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  "id": "nexus-sen-1-0034-569227",
  "citation": "Res. 00041-2013 Tribunal Contencioso Administrativo Sección IV",
  "section": "nexus_decisions",
  "doc_type": "court_decision",
  "title_es": "Imposibilidad de usucapión sobre terrenos cercanos a pozos de agua potable por su carácter demanial",
  "title_en": "Impossibility of Adverse Possession Over Lands Near Drinking Water Wells Due to Public Domain Status",
  "summary_es": "El Tribunal Contencioso Administrativo, Sección IV, rechazó en todos sus extremos la demanda de una particular que pretendía la prescripción adquisitiva (usucapión) e inscripción de un lote ubicado a menos de 200 metros de un pozo de suministro de agua potable en La Cartonera, Corredores. Luego de un extenso análisis de los principios del derecho ambiental y del régimen de dominio público de las aguas, la sentencia concluye que el terreno en disputa está afectado al uso público indirecto, por ser indispensable para garantizar el servicio público fundamental de abastecimiento de agua. Por tanto, constituye un bien demanial, inalienable, imprescriptible e inembargable, que no puede ser objeto de posesión ni de usucapión por particulares. El Tribunal también declaró la falta de derecho de la actora y rechazó sus pretensiones indemnizatorias, y advirtió a la municipalidad demandada sobre la necesidad de seguir el procedimiento de lesividad para anular el acto declarativo de derechos que aún favorece a la actora.",
  "summary_en": "The Administrative Contentious Court, Section IV, dismissed in all its parts a claim seeking adverse possession (usucapión) and registration of a plot located less than 200 meters from a drinking water well in La Cartonera, Corredores. After an extensive analysis of environmental law principles and the public domain regime for waters, the ruling concludes that the disputed land is indirectly affected to public use, because it is essential to guarantee the fundamental public service of water supply. Therefore, it constitutes a public domain asset, inalienable, imprescriptible, and unseizable, which cannot be the object of private possession or adverse possession. The Court also found a lack of right of the plaintiff, rejected her claim for damages, and warned the defendant municipality about the need to follow the 'lesividad' procedure to annul the still-existing declaratory act of rights in the plaintiff's favor.",
  "court_or_agency": "Tribunal Contencioso Administrativo Sección IV",
  "date": "30/04/2013",
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    "agua potable",
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    "prescripción adquisitiva",
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    "Art. 31 Ley de Aguas"
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  "keywords_en": [
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    "acquisitive prescription",
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    "in dubio pro natura",
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    "Art. 31 Water Law"
  ],
  "excerpt_es": "Dicho en pocas palabras, el bien que pretende adquirir la actora no puede ser objeto de prescripción positiva, en tanto está afectado de manera manifiesta y evidente al uso público de manera indirecta, en la medida que garantiza un servicio público fundamental como lo es el suministro de agua potable en la zona en consideración. Véase como todo orienta a pensar que la existencia del pozo es anterior a la adjudicación que fuera objeto la actora, lo que determina no solo que la ausencia de comercialización del bien no resulta intempestiva sino además que desde aquella data el bien no era posible de aplicarse la prescripción positiva. Se trata de aplicar las normas propias del derecho privado a un inmueble que reviste características diametralmente opuestas. Lo que sin mayores cuestionamientos obliga la existencia de una falta de derecho que debe ser declarada.",
  "excerpt_en": "In a few words, the property that the plaintiff seeks to acquire cannot be subject to adverse possession, since it is manifestly and evidently affected to indirect public use, insofar as it guarantees a fundamental public service such as the supply of drinking water in the area under consideration. Note how everything suggests that the well's existence predates the adjudication that was the object of the plaintiff, which determines not only that the lack of commercialization of the property was not untimely but also that from that date the property could not be subject to adverse possession. It is a matter of applying the rules of private law to a real estate that has diametrically opposite characteristics. This, without further questioning, compels the existence of a lack of right that must be declared.",
  "outcome": {
    "label_en": "Claim dismissed",
    "label_es": "Demanda rechazada (sin lugar)",
    "summary_en": "The Court dismissed the claim in its entirety upon determining that the disputed land is affected to public use due to its proximity to a drinking water well, making it a public domain asset that cannot be acquired by adverse possession. The plaintiff lacks any right to acquire it, and the Municipality is reminded that it must follow the 'lesividad' process to annul the administrative act that granted her rights.",
    "summary_es": "El Tribunal rechazó la demanda en todos sus extremos al determinar que el lote en disputa está afectado al uso público por su cercanía a un pozo de agua potable, por lo que es un bien demanial no susceptible de usucapión. La actora carece de derecho para adquirirlo, y se recuerda a la Municipalidad que debe seguir el proceso de lesividad para anular el acto administrativo que le confirió derechos."
