárese este precedente con lo dispuesto en el pronunciamiento número 6165-94 de las diecisiete horas doce minutos del diecinueve de octubre de mil novecientos noventa y cuatro:\n\n\"El término ‘bellezas naturales’ era el empleado al momento de promulgarse la Constitución, (7 de noviembre de 1949) que hoy se ha desarrollado como una especialidad del derecho; el derecho ambiental que reconoce la necesidad de preservar el entorno no como un fin cultural únicamente, sino como una necesidad vital de todo ser humano. En este sentido, el concepto de un derecho al ambiente sano, supera los intereses recreativos o culturales que también son aspectos importantes de la vida en sociedad, sino que además constituye un requisito capital para la vida misma. Ningún resultado racional puede producir la negación de nuestra fragilidad como seres animados, dependientes del entorno para nuestra subsistencia y la de generaciones futuras.\n\nXIV.- De esta segunda visión del tema ambiental, se hace posible revestir a los derechos individuales clásicos de las condiciones necesarias para su pleno disfrute y ejercicio, en especial del derecho a la vida particularmente reforzado por nuestro artículo 21 constitucional, que la declara inviolable. Así, de la necesidad de disfrutar plenamente de los derechos humanos, surgen normas directamente derivadas de las fundamentales –entendidas como las ya consagradas en el texto constitucional– que operan como condiciones instrumentales para su preservación y ejercicio. Por ello las condiciones necesarias para la protección de los derechos fundamentales, se constituyen en verdaderos derechos independientes y exigibles con autonomía de aquéllos. Son verdaderas normas subconstitucionales como las denomina la doctrina, surgidas de la interpretación armónica del derecho de la Constitución; como por ejemplo la relación género–especie entre la libertad de comercio y la libertad de contratación según lo desarrolló la Corte Plena en funciones de tribunal constitucional, en la sentencia de 26-8-82. La segunda como consecuencia de la primera, es una condición indispensable para su ejercicio y sin embargo un derecho autónomo a la vez.\n\nXV.- Por ello podemos afirmar que del derecho a la vida y de la obligación estatal de ‘proteger las bellezas naturales’ contenidos en los artículos 21 y 89 de la Constitución, surgen otros derechos de obligada protección e igual rango como son los de la salud y a un ambiente sano, en ausencia de los cuales o no sería posible el ejercicio de los primeros, o su disfrute se vería severamente limitado.\n\nXVI.- El derecho a la Salud, como derecho humano, fue reconocido por la Sala en tempranas sentencias, como la N°56-90 que declaró ese derecho como irrenunciable; y la sentencia N°1755-90 en la que se dijo:\n\n‘En el presente caso, está de por medio del derecho a la Salud, derecho fundamental del ser humano –en la medida en que la vida depende en gran parte de su respecto– de tal forma que conforme a nuestra Constitución Política, artículos 10 y 48, y la Ley de la Jurisdicción Constitucional, la materia objeto del presente recurso... sí se constituye en objeto de obligado conocimiento de esta instancia, en la medida en que involucra la presunta violación de un derecho constitucional...’\n\nDe manera que es claro que ya no existe duda sobre la protección constitucional del derecho a la salud jalonado del derecho a la vida y por allí de un derecho al ambiente sano. A manera de ilustración podemos citar las sentencias 1580-90; 1833-91; 2362-91; 2728-91; 1297-92; 2233-93; 4894-93; que han reconocido el derecho a la salud y a un ambiente sano, como un derecho individual constitucionalmente protegido.\"\n\nAsí, en síntesis, puede decirse que toda persona tiene derecho a una vida saludable y productiva en armonía con la naturaleza y, en esta tesitura, se enmarca el concepto del derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado. Por un lado, el derecho a un ambiente sano consiste en la aspiración de mejorar el entorno de vida del ser humano dentro de toda esfera en la que se desarrolle la persona, sea la familiar, la laboral o la del medio en el cual habita. En este sentido, este concepto supera los meros intereses \"recreativos\" o \"culturales\" porque constituye un requisito capital para la vida misma. En cambio, el derecho a un ambiente ecológicamente equilibrado es una noción más restringida, que únicamente se refiere al equilibrio que debe existir entre el avance de la sociedad y la conservación de los recursos naturales. Ambos conceptos no sólo no son excluyentes, sino que se complementan e implican el uno al otro, al extremo de que generalmente se los trata como uno solo. A la sazón, tanto si se los aborda en conjunto o separadamente, se descubre que ambos revisten el carácter de derecho transversal. Esto quiere decir que se desplazan a todo lo largo del ordenamiento jurídico, modelando y reinterpretando sus institutos. El derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado es de aplicación inmediata, de manera que se manifiesta en la doble vertiente de derecho subjetivo de las personas y configuración como meta o fin de la acción de los poderes públicos en general. La calidad ambiental es un parámetro fundamental de la calidad de vida, pero no es el único: otros parámetros, no menos importantes, son la salud, la alimentación, el trabajo, la vivienda, la educación, etc. A este respecto, cabe añadir que en la actualidad se acepta pacíficamente que existe una tutela de rango constitucional del derecho a la salud, jalonado del derecho a la vida y, por allí, de un derecho al ambiente sano; esto por cuanto el Derecho a la Salud constituye un aspecto indisociable del principio que establece la inviolabilidad de la vida. De hecho, al igual que el Derecho a un Ambiente Sano y Ecológicamente Equilibrado, el Derecho a la Salud tiene como característica esencial el entrañar una obligación del Estado; si bien ella consiste en procurar que la población disfrute de un bienestar físico, mental y hasta social. Por esa razón, la doctrina lo califica como un Derecho Funcional, puesto que entraña obligaciones específicas respecto no sólo de sí mismo, sino también de la familia y la comunidad. En tanto ambos Derechos –en alguna medida– también se implican el uno al otro, no es difícil entender que ambos deben orientar poderosamente el quehacer Estatal. Debe entenderse que existe un Principio General del Derecho de la Constitución, derivado del Derecho a la Vida, que obliga a los entes estatales a comprometerse activamente en procurar, por un lado, la Salud de la población –en todas las manifestaciones que esta implique–, y por el otro, a tutelar al medio ambiente. Tal obligación, por supuesto, varía en relación con la esfera de competencias que cada ente, órgano o dependencia exhiba, pero aun así es de aplicación general. No obstante, las leyes –por sí solas– hasta ahora han resultado evidentemente insuficientes para garantizar la conservación de los recursos naturales y asegurar un desarrollo sostenible futuro. Por ello, es indispensable que la norma jurídica tenga no solo un respaldo técnico, sino que, de hecho, se asuman responsabilidades individuales y colectivas respecto al cumplimiento de dicha normativa en los diferentes niveles e instancias que corresponda. El quebranto de las normas ambientales puede provocarlo con su actuación u omisión tanto un sujeto de derecho privado como de derecho público. Este último, simplemente omitiendo ejercer el control debido sobre la actuación de los sujetos privados, cuando infringen las normas ambientales, ignorando su competencia funcional, que le exige ejercer ese control. Y por eso mismo, si la Administración omite ejercer sus cometidos de tutela y fiscalización, el administrado puede acudir a la vía del amparo.\n\nV.- Acerca del Derecho a la Salud, a un medio Ambiente Sano y Ecológicamente Equilibrado, y los cometidos de la Jurisdicción Constitucional: los principios \"pro homine\" y \"pro libertatis\". Ahora bien, en este contexto es necesario recordar que la finalidad última de la interpretación constitucional es potenciar la actuación práctica del ordenamiento constitucional, lo cual –se ha dicho– entraña expandir al máximo la fuerza normativa de la Constitución y la interpretación de todo el ordenamiento jurídico (incluyendo la ley de esta jurisdicción) en consonancia con ella misma. En otro nivel, sea al estudiar un caso concreto para darle solución, este propósito se traduce en elegir entre todas las posibles respuestas aquella opción que resulte más correcta desde la perspectiva constitucional. Aplicada al caso concreto, la interpretación constitucional correcta debe fortalecer en la mayor medida posible la actuación de los valores, las normas y los principios íncitos en el parámetro de constitucionalidad. Y en esta labor, se constituyen como norte indiscutible de la interpretación constitucional, los principios pro homine y pro libertatis. El principio pro homine postula que el derecho debe interpretarse y aplicarse siempre de la manera que más favorezca al ser humano. De esa forma, se ha dicho que \"…el sistema de libertad que garantizan los derechos fundamentales, deja fuera del alcance de la acción del Estado, ya sea por medio de la ley, de la actividad administrativa o de los tribunales de justicia, una esfera intangible de libertad, la cual no puede ser tocada por ninguna autoridad, porque es el hombre, no la sociedad, quien tiene dignidad y los consiguientes derechos y libertades fundamentales.\" En efecto, el ser humano es el fin último de las normas jurídicas, y no meramente un destinatario de ellas, de tal modo que éstas –y especialmente las que consagran derechos fundamentales–, deben interpretarse en la forma en que más favorezcan a la persona humana. El principio pro libertatis, por su parte, prescribe que los derechos fundamentales deben interpretarse del modo más amplio posible. Por consiguiente, debe interpretarse extensivamente todo lo que maximice y restrictivamente todo lo que limite libertad de los individuos. De ahí que, en caso de duda, siempre se deberá favorecer la cláusula de libertad, pues los derechos fundamentales han sido justamente consagrados para proteger la libertad, en vez de limitarla. De ahí que con relación a la problemática expuesta, la tarea de esta Sala es establecer, por una parte, si la actividad de CATSA puede reputarse, al menos potencialmente, como peligrosa para la salud, el medio ambiente y, por ende, la calidad de vida que disfrutan los habitantes de Paso Tempisque, Palmira, Los Jocotes y la zona de Filadelfia, en el entendido que, ante la duda, debe optarse por la interpretación que más favorezca los Derechos Fundamentales de la población, de conformidad con los principios pro homine y pro libertatis. Por la otra, la Sala debe constatar si las distintas instituciones del Estado se han avocado diligentemente a procurar –dentro de sus competencias– que los pobladores gocen de un ambiente sano, ecológicamente equilibrado, y que, por ende, no que perjudique su salud.\n\nVI.- Sobre los malos olores emanados por la laguna de sedimentación del lavado de caña. Objetan los reclamantes que los malos olores que produce la laguna en mención hacen, en sus palabras, \"insoportable\" la vida para los vecinos de Paso Tempisque, Palmira, Los Jocotes y toda la zona cercana a Filadelfia de Carrillo en Guanacaste. En este sentido, aunque la Sala reconoce que se han construido sistemas de tratamiento para las aguas –que no han surtido los efectos deseados– y que, por esa razón, se ha propuesto dejar de lavar la caña a fin de eliminar por completo el problema, lo cierto es que los malos olores, según admiten los señores Pardo y LaVergne, persisten. Si a ello se le suma que, mientras tanto, los pobladores de la región deben vivir sometidos a tales condiciones, se concluye que su derecho a gozar de un ambiente sano, que abarca toda esfera en la que se desarrolle la persona, esta siendo irremisiblemente vulnerado.\n\nVII.- Acerca del Derecho a la Salud, a un Ambiente Sano y Ecológicamente Equilibrado, y la contaminación ambiental: La cuestión planteada por la quema de cañales. Afirman los recurrentes que la quema de cañales en un área de cinco mil hectáreas que lleva a cabo CATSA para facilitar su cosecha, produce hollín, la muerte de animales silvestres y provoca \"efectos nocivos para la salud pública\". A este respecto, las autoridades de Salud y de Ambiente y Energía, pese a haber sido debidamente prevenidas en las resoluciones que les dieron traslado del presente amparo, guardan un absoluto mutismo, omitiendo hacer cualquier referencia sobre los presuntos efectos nocivos que el fuego y el humo tienen en la salud de las personas y la fauna local. El Gerente General de la Central Azucarera Tempisque S.A., en cambio, refuta tales afirmaciones, y aduce que estas quemas más bien son beneficiosas para el entorno, porque la agroindustria de la caña \"ayuda en el proceso de fijación del dioxido de carbono\" (ver folio 19, apartado sexto). Sobre la contaminación ambiental, la Sala ha dicho:\n\n\"III) – La contaminación, que se refiere específicamente a la impugnación que hace el menor recurrente, puede considerarse como la presencia en el medio ambiente de uno o más contaminantes, o combinación de ellos, en concentraciones tales y con un tiempo de permanencia tal, que causen en dicho ambiente características negativas para la vida humana, la salud o el bienestar del hombre, la flora o fauna, o produzcan en el habitat de los seres vivos, aire, agua, suelos, paisajes o recursos naturales en general, un deterioro importante. Contaminar es introducir sustancias o elementos extraños al ambiente en niveles y con una duración tales, que produzcan contaminación en el sentido expuesto. Contrariamente, descontaminar es reducir el nivel de concentración de los contaminantes que se encuentren presentes en el ambiente, a sus valores aceptables conforme a las normas específicas sobre calidad ambiental.\n\nAmbiente libre de contaminación es, pues, la condición en que se encuentra el medio que nos rodea, cuando las alteraciones producidas tanto por el hombre como por la naturaleza en el entorno próximo o lejano, no sobrepasan los máximos permisibles fijados por aquellas normas.\n\n(…)\n\n…El suelo, el agua, el aire, los recurso (sic) marinos y costeros, los bosques, la diversidad biológica, los recursos minerales y el paisaje conforman el marco ambiental sin el cual las demandas básicas –como espacio vital, alimentación, energía, vivienda, sanidad y recreación– serían imposibles. De igual modo, nuestra economía también está íntimamente ligada al estado del ambiente y de los recursos naturales; así, por ejemplo, tanto la generación de divisas por explotación agrícola y turística, como el éxito de importantes inversiones en infraestructura dependen, en última instancia, de la conservación de aquéllos. Las metas del desarrollo sostenible tienen que ver con la supervivencia y el bienestar del ser humano y con el mantenimiento de los procesos ecológicos esenciales, es decir, de la calidad ambiental y de la sobrevivencia de las otras especies. Hablar de desarrollo sostenible en términos de satisfacción de las necesidades humanas presentes y futuras y del mejoramiento de la calidad de vida es hablar de la demanda de los recursos naturales a nivel individual y de los medios directos o de apoyo necesarios para que la economía funcione generando empleo y creando los bienes de capital, que a su vez hagan posible la transformación de los recursos en productos de consumo, de producción y de exportación.\n\nEn todo proceso de producción es necesario transformar y procesar recursos y, a su vez, transportarlos hasta los centros de consumo, todo lo cual significa un costo energético y ambiental. Asimismo, el proceso productivo no sólo requiere de recursos naturales para mantenerse, sino que genera desechos y contaminación de muy variada indóle (sic) como, por ejemplo, los desechos sólidos o emanaciones que contaminen el aire o el agua. Es evidente que el hombre con su poderío tecnologíco (sic) ha logrado controlar y alterar notablemente su entorno y ha sometido el resto de las especies a su dominio. Empero, desde la revolución industrial –y en una forma significativamente más acelerada a partir de la segunda guerra mundial–, el crecimiento exponencial de la población y las tendencias también exponenciales de la economía han incrementado el nivel de intervención del hombre en el planeta destruyendo habitats, alterando y contaminandos (sic) los ciclos vitales del medio ambiente y exterminando especies vivientes. El acelerado deterioro del medio en las últimas decádas (sic), los costos enormes de las medidas correctivas, no siempre efectivas, y los plazos necesarios, por ejemplo, para la recuperación de una cuenca o de un bosque natural talado, o de un manto de agua subterráneo contaminado, son signos inequívocos del abuso de los recursos naturales y del impacto negativo de la especie humana sobre un mundo limitado.\n\n(…)\n\nLa vida humana sólo es posible en solidaridad con la naturaleza que nos sustenta y nos sostiene, no sólo para alimento físico, sino también como bienestar psíquico: constituye el derecho que todos los ciudadanos tenemos a vivir en un ambiente libre de contaminación, que es la base de una sociedad justa y productiva. Es así como el artículo 21 de la Constitución Política señala: La vida humana es inviolable. Es de este principio constitucional de donde innegablemente se desprende el derecho a la salud, al bienestar físico, mental y social, derecho humano que se encuentra indisolublemente ligado al derecho de la salud y a la obligación del Estado de proteger de la vida humana.\n\nAsimismo, desde el punto de vista psíquico e intelectual, el estado de ánimo depende también de la naturaleza, por lo que también al convertirse el paisaje en un espacio útil de descanso y tiempo libre es obligación su preservación y conservación. Aspecto este último que está protegido en el artículo 89 constitucional, el cual literalmente dice:Entre (sic) los fines culturales de la República están: proteger las bellezas naturales, conservar y desarrollar el patrimonio histórico y artístico de la Nación, y apoyar la iniciativa privada para el progreso científico y artístico. Proteger la naturaleza desde el punto de vista estético no es comercializarla ni transformarla en mercancía, es educar al ciudadano para que aprenda a apreciar el paisaje estético por su valor intrínseco.\" (Sentencia número 3705–93 de las quince horas del treinta de julio de mil novecientos noventa y tres).\n\nPor otra parte, los problemas concretos de contaminación, al igual que la gran mayoría de los asuntos relativos al medio ambiente, plantean serios desafíos para las entidades del Estado, porque generalmente deben abordarse desde una óptica interdisciplinaria. Es frecuente que una misma situación pueda enfocarse desde la perspectiva de la salud pública, la agricultura, la industria, etcétera, y de disciplinas tan disímiles como la ecología, la química, la oceanografía, la antropología y la ingeniería. La atomización provocada por todas estas perspectivas posibles hace que las políticas que inciden sobre controversias ambientales tengan el riesgo de verse minadas por una excesiva \"sectorización\" de sus objetivos. Es posible que los distintos entes públicos caigan víctimas de una visión chata, parcial y descoordinada de los asuntos que interesan a toda la comunidad, cuando más bien deberían presentar un frente común ante ellos. En la práctica, no es raro que este tipo de problemas terminen por ser dejados totalmente de lado por la maquinaria estatal, ya que las entidades involucradas, en vez de percatarse de que existen fines, principios y valores de orden constitucional que rigen toda la actividad del Estado, únicamente se dedican a interpretar sus propias leyes orgánicas o reglamentos de la forma más restrictiva posible, a fin de limitar al máximo su injerencia en ellos. Esta actitud, por cierto, es claramente apreciable en los autos. Es del dominio público que las quemas que se realizan con ocasión del cultivo de la caña de azúcar producen brozas, cenizas y brumas susceptibles de afectar la salud humana, ya que pueden provocar irritaciones en el tracto respiratorio y afecciones de los ojos como la conjuntivitis. Además, los incendios en la actividad agrícola son una de las fuentes del dióxido de carbono que hoy día se acumula en la atmósfera terrestre y según, se afirma, podría ser responsable del tristemente célebre \"efecto de invernadero\" que afecta a todo el mundo. Ahora bien, el artículo 2° de la Ley 7152, \"Ley de Conversión del Ministerio de Industria, Energía y Minas en Ministerio de Recursos Naturales, Energía y Minas\", precisa que es atribución de esa cartera:\n\n\"(…)\n\nFormular, planificar y ejecutar las políticas de recursos naturales, energéticas, mineras y de protección ambiental del Gobierno de la República, así como la dirección, el control, la fiscalización, promoción y el desarrollo en los campos mencionados. Asimismo, deberá realizar y supervisar las investigaciones, las exploraciones técnicas y los estudios económicos de los recursos del sector.\nFomentar el desarrollo de los recursos naturales, energéticos y mineros.\nPromover y administrar la legislación sobre conservación y uso racional de los recursos naturales, a efecto de obtener un desarrollo sostenido de ellos, y velar por su cumplimiento.\n\nch) Dictar, mediante decreto ejecutivo, normas y regulaciones, con carácter obligatorio, relativas al uso racional y a la protección de los recursos naturales, la energía y las minas.\n\n(…)\"\n\nDe donde se colige que, aunque la autorización de quemas está regulada por el Decreto 23850-MAG-SP, si éstas inciden –o pudieran incidir– sobre el medio ambiente, obligan al MINAE a intervenir de alguna forma, aunque sea coordinando esfuerzos con otros entes, como el MAG o el Ministerio de Salud. Aunado a lo anterior, la necesidad de que el Ministerio de Salud se ocupe –siempre dentro de sus competencias– del problema del humo es apremiante, dada la naturaleza potencialmente nociva de los desechos mencionados. Y, en cuanto, al Ministerio de Agricultura y Ganadería, vale recordar que el numeral 48.e) de su Ley Orgánica estatuye que es su función: \"Participar, conjuntamente con otras instituciones del Sector, en la identificación de las necesidades de construcción y mantenimiento de la infraestructura propia para el desarrollo agropecuario y de recursos naturales renovables.\" No obstante lo anterior, los jerarcas de los dos primeros ministerios insisten en sus informes que lo referente a las quemas es competencia exclusiva del Ministerio de Agricultura y Ganadería. Esto, por las razones ya expuestas, es una verdad a medias. En realidad, lo lógico en este caso hubiera sido que las tres autoridades, preocupadas de que los vecinos de Paso Tempisque, Palmira, Los Jocotes y toda la zona cercana a Filadelfia de Carrillo tuvieran garantizado su derecho a la salud y a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado, hubieran realizado investigaciones para determinar si se estaba provocando un daño a la salud y/o al medio y ambiente, su magnitud, y si la situación expuesta ameritaba la adopción de medidas especiales de algún tipo. En este contexto, merece particular mención lo actuado por el MAG. Manifiesta el Ministro de Agricultura y Ganadería que el Decreto N° 23850-MAG-SP, \"Reglamento para Quemas Controladas con fines Agrícolas y Pecuarios\", estatuye que la autorización para quemas en terrenos agrícolas y pecuarios debe ser concedida por las oficinas del Ministerio de Agricultura y Ganadería, pero que dicha regulación no le otorga al MAG ninguna facultad sancionadora para disciplinar su aplicación, puesto que, en sus artículos 9 y 10, remite a las disposiciones pertinentes del Código Penal. Tales excusas son totalmente inaceptables. Los artículos 113 y 114 de la Ley General de la Administración Pública disponen claramente lo siguiente:\n\n\"Artículo 113.-\n\n1. El servidor público deberá desempeñar sus funciones de modo que satisfagan primordialmente el interés público, el cual será considerado como la expresión de los intereses individuales coincidentes de los administrados.\n\n2. El interés público prevalecerá sobre el interés de la Administración Pública cuando pueda estar en conflicto.\n\n3. En la apreciación del interés público se tendrá en cuenta, en primer lugar, los valores de seguridad jurídica y justicia para la comunidad y el individuo, a los que no puede en ningún caso anteponerse la mera conveniencia.\n\nArtículo 114.-\n\n1. El servidor público será un servidor de los administrados, en general, y en particular de cada individuo o administrado que con él se relacione en virtud de la función que desempeña; cada administrado deberá ser considerado en el caso individual como representante de la colectividad de que el funcionario depende y por cuyos intereses debe velar.\n\n2. Sin perjuicio de lo que otras leyes establezcan para el servidor, considérese, en especial, irregular desempeño de su función todo acto, hecho u omisión que por su culpa o negligencia ocasione trabas u obstáculos injustificados o arbitrarios a los administrados.\"\n\nY, en forma consecuente con el espíritu que anima esos artículos, el Código Procesal Penal impone la siguiente obligación:\n\n\"Artículo 281.- Obligación de denunciar\n\nTendrán obligación de denunciar los delitos perseguibles de oficio:\n\na) Los funcionarios o empleados públicos que los conozcan en el ejercicio de sus funciones.\n\n(…)\n\nc) Las personas que por disposición de la ley, de la autoridad o por un acto jurídico tengan a su cargo el manejo, la administración, el cuidado o control de bienes o intereses de una institución, entidad o persona, respecto de delitos cometidos en su perjuicio o en perjuicio de la masa o patrimonio puesto bajo su cargo o control y siempre que conozcan el hecho con motivo del ejercicio de sus funciones.\n\n(…)\"\n\nDe tal forma que si los servidores del MAG estaban al tanto de que la empresa CATSA no solicitaba autorización para realizar la quema de sus cañales desde mil novecientos noventa y cinco, debieron actuar diligentemente, conforme a la ley. Pero la cuestión no termina ahí. El numeral onceavo del Decreto N° 23850-MAG-SP deja entrever que uno de los principios rectores de todo el Reglamento, es que se atienda la problemática de los incendios en forma integral. De ahí que, aunque la norma jurídica no lo declara en forma explícita, una correcta lectura de su articulado, a la luz de los principios expuestos en los considerandos anteriores, no puede sino arrojar como conclusión que si los personeros del MAG se percataban de que los incendios controlados efectuados por CATSA podían afectar al medio ambiente y la salud de los vecinos del lugar, debían notificar y, en su caso, coordinar esfuerzos con otras dependencias estatales, como el Ministerio de Salud y el MINAE, para determinar la gravedad de estos hechos, a fin de que se adoptaran soluciones en el seno de una estrategia conjunta; todo lo cual hubiera permitido ir más allá del ámbito de competencias del MAG. Sin embargo, aun a sabiendas de que la actividad indicada podría estar perturbando a las comunidades cercanas (véase el folio 163 § 3), dichos funcionarios no hicieron nada al respecto. Tal actitud infringe los principios constitucionales que tutelan la vida y la salud de los seres humanos y se configura en una violación flagrante de los deberes propios de la función pública. Ahora bien, la Sala Constitucional es un órgano de índole jurisdiccional, no técnica, y por ende no es capaz de determinar si en el caso específico de CATSA, la práctica de quemas en sus predios efectivamente produce los efectos perniciosos mencionados en el considerando anterior. Sin embargo, en el expediente existen numerosos indicios que apuntan fuertemente en esa dirección, a saber: la misma interposición de este recurso, las denuncias formuladas por los vecinos ante el MINAE que corren agregadas al expediente, y la velada admisión de los informantes de que existe algún tipo de problema referido a esta costumbre. Es sintomático, por ejemplo, que el propio gerente de esa compañía acepte que en la actualidad existe \"…una tendencia en todas las zonas cañeras para eliminar la quema de los cañales mediante el uso de variedades adecuadas (mayor despaje natural) para cosecharlas mediante máquinas cosechadoras combinadas…\" y que, en el último periodo de zafra, CATSA cosechó alrededor de un diez por ciento del área de su propiedad mediante esa técnica (folio 19). Esto, evidentemente, debió ser acicate para estimular la intervención de la Administración.\n\nVIII.- Sobre el Principio de Prudencia. Consecuentemente, en atención al principio pro homine, estima la Sala que conformarse con reconocer la situación y, aun así, no hacer nada al respecto porque CATSA y el Ministerio de Salud han dado muestras de buena fe, particularmente en cuanto a erradicar los malos olores provocados por la laguna de sedimentación, resultaría irresponsable, si se toma en cuenta que el asunto, como un todo, da muestras de ser un problema serio en lo concerniente a los Derechos Fundamentales de los pobladores de los asentamientos vecinos. Sin embargo, en este punto, cabe observar que la pretensión de los recurrentes de que se cierre la planta de la compañía recurrida le parece excesiva a este Tribunal, especialmente si se toma en cuenta que la actividad agrícola desarrollada por CATSA inyecta bríos a la economía de la región. En efecto, un principio de capital importancia en la tarea de interpretar y aplicar el Derecho Constitucional es actuar con prudencia. El Juzgador, como intérprete de la Constitución, no debe perder de vista las consecuencias de sus interpretaciones. Esto, en doctrina, es denominado \"Principio de Prudencia\", y ha sido muy desarrollado por la jurisprudencia de la Corte Suprema de los Estados Unidos, que ha sostenido que la Constitución \"no es un pacto suicida\" sino, por el contrario, un instrumento que hace posible la convivencia social. Ello significa que, en aras de mantener la vigencia del instrumento, toda interpretación constitucional debe tender a permitir la supervivencia y la prosperidad de la sociedad. Volviendo al presente caso, la Sala estima que el principio aludido no le permite validar una medida de tal magnitud como el cierre del ingenio, especialmente si se considera que los propios recurridos se han esforzado para erradicar el problema denunciado. A mayor abundamiento, tampoco es este Tribunal parte integrante de la Administración activa de la República, de tal modo que no le corresponde asumir las tareas de evaluación propias del Ministerio de Salud, o cualquier otro ente administrativo, como lo sería declarar que la quema masiva de cañales que realiza CATSA es perjudicial para la salud y, peor aun, decidir que medida debe implantarse para darle fin al problema, ponderando para ello cuestiones de orden técnico, económico y político que exceden a la naturaleza de la función jurisdiccional. A este respecto, estima la Sala que el principal problema que se ha evidenciado en el expediente, es la absoluta falta de coordinación de los Ministerios recurridos a la hora de abordar y resolver razonablemente los problemas ambientales expuestos. Es obligación del Estado proporcionar la protección necesaria para que todos los individuos disfruten de un ambiente libre de contaminación. Partiendo de las anteriores consideraciones, la solución que se impone, luego de efectuar una correcta armonización de los principios mencionados, es disponer que todas estas dependencias estatales le den una solución razonable a los problemas expuestos, en un plazo determinado.\n\nPor tanto:\n\nSe declara CON LUGAR el recurso. Se le ORDENA a las personas que ejerzan los cargos de MINISTRO DE SALUD, MINISTRO DE AMBIENTE Y ENERGIA Y MINISTRO DE AGRICULTURA Y GANADERIA, y a EDGAR ALEJANDRO PONCIANO LAVERGNE, en su calidad de Gerente General de la CENTRAL AZUCARERA TEMPISQUE S.A., o a quien se desempeñe en su puesto, BAJO PENA DE DESOBEDIENCIA, que en el término improrrogable de DIEZ MESES contado a partir de la notificación de esta sentencia, elaboren en forma coordinada e implanten un plan que solucione en forma razonable los problemas que acusan los recurrentes. Se condena al ESTADO al pago de las costas, daños y perjuicios causados con los hechos que sirven de base a esta declaratoria, los que se liquidarán en ejecución de sentencia de lo contencioso administrativo. Se le advierte a los recurridos que, de conformidad con el artículo 71 de la Ley de esta jurisdicción, se impondrá prisión de tres meses a dos años, o de veinte a sesenta días multa, a quien recibiere una orden que deba cumplir o hacer cumplir, dictada en un recurso de amparo y no la cumpliere o no la hiciere cumplir, siempre que el delito no esté más gravemente penado. Notifíquese la presente resolución al señor LAVERGNE, o a quien ocupe ese puesto en su lugar, y a los MINISTROS DE SALUD, AMBIENTE Y ENERGIA Y AGRICULTURA Y GANADERIA, EN FORMA PERSONAL.–\n\n \n\n \n\nLuis Fernando Solano C.\n\nPresidente\n\n \n\nEduardo Sancho G. Ana Virginia Calzada M.\n\n \n\n \n\nAdrián Vargas B. Gilbert Armijo S.\n\n \n\n \n\nSusana Castro A. Alejandro Batalla B.\n\n \n\nClasificación elaborada por SALA CONSTITUCIONALdel Poder Judicial. Prohibida su reproducción y/o distribución en forma onerosa.\n\nEs copia fiel del original - Tomado del Nexus.PJ el: 07-05-2026 09:51:46.\n\nSCIJ de Hacienda\nSCIJ de la Procuraduría General de la República",
  "body_en_text": "**Constitutional Chamber**\n\n**Resolution No. 04947 - 2002**\n\n**Date of Resolution:** May 24, 2002, at 09:20\n\n**Case File:** 02-002257-0007-CO\n\n**Drafted by:** Eduardo Sancho González\n\n**Type of Matter:** Amparo Action\n\n**Analyzed by:** CONSTITUTIONAL CHAMBER\n\n\n\n**Judgment with Dissenting Vote**\n\n**Related Judgments**\n\n\n**Content of Interest:**\n\n**Type of Content:** Majority Vote\n\n**Branch of Law:** 2. PRINCIPLES WITH JURISPRUDENCE\n\n**Topic:** Prudence\n\n**Subtopics:**\n\nNOT APPLICABLE.\n\nOn the Principle of Prudence. This Chamber considers that the aforementioned principle does not allow it to validate a measure of such magnitude as the closure of the sugar mill, especially considering that the respondents themselves have strived to eradicate the denounced problem. Furthermore, this Court is not an integral part of the active Administration of the Republic, such that it is not its responsibility to assume the evaluation tasks proper to the Ministry of Health, or any other administrative entity, such as declaring that the massive burning of cane fields carried out by CATSA is harmful to health and, even worse, deciding which measure must be implemented to put an end to the problem, thereby weighing technical, economic, and political matters that exceed the nature of the jurisdictional function. In this regard, the Chamber considers that the main problem evidenced in the case file is the absolute lack of coordination among the respondent Ministries when addressing and reasonably resolving the environmental problems presented. It is the State's obligation to provide the necessary protection so that all individuals enjoy an environment free of contamination. Based on the foregoing considerations, the solution that is required, after carrying out a correct harmonization of the mentioned principles, is to order that all these state agencies provide a reasonable solution to the problems presented, within a set timeframe.- Judgment 4947-02, 736-10, 3828-11\n\n... See more\n**Content of Interest:**\n\n**Type of Content:** Majority Vote\n\n**Branch of Law:** PREVIOUS TOPICS\n\n**Topic:** Right to a healthy and ecologically balanced environment\n\n**Subtopics:**\n\nViolation due to non-compliance by the respondent authorities with their duty to protect the health of the residents.\n\n**Topic:** Atmospheric pollution\n\n**Subtopics:**\n\nDue to foul odors from the washing of sugar cane and the burning of cane fields.-.\n\n**Topic:** Interpretation of legal norms\n\n**Subtopics:**\n\nThis Chamber has indicated that the interpretation of norms when it concerns persons is based on two principles: pro homine and pro libertatis.\n\n**Topic:** Public Administration\n\n**Subtopics:**\n\nIt is an essential function of the State to ensure the protection of the population's health..\n\nThis Court has repeatedly ruled on the constitutional nature of the rights to enjoy a healthy and ecologically balanced environment held by the residents of our country; matters that, consequently, fall within the scope of Fundamental Rights. Thus, for example, in Judgment No. 00644–99 of eleven hours twenty-four minutes on January twenty-ninth, nineteen ninety-nine, the Chamber stated:\n\n\"III.– On the right. Article 50 of the Political Constitution establishes that every person has the right to a healthy and ecologically balanced environment. The right to a healthy environment has a broad content that equates to the aspiration to improve the living environment of the human being, such that it overflows the criteria of natural conservation to place itself within every sphere in which the person develops, be it family, work, or the environment in which they live. Hence, it is affirmed that it is a cross-cutting right, that is, it moves throughout the entire legal system, shaping and reinterpreting its institutions. The environment is defined by the Royal Spanish Academy of Language as the 'set of physical circumstances that surround living beings,' which further emphasizes the general nature of the right. Conversely, the right to an ecologically balanced environment is a more restricted concept referring to an important part of that environment in which the human being develops, to the balance that must exist between the advancement of society and the conservation of natural resources. Both rights are expressly recognized in Article 50 of the Political Constitution, which outlines the Social State of Law. The location of the right to a healthy and ecologically balanced environment within the constitutional regulations of the Social State of Law is the point from which it must be analyzed. The Social State of Law produces the phenomenon of incorporating into the fundamental text a series of political objectives of great social relevance and the introduction of a significant number of social rights that ensure the common good and the satisfaction of people's basic needs. In this perspective, the Political Constitution emphasizes that the protection of natural resources is an adequate means to safeguard and improve the quality of life for all, which necessitates the intervention of public authorities over factors that can alter the balance of natural resources and, more broadly, hinder the person from developing and functioning in a healthy environment. Just as the principle of the Social State of Law is of immediate application, the right to a healthy and ecologically balanced environment is also, such that it manifests in the dual aspect of a subjective right of persons and configuration as a goal or end of the action of public authorities in general. The incidence that the right to a healthy and ecologically balanced environment has within the State's activity… finds its first reason for being in that, by definition, rights are not limited to the private sphere of individuals but also have transcendence in the very structure of the State in its role as guarantor of the same and, secondly, because the State's activity is directed towards satisfying the interests of the community. The Political Constitution establishes that the State must guarantee, defend, and preserve that right. Prima facie, to guarantee is to ensure and protect the right against some risk or necessity, to defend is to veto, prohibit, and impede all activity that threatens the right, and to preserve is an action aimed at safeguarding the right in advance from possible dangers in order to make it endure for future generations. The State must assume a dual behavior of doing and not doing; on one hand, it must refrain from itself threatening the right to a healthy and ecologically balanced environment, and on the other hand, it must assume the task of issuing the measures that allow compliance with constitutional requirements.\"\n\nAnd also:\n\n\"The entire life of man occurs in inevitable relation to his environment, especially with the improvement of the quality of life, which is the central objective that development needs, but this must be in relation to the environment in such a way that it is harmonious and sustainable.\n\nThe environment, therefore, must be understood as a potential for development to be used appropriately, acting in an integrated manner in its natural, sociocultural, technological, and political relations, since, otherwise, its productivity is degraded for the present and the future, and the heritage of future generations could be put at risk. The origins of environmental problems are complex and correspond to an articulation of natural and social processes within the framework of the socioeconomic development style adopted by the country. For example, environmental problems occur when the modes of exploitation of natural resources lead to a degradation of ecosystems exceeding their regeneration capacity, which leads to broad sectors of the population being harmed and generates a high environmental and social cost that results in a deterioration of the quality of life; precisely because the primary objective of the use and protection of the environment is to obtain development and evolution favorable to the human being. Environmental quality is a fundamental parameter of that quality of life; other no less important parameters are health, food, work, housing, education, etc., but more important than that is understanding that although man has the right to use the environment for his own development, he also has the duty to protect and preserve it for the use of present and future generations, which is not so novel, because it is nothing more than the translation, to this matter, of the principle of 'lesión' (injury), already consolidated in common law, by virtue of which the legitimate exercise of a right has two essential limits: On the one hand, the equal rights of others and, on the other, the rational exercise and useful enjoyment of the right itself.