  },
  "pull_quotes": [
    {
      "context": "Considerando VII. Fondo del proceso",
      "quote_en": "The property that the plaintiff seeks to acquire cannot be subject to adverse possession, since it is manifestly and evidently affected to indirect public use, insofar as it guarantees a fundamental public service such as the supply of drinking water in the area under consideration.",
      "quote_es": "el bien que pretende adquirir la actora no puede ser objeto de prescripción positiva, en tanto está afectado de manera manifiesta y evidente al uso público de manera indirecta, en la medida que garantiza un servicio público fundamental como lo es el suministro de agua potable en la zona en consideración."
    },
    {
      "context": "Considerando V. Dominio público en el derecho al agua",
      "quote_en": "The principles of inalienability and imprescriptibility that characterize the public domain prevent the figure of the third-party registrant from being wielded against it to consolidate private property illegally removed from that regime.",
      "quote_es": "Los principios de inalienabilidad e imprescriptibilidad que caracterizan el dominio público impiden que en su contra pueda esgrimirse la figura del tercero registral para consolidar la propiedad privada ilícitamente sustraída de ese régimen."
    },
    {
      "context": "Considerando VII. Fondo del proceso",
      "quote_en": "The protective principle and the pro natura principle, without prejudice to the prior study, determine that even when there is no damage at all, the mere danger of its existence means that the land in question cannot leave governmental hands, since it is not possible in this matter to take unnecessary risks as the dangers can affect a considerable number of people.",
      "quote_es": "el principio protector y el pro natura, sin perjuicio del estudio previo, determinan que aún cuando no exista daño alguno, el solo peligro de la existencia de este, genera que el terreno en consideración no puede salir de manos gubernamentales, toda vez que no es posible en esta materia correr riesgos innecesarios en tanto los peligros pueden afectar a considerable cantidad de personas."
    },
    {
      "context": "Considerando VII (citando resolución previa del TCA Sección III)",
      "quote_en": "The Administration cannot turn against its own acts, except through the procedures established by law, which is not the case here. If the municipal corporation accepted an extraordinary remedy of review, with the purpose of declaring the nullity of the acts of adjudication of those lots, it must then follow the procedure established in Article 173 of the General Public Administration Law.",
      "quote_es": "La Administración no puede volverse contra sus propios actos, sino a través de los procedimientos establecidos por la ley, lo que no ocurre aquí. Si la corporación municipal acogió un recurso extraordinario de revisión, con la finalidad de declarar la nulidad de los actos de adjudicación de esos lotes, debe entonces seguir el procedimiento establecido en el numeral 173 de la Ley General de la Administración Pública."
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  "body_es_text": "Grande\nNormal\nPequeña\nTribunal Contencioso Administrativo Sección IV\n\nResolución Nº 00041 - 2013\n\nFecha de la Resolución: 30 de Abril del 2013 a las 16:15\n\nExpediente: 10-000042-0419-AG\n\nRedactado por: Ricardo Antonio Madrigal Jiménez\n\nClase de asunto: Proceso de conocimiento\n\nAnalizado por: CENTRO DE INFORMACIÓN JURISPRUDENCIAL\n\n\n\n\nNormativa Internacional: Convención americana sobre derechos humanos, Pacto de San José, Convención sobre la eliminación de toda las formas de discriminación contra la mujer, CEDAW, Convención sobre los derechos del niño, Protocolo adicional a la convención americana sobre derechos humanos en materia de derechos económicos, sociales y culturales, Protocolo de San Salvador\n\nNormativa internacional\n\n\nContenido de Interés:\n\nTemas Estrategicos: Ambiental\n\nTipo de contenido: Voto de mayoría\n\nRama del Derecho: Derecho Ambiental\n\nTema: Aguas de dominio público\n\nSubtemas:\n\nPrincipios aplicables, alcances y efectos de su carácter demanial.\nFundamento normativo de los organismos facultados para administrar acueductos.\nImposibilidad de adquirir por prescripción positiva lotes aledaños.\n\nTema: Bienes públicos\n\nSubtemas:\n\nImposibilidad de adquirir por prescripción positiva lotes aledaños.\nFundamento normativo de los organismos facultados para administrar acueductos.\n\nTema: Bien demanial\n\nSubtemas:\n\nImposibilidad de adquirir por prescripción positiva lotes aledaños.