\n\nII) – It is important to make some clarifications, intimately related to the merits of this amparo action, to be able to understand the aspects related to the environment and its deteriorants, understanding that the former is everything that naturally surrounds us and allows the development of life and refers both to the atmosphere and its upper layers as well as to the land, its waters, flora, fauna, and natural resources in general, all of which makes up nature with its ecological systems of balance between organisms and the environment in which they live. On the other hand, the ecological system or ecosystem is the basic unit of interaction between living organisms with the environment in a specific space; and a pollutant is any element, compound, or substance, its association or composition, chemical or biological derivative, as well as any type of energy, radiation, vibration, or noise that, incorporated in a certain quantity into the environment for a more or less prolonged period, can negatively affect or be harmful to the life, health, or well-being of man or flora and fauna, or cause a deterioration in the quality of air, water, soil, 'natural beauties,' or resources in general, which, in summary, make up the quality of life.\n\n(…)\n\nIV) – The concern for natural resources and harmonious long-term development has been a recurring element in the historical evolution of our country since the last century. It has traditionally been maintained that Costa Rica is a State of Law, and it is perhaps for this reason that there is a tendency to try to resolve all problems with the enactment of laws and norms of other ranks. However, within our cultural environment, laws alone have proven manifestly insufficient to guarantee the conservation of natural resources and ensure a future sustainable development; therefore, it is essential that the legal norm has not only technical backing but that, in fact, individual and collective responsibilities are assumed regarding compliance with said regulations at the different levels and instances that correspond.\n\n(…)\n\nTalking about sustainable development in terms of satisfying present and future human needs and improving the quality of life is talking about the demand for natural resources at the individual level and the direct or support means necessary for the economy to function, generating employment and creating capital goods, which in turn make possible the transformation of resources into consumer, production, and export products.\n\n(…)\n\nReference cannot fail to be made to the meeting convened in July 1992 in Brazil, called the Earth Summit, in which the integral and interdependent nature of the planet was proclaimed and recognized. Said declaration means the acceptance of certain principles that inform the transition from current development styles to sustainability. The signatory States, among which Costa Rica figures, committed themselves, within the preservation of sustainable development, to the protection above all of the human being. It was based on the principle that every person has the right to a healthy and productive life in harmony with nature; the right of present and future generations was included so that development is carried out in such a way that it satisfies their environmental and progress needs; the sovereign power of States to exploit their resources was maintained, emphasizing their responsibility to ensure that activities carried out within their jurisdiction and control do not cause environmental harm to other States or areas beyond the limits of their national jurisdiction. They established the duty of States to cooperate in the conservation, protection, and restoration of the environment and their common responsibilities in that regard; in this way, international cooperation in promoting and supporting economic growth and sustainable development will allow for better addressing the problems of environmental degradation. Likewise, a special duty was imposed on developed countries based on their responsibility in the pursuit of sustainable development, given the evident pressure that the technologies they develop and the financial resources they possess exert on the global environment.\" (Judgment number 3705–93 of fifteen hours on July thirtieth, nineteen ninety-three).\n\nThe cross-cutting nature of the Fundamental Rights being analyzed, by the way, has important repercussions within the scope of the standing to resort to the amparo procedure, and this issue has not gone unnoticed by the Chamber, which clearly set forth its consequences in judgments such as number 3705–93 of fifteen hours on July thirtieth, nineteen ninety-four, which, in the pertinent part, states:\n\n\"In the case of the legal protection of the environment, the standing of individuals to act judicially and achieve the application of the norms that have that purpose or to request jurisdictional protection to safeguard their violated rights, is of great importance. But it must be analyzed from several points of view, that is, in relation to the nature of the process, the claims, and the intervening parties, and also taking into account that the violation of environmental norms can be caused by the action or omission of both a subject of private law and public law. The latter, simply by omitting to exercise due control over the actions of private subjects, when they infringe environmental norms, ignoring their functional competence, which requires them to exercise that control; or, by directly infringing with their action legal provisions intended to protect and conserve the environment. This Chamber, in Judgment number 2233–93, by stating that the preservation and protection of the environment is a fundamental right, opens the door to standing to resort to the amparo procedure. In environmental law, the procedural prerequisite of standing tends to extend and broaden to such a dimension that it necessarily leads to the abandonment of the traditional concept, requiring the understanding that, in general terms, any person can be a party and that their right does not emanate from property titles, rights, or specific actions that they could exercise according to the rules of conventional law, but rather that their procedural action responds to what modern authors call the diffuse interest, whereby the original standing of the legitimately interested party or even the simply interested party is diffused among all members of a certain category of persons who are thus equally affected by the illegal acts that violate them. In the case of environmental protection, the typically diffuse interest that legitimizes the subject to act is transformed, by virtue of its incorporation into the list of human person rights, becoming a true 'reactional right,' which, as its name indicates, empowers its holder to 'react' against the violation originating from illegitimate acts or omissions. That is why the violation of that fundamental right constitutes a constitutional illegality, that is, a specific cause for amparo against concrete acts or self-applicable norms or, in its case, in the unconstitutionality action against all norms or against acts not susceptible to amparo, and even, against omissions, a category that, in the case of the right to the environment, becomes especially important, because when it comes to conserving the environment that nature has given us, the most frequent violation occurs due to the inertia of public authorities in carrying out the acts necessary to protect it. Constitutional Jurisdiction, as a legally suitable and necessary means to guarantee the supremacy of the Constitution's law, is, in addition to being supreme, of essential public order, and this implies, in general, that a much more flexible and less formalistic standing is necessary to associate citizens with the interest of the Rule of Law itself to oversee and, where appropriate, restore its own legality.\"\n\nThat the exposed problematic affects all levels of human endeavor is, at this point, evident, but it is worth highlighting the special relationship it holds with another Fundamental Right: the Right to Health. In this regard, the Chamber has stated:\n\n\"…On the Right to Health. The Political Constitution of our country does not expressly contemplate the Right to Health, but it does protect human life, which it deems as inviolable. Indeed, Article twenty-one of our fundamental charter establishes a fundamental protection of the Right to Life (human) by expressing that human life is inviolable. This clearly and unequivocally entails the right of every human being to enjoy a full life, which in turn entails the Fundamental requirement to enjoy Health, which turns out to be a corollary and an indispensable and inseparable component of the Right to Life. The aforementioned Article twenty-one of the Political Constitution, moreover, holds a very close relationship with the norm provided in Article fifty of the constitutional text, which provides as follows:\n\n'Article 50.-\n\nThe State shall procure the greatest well-being for all the inhabitants of the country, organizing and stimulating production and the most adequate distribution of wealth.\n\nEvery person has the right to a healthy and ecologically balanced environment. Therefore, they are legitimized to denounce acts that infringe upon that right and to claim reparation for the damage caused.\n\nThe State shall guarantee, defend, and preserve that right. The law shall determine the corresponding responsibilities and sanctions.' (Article amended by Law No. 7412 of May 24, 1994, published in La Gaceta No. 111 of June 10, 1994).\n\nThis provision establishes a system of guarantees that, in a correlative manner to the Fundamental Right to Life, tend to fully realize and promote the constitutional desire that the life of every human being be not only respected, but also enhanced in all its aspects. This means that our constituent clearly understood that, if the content of article twenty-one of the Political Constitution were to be disconnected from the Fundamental Right to Health, not only in the physical sphere but also in the psychological and spiritual, the Right to Life would not be, in practice, more than a mere declaration of principles. In other words, it is obvious that the constituent realized that the Right to Health constitutes an inseparable aspect of the principle that establishes the inviolability of life; and it is precisely for this reason that the creation of a social security system was foreseen, as this proved necessary to realize the right of all inhabitants of the Republic to enjoy a true Right to Health…\n\n(…)\n\nLikewise, the very clear constitutional roots of the Right to Health are complemented by the International Covenant on Economic, Social and Cultural Rights, approved by Law 4229 of December eleventh, nineteen sixty-six, which, in addition to forming part of the constitutionality parameter, expressly contemplates the Right to Health, and disciplines it in the following manner:\n\n'Article 12\n\nThe States Parties to the present Covenant recognize the right of everyone to the enjoyment of the highest attainable standard of physical and mental health.\n\n(...)'\n\nThis provision helps to interpret even more fully the constitutional norms that –already in themselves– postulate Health as a Fundamental Right. Given the importance of this topic, this Court has already issued abundant jurisprudence in this regard. Thus, the following has been stated:\n\n'VIII. Regarding the right to health, it is important to take advantage of the context presented by the case under study to clarify that, although our Political Constitution does not expressly contemplate this right –although it does expressly concern itself with regulating aspects related to it, categorized as part of social constitutional rights, such as the right to social security–, its existence cannot be denied, as it is a direct derivative of the right to life protected in Article 21 of our Constitution, since the latter –the right to life– is the reason for being and ultimate explanation of the right to health. The connection existing between both is undeniable; the right to health has as its fundamental purpose to make effective the right to life, because the latter does not protect only the biological existence of the person, but also the other aspects derived from it. It is rightly said that the human being is the only being in nature with teleological conduct, because they live according to their ideas, ends, and spiritual aspirations; in that condition of being a cultural being lies the explanation for the necessary protection that, in a civilized world, must be granted to their right to life in all its extension, consequently to a healthy life. If within the extensions that this right has is, as explained, the right to health or health care, this includes the duty of the State to guarantee the prevention and treatment of diseases.' (Vote 1915-92 of fourteen hours and twelve minutes on July twenty-second, nineteen ninety-two).\n\nAs can be concluded without great effort from the foregoing, the Right to Health, which is developed in numerous legal texts, has as an essential characteristic the entailing of an obligation of the State to ensure that the population enjoys physical, mental, and even social well-being. Hence, the doctrine qualifies it as a Functional Right, since it implies '...also the existence of specific obligations regarding not only oneself, but also the family and the community.' To that extent, the General Health Law No. 5395, provides the following:\n\n'Article 1.-\n\nThe health of the population is a public interest asset protected by the State.\n\nArticle 2.-\n\nIt is an essential function of the State to ensure the health of the population. It corresponds to the Executive Branch, through the Ministry of Health, to which this law will refer abbreviatedly as 'Ministry,' the definition of the national health policy, the standardization, planning, and coordination of all public and private activities related to health, as well as the execution of those activities that fall to it according to the law. It shall have the power to issue autonomous regulations in these matters.'\n\nFrom the norms cited above, it is concluded that there is a General Principle of the Law of the Constitution that obliges state entities to actively commit themselves to procuring the Health of the population –in all the manifestations this implies–. This obligation, of course, varies in relation to the sphere of competence that each entity, organ, or dependency exhibits, but even so, it is of general application.\" (Judgment 2000–09051 of ten hours and eighteen minutes on October thirteenth, two thousand).\n\nCompare this precedent with what is provided in pronouncement number 6165-94 of seventeen hours twelve minutes on October nineteenth, nineteen ninety-four:\n\n\"The term 'natural beauties' was the one used at the time the Constitution was enacted (November 7, 1949), which today has developed as a specialty of law; environmental law, which recognizes the need to preserve the environment not only as a cultural end, but as a vital necessity of every human being. In this sense, the concept of a right to a healthy environment surpasses the recreational or cultural interests that are also important aspects of life in society, but rather constitutes a capital requirement for life itself. No rational result can come from the denial of our fragility as animated beings, dependent on the environment for our subsistence and that of future generations.\n\nXIV.- From this second view of environmental issues, it becomes possible to clothe the classic individual rights with the necessary conditions for their full enjoyment and exercise, especially the right to life particularly reinforced by our constitutional Article 21, which declares it inviolable. Thus, from the necessity to fully enjoy human rights, norms directly derived from the fundamental ones –understood as those already enshrined in the constitutional text– emerge that operate as instrumental conditions for their preservation and exercise. Therefore, the necessary conditions for the protection of fundamental rights become true independent rights, demandable autonomously from the former. They are true subconstitutional norms, as the doctrine calls them, arising from the harmonious interpretation of the Constitution's law; such as, for example, the genus-species relationship between freedom of commerce and freedom of contract as developed by the Plenary Court in functions of constitutional court, in the judgment of 8-26-82. The latter, as a consequence of the former, is an indispensable condition for its exercise and yet an autonomous right at the same time.\n\nXV.- For this reason, we can affirm that from the right to life and the state obligation to 'protect natural beauties' contained in Articles 21 and 89 of the Constitution, other rights of obligatory protection and equal rank arise, such as those of health and a healthy environment, in the absence of which either the exercise of the former would not be possible, or their enjoyment would be severely limited.\n\nXVI.- The right to Health, as a human right, was recognized by the Chamber in early judgments, such as No. 56-90, which declared that right as inalienable; and judgment No. 1755-90, in which it was stated:\n\n'In the present case, the right to Health is at stake, a fundamental right of the human being –to the extent that life depends largely on its respect– such that, in accordance with our Political Constitution, Articles 10 and 48, and the Law of Constitutional Jurisdiction, the matter subject to this appeal... does constitute an object of obligatory knowledge for this instance, to the extent that it involves the alleged violation of a constitutional right...'\n\nThus, it is clear that there is no longer any doubt about the constitutional protection of the right to health, stemming from the right to life, and through it, a right to a healthy environment. By way of illustration, we can cite judgments 1580-90; 1833-91; 2362-91; 2728-91; 1297-92; 2233-93; 4894-93; which have recognized the right to health and to a healthy environment, as an individual constitutionally protected right.\"\n\nThus, in summary, it can be said that every person has the right to a healthy and productive life in harmony with nature, and, in this context, the concept of the right to a healthy and ecologically balanced environment is framed. On the one hand, the right to a healthy environment consists of the aspiration to improve the living environment of the human being within every sphere in which the person develops, be it family, work, or the environment in which they live. In this sense, this concept surpasses mere \"recreational\" or \"cultural\" interests because it constitutes a capital requirement for life itself. In contrast, the right to an ecologically balanced environment is a more restricted notion, referring only to the balance that must exist between the advancement of society and the conservation of natural resources. Both concepts are not only non-exclusive, but they complement and imply one another, to the extent that they are generally dealt with as one. At the time, whether approached together or separately, it is discovered that both have the character of a cross-cutting right. This means that they move throughout the entire legal system, shaping and reinterpreting its institutions. The right to a healthy and ecologically balanced environment is of immediate application, such that it manifests in the dual aspect of a subjective right of persons and configuration as a goal or end of the action of public authorities in general.\n\nEnvironmental quality is a fundamental parameter of quality of life, but it is not the only one: other parameters, no less important, are health, food, work, housing, education, etc. In this regard, it should be added that it is now peacefully accepted that there is constitutional protection of the right to health, a benchmark of the right to life and, through it, of a right to a healthy environment; this is because the Right to Health constitutes an inseparable aspect of the principle that establishes the inviolability of life. In fact, like the Right to a Healthy and Ecologically Balanced Environment, the Right to Health has as an essential characteristic the entailment of an obligation of the State; although it consists of ensuring that the population enjoys physical, mental, and even social well-being. For this reason, legal doctrine classifies it as a Functional Right, since it entails specific obligations not only regarding itself, but also the family and the community. Insofar as both Rights—to some extent—also imply one another, it is not difficult to understand that both must powerfully guide State action. It must be understood that there is a General Principle of Law derived from the Constitution, stemming from the Right to Life, which obliges state entities to actively commit to securing, on the one hand, the Health of the population—in all its manifestations—and, on the other, to protecting the environment. Such an obligation, of course, varies in relation to the sphere of competence that each entity, organ, or dependency exhibits, but even so, it is of general application. However, laws—by themselves—have so far proven evidently insufficient to guarantee the conservation of natural resources and ensure future sustainable development. Therefore, it is essential that the legal norm not only have technical backing, but that, in fact, individual and collective responsibilities be assumed regarding the fulfillment of said regulations at the different corresponding levels and instances. The breach of environmental norms can be caused by the action or omission of a subject of private law as well as public law. The latter, simply by omitting to exercise due control over the actions of private subjects, when they infringe environmental norms, ignoring their functional competence, which demands that they exercise that control. And for that very reason, if the Administration omits to exercise its duties of protection and oversight, the citizen may resort to the amparo remedy.\n\nNow, in this context it is necessary to recall that the ultimate purpose of constitutional interpretation is to enhance the practical operation of the constitutional order, which—it has been said—entails expanding the normative force of the Constitution and the interpretation of the entire legal system (including the law of this jurisdiction) in accordance with it, to the maximum extent possible. On another level, when studying a specific case to provide a solution, this purpose translates into choosing, among all possible responses, the option that is most correct from a constitutional perspective. Applied to the specific case, the correct constitutional interpretation must strengthen, to the greatest possible extent, the operation of the values, norms, and principles inherent in the parameter of constitutionality. And in this task, the principles pro homine and pro libertatis serve as the indisputable guide of constitutional interpretation. The pro homine principle postulates that the law must always be interpreted and applied in the manner that most favors the human being. Thus, it has been said that \"...the system of freedom guaranteed by fundamental rights places beyond the reach of State action, whether through law, administrative activity, or courts of justice, an intangible sphere of freedom, which cannot be touched by any authority, because it is the person, not society, who possesses dignity and the consequent fundamental rights and freedoms.\" Indeed, the human being is the ultimate end of legal norms, and not merely a recipient of them, in such a way that these—and especially those that enshrine fundamental rights—must be interpreted in the manner most favorable to the human person. The pro libertatis principle, for its part, prescribes that fundamental rights must be interpreted in the broadest possible way. Consequently, everything that maximizes individual liberty must be interpreted extensively, and everything that limits it, restrictively. Hence, in case of doubt, the clause of freedom must always be favored, since fundamental rights have been precisely enshrined to protect freedom, rather than to limit it. Hence, in relation to the exposed issue, the task of this Chamber (Sala) is to establish, on the one hand, whether CATSA's activity can be considered, at least potentially, as dangerous to health, the environment, and, therefore, the quality of life enjoyed by the inhabitants of Paso Tempisque, Palmira, Los Jocotes, and the Filadelfia area, on the understanding that, when in doubt, the interpretation that most favors the Fundamental Rights of the population must be chosen, in accordance with the pro homine and pro libertatis principles. On the other hand, the Chamber must verify whether the various State institutions have diligently engaged in ensuring—within their competencies—that the residents enjoy a healthy, ecologically balanced environment, and that it therefore does not harm their health.\n\nThe claimants object that the foul odors produced by the lagoon in question make, in their words, life \"unbearable\" for the neighbors of Paso Tempisque, Palmira, Los Jocotes, and the entire area near Filadelfia de Carrillo in Guanacaste. In this sense, although the Chamber recognizes that treatment systems have been built for the waters—which have not produced the desired effects—and that, for this reason, it has been proposed to stop washing the cane in order to eliminate the problem completely, the truth is that the foul odors, as admitted by Messrs. Pardo and LaVergne, persist. If to this is added that, in the meantime, the region's residents must live subjected to such conditions, it is concluded that their right to enjoy a healthy environment, which encompasses every sphere in which the person develops, is being irremediably violated.\n\n. The appellants state that the burning of sugarcane fields in an area of five thousand hectares carried out by CATSA to facilitate its harvest produces soot, the death of wild animals, and causes \"harmful effects on public health.\" In this regard, the Health and Environment and Energy authorities, despite having been duly warned in the resolutions that transferred the present amparo to them, maintain absolute silence, omitting any reference to the alleged harmful effects that fire and smoke have on people's health and local fauna. The General Manager of Central Azucarera Tempisque S.A., on the other hand, refutes such claims, and argues that these burnings are rather beneficial for the environment, because sugarcane agroindustry \"helps in the carbon dioxide fixation process\" (see folio 19, section six). Regarding environmental contamination, the Chamber has stated:\n\n\"III) – Contamination, which refers specifically to the challenge made by the minor appellant, can be considered as the presence in the environment of one or more contaminants, or a combination thereof, in such concentrations and with such a duration of stay, that they cause in said environment negative characteristics for human life, man's health or well-being, flora or fauna, or produce in the habitat of living beings, air, water, soils, landscapes or natural resources in general, significant deterioration. To contaminate is to introduce substances or elements foreign to the environment at levels and with a duration such that they produce contamination in the sense set forth. Conversely, to decontaminate is to reduce the level of concentration of contaminants present in the environment to their acceptable values in accordance with the specific norms on environmental quality.\n\nA contamination-free environment is, therefore, the condition in which the surrounding environment finds itself, when the alterations produced by both man and nature in the near or distant surroundings do not exceed the maximum permissible limits set by those norms.\n\n(...)\n\n…Soil, water, air, marine and coastal resources, forests, biological diversity, mineral resources, and the landscape make up the environmental framework without which basic demands—such as living space, food, energy, housing, health, and recreation—would be impossible. Likewise, our economy is also intimately linked to the state of the environment and natural resources; thus, for example, both the generation of foreign currency through agricultural and tourism exploitation, and the success of important infrastructure investments depend, ultimately, on the conservation of these. The goals of sustainable development have to do with the survival and well-being of the human being and with the maintenance of essential ecological processes, that is, with environmental quality and the survival of other species. To speak of sustainable development in terms of meeting present and future human needs and improving quality of life is to speak of the demand for natural resources at the individual level and the direct or support means necessary for the economy to function, generating employment and creating capital goods, which in turn make possible the transformation of resources into consumer, production, and export products.\n\nIn every production process it is necessary to transform and process resources and, in turn, transport them to consumption centers, all of which implies an energy and environmental cost. Likewise, the production process not only requires natural resources to sustain itself but also generates waste and contamination of a very varied nature such as, for example, solid waste or emissions that contaminate the air or water. It is evident that man with his technological power has managed to control and notably alter his surroundings and has subjected the rest of the species to his domain. However, since the industrial revolution—and in a significantly more accelerated manner since the Second World War—the exponential growth of the population and equally exponential economic trends have increased the level of human intervention on the planet by destroying habitats, altering and contaminating vital environmental cycles, and exterminating living species. The accelerated deterioration of the environment in recent decades, the enormous costs of corrective measures, which are not always effective, and the time periods required, for example, for the recovery of a watershed or a logged natural forest, or a contaminated groundwater aquifer, are unequivocal signs of the abuse of natural resources and the negative impact of the human species on a limited world.\n\n(...)\n\nHuman life is only possible in solidarity with nature that sustains and supports us, not only for physical nourishment, but also for psychological well-being: it constitutes the right that all citizens have to live in an environment free of contamination, which is the basis of a just and productive society. It is thus that Article 21 of the Political Constitution states: Human life is inviolable. It is from this constitutional principle that the right to health, to physical, mental, and social well-being undeniably emerges, a human right that is indissolubly linked to the right to health and to the State's obligation to protect human life.\n\nLikewise, from a psychological and intellectual point of view, one's state of mind also depends on nature, so that as the landscape becomes a useful space for rest and free time, its preservation and conservation is an obligation. This last aspect is protected in Article 89 of the Constitution, which literally says: Among the cultural aims of the Republic are: to protect natural beauties, to conserve and develop the historical and artistic heritage of the Nation, and to support private initiative for scientific and artistic progress. To protect nature from an aesthetic point of view is not to commercialize it or transform it into merchandise; it is to educate citizens so they learn to appreciate the aesthetic landscape for its intrinsic value.\" (Judgment number 3705–93 of three p.m. on July thirtieth, nineteen ninety-three).\n\nFurthermore, concrete contamination problems, like the vast majority of matters related to the environment, pose serious challenges for State entities, because they generally must be addressed from an interdisciplinary perspective. It is common that the same situation can be approached from the perspective of public health, agriculture, industry, etc., and from disciplines as diverse as ecology, chemistry, oceanography, anthropology, and engineering. The atomization caused by all these possible perspectives means that policies affecting environmental controversies risk being undermined by excessive \"sectorization\" of their objectives. It is possible for different public entities to fall victim to a flat, partial, and uncoordinated vision of matters that concern the entire community, when they should rather present a common front regarding them. In practice, it is not uncommon for this type of problem to end up being completely set aside by the state machinery, since the entities involved, instead of realizing that there are constitutional ends, principles, and values governing all State activity, merely dedicate themselves to interpreting their own organic laws or regulations in the most restrictive way possible, in order to limit their interference with them to the maximum extent. This attitude, by the way, is clearly appreciable in the case records. It is public knowledge that the burnings carried out on the occasion of sugarcane cultivation produce flying ash, ash, and haze capable of affecting human health, as they can cause irritations in the respiratory tract and eye conditions such as conjunctivitis. In addition, fires in agricultural activity are one of the sources of carbon dioxide that currently accumulates in the Earth's atmosphere and, it is claimed, could be responsible for the sadly famous \"greenhouse effect\" that affects the entire world. Now, Article 2° of Ley 7152, \"Ley de Conversión del Ministerio de Industria, Energía y Minas en Ministerio de Recursos Naturales, Energía y Minas,\" specifies that it is an attribution of that ministry:\n\n\"(...)\n\nTo formulate, plan, and execute the natural resources, energy, mining, and environmental protection policies of the Government of the Republic, as well as the direction, control, oversight, promotion, and development in the mentioned fields. Likewise, it must conduct and supervise research, technical explorations, and economic studies of the sector's resources.\nTo promote the development of natural, energy, and mining resources.\nTo promote and administer legislation on conservation and rational use of natural resources, in order to achieve their sustained development, and to ensure compliance therewith.\n\nch) To issue, by executive decree (decreto ejecutivo), mandatory norms and regulations relating to the rational use and protection of natural resources, energy, and mines.\n\n(...)\"\n\nFrom which it is inferred that, although the authorization of burnings is regulated by Decreto 23850-MAG-SP, if they affect—or could affect—the environment, they oblige the MINAE to intervene in some way, even if it is by coordinating efforts with other entities, such as the MAG or the Ministry of Health. Adding to the above, the need for the Ministry of Health to address—always within its competencies—the smoke problem is urgent, given the potentially harmful nature of the mentioned waste. And, regarding the Ministry of Agriculture and Livestock, it is worth recalling that section 48.e) of its Ley Orgánica establishes that its function is: \"To participate, jointly with other institutions of the Sector, in the identification of the construction and maintenance needs of infrastructure proper to agricultural development and renewable natural resources.\" Notwithstanding the above, the heads of the first two ministries insist in their reports that matters referring to burnings are the exclusive competence of the Ministry of Agriculture and Livestock. This, for the reasons already stated, is a half-truth. In reality, the logical approach in this case would have been for the three authorities, concerned that the residents of Paso Tempisque, Palmira, Los Jocotes, and the entire area near Filadelfia de Carrillo be guaranteed their right to health and to a healthy and ecologically balanced environment, to have conducted investigations to determine whether damage to health and/or the environment was being caused, its magnitude, and whether the exposed situation warranted the adoption of special measures of some type. In this context, the actions taken by the MAG deserve particular mention. The Minister of Agriculture and Livestock states that Decreto N° 23850-MAG-SP, \"Reglamento para Quemas Controladas con fines Agrícolas y Pecuarios,\" establishes that authorization for burnings on agricultural and livestock lands must be granted by the offices of the Ministry of Agriculture and Livestock, but that said regulation does not grant the MAG any sanctioning power to discipline its application, since, in its articles 9 and 10, it refers to the relevant provisions of the Penal Code. Such excuses are totally unacceptable. Articles 113 and 114 of the Ley General de la Administración Pública clearly state the following:\n\n\"Article 113.-\n\n1. The public servant must perform his functions in a way that primarily satisfies the public interest, which shall be considered as the expression of the coincident individual interests of the citizens.\n\n2. The public interest shall prevail over the interest of the Public Administration when they may be in conflict.\n\n3. In the appraisal of the public interest, the values of legal certainty and justice for the community and the individual shall be taken into account primarily, to which mere convenience cannot in any case take precedence.\n\nArticle 114.-\n\n1. The public servant shall be a servant of the citizens in general, and in particular of each individual or citizen who interacts with him by virtue of the function he performs; each citizen must be considered in the individual case as a representative of the collectivity on which the official depends and for whose interests he must watch.\n\n2. Without prejudice to what other laws establish for the servant, consider especially irregular performance of his function any act, deed, or omission that through his fault or negligence causes unjustified or arbitrary hindrances or obstacles to the citizens.\"\n\nAnd, consistent with the spirit that animates those articles, the Código Procesal Penal imposes the following obligation:\n\n\"Article 281.- Obligation to report\n\nThe following shall have the obligation to report crimes prosecutable ex officio:\n\na) Public officials or employees who learn of them in the exercise of their functions.\n\n(...)\n\nc) Persons who by provision of law, authority, or by a legal act are in charge of the management, administration, care, or control of goods or interests of an institution, entity, or person, regarding crimes committed to their detriment or to the detriment of the estate or assets placed under their charge or control and provided they know of the fact on the occasion of the exercise of their functions.\n\n(...)\"\n\nThus, if the MAG servants were aware that the company CATSA had not requested authorization to carry out the burning of its cane fields since nineteen ninety-five, they should have acted diligently, in accordance with the law. But the matter does not end there. Section eleven of Decreto N° 23850-MAG-SP intimates that one of the guiding principles of the entire Reglamento is that the problem of fires be addressed comprehensively. Hence, although the legal norm does not explicitly declare it, a correct reading of its provisions, in light of the principles set forth in the preceding Considerandos (whereas clauses), can only lead to the conclusion that if the MAG representatives realized that the controlled fires carried out by CATSA could affect the environment and the health of the local residents, they had to notify and, where appropriate, coordinate efforts with other state dependencies, such as the Ministry of Health and the MINAE, to determine the seriousness of these facts, so that solutions could be adopted within a joint strategy; all of which would have allowed going beyond the scope of the MAG's competencies. However, even knowing that the indicated activity could be disturbing the nearby communities (see folio 163 § 3), said officials did nothing about it. Such an attitude infringes the constitutional principles that protect the life and health of human beings and constitutes a flagrant violation of the duties inherent in public office. Now, the Sala Constitucional is a jurisdictional body, not a technical one, and therefore it is not capable of determining whether in the specific case of CATSA, the practice of burnings on its premises effectively produces the pernicious effects mentioned in the preceding Considerando. However, in the expediente there are numerous indications that strongly point in that direction, namely: the very filing of this recurso, the complaints filed by the residents before the MINAE that are attached to the expediente, and the veiled admission by the informants that there is some type of problem related to this practice. It is symptomatic, for example, that the manager of that company himself accepts that currently there exists \"...a trend in all sugarcane zones to eliminate the burning of cane fields through the use of appropriate varieties (greater natural stripping) to harvest them using combined harvesting machines...\" and that, in the last harvest period, CATSA harvested around ten percent of its property area using that technique (folio 19). This, evidently, should have been a spur to stimulate the Administration’s intervention.\n\nConsequently, in accordance with the pro homine principle, the Chamber considers that settling for acknowledging the situation and, even so, doing nothing about it because CATSA and the Ministry of Health have shown good faith, particularly regarding eradicating the foul odors caused by the sedimentation lagoon, would be irresponsible, considering that the matter, as a whole, shows signs of being a serious problem concerning the Fundamental Rights of the residents of the neighboring settlements. However, at this point, it is worth noting that the appellants' claim that the appealed company's plant be closed seems excessive to this Court, especially considering that the agricultural activity developed by CATSA invigorates the region's economy. Indeed, a principle of paramount importance in the task of interpreting and applying Constitutional Law is to act with prudence. The Judge, as interpreter of the Constitution, must not lose sight of the consequences of their interpretations. This, in legal doctrine, is called the \"Principle of Prudence,\" and has been highly developed by the jurisprudence of the Supreme Court of the United States, which has maintained that the Constitution \"is not a suicide pact\" but, on the contrary, an instrument that makes social coexistence possible. This means that, in order to maintain the instrument's validity, every constitutional interpretation must tend to permit the survival and prosperity of society. Returning to the present case, the Chamber considers that the cited principle does not allow it to validate a measure of such magnitude as the closure of the sugar mill, especially considering that the respondents themselves have made efforts to eradicate the reported problem. Furthermore, this Court is also not an integral part of the active Administration of the Republic, and therefore it is not its responsibility to assume the evaluation tasks proper to the Ministry of Health, or any other administrative entity, such as declaring that the massive burning of cane fields carried out by CATSA is harmful to health and, worse yet, deciding which measure should be implemented to put an end to the problem, weighing for this purpose technical, economic, and political issues that exceed the nature of the jurisdictional function. In this respect, the Chamber considers that the main problem that has been evidenced in the expediente is the absolute lack of coordination of the respondent Ministries when addressing and reasonably resolving the stated environmental problems. It is the State's obligation to provide the necessary protection so that all individuals enjoy an environment free of contamination. Based on the foregoing considerations, the solution that imposes itself, after carrying out a correct harmonization of the mentioned principles, is to order that all these state dependencies give a reasonable solution to the exposed problems, within a specified period.\n\n... See more\nCitas de Legislación y Doctrina\nTexto de la resolución\n\nExp: 02-002257-0007-CO\n\nRes: 2002-04947\n\nSALA CONSTITUCIONAL DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA. San José, at nine hours twenty minutes on May twenty-fourth, two thousand two.-\n\nRecurso de amparo filed by Nombre66326, identity card number CED3067; Nombre66327, identity card number CED35169; Nombre66328, identity card number CED35170; Nombre66329, identity card number CED35171; Nombre66330, identity card number CED35172; Nombre66331, identity card number CED35173 and Nombre66332, identity card number CED35174, in favor of the \"ASOCIACION CONFRATERNIDAD GUANACASTECA\", against the MINISTERIO DE SALUD, EL MINISTERIO DE AGRICULTURA Y GANADERIA (MAG), EL MINISTERIO DEL AMBIENTE Y ENERGIA (MINAE) and the \"CENTRAL AZUCARERA DEL TEMPISQUE, SOCIEDAD ANONIMA\" (CATSA).\n\nResultando:\n\n1.- By brief received in the Secretariat of the Chamber at sixteen hours and nine minutes on March thirteenth, two thousand two (folio 1), the appellants state that in Guardia de Nacascolo, Liberia, a sugar mill belonging to the respondent company is located; that said mill operates under conditions that are unbearable for the neighbors of Paso Tempisque, Palmira, Los Jocotes, and the entire area near Filadelfia de Carrillo in Guanacaste, since the odors that the cited mill produces during harvest season are perceived kilometers away, according to tests carried out by officials from the Department of Human Environment Protection of the Ministry of Health in Filadelfia; that in addition, the respondent company annually burns some five thousand hectares of land, in order to facilitate the sugarcane harvest, which produces contamination, and the death of all types of species trapped in the burning areas; that since nineteen ninety-six, the Defensoría de los Habitantes verified the violations to the environment and health that this company supposedly incurs and recommended taking concrete measures to comply with the law, recommendations that, after 6 years, have not been applied; that given this situation, they proceeded to file the respective complaints before the authorities of the Ministry of Health; however, said authority has not taken the necessary measures to avoid the cited contamination. The appellants request that the immediate suspension of the CATSA Mill's activities be ordered, until the problems affecting the neighbors are resolved, sanctions be imposed on the public officials who fail to comply with the obligations assigned by their positions, and economic sanctions on the company CATSA so that it pays damages and losses to those affected.\n\n2.- Edgar Alejandro Ponciano LaVergne, in his capacity as General Manager of Central Azucarera Tempisque S.A., answers the audience granted to him (folio 12), stating that, starting in nineteen ninety-six, the company Central Azucarera Tempisque S.A. (CATSA S.A.) assumed, in a planned manner, a real commitment to the protection and conservation of the environment before the different State Institutions, responsible for watching over, regulating, and supervising everything related to it and to the rights of citizens regarding it.\n\nThat commitment consisted of carrying out a series of works and improvements in specific relevant areas of the Sugar Mill, with the aim of optimizing the protection and conservation of the environment, in order to spare the residents of nearby communities any nuisance that could affect their quality of life and to make the company's industrial operation compatible with the environmental protection standards in force in the country. Among the cited improvements, the following stand out: A) Construction of Filters (Scrubbers) for the Mill's boilers: As a result of the nuisances caused to some neighboring communities, due to the soot and ash produced by the combustion of bagasse in the boilers, this measure was adopted, which consisted of purchasing the engineering and building the so-called waste scrubbers or \"scrubbers,\" which were installed in the boiler chimneys. The installation and operation of the aforementioned scrubbing devices was fully satisfactory, as it considerably reduced soot and ash emissions, thereby fully justifying the large investment made by his represented company for the sake of environmental protection and good community relations. This work comprised the installation of three scrubbers for the Alpha, Foster, and Cerrey boilers, for the harvests of the nineteen ninety-six – nineteen ninety-seven, nineteen ninety-seven - nineteen ninety-eight, and nineteen ninety-eight - nineteen ninety-nine periods, respectively. B) Construction and Installation of Silencers and Noise Pollution Attenuators: The problem generated as a result of the noises produced by steam vents in different applications was corrected with the construction of silencers or attenuators, whose installation and operation considerably reduced the effects or nuisances of the noise, to such an extent that, in the last two harvests, the mill's operation became imperceptible from an acoustic perspective. With the foregoing, both the plant's workers and the residents of the surrounding communities were protected and benefited. Specifically, the work consisted of the construction of: a) silencers for the atmospheric vent valves for the 20 and 8 psi lines, respectively, b) silencers for the steam boiler vent valves, c) silencers for the 600 psi and 250 psi to 20 psi steam refill valves. These silencers have been operating since the nineteen ninety-six - nineteen ninety-seven harvest. C) Construction of Separator Traps for Greases and Oils contained in Cooling Water: It consists of a unitary system to separate greases and oils from the cooling water of the sugarcane milling equipment. Since the installation and operation of this equipment in its initial stage did not fully meet the efficiency requirements demanded in this regard, subsequently, in the 1997-1998 harvest, another unit was installed to operate in parallel with the first, and in the year two thousand one, the installation was changed to operate in series, which ultimately improved the efficiency standards for removing greases and oils from the water. The foregoing maximized the protection and conservation of the environment, in the mill's wastewater, destined for crop irrigation. D) Ash Separators: These consist of filters that separate the ash and other solids deposited in yards, a product of the water used in gas washing from the boiler \"scrubbers,\" which carries a significant amount of ash, which is removed in concave-type stationary screens, to then be transported as organic fertilizer applications in the field. This filtration system, composed of two screens, began operating in the Harvest corresponding to the nineteen ninety-seven - nineteen ninety-eight period, and continues to operate efficiently to this day. E) Construction of a Sedimentation and Oxidation Lagoon and Channel to purify Cane Wash Water: This lagoon is intended for the treatment of cane wash water. Said sedimentation lagoon has an area of three hectares, which is filled with water containing soil and organic matter that is deposited by decantation at its bottom. The clean water is used for crop irrigation, after an aeration process in a channel. The lagoon was designed and built in 1999 and entered operation in the year two thousand. The cost of the work was very high, however, it was necessary for the improvement of the water conditions for its subsequent reuse. F) Construction and Operation of a Vinasse Treatment Lagoon: The so-called vinasses are a by-product of alcohol manufacturing, used for \"fertigation\" activities. The vinasse is conducted to a lagoon built for that purpose and from there it is pumped to the different cultivation areas and applied as fertilizer. This conduction, storage, and application system was approved by the Ministry of Health in the year nineteen ninety-nine, and operates complying with the quality and environmental protection standards that have been established and tested in our country and in others like Brazil that produce immense quantities of such by-product and are at the forefront in measures and procedures for its agricultural use. The representative of the respondent refutes that the Mill operates in conditions that could be unbearable for the communities in the nearby areas. He states that, since CATSA began, in the year nineteen ninety-five, to take drastic and costly environmental protection measures in its industrial process, officials from the Ministry of Health have conducted inspection and follow-up visits every year, mainly during the production season, have made recommendations for each case, and have also verified the progress of the improvements made. Furthermore, starting in the year nineteen ninety-five –and in compliance with the recommendations made by the Office of the Ombudsman (Defensoría de los Habitantes)– CATSA adopted a series of measures to bring the company's operation into legal compliance. So much so, that in the year nineteen ninety-eight, after more than two years of intense corrective work, the Ministry of Health, for the first time in Costa Rica, granted us the respective \"Sanitary Operating Permit for the Industry,\" after having complied with all the legal requirements requested for this purpose. Said permit was valid for one year, and at its expiration, once the necessary requirements were again met, the permit was not only renewed but extended for a period of five years, which is valid until the year two thousand four. On the other hand, it is noteworthy that in March of this year, the Company was certified with the ISO 9001 standard– in its 2000 version. Said certificate is granted to companies that manage to standardize their production processes and meet a series of quality requirements and standards. Likewise, it is necessary to indicate that at the beginning of the year two thousand, some neighbors complained before the Office of the Ombudsman about \"some inconveniences\" that could affect their quality of life. Said complaint was duly answered by means of a note addressed to Lic. Bernal Redondo V, an official of the Regional Office of the Ombudsman in Liberia, and there were no subsequent claims, by virtue of which the complaint was archived. The problem of odors comes from the Sedimentation Lagoon where the cane wash water is treated. This water, after the treatment to which it is subjected, is sent to the irrigation systems where the organic load it possesses decomposes. This natural decomposition procedure produces certain odors, which the wind carries to some surrounding areas. However, despite the great effort my represented company has made in the construction of this treatment system, it has proposed to the Ministry of Health, as a corrective action plan, to stop washing the cane in order to completely eliminate the cause of the problem. This measure will undoubtedly cause operational disruptions in the production process, which will require greater investment to correct them. Nevertheless, despite the above, CATSA, in its eagerness to maintain its firm environmental commitment and in pursuit of improving relations with neighboring communities, is willing to make the investments required to improve this aspect. Regarding mosquitoes, he explains that they are insects typical of humid and hot tropical climates, such as that of the province of Guanacaste, especially in areas where wetlands abound, like the area where the mill is located. Sugarcane cultivation is a pioneer in our country and even in Central America, in the reduction of chemical pesticides for combating insects and other pests. Currently, all sugarcane areas in the country base their control on \"integrated pest management\" (IPM), through the use of resistant varieties, biological control, and cultural combat. Most crop pests are combated without causing any alteration to ecosystems. Furthermore, to date there is no scientific evidence associating sugarcane cultivation with an increase in mosquito populations, nor are these associated with any crop pest. Regarding the burning of cane, the CATSA manager argues it is a cultural practice used in the sugarcane cultivation agroindustry worldwide. This is done to reduce the leaves, sheaths, and hairs of the cane to facilitate its manual harvest (cutting with suitable machetes by agricultural laborers). Reducing residues facilitates the work and prevents accidents. Currently, there is a trend in all sugarcane areas to eliminate the burning of cane fields through the use of suitable varieties (greater natural leaf stripping) to harvest them using combined harvester machines. In the last harvest period, about ten percent of the area owned by CATSA was harvested using this technique, in order to learn its proper development for the future and determine agronomic and environmental advantages, and possible problems that have been reported in other latitudes, such as the increase of certain soil and foliar pests. The appellants' assertion also demonstrates an absolute ignorance of the contribution of the sugarcane agroindustry to CO2 fixation processes, since recent scientific studies have managed to demonstrate that sugarcane –in its growth process– fixes more than double the CO2 that a humid tropical forest fixes in the same period, and this is so even taking into consideration the CO2 released in the burning and industrialization process of the cane. Therefore, far from being subject to the application of any fine for such an effect, the global sugar industry aims to get countries to reward this beneficial effect achieved in this regard. He requests that the appeal filed be dismissed.\n\n3.- Rogelio Pardo Evans, in his capacity as Minister of Health, reports under oath (folio 126) that it is true that, in the community of Guardia in the Canton of Liberia, a mill owned by Central Azucarera Tempisque, S.A. is located and operating. Hence, this Ministry, through the different levels of care, has been carrying out the appropriate procedures to definitively resolve the problems generated by said company regarding: A) Ash treatment system. B) Atmospheric emissions control system; and, C) Wastewater treatment system. In turn, he indicates that said mill has, to date, the following duly approved systems: A) Ash Treatment System, the project approved by plan No. 214-23 with DECAP-99-97 on May third, nineteen ninety-seven. B) Atmospheric Emissions Control Equipment, approved with DECAP1OO-97 of May third, nineteen ninety-seven. C) Wastewater Treatment System, Plan No. 05-01-97 (2000) approved on January sixth, two thousand, by Eng. Marcello De Simone C., an official of the Location and Construction Permits Process. D) This mill uses the sugar cane wash water for irrigation, after treatment (sedimentation and anaerobic lagoon). E) The vinasses, after treatment through anaerobic lagoons, are used for irrigating the cane fields. For this purpose, said company presented, in the year nineteen ninety-five, to the Directorate for the Protection of the Human Environment of that Ministry, a \"Vinasse Application Project–Fertigation\". In the year nineteen ninety-nine, the company presented a new \"proposal for the management of vinasse as fertilizer\"; in order to eliminate the controlled discharges into the Tempisque River. For all the above reasons, and in view that said mill has complied with all the specifications requested by the Institution, through official letter UPC-PSF-18 96-99 UAC5083-99 of December nineteenth, nineteen ninety-nine, signed by Eng. Eugenio Androvetto Villalobos, Licenciado Gonzalo Cubero Brealey, Legal Representative of Central Azucarera Tempisque, was informed of the granting of the Sanitary Operating Permit for the cited industry, which corresponds to number 217-99 and must be renewed on December thirteenth, two thousand four. Regarding the allegations about the burning of cane fields, the Head of the Ministry of Health states that this activity is authorized by the Agricultural Services Agencies of the Ministry of Agriculture and Livestock, pursuant to Executive Decree No. 23850MAG-SP, articles 6 and 7. And, regarding the generation of odors from the oxidation lagoons, which are perceived at considerable distances and in some way affect nearby communities such as Paso Tempisque, Palmira, and Los Jocotes, he admits it is true; however, he states that work has been ongoing in this regard, without achieving effective control of them to date. In this sense, he adds that many of the changes that have been made in the operation of the oxidation lagoons and in general in the treatment systems pursue that goal, but that it is evident –as attested by the neighbors' complaint– that to date there are still some things to improve. He explains that, recently, Mr. Luis Fernando Retana Segura conducted a sanitary inspection, from which Report UPC-CAI-I-003-03–R–2002 was prepared, dated March sixth, two thousand two. In the \"Recommendations\" section of that report, the company is requested to present a study on atmospheric emissions, immediate control of sugar cane spilled on public roads, and immediate control of bagasse in the yard. This Report was delivered on site to Eng. Bernal Odio, of CATSA, so that corrective actions would be adopted. He requests that the appeal filed be dismissed.\n\n4.- Elizabeth Odio Benito, in her capacity as Minister of Environment and Energy, reports under oath (folio 148) that the corresponding information was requested from the Director of the Guanacaste Conservation Area, since it is within this Area that the facilities of Central Azucarera del Tempisque Sociedad Anónima are located; that he indicated that upon reviewing his archives the following was found: a. - That on March eighth, two thousand two, the Liberia Subregional Office received a note dated February tenth of the current year, signed by the neighbors of Residencial El Roble Sabana de Liberia, denouncing the negative effects caused by the burning of cane, both in the realm of human health and the environment, by causing the death of species and pollution. b.- On March twelfth, by official letter ACG-OSRL-087, the company Central Azucarera del Tempisque Sociedad Anónima was notified of the complaint filed by the neighbors of Residencial El Roble Sabana de Liberia, and furthermore the company was requested to provide information on the mitigation measures for the environmental damage associated with the practice they use in carrying out that activity; that in the same missive, the company was informed of the interest of the Liberia Subregional Office in holding a meeting to seek solutions with the involved parties. c.- On March twelfth, two thousand two, by official letter ACG-OSRL-088, the Ministry of Agriculture and Livestock was requested for information as to whether Central Azucarera del Tempisque has processed a permit for conducting burns on agricultural lands, in the residential sector. d. - On the same date, by official letter ACG-OSRL-089, the Captain of the Liberia Fire Department was asked if there is any request from Central Azucarera del Tempisque for conducting burns on lands for agricultural use. The same day, March twelfth, two thousand two, by official letter ACG-OSRL-090, the person in charge of the National Forest Fire Commission of the Region was consulted if there is a request for support to carry out burns on agricultural lands, his response being negative and stating that the issuance of burning permits on lands for agricultural use does not correspond to MINAE, in accordance with Executive Decree number 23850-MAG-SP, of November fourteenth, 1994. e. - On March fourteenth, two thousand two, the Ministry of Agriculture and Livestock reported that Central Azucarera del Tempisque has not processed any burning permit before that office. g. - On March eighteenth, two thousand two, the manager of Central Azucarera del Tempisque stated by letter dated 03-18-02 that the plantation affecting Residencial El Roble Sabana belongs to an independent producer from the company he represents. h.- On April twenty-second, two thousand two, by official letter ACG-OSRL-124, the representative of Central Azucarera del Tempisque was requested to please provide more information about the person conducting the burns in order to guide the neighbors of Residencial El Roble Sabana. Given the sole complaint filed at the Liberia Subregional Office of the Guanacaste Conservation Area, all the listed procedures have been carried out, despite the fact that, in accordance with Executive Decree 23850-MAG-SP, jurisdiction over the matter of burns on agricultural lands corresponds to the Ministry of Agriculture and Livestock. She requests that the appeal filed be dismissed.\n\n5.- Rodolfo Coto Pacheco, in his capacity as Minister of Agriculture and Livestock, reports under oath (folio 162) that he refers solely and exclusively to the aspects in which an interference or participation of the Ministry of Agriculture and Livestock is mentioned, i.e., the burns that annually –as indicated– the Company Central Azucarera del Tempisque carries out on the hectares of its property planted with cane to facilitate land preparation and cane harvesting. Regarding the competence of this Ministry, indeed, Executive Decree No. 23850-MAG-SP of November fourth, nineteen ninety-four, published in La Gaceta No. 237 of December fourteenth of the same year, called \"Reglamento para Quemas Controladas con fines Agrícolas y Pecuarios,\" establishes that authorization for burns on agricultural and livestock lands is granted by the respective offices of the Ministry of Agriculture and Livestock. However, said regulation does not grant any sanctioning power to the Ministry of Agriculture and Livestock, since the referral on that matter in articles 9 and 10 refers to the pertinent provisions of the Penal Code. Regarding the facts mentioned in the appeal that are related to eventual agricultural burns carried out by Central Azucarera del Tempisque S.A., due to the Mill's location established in the locality of Guardia de Nacascolo, Liberia, this Ministry made the pertinent inquiries to the two Agricultural Services Agencies that could have involvement in the matter, which correspond to the Agricultural Services (or Agricultural Extension) Agency of the MAG in Carrillo and that of Liberia. The Head of the MAG Agency in Carrillo, Mr. Johel Pomares, states that according to the Agency's records, the gentlemen from Central Azucarera del Tempisque S.A. have never requested permits before that Agency for agricultural burns and, likewise, no administered party, interested party, or neighbor has filed any complaint for agricultural burns before that Agency. The Head of the MAG Agency in Liberia, Eng. Marina Jiménez Rivas, states that she has had some knowledge of the matter, including due to the Mill's location, which is within the territorial circumscription area of the Agency; however, the Company Central Azucarera del Tempisque S.A. has not requested permits for agricultural burns again for many years, despite the existence of Executive Decree No. 23850 MAC-SP. In fact, the last permit requested dates from December of nineteen ninety-five, which, upon compliance with the requirements, was granted in due course. The aforementioned is the only participation of this Ministry in the facts or administrative actions cited by the appellants in this matter, as this Constitutional Chamber can determine and verify. He requests that the appeal filed be dismissed.\n\n6.- In the proceedings followed, the legal requirements have been observed.\n\nDrafted by Judge Sancho González; and,\n\nConsidering:\n\nI.- Object of the appeal. The appellants consider that the company CATSA operates under conditions that are unbearable for those who live in the vicinity of the area near Filadelfia de Carrillo, because it generates bad odors during the harvest season, fosters the reproduction of mosquitoes, and burns its cane fields –which cover an area of five thousand hectares of land– to facilitate their harvest, which generates soot, the death of wild animals, and causes \"harmful effects for public health\" (folio 02). Likewise, they complain that the State entities do nothing to solve the problem.\n\nII.- Facts deemed proven. Of importance for the decision in this matter, the following facts are deemed demonstrated, in part because they have been so accredited in the record, but also, especially, because the respondent authorities and the representative of CATSA have omitted to refer to them as provided in the initial order:\n\nThat the company CATSA has carried out a series of works and improvements to its facilities, which include the installation of filters (\"scrubbers\") in its mill's boilers, silencers and noise pollution attenuators, traps and separators for greases and oils contained in the cooling water of the cane milling equipment, ash separators, and the construction of a sedimentation and oxidation lagoon or channel to purify cane washing, among others (folios 12 to 18 and 126 et seq.).\nThat, furthermore, according to the Ministry of Health's report, CATSA's mill currently has the following duly approved systems: 1) Ash Treatment System, the project approved by plan No. 214-23 with DECAP-99-97 on May third, nineteen ninety-seven. 2) Atmospheric Emissions Control Equipment, approved with DECAP1OO-97 of May third, nineteen ninety-seven. 3) Wastewater Treatment System, Plan No. 05-01-97 (2000) approved on January sixth, two thousand, by Eng. Marcello De Simone C., an official of the Location and Construction Permits Process. 4) This mill uses the sugar cane wash water for irrigation, after treatment (sedimentation and anaerobic lagoon). 5) The vinasses, after treatment through anaerobic lagoons, are used for irrigating the cane fields. For this purpose, said company presented, in the year nineteen ninety-five, to the Directorate for the Protection of the Human Environment of that Ministry, a \"Vinasse Application Project–Fertigation\" (folios 126 and 127)\nIn the year nineteen ninety-nine, the company presented a new \"proposal for the management of vinasse as fertilizer\"; in order to eliminate the controlled discharges into the Tempisque River (folio 127).\nThat in view that said mill has complied with all the specifications requested by the Ministry of Health, by official letter UPC-PSF-18 96-99 UAC5083-99 of December nineteenth, nineteen ninety-nine, signed by Eng. Eugenio Androvetto Villalobos, Licenciado Gonzalo Cubero Brealey, Legal Representative of Central Azucarera Tempisque, was informed of the granting of the Sanitary Operating Permit for the cited industry, which corresponds to number 217-99 and must be renewed on December thirteenth, two thousand four (folio 127).\nThat in official letter AJ–018–2002, which is attached to folio 129 et seq. of the case file, the following is stated: \"…it is true that during harvest times, odors are generated from the oxidation lagoons of said company (CATSA) that are perceived at a considerable distance from their location; which affects other nearby communities such as Paso Tempisque, Palmira, Los Jocotes.\" (See folio 129).\nThat the Minister of Health and the representative of CATSA admit that the problem of the bad odors created by the company's oxidation lagoons is true (folios 18 and 127), although both claim that immense efforts have been made to solve the problem.\nThat, in fact, the Mill's neighbors filed a complaint regarding the bad odors generated by the oxidation lagoon (see official letter RCH–ORSA 082–2001, folio 132).\nThat the company CATSA effectively burns the majority of its cane fields –approximately five thousand hectares of land. The foregoing is inferred from the statements contained in the filing brief, the reports of the Heads of the MAG and MINAE, and the veiled admission by the representative of the respondent company (folios 19, 148, and 163).\nThat notwithstanding the above, that company has not requested a permit to carry out such activity since December of nineteen ninety-five (folio 148, 149, and 163).\n\nIII.– Facts not proven. The following facts of relevance for this resolution are not deemed demonstrated:\n\nThat CATSA's activity increases the proliferation of mosquitoes in the affected area.\n\nIV.- Regarding the right of the appellants to a healthy and ecologically balanced environment. This Tribunal has repeatedly ruled on the constitutional nature of the rights to a healthy and ecologically balanced environment held by the inhabitants of our country; matters that, consequently, are located within the proper scope of Fundamental Rights. Thus, for example, in judgment No. 00644–99 of eleven hours twenty-four minutes on January twenty-ninth, nineteen ninety-nine, the Chamber indicated:\n\n\"III.– On the right. Article 50 of the Political Constitution establishes that every person has the right to a healthy and ecologically balanced environment. The right to a healthy environment has a broad content that is equivalent to the aspiration of improving the living environment of the human being, such that it transcends conservation criteria to situate itself within every sphere in which the person develops, be it family, work, or the environment in which they live. Hence, it is affirmed that it is a transversal right, that is, one that moves along the entire legal system, modeling and reinterpreting its institutes. The environment is defined by the Royal Spanish Academy of Language as the 'set of physical circumstances that surround living beings,' which further emphasizes the general nature of the right. In contrast, the right to an ecologically balanced environment is a more restricted concept referring to an important part of that environment in which the human being develops, to the balance that must exist between the advancement of society and the conservation of natural resources. Both rights are expressly recognized in Article 50 of the Political Constitution, which outlines the Social State of Law. The location of the right to a healthy and ecologically balanced environment within the constitutional regulations of the Social State of Law is the point from which it must be analyzed. The Social State of Law produces the phenomenon of incorporation into the fundamental text of a series of political objectives of great social relevance and the introduction of an important number of social rights that ensure the common good and the satisfaction of the elementary needs of people. In this perspective, the Political Constitution emphasizes that the protection of natural resources is an adequate means to safeguard and improve the quality of life for all, which makes necessary the intervention of public authorities over the factors that can alter the balance of natural resources and, more broadly, hinder the person's development and unfolding in a healthy environment. Just as the principle of the Social State of Law is of immediate application, the right to a healthy and ecologically balanced environment is also, manifesting in the double aspect of a subjective right of persons and configuration as a goal or end of the action of the public authorities in general.\"\n\nThe impact of the right to a healthy and ecologically balanced environment within State activity… finds its primary reason for being in that, by definition, rights are not limited to the private sphere of individuals but also have transcendence in the very structure of the State in its role as guarantor of those rights, and, secondly, because State activity is directed toward satisfying the interests of the community. The Political Constitution establishes that the State must guarantee, defend, and preserve that right. Prima facie, to guarantee is to secure and protect the right against any risk or need, to defend is to prohibit, ban, and impede any activity that threatens the right, and to preserve is an action aimed at sheltering the right in advance from possible dangers in order to make it endure for future generations. The State must assume a dual behavior of doing and not doing; on one hand, it must refrain from itself threatening the right to a healthy and ecologically balanced environment, and on the other hand, it must take on the task of issuing the measures that allow compliance with constitutional requirements.\"\n\nAnd also:\n\n\"All of human life occurs in an inevitable relationship with its environment, especially with the improvement of the quality of life, which is the central objective that development requires, but this must be in relationship with the environment in such a way that it is harmonious and sustainable.\n\nThe environment, therefore, must be understood as a potential for development to be used appropriately, requiring integrated action in its natural, sociocultural, technological, and political relations, since, otherwise, its productivity for the present and the future is degraded and the heritage of future generations could be put at risk. The origins of environmental problems are complex and correspond to an articulation of natural and social processes within the framework of the socioeconomic development style adopted by the country. For example, environmental problems occur when the modalities of natural resource exploitation lead to a degradation of ecosystems exceeding their regeneration capacity, which results in broad sectors of the population being harmed and generating a high environmental and social cost that results in a deterioration of the quality of life; for precisely the primary objective of the use and protection of the environment is to achieve development and evolution favorable to the human being. Environmental quality is a fundamental parameter of that quality of life; other no less important parameters are health, food, work, housing, education, etc., but more important than that is understanding that while man has the right to use the environment for his own development, he also has the duty to protect and preserve it for the use of present and future generations, which is not so novel, because it is nothing more than the translation to this matter of the principle of 'injury,' already consolidated in common law, by virtue of which the legitimate exercise of a right has two essential limits: On one hand, the equal rights of others and, on the other, the rational exercise and useful enjoyment of the right itself.\n\nII) – It is important to make some clarifications, intimately related to the merits of this amparo, in order to understand the aspects related to the environment and its degrading factors, understanding that the former is everything that naturally surrounds us and allows the development of life and refers as much to the atmosphere and its upper layers as to the land, its waters, flora, fauna, and natural resources in general, all of which makes up nature with its ecological systems of balance between organisms and the environment in which they live. On the other hand, the ecological system or ecosystem is the basic unit of interaction between living organisms and the environment in a determined space; and a pollutant is any element, compound, or substance, its association or composition, chemical or biological derivative, as well as any type of energy, radiation, vibration, or noise that, incorporated in a certain amount into the environment for a more or less prolonged period, may negatively affect or be harmful to the life, health, or well-being of man or flora and fauna, or cause a deterioration in the quality of air, water, soil, 'natural beauties (bellezas naturales),' or resources in general, which in synthesis constitute the quality of life.\n\n(...)\n\nIV) – The concern for natural resources and for harmonious long-term development has been a reiterated element in the historical evolution of our country since the last century. Traditionally, it has been maintained that Costa Rica is a State of Law (Estado de Derecho) and it is perhaps for this reason that there exists a tendency to try to resolve all problems through the enactment of laws and regulations of other ranks. However, within our cultural environment, laws alone have proven evidently insufficient to guarantee the conservation of natural resources and ensure a future sustainable development; therefore, it is essential that the legal norm have not only technical backing, but that, in fact, individual and collective responsibilities be assumed regarding the fulfillment of said regulations at the different levels and instances that correspond.\n\n(...)\n\nTo speak of sustainable development in terms of satisfying present and future human needs and improving the quality of life is to speak of the demand for natural resources at the individual level and the direct or supporting means necessary for the economy to function, generating employment and creating capital goods, which in turn make possible the transformation of resources into consumer, production, and export products.\n\n(...)\n\nReference cannot be omitted to the meeting convened in July 1992 in Brazil, called the Earth Summit (Cumbre de la Tierra), in which the integral and interdependent nature of the planet was proclaimed and recognized. Said declaration signifies the acceptance of certain principles that inform the transition from current development styles to sustainability. The signatory States, among which Costa Rica appears, committed themselves, within the preservation of sustainable development, to the protection above all of the human being. It was based on the principle that every person has the right to a healthy and productive life in harmony with nature; the right of present and future generations to development carried out in such a way that it satisfies their environmental and progress needs was included; the sovereign power of States to exploit their resources was maintained, emphasizing their responsibility to ensure that activities carried out within their jurisdiction and control do not cause environmental damage to other States or areas beyond the limits of their national jurisdiction. They established the duty of States to cooperate in the conservation, protection, and restoration of the environment and their common responsibilities in that sense; in this way, international cooperation in the promotion and support of economic growth and sustainable development will allow better addressing the problems of environmental degradation. Likewise, a special duty was imposed on developed countries based on their responsibility in the pursuit of sustainable development, given the evident pressure exerted on the global environment by the technologies they develop and the financial resources they possess.\" (Judgment number 3705–93 of fifteen hours on the thirtieth of July, nineteen ninety-three).\n\nThe transversal nature of the Fundamental Rights under analysis, indeed, has important repercussions in the proper sphere of standing (legitimación) to resort to the amparo remedy, and this issue has not gone unnoticed by this Chamber (Sala), which clearly set out its consequences in judgments such as number 3705–93 of fifteen hours on the thirtieth of July, nineteen ninety-four, which, in pertinent part, states:\n\n\"Regarding the legal protection of the environment, the standing of private individuals to act judicially and achieve the application of norms that have that purpose or, alternately, to request jurisdictional protection to safeguard their violated rights, is of great importance. But it must be analyzed from various points of view, that is, in relation to the nature of the process, the claims, and the intervening parties, and also taking into account that the breach of environmental norms can be caused by action or omission by either a private law or public law subject. The latter, simply by omitting to exercise due control over the action of private subjects when they infringe environmental norms, ignoring its functional competence, which requires it to exercise that control; or, by directly infringing with its action legal provisions intended to protect and conserve the environment. This Chamber in Judgment number 2233–93, by pointing out that the preservation and protection of the environment is a fundamental right, makes way for standing to resort to the amparo remedy. In environmental law, the procedural precondition of standing tends to extend and broaden to such a dimension that it necessarily leads to the abandonment of the traditional concept, it being necessary to understand that in general terms, any person may be a party and that their right does not emanate from property titles, specific rights, or actions that they might exercise according to the rules of conventional law, but rather that their procedural action responds to what modern scholars call 'diffuse interest' (interés difuso), through which the original standing of the legitimate interested party or even the simple interested party is diffused among all the members of a determined category of persons who are thus equally affected by the illegal acts that violate them. In the case of environmental protection, the typically diffuse interest that gives standing to the subject to sue is transformed, by virtue of its incorporation into the list of the rights of the human person, becoming a true 'reactional right' (derecho reaccional), which, as its name indicates, empowers its holder to 'react' against a violation originated in illegitimate acts or omissions. It is for this reason that the violation of that fundamental right constitutes a constitutional illegality, that is, a specific cause for amparo against concrete acts or self-applicative norms or, as the case may be, in an unconstitutionality action against all norms or against acts not susceptible to amparo, and even against omissions, a category that in the case of the right to the environment becomes especially important, because when dealing with conserving the environment that nature has given us, the most frequent violation occurs through the inertia of public authorities in carrying out the necessary acts to protect them. Constitutional Jurisdiction (Jurisdicción Constitucional), as the legally suitable and necessary means to guarantee the supremacy of the law of the Constitution, is, besides being supreme, of essential public order, and this implies, in general, that a much more flexible and less formalistic standing is necessary to associate citizens with the interest of the Rule of Law State itself to oversee and, as the case may be, reestablish its own legality.\"\n\nThat the exposed problem affects all levels of human endeavor, at this point, is evident, but it is worth highlighting the special relationship it bears with another Fundamental Right: the Right to Health. In this regard, this Chamber has stated:\n\n\"...On the Right to Health. The Political Constitution of our country does not expressly contemplate the Right to Health, but it does protect human life, which it deems inviolable. Indeed, Article Twenty-One of our fundamental charter establishes a fundamental protection of the Right to Life (human) by stating that human life is inviolable. This clearly and unequivocally entails the right of every human being to enjoy a full life, which in turn entails a Fundamental requirement to enjoy Health, which turns out to be a corollary and an indispensable and inseparable component of the Right to Life. The aforementioned Article Twenty-One of the Political Constitution, on the other hand, bears a very close relationship with the norm provided in Article Fifty of the constitutional text, which provides as follows:\n\n'Article 50.-\n\nThe State shall strive for the greatest well-being of all the inhabitants of the country, organizing and stimulating production and the most adequate distribution of wealth.\n\nEvery person has the right to a healthy and ecologically balanced environment. Therefore, they are entitled to denounce acts that infringe upon that right and to claim compensation for the damage caused.\n\nThe State shall guarantee, defend, and preserve that right. The law shall determine the corresponding responsibilities and sanctions.' (Article reformed through Law No. 7412 of May 24, 1994, published in La Gaceta No. 111 of June 10, 1994).\n\nThis provision establishes a system of guarantees that, correlatively to the Fundamental Right to Life, tend to fully realize and promote the constitutional desire that the life of every human being be not only respected but also enhanced in all its aspects. This means that our constituent clearly understood that, if the content of Article Twenty-One of the Political Constitution were to be separated from the Fundamental Right to Health, not only in the physical realm, but also in the psychic and spiritual realm, the Right to Life would be, in practice, nothing more than a mere declaration of principles. In other words, it is obvious that the constituent realized that the Right to Health constitutes an inseparable aspect of the principle that establishes the inviolability of life; and it is precisely for this reason that the creation of a social insurance system was foreseen, for it proved necessary to concretize the right of all inhabitants of the Republic to enjoy a true Right to Health…\n\n(...)\n\nLikewise, the very clear constitutional rooting of the Right to Health is complemented by the International Covenant on Economic, Social and Cultural Rights, approved by Law 4229 of December 11, nineteen sixty-six, which, besides forming part of the parameter of constitutionality, expressly contemplates the Right to Health, and disciplines it in the following manner:\n\n'Article 12\n\nThe States Parties to the present Covenant recognize the right of every person to the enjoyment of the highest attainable standard of physical and mental health.\n\n(...)'\n\nThis provision helps to interpret even more fully the constitutional normative that –already by itself– posits Health as a Fundamental Right. Given the importance of this topic, this Tribunal has already issued abundant jurisprudence in this regard. Thus, the following has been stated:\n\n'VIIIo. Regarding the right to health, it is important to take advantage of the context presented to us by the case under study to clarify that, although our Political Constitution does not expressly contemplate that right –although it does concern itself with expressly regulating the aspects related to it, cataloged as part of constitutional social rights, such as the right to social security–, its existence cannot be denied, as it is a direct derivative of the right to life protected in Article 21 of our Constitution, since this –the right to life– is the reason for being and the ultimate explanation of the right to health. The connection existing between the two is undeniable; the right to health has as its fundamental purpose to make the right to life effective, because the latter does not protect only the biological existence of the person, but also the other aspects derived from it. It is rightly said that the human being is the only being in nature with teleological conduct, because he lives according to his ideas, ends, and spiritual aspirations; in that condition of a cultural being lies the explanation for the necessary protection that, in a civilized world, must be granted to his right to life in all its extension, consequently to a healthy life. If among the extensions that this right has is, as explained, the right to health or health care, this includes the State's duty to guarantee the prevention and treatment of illnesses.' (Voto 1915-92 of fourteen hours and twelve minutes on the twenty-second of July, nineteen ninety-two).\n\nAs can be concluded without great effort from the foregoing, the Right to Health, which is developed in numerous legal texts, has as its essential characteristic the entailing of an obligation of the State to ensure that the population enjoys physical, mental, and even social well-being. Hence, the doctrine qualifies it as a Functional Right (Derecho Funcional), since it implies '...also the existence of specific obligations regarding not only oneself, but also the family and the community.' To this extent, the General Health Law No. 5395 provides the following:\n\n'Article 1.-\n\nThe health of the population is a public interest good protected by the State.\n\nArticle 2.-\n\nIt is an essential function of the State to watch over the health of the population. It corresponds to the Executive Branch, through the Ministry of Health, to which this law shall refer in abbreviated form as 'Ministry,' the definition of the national health policy, the standardization, planning, and coordination of all public and private activities related to health, as well as the execution of those activities that pertain to it according to the law. It shall have the power to issue autonomous regulations in these matters.'\n\nFrom the norms cited above, it is concluded that there exists a General Principle of Constitutional Law that obligates state entities to actively commit themselves to ensuring the Health of the population –in all the manifestations that this implies–. Such obligation, of course, varies in relation to the sphere of competencies that each entity, organ, or agency exhibits, but even so it is of general application.\" (Judgment 2000–09051 of ten hours and eighteen minutes on the thirteenth of October, two thousand).\n\nCompare this precedent with the provisions in pronouncement number 6165-94 of seventeen hours twelve minutes on the nineteenth of October, nineteen ninety-four:\n\n\"The term 'natural beauties (bellezas naturales)' was the one used at the time of the Constitution's enactment, (November 7, 1949) which today has developed as a specialty of law; environmental law, which recognizes the need to preserve the environment not solely as a cultural end, but as a vital necessity for every human being. In this sense, the concept of a right to a healthy environment overcomes recreational or cultural interests that are also important aspects of life in society, but also constitutes a capital requirement for life itself. No rational result can be produced by denying our fragility as animate beings, dependent on the environment for our subsistence and that of future generations.\n\nXIV.- From this second vision of the environmental matter, it becomes possible to clothe classic individual rights with the necessary conditions for their full enjoyment and exercise, especially the right to life, particularly reinforced by our Article 21 of the Constitution, which declares it inviolable. Thus, from the need to fully enjoy human rights, norms directly derived from the fundamental ones arise –understood as those already enshrined in the constitutional text– that operate as instrumental conditions for their preservation and exercise. Therefore, the necessary conditions for the protection of fundamental rights become true independent rights, exigible with autonomy from the former. They are true sub-constitutional norms, as the doctrine calls them, arising from the harmonious interpretation of constitutional law; such as, for example, the genus-species relationship between freedom of commerce and freedom of contract as developed by the Full Court (Corte Plena) in its capacity as constitutional tribunal, in the judgment of 8-26-82. The latter as a consequence of the former is an indispensable condition for its exercise, and yet an autonomous right at the same time.\n\nXV.- Therefore, we can affirm that from the right to life and the State obligation to 'protect the natural beauties (bellezas naturales)' contained in Articles 21 and 89 of the Constitution, other rights of obligatory protection and equal rank arise, such as those to health and to a healthy environment, in the absence of which the exercise of the former would either not be possible, or their enjoyment would be severely limited.\n\nXVI.- The Right to Health, as a human right, was recognized by the Chamber in early judgments, such as No. 56-90, which declared that right as inalienable; and judgment No. 1755-90, in which it was stated:\n\n'In the present case, the Right to Health is at stake, a fundamental right of the human being –to the extent that life depends largely on its respect– such that, according to our Political Constitution, Articles 10 and 48, and the Law of Constitutional Jurisdiction, the subject matter of the present appeal... does constitute an object of obligatory knowledge for this instance, to the extent that it involves the alleged violation of a constitutional right...'\n\nThus, it is clear that there is no longer any doubt about the constitutional protection of the right to health, derived from the right to life and, through it, of a right to a healthy environment. By way of illustration, we can cite judgments 1580-90; 1833-91; 2362-91; 2728-91; 1297-92; 2233-93; 4894-93; which have recognized the right to health and to a healthy environment as a constitutionally protected individual right.\"\n\nThus, in summary, it can be said that every person has the right to a healthy and productive life in harmony with nature and, in this context, the concept of the right to a healthy and ecologically balanced environment is framed. On one hand, the right to a healthy environment consists of the aspiration to improve the living environment of the human being within every sphere in which the person develops, be it family, work, or the environment in which they live. In this sense, this concept overcomes mere \"recreational\" or \"cultural\" interests because it constitutes a capital requirement for life itself. In contrast, the right to an ecologically balanced environment is a more restricted notion, referring solely to the balance that must exist between the progress of society and the conservation of natural resources. Both concepts not only are not mutually exclusive, but they complement and imply one another, to the extreme that they are generally treated as one. Significantly, whether they are addressed jointly or separately, it is discovered that both possess the character of a transversal right. This means that they extend throughout the entire legal system, modeling and reinterpreting its institutions. The right to a healthy and ecologically balanced environment is of immediate application, so that it manifests itself in the dual aspect of a subjective right of individuals and as a configuration of a goal or aim of the action of public powers in general. Environmental quality is a fundamental parameter of quality of life, but it is not the only one: other parameters, no less important, are health, food, work, housing, education, etc. In this regard, it is worth adding that it is currently peacefully accepted that there exists a constitutional-level protection of the right to health, derived from the right to life and, through it, of a right to a healthy environment; this because the Right to Health constitutes an inseparable aspect of the principle that establishes the inviolability of life. In fact, just like the Right to a Healthy and Ecologically Balanced Environment, the Right to Health has as its essential characteristic the entailing of an obligation of the State; although it consists of ensuring that the population enjoys physical, mental, and even social well-being. For this reason, the doctrine qualifies it as a Functional Right, since it entails specific obligations regarding not only oneself, but also the family and the community. Insofar as both Rights –to some extent– also imply one another, it is not difficult to understand that both must powerfully guide State action. It must be understood that there exists a General Principle of Constitutional Law, derived from the Right to Life, that obligates state entities to actively commit themselves to ensuring, on one hand, the Health of the population –in all the manifestations that this implies–, and on the other, to protect the environment. Such obligation, of course, varies in relation to the sphere of competencies that each entity, organ, or agency exhibits, but even so it is of general application. However, laws –by themselves– have so far proven evidently insufficient to guarantee the conservation of natural resources and ensure a future sustainable development. Therefore, it is essential that the legal norm have not only technical backing, but that, in fact, individual and collective responsibilities be assumed regarding the fulfillment of said regulations at the different levels and instances that correspond. The breach of environmental norms can be caused by action or omission by either a private law or public law subject. The latter, simply by omitting to exercise due control over the action of private subjects when they infringe environmental norms, ignoring its functional competence, which requires it to exercise that control. And for this very reason, if the Administration (Administración) omits to exercise its duties of protection (tutela) and oversight, the administered party (administrado) may resort to the amparo remedy.\n\nV.- On the Right to Health, to a Healthy and Ecologically Balanced Environment, and the duties of Constitutional Jurisdiction: the \"pro homine\" and \"pro libertatis\" principles. Now then, in this context, it is necessary to recall that the ultimate purpose of constitutional interpretation is to enhance the practical performance of the constitutional order, which –it has been said– entails maximizing the normative force of the Constitution and interpreting the entire legal order (including the law of this jurisdiction) in consonance with it. On another level, that is, when studying a concrete case to give it a solution, this purpose translates into choosing, among all possible answers, that option that is most correct from the constitutional perspective. Applied to the concrete case, the correct constitutional interpretation must strengthen to the greatest possible extent the performance of the values, norms, and principles inherent in the parameter of constitutionality. And in this labor, the pro homine and pro libertatis principles stand as the undisputed north of constitutional interpretation. The pro homine principle posits that the law must always be interpreted and applied in the manner that most favors the human being. Thus, it has been said that \"...the system of freedom guaranteed by fundamental rights removes from the scope of State action, whether by means of law, administrative activity, or courts of justice, an intangible sphere of liberty, which cannot be touched by any authority, because it is man, not society, who has dignity and the consequent fundamental rights and freedoms.\" Indeed, the human being is the ultimate end of legal norms, and not merely a recipient of them, in such a way that these –and especially those that enshrine fundamental rights– must be interpreted in the manner that most favors the human person. The pro libertatis principle, for its part, prescribes that fundamental rights must be interpreted in the broadest possible manner. Consequently, everything that maximizes the freedom of individuals must be interpreted extensively, and everything that limits it, restrictively. Hence, in case of doubt, the clause of liberty must always be favored, because fundamental rights have been justly enshrined to protect liberty, rather than to limit it. Hence, in relation to the exposed problem, the task of this Chamber is to establish, on one hand, whether CATSA's activity can be deemed, at least potentially, as dangerous to the health, the environment, and, therefore, the quality of life enjoyed by the inhabitants of Paso Tempisque, Palmira, Los Jocotes, and the Filadelfia area, on the understanding that, when in doubt, the interpretation that most favors the Fundamental Rights of the population must be chosen, in accordance with the pro homine and pro libertatis principles. On the other hand, this Chamber must verify whether the different State institutions have diligently dedicated themselves to ensuring –within their competencies– that the residents enjoy a healthy, ecologically balanced environment, and that, therefore, does not harm their health.\n\nVI.- On the bad odors emanating from the sedimentation pond for cane washing.\n\nThe claimants object that the foul odors produced by the lagoon in question make life, in their words, \"unbearable\" for the residents of Paso Tempisque, Palmira, Los Jocotes, and the entire area near Filadelfia de Carrillo in Guanacaste. In this regard, although the Chamber recognizes that water treatment systems have been built—which have not produced the desired effects—and that, for this reason, it has been proposed to stop washing the cane in order to completely eliminate the problem, the fact is that the foul odors, as admitted by Messrs. Pardo and LaVergne, persist. If to this is added that, in the meantime, the region's inhabitants must live subjected to such conditions, it is concluded that their right to enjoy a healthy environment, which encompasses every sphere in which a person develops, is being irretrievably violated.\n\nVII.- Regarding the Right to Health, to a Healthy and Ecologically Balanced Environment, and Environmental Pollution: The issue raised by the burning of cane fields. The appellants assert that the burning of cane fields in an area of five thousand hectares carried out by CATSA to facilitate its harvest produces soot, the death of wild animals, and causes \"harmful effects on public health.\" In this respect, the authorities of Health and of Environment and Energy, despite having been duly warned in the resolutions by which this amparo was transferred to them, remain completely silent, omitting any reference to the alleged harmful effects that fire and smoke have on the health of people and local fauna. The General Manager of Central Azucarera Tempisque S.A., in contrast, refutes such assertions and argues that these burnings are rather beneficial for the environment because the sugarcane agro-industry \"assists in the carbon dioxide fixation process\" (see folio 19, section six). Regarding environmental pollution, the Chamber has stated:\n\n\"III) – Pollution, which refers specifically to the challenge made by the minor appellant, can be considered as the presence in the environment of one or more pollutants, or a combination thereof, in such concentrations and with such a residence time that they cause in said environment negative characteristics for human life, the health or well-being of man, flora, or fauna, or produce a significant deterioration in the habitat of living beings, air, water, soils, landscapes, or natural resources in general. To pollute is to introduce substances or elements foreign to the environment at levels and with a duration such that they produce pollution in the sense expressed. Conversely, to decontaminate is to reduce the concentration level of pollutants present in the environment to their acceptable values according to specific environmental quality standards.\n\nAn environment free of pollution is, therefore, the condition in which the environment that surrounds us finds itself, when the alterations produced both by man and by nature in the near or distant environment do not exceed the maximum limits permissible set by those standards.\n\n(…)\n\n…Soil, water, air, marine and coastal resources, forests, biological diversity, mineral resources, and the landscape make up the environmental framework without which basic demands—such as living space, food, energy, housing, health, and recreation—would be impossible. Likewise, our economy is also intimately linked to the state of the environment and natural resources; thus, for example, both the generation of foreign currency through agricultural and tourism exploitation, and the success of important infrastructure investments depend, ultimately, on the conservation of those resources. The goals of sustainable development have to do with the survival and well-being of the human being and with the maintenance of essential ecological processes, that is, of environmental quality and the survival of other species. To speak of sustainable development in terms of satisfying present and future human needs and improving the quality of life is to speak of the demand for natural resources at the individual level and of the direct or support means necessary for the economy to function, generating employment and creating capital goods, which in turn make possible the transformation of resources into consumer, production, and export products.\n\nIn every production process, it is necessary to transform and process resources and, in turn, transport them to consumption centers, all of which entails an energy and environmental cost. Likewise, the production process not only requires natural resources to sustain itself but also generates waste and pollution of highly varied nature, such as, for example, solid waste or emanations that pollute the air or water. It is evident that man, with his technological power, has managed to control and notably alter his environment and has subjected the rest of the species to his dominion. However, since the industrial revolution—and in a significantly more accelerated manner since the Second World War—the exponential growth of the population and the also exponential trends of the economy have increased the level of man's intervention on the planet, destroying habitats, altering and polluting the vital cycles of the environment, and exterminating living species. The accelerated deterioration of the environment in recent decades, the enormous costs of corrective measures, which are not always effective, and the time periods necessary, for example, for the recovery of a watershed or a cleared natural forest, or of a contaminated groundwater aquifer, are unequivocal signs of the abuse of natural resources and the negative impact of the human species on a limited world.\n\n(…)\n\nHuman life is only possible in solidarity with the nature that sustains and supports us, not only for physical nourishment but also for psychological well-being: it constitutes the right that all citizens have to live in an environment free of pollution, which is the basis of a just and productive society. Thus, Article 21 of the Political Constitution states: Human life is inviolable. It is from this constitutional principle that the right to health, to physical, mental, and social well-being undeniably arises, a human right that is indissolubly linked to the right to health and to the State's obligation to protect human life.\n\nLikewise, from the psychological and intellectual point of view, the state of mind also depends on nature, so when the landscape becomes a useful space for rest and leisure, its preservation and conservation are an obligation. This last aspect is protected in Article 89 of the Constitution, which literally states: Among the cultural purposes of the Republic are: protecting natural beauties, conserving and developing the historical and artistic heritage of the Nation, and supporting private initiative for scientific and artistic progress. Protecting nature from an aesthetic point of view is not to commercialize it or transform it into a commodity; it is to educate the citizen so that they learn to appreciate the aesthetic landscape for its intrinsic value.\" (Judgment number 3705–93 of fifteen hundred hours on July thirtieth, nineteen ninety-three).\n\nOn the other hand, concrete pollution problems, like the vast majority of environmental matters, pose serious challenges for State entities because they generally must be approached from an interdisciplinary perspective. It is common for the same situation to be viewed from the perspective of public health, agriculture, industry, etcetera, and from disciplines as dissimilar as ecology, chemistry, oceanography, anthropology, and engineering. The atomization caused by all these possible perspectives means that policies affecting environmental controversies risk being undermined by an excessive \"sectorization\" of their objectives. Different public entities may fall victim to a flat, partial, and uncoordinated view of matters of interest to the entire community, when they should instead present a common front before them. In practice, it is not rare for these types of problems to end up being completely cast aside by the state machinery, since the entities involved, instead of realizing that there are ends, principles, and values of constitutional order that govern all State activity, merely dedicate themselves to interpreting their own organic laws or regulations in the most restrictive way possible, in order to limit to the maximum their involvement in them. This attitude, by the way, is clearly appreciable in the case records. It is public knowledge that the burnings carried out on the occasion of sugarcane cultivation produce specks, ashes, and hazes capable of affecting human health, as they can cause irritations in the respiratory tract and eye conditions such as conjunctivitis. Furthermore, fires in agricultural activity are one of the sources of the carbon dioxide that today accumulates in the Earth's atmosphere and, it is claimed, could be responsible for the sadly famous \"greenhouse effect\" that affects the whole world. Now then, Article 2 of Law 7152, \"Ley de Conversión del Ministerio de Industria, Energía y Minas en Ministerio de Recursos Naturales, Energía y Minas\", specifies that it is the attribution of that ministry:\n\n\"(…)\n\nTo formulate, plan, and execute the natural resources, energy, mining, and environmental protection policies of the Government of the Republic, as well as the direction, control, oversight, promotion, and development in the mentioned fields. Likewise, it must conduct and supervise research, technical explorations, and economic studies of the sector's resources.\nTo promote the development of natural, energy, and mining resources.\nTo promote and administer legislation on the conservation and rational use of natural resources, in order to obtain their sustained development, and to ensure its compliance.\n\nch) To issue, by executive decree, mandatory rules and regulations related to the rational use and protection of natural resources, energy, and mines.\n\n(…)\"\n\nFrom which it is inferred that, although the authorization of burnings is regulated by Decree 23850-MAG-SP, if these affect—or could affect—the environment, they oblige the MINAE to intervene in some way, even if by coordinating efforts with other entities, such as the MAG or the Ministry of Health. In addition to the foregoing, the need for the Ministry of Health to address—always within its competencies—the problem of smoke is urgent, given the potentially harmful nature of the mentioned waste. And, regarding the Ministry of Agriculture and Livestock, it is worth recalling that numeral 48.e) of its Organic Law establishes that it is its function: \"To participate, jointly with other institutions of the Sector, in the identification of construction and maintenance needs of the infrastructure proper to agricultural development and renewable natural resources.\" Notwithstanding the foregoing, the heads of the first two ministries insist in their reports that matters concerning burnings are the exclusive competence of the Ministry of Agriculture and Livestock. This, for the reasons already explained, is a half-truth. In reality, the logical thing in this case would have been for the three authorities, concerned that the residents of Paso Tempisque, Palmira, Los Jocotes, and the entire area near Filadelfia de Carrillo have their right to health and to a healthy and ecologically balanced environment guaranteed, to have conducted investigations to determine if damage to health and/or the environment was being caused, its magnitude, and if the situation exposed warranted the adoption of special measures of some kind. In this context, the actions of the MAG deserve particular mention. The Minister of Agriculture and Livestock states that Decree No. 23850-MAG-SP, \"Reglamento para Quemas Controladas con fines Agrícolas y Pecuarios\", provides that the authorization for burnings on agricultural and livestock lands must be granted by the offices of the Ministry of Agriculture and Livestock, but that said regulation does not grant the MAG any sanctioning power to discipline its application, since, in its articles 9 and 10, it refers to the pertinent provisions of the Criminal Code. Such excuses are totally unacceptable. Articles 113 and 114 of the General Law of Public Administration clearly provide the following:\n\n\"Article 113.-\n\n1. The public servant must perform their functions so that they primarily satisfy the public interest, which shall be considered as the expression of the coinciding individual interests of the administered persons.\n\n2. The public interest shall prevail over the interest of the Public Administration when they may be in conflict.\n\n3. In the assessment of the public interest, the values of legal certainty and justice for the community and the individual shall be taken into account, in the first place, to which mere convenience can in no case be preferred.\n\nArticle 114.-\n\n1. The public servant shall be a servant of the administered persons, in general, and in particular of each individual or administered person who relates to him by virtue of the function he performs; each administered person must be considered in the individual case as a representative of the collectivity on which the official depends and for whose interests he must watch.\n\n2. Without prejudice to what other laws establish for the servant, any act, fact, or omission that by his fault or negligence causes unjustified or arbitrary obstacles or hindrances to the administered persons shall be considered, especially, irregular performance of his function.\"\n\nAnd, consistent with the spirit that animates those articles, the Criminal Procedure Code imposes the following obligation:\n\n\"Article 281.- Obligation to report\n\nThe following shall have the obligation to report offenses prosecutable ex officio:\n\na) Public officials or employees who become aware of them in the exercise of their functions.\n\n(…)\n\nc) Persons who, by provision of law, of the authority, or by a legal act, are in charge of the management, administration, care, or control of goods or interests of an institution, entity, or person, regarding offenses committed to their detriment or to the detriment of the estate or patrimony placed under their charge or control, and provided they become aware of the fact by reason of the exercise of their functions.\n\n(…)\"\n\nThus, if the MAG officials were aware that the company CATSA had not requested authorization to burn its cane fields since nineteen ninety-five, they should have acted diligently, in accordance with the law. But the matter does not end there. The eleventh numeral of Decree No. 23850-MAG-SP suggests that one of the guiding principles of the entire Regulation is that the problem of fires be addressed in an integral manner. Hence, although the legal norm does not declare it explicitly, a correct reading of its articles, in light of the principles set forth in the preceding considerandos, cannot but yield the conclusion that if the MAG representatives realized that the controlled burnings carried out by CATSA could affect the environment and the health of the local residents, they should have notified and, if necessary, coordinated efforts with other state agencies, such as the Ministry of Health and the MINAE, to determine the seriousness of these facts, so that solutions could be adopted within the bosom of a joint strategy; all of which would have allowed going beyond the scope of the MAG's competencies. However, even knowing that the indicated activity could be disturbing nearby communities (see folio 163 § 3), said officials did nothing about it. Such an attitude infringes the constitutional principles that protect the life and health of human beings and constitutes a flagrant violation of the duties proper to public function. Now then, the Constitutional Chamber is a jurisdictional body, not a technical one, and therefore it is not capable of determining whether, in the specific case of CATSA, the practice of burnings on its properties actually produces the pernicious effects mentioned in the preceding considerando. Nevertheless, in the case file there are numerous indications that strongly point in that direction, namely: the very filing of this recurso, the complaints made by the residents before the MINAE that are attached to the case file, and the veiled admission by the informants that there is some kind of problem related to this practice. It is symptomatic, for example, that the manager of that company himself accepts that currently there exists \"…a trend in all cane-growing areas to eliminate the burning of cane fields through the use of suitable varieties (greater natural leaf stripping) to harvest them using combined harvesting machines…\" and that, in the last harvest season, CATSA harvested around ten percent of its property's area using that technique (folio 19). This, evidently, should have been a spur to stimulate the Administration's intervention.\n\nVIII.- On the Precautionary Principle. Consequently, in consideration of the pro homine principle, the Chamber considers that to settle for recognizing the situation and, even so, doing nothing about it because CATSA and the Ministry of Health have shown signs of good faith, particularly regarding eradicating the foul odors caused by the sedimentation lagoon, would be irresponsible, if it is taken into account that the matter, as a whole, shows signs of being a serious problem concerning the Fundamental Rights of the inhabitants of the neighboring settlements. However, at this point, it should be noted that the appellants' claim that the respondent company's plant be closed seems excessive to this Court, especially if it is taken into account that the agricultural activity developed by CATSA injects vigor into the region's economy. Indeed, a principle of capital importance in the task of interpreting and applying Constitutional Law is to act with prudence. The Judge, as an interpreter of the Constitution, must not lose sight of the consequences of their interpretations. This, in doctrine, is called the \"Precautionary Principle,\" and it has been greatly developed by the jurisprudence of the Supreme Court of the United States, which has held that the Constitution \"is not a suicide pact\" but, on the contrary, an instrument that makes social coexistence possible. This means that, for the sake of maintaining the instrument's validity, every constitutional interpretation must tend to permit the survival and prosperity of society. Returning to the present case, the Chamber considers that the aforementioned principle does not allow it to validate a measure of such magnitude as the closure of the mill, especially if it is considered that the respondents themselves have made efforts to eradicate the reported problem. Furthermore, this Court is also not an integral part of the active Administration of the Republic, such that it does not fall to it to assume the evaluation tasks proper to the Ministry of Health, or any other administrative entity, such as declaring that the massive burning of cane fields carried out by CATSA is harmful to health and, even worse, deciding what measure should be implemented to put an end to the problem, pondering for that purpose technical, economic, and political questions that exceed the nature of the jurisdictional function. In this respect, the Chamber considers that the main problem that has been evidenced in the case file is the absolute lack of coordination of the respondent Ministries when addressing and reasonably resolving the environmental problems presented. It is the State's obligation to provide the necessary protection so that all individuals enjoy an environment free of pollution. Based on the foregoing considerations, the solution that is imposed, after carrying out a correct harmonization of the mentioned principles, is to order that all these state agencies provide a reasonable solution to the problems presented, within a determined period.\n\nPor tanto:\n\nThe recurso is declared WITH MERIT. The persons holding the positions of MINISTER OF HEALTH, MINISTER OF ENVIRONMENT AND ENERGY, AND MINISTER OF AGRICULTURE AND LIVESTOCK, and EDGAR ALEJANDRO PONCIANO LAVERGNE, in his capacity as General Manager of CENTRAL AZUCARERA TEMPISQUE S.A., or whoever performs in his post, are ORDERED, UNDER PENALTY OF DISOBEDIENCE, that within the non-extendable term of TEN MONTHS counted from the notification of this judgment, they jointly prepare and implement a plan that reasonably resolves the problems complained of by the appellants. The STATE is condemned to pay the costs, damages, and losses caused by the facts that serve as the basis for this declaration, which shall be liquidated in the execution of the judgment of the contentious-administrative proceeding. The respondents are warned that, in accordance with Article 71 of the Law of this jurisdiction, imprisonment of three months to two years, or a fine of twenty to sixty days, shall be imposed on anyone who receives an order that must be complied with or enforced, issued in an amparo recurso, and does not comply with it or does not enforce it, provided that the offense is not more severely punished. Notify the present resolution to Mr. LAVERGNE, or whoever occupies that post in his place, and to the MINISTERS OF HEALTH, ENVIRONMENT AND ENERGY, AND AGRICULTURE AND LIVESTOCK, IN PERSON.-\n\n \n \nLuis Fernando Solano C.\n\nPresidente\n\n \nEduardo Sancho G. Ana Virginia Calzada M.\n\n \n \nAdrián Vargas B. Gilbert Armijo S.\n\n \n \nSusana Castro A. Alejandro Batalla B.\n\nClassification prepared by SALA CONSTITUCIONAL of the Poder Judicial. Reproduction and/or distribution in an onerous form is prohibited.\n\nIt is a faithful copy of the original - Taken from Nexus.PJ on: 07-05-2026 09:51:46.\n\nSCIJ de Hacienda\nSCIJ de la Procuraduría General de la República"
}