\nFundamento normativo de los organismos facultados para administrar acueductos.\n\nTema: Dominio público\n\nSubtemas:\n\nAlcances del acceso al agua potable como derecho humano.\nImposibilidad de adquirir por prescripción positiva lotes aledaños.\n\nTema: Propiedad\n\nSubtemas:\n\nImposibilidad de adquirir por prescripción positiva lotes aledaños.\n\nTema: Usucapión civil\n\nSubtemas:\n\nImposibilidad por falta de requisitos y encontrarse lote cercano a pozo de suministro de agua.\n\nTema: Intangibilidad de los actos propios\n\nSubtemas:\n\nAplicación y fundamento legal.\n\nTema: Derecho al agua\n\nSubtemas:\n\nAnálisis con respecto al dominio público.\nAlcances del acceso al agua potable como derecho humano.\nImposibilidad de adquirir por prescripción positiva lotes aledaños.\n\nTema: Asociación Administradora de Sistemas de Acueductos y Alcantarillados Comunales\n\nSubtemas:\n\nNaturaleza, finalidad y facultad para administrar acueductos.\n\nTema: Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados\n\nSubtemas:\n\nFinalidad y facultad para administrar acueductos públicos.\n\nTema: Principios del derecho ambiental\n\nSubtemas:\n\nAnálisis de los principios rectores de la materia.\nImposibilidad de adquirir por prescripción positiva lotes aledaños.\n\nTema: Principio de tutela ambiental\n\nSubtemas:\n\nFundamento y finalidad.\n\nTema: Principio de sostenibilidad en el uso de los recurso naturales\n\nSubtemas:\n\nFundamento y finalidad.\n\nTema: Principio de calidad ambiental\n\nSubtemas:\n\nFundamento y finalidad.\n\nTema: Principio de solidaridad ambiental\n\nSubtemas:\n\nFundamento y finalidad.\n\nTema: Principio precautorio en materia ambiental\n\nSubtemas:\n\nFundamento y finalidad.\nAplicación de la teoría de la carga dinámica de la prueba.\n\nTema: Principio preventivo en materia ambiental\n\nSubtemas:\n\nFundamento y finalidad.\n\nTema: Principio de publicidad en materia ambiental\n\nSubtemas:\n\nFundamento y finalidad.\n\nTema: Principio de restaurabilidad en materia ambiental\n\nSubtemas:\n\nFundamento y finalidad.\n\nTema: Principio de uso racional de los recursos naturales\n\nSubtemas:\n\nFundamento y finalidad.\n\nTema: Principio de participación ciudadana en materia ambiental\n\nSubtemas:\n\nFundamento y finalidad.\n\nTema: Recursos naturales\n\nSubtemas:\n\nAlcances del acceso al agua potable como derecho humano.\nInaplicabilidad del silencio positivo en materia de su utilización.\n\nTema: Silencio positivo\n\nSubtemas:\n\nInaplicabilidad en materia de utilización de recursos naturales.\n\n“IV.- SOBRE LOS PRINCIPIOS DEL DERECHO AMBIENTAL: El Derecho Ambiental, como Derecho autónomo que es, cuenta con principios propios, los cuales orientan la actividad ambiental. Estos principios se encuentran la mayoría recogidos, de uno u otro modo, en los textos legales o al menos señalados por la jurisprudencia. Asimismo debe recordarse que el artículo cincuenta constitucional consagra el derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado; y que del mismo numeral derivan una serie de principios que se analizarán en la presente sección. La doctrina especializada ha señalado como principios rectores en la materia cuando menos los de Igualdad, De la Tutela del Derecho Ambiental a cargo del Estado, Sostenibilidad, Principio del uso racional de los recursos, a fin de que exista el necesario equilibrio entre el desarrollo del país y el derecho al ambiente, de la Calidad Ambiental, Principio de solidaridad, Principio Precautorio, Principio preventivo, Publicidad, Restaurabilidad, \"El que contamina, paga”, De la realización del estudio de impacto ambiental previo a la iniciación de obras, Sólo el Estado de Necesidad declarado excepciona el cumplimiento de las normas ambientales, La falta de recursos económicos de las instituciones públicas no es excusa que justifique la omisión de dar protección al Derecho Ambiental, Coordinación para garantizar la protección del medio ambiente, La lesión a este Derecho Ambiental se da tanto por acción como por omisión, Inoperancia del silencio positivo en materia de utilización de recursos naturales y la participación ciudadana en los asuntos ambientales. Sin que se pueda entender que dicha lista resuelta cerrada en tanto como derecho en construcción podrían agregarse nuevas líneas de aplicación e interpretación de dicho ordenamiento. La igualdad de las personas ante la ley, sin ningún tipo de discriminación, es un derecho fundamental recogido en nuestro ordenamiento por el artículo treinta y tres de la Constitución Política y establecido también en el artículo veinticuatro de la Convención Americana de los Derechos Humanos. El derecho al medio ambiente y a su protección se encuentra también protegidos por este principio de igualdad, el cual debe aplicarse a la materia. De este modo, todos los seres humanos tienen por igual el derecho a disfrutar del medio ambiente adecuado y acceder a la justicia de sin discriminación alguna para hacer valer sus derechos en caso de haber visto violentado el derecho a un ambiente sano (de manera directa o indirecta). El artículo cincuenta constitucional declara que toda persona tiene derecho a un ambiente sano y equilibrado. El artículo dos inciso a) de la Ley Orgánica del Ambiente contiene dicho principio al declarar que el ambiente es patrimonio común de todos los habitantes de la Nación y por ello tanto a nivel institucional (del Poder Ejecutivo) como jurisdiccional los ciudadano tienen derecho a un trato igualitario. El principio de la Tutela del Derecho Ambiental a cargo del Estado se extrae también del canon cincuenta Constitucional derivando la obligación del Estado de ejercer una función tutelar y rectora en materia ambiental. Al respecto la Sala Constitucional ha señalado que el Estado debe “asegurar y proteger el derecho contra algún riesgo o necesidad, defender es vedar, prohibir e impedir toda actividad que atente contra el derecho, y preservar es una acción dirigida a poner a cubierto anticipadamente el derecho de posibles peligros a efectos de hacerlo perdurar para futuras generaciones. El Estado debe asumir un doble comportamiento de hacer y no hacer; por un lado debe abstenerse de atentar él mismo contra el derecho a contar con un ambiente sano y ecológicamente equilibrado, y por otro lado debe asumir la tarea de dictar las medidas que permitan cumplir con los requerimientos constitucionales.” (voto 9193 de la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia). De tal manera desarrolla la Sala Constitucional todas las acciones que comprende la tutela que debe ejercer el Estado en aras de proteger el medio ambiente; incluyendo tanto un comportamiento de hacer como de no hacer, toda vez que por una parte, debe abstenerse de cometer algún acto en contra del derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado; y por otra parte, debe adoptar una conducta activa, en el sentido de dictar las medidas, regulaciones que estime pertinentes para el resguardo de este derecho. El órgano rector en la materia de estudio lo constituye el Ministerio del Ambiente y Energía (no está demás recordar que ese ministerio ha cambio de nombre)  de conformidad con el numeral dos de la Ley Orgánica de este Ministerio; con lo cual se debe decir que la figura del Estado como sujeto, el cual está llamado a ejercer la tutela en materia ambiental, es un Ministerio en el cual recae la rectoría, pero además, para que esta función de protección del medio ambiente sea real y efectiva, es necesaria la participación de una serie de entes y órganos estatales, los cuales, en coordinación con el MINAE (ó MINAET, según el momento histórico), están llamados a interactuar (como lo son las municipalidades). La sostenibilidad en el uso de los recursos naturales es uno de los principios aceptados universalmente y con perspectiva jurídica. De acuerdo con un informe de las Naciones Unidas, desarrollo sostenible es el desarrollo capaz de satisfacer las necesidades del presente, sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las suyas (Loperena Rota, Demetrio, los Principios del Derecho Ambiental, 1998, p. 62). Por su parte, el artículo dos incisos a) y b) de la Ley Orgánica del Ambiente establecen la obligación del Estado y los particulares de participar en la conservación y utilización sostenible del ambiente; y el derecho de todos de disfrutar de un ambiente sano y ecológicamente sostenible para el desarrollarse. Asimismo se ha señalado que el deterioro al ambiente condiciona las posibilidades de desarrollo humanas; por lo que se ha vuelto común el utilizar el término de “desarrollo sostenible” el cual encierra ambos derechos. En ese sentido la Sala Constitucional ha definido “desarrollo sostenible” como “una de esas políticas generales que el Estado dicta para ampliar las posibilidades de que todos puedan colmar sus aspiraciones a una vida mejor, incrementando la capacidad de producción o bien, ampliando las posibilidades de llegar a un progreso equitativo entre un crecimiento equitativo entre un crecimiento demográfico o entre este y los sistemas naturales. Es el desarrollo sostenible, el proceso de transformación en la utilización de los recursos, orientación de las inversiones, canalización del desarrollo tecnológico, cambios institucionales y todo aquello que coadyuve para atender las necesidades humanas del presente y del futuro.” (voto 1763-94). El principio del uso racional de los recursos, a fin de que exista el necesario equilibrio entre el desarrollo del país y el derecho al ambiente está muy relacionado con el principio anterior, incluso podría pensarse en que es parte del mismo se encuentra con fundamento constitucional en el artículo sesenta y nueve de la Constitución el presente principio (uso racional de los recursos). Ahora bien, en este principio encontramos un componente ideológico, lo cual genera, en algún modo, algunos problemas al momento de su aplicación; ya que comprende además conceptos jurídicos indeterminados, como lo son el uso racional y el necesario equilibrio entre el desarrollo y medio ambiente. Estos conceptos muchas veces generan incertidumbre al momento de su aplicación. La Administración Pública es la encargada de determinar este punto de equilibrio y en última instancia lo serán los órganos jurisdiccionales. Sobre el principio en estudio, la Sala Constitucional ha señalado que: “ ...la protección del ambiente debe encaminarse a la utilización adecuada e inteligente de sus elementos y en sus relaciones naturales, socioculturales, tecnológicos y de orden político (desarrollo sostenible), para con ello salvaguardar el patrimonio al que tienen derecho las generaciones presentes y futuras. Por ello, el objetivo primordial del uso y protección del ambiente es que a través de la producción y el uso de la tecnología, se obtengan no sólo ganancias económicas (libertad de empresa) sino sobre todo un desarrollo y evolución favorable del medio ambiente y los recursos naturales con el ser humano, esto es, sin que se cause daño o perjuicio...”(voto 6322-2003). Por tal manera, la protección del ambiente debe encaminarse a la utilización adecuada de sus elementos, toda vez que es necesario la conservación del medio ambiente, pero también es indispensable la utilización de sus recursos para emprender procesos de desarrollo en beneficio de la sociedad en general. La cual a su vez, por una parte, demanda la protección del ambiente, y por otro lado, el desarrollo del país, desarrollo que, en un país como el nuestro, en muchos de los casos, tiene su fundamento en las riquezas naturales. De tal manera, la Sala Constitucional ha manifestado que “es preciso optar por el desarrollo sostenible, el cual satisface las necesidades del presente sin comprometer nuestra capacidad para hacer frente a las del futuro. Se trata en consecuencia, de una política cuyo núcleo es una planificación a largo plazo a través de políticas estatales, las cuales deben cumplir con todos los requisitos exigidos por las normas existentes y que lógicamente en este campo deben ser vistos con criterios restringidos, pues si se destruyen o se dañan los recursos naturales por una decisión precipitada o bien cuando las condiciones requeridas no son cumplidas, el desarrollo económico, social y político se afectará y decaerá, trayendo como consecuencia lógica la pérdida de la calidad de vida del ciudadano, y por ende, la pérdida de una riqueza invaluable que bondadosamente la Naturaleza nos ha regalado. Este desarrollo significa reconocer que deseamos tener acceso continuo a los recursos que posibiliten la vida y si hacemos expandir los beneficios del proceso industrial tenemos que estar conscientes de las implicaciones y limitaciones que supone este derrotero.”(voto 4423-93). El Principio de la Calidad Ambiental constituye un parámetro fundamental de la calidad de vida, ya que ligado a la vida que cada individuo pueda llevar; y a su vez se encuentra ligado el uso que se haga del ambiente para el propio desarrollo. Es así como el Tribunal Constitucional ha estimado que el derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado, implica el correlativo deber de proteger y preservar el medio, mediante el ejercicio racional y el disfrute útil del derecho mismo. (Voto 6233-2993). En ese sentido, siempre y cuando se demuestre que alguna actividad es dañina para la salud, se estaría en presencia de una violación del principio en estudio. O bien, cuando alguna actividad económica implique la pérdida de un recurso natural importante, dicha actividad debe ser prohibida, porque de lo contrario, se estaría fomentando el deterioro al ambiente, y con ello, a la calidad de vida de las personas. Igualmente se puede encontrar el fundamento del presente principio en el ya mencionado el artículo cincuenta constitucional y además se encuentra contenido en instrumentos internacionales que garantizan la protección al medio ambiente (como la Declaración de Estocolmo). En lo tocante al principio de solidaridad por tratarse el derecho al ambiente de un derecho de tercera generación se encuentra desarrollado bajo el valor de la solidaridad (así como el de libertad e igualdad fueron los principios y valores que respectivamente los que orientaron los derechos de primera y segunda generación). Se ha configurado como un “auténtico principio jurídico formalizado, generador de obligaciones exigibles en el seno de las relaciones sociales” (Real Ferrer, El Principio de Solidaridad en la Declaración de Río, 1994, p. 78). El principio de solidaridad implica y genera una responsabilidad colectiva para su realización, la cual es compartida pero diferenciada. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo de 1992 dejaron establecido que “Los Estados deberán cooperar con espíritu de solidaridad mundial para conservar, proteger y restablecer la salud y la integridad del ecosistema de la Tierra. En vista de que han contribuido en distinta medida a la degradación del medio ambiente mundial, los Estados tienen responsabilidades comunes pero diferenciadas. Los países desarrollados reconocen la responsabilidad que les cabe en la búsqueda internacional del desarrollo sostenible, en vista de las presiones que sus sociedades ejercen en el ambiente mundial y de las tecnologías y recursos financieros que disponen”(Principio 7 de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo 1992). Con la aparición del principio de solidaridad se vislumbra una humanización y preocupación no solo por le disfrute del derecho actual sino también por la preservación del mismo para asegurar el disfrute a las generaciones futuras. El derecho de las futuras generaciones implica a su vez una serie de derechos y deberes intergeneracionales relacionados entre sí y que a su vez se dividen en 3 principios básicos: a- Principio de conservación de opciones: se traduce en el derecho de cada generación a recibir la diversidad de los recursos naturales y el correlativo deber a mantenerlos, lo que implica una explotación racional y eficiente de los mismos.  b- Principio de conservación de la calidad: supone el derecho de todas las generaciones a recibir el planeta en condiciones de calidad óptimas y a su vez un correlativo deber de conservarlas y transmitirlas a futuras generaciones para que no la reciban en peores condiciones.  c- Principio de conservación de acceso: el derecho de acceso equitativo al legado de las generaciones pasadas y el deber de procurarlo a todos sus miembros (Franco del Pozco, Mercedes, El Derecho Humano a un medio ambiente adecuado, en Cuadernos de Derechos Humanos, Bilbao, 2000, p. 21).  Por su parte el principio Precautorio , es uno de los principios más desarrollados, tanto por la doctrina como por la jurisprudencia, y se le ha considerado como principio esencial componente del derecho ambiental. Las Administraciones Públicas tienen la obligación de actuar en protección del derecho de todos al medio ambiente, y es así como se han delineado principios de actuación administrativa propios de la protección del medio ambiente y que particularizan este ámbito. Es importante hacer ver que el principio precautorio constituye un parámetro de legalidad de las conductas administrativas, y sobre ese particular, el doctor Aldo Milano señala que “ gran parte de las actividades riesgosas están sujetas a un régimen de policía administrativa, lo cual se manifiesta en el otorgamiento o la negativa de autorizaciones de ese mismo carácter. Esto hace que se planteen conflictos relacionados con tales decisiones, sea porque se estima que al otorgarse en un caso concreto la autorización, se quebranta el Principio Precautorio o bien, porque al ser denegada o condicionada con sustento en aquél, el afectado estima ilegítima la decisión.” Así, aludiendo a un caso concreto de la jurisprudencia francesa, indica que la decisión atacada en lo contencioso administrativo constituye el último paso en el largo procedimiento de evaluación de la inocuidad de la actividad de que se trate, y que la doctrina encuentra en el principio precautorio una fuente de derecho que impone una forma determinada de actuar de la Administración, de modo que –en caso de no respetarse esa forma de actuar- procedimiento- se estimará la nulidad del acto final que se adopte (ver Milano, Aldo. “El Principio Precautorio”, 2005, p. 55 a 58). El principio precautorio, también llamado como Principio de la Evitación Prudente, adquiere fuerza con la Declaración de Río de 1992 (Cumbre de la Tierra), pero ya la idea venía desarrollándose en otros convenios internacionales como la Declaración de Estocolmo y La Carta Mundial de la Naturaleza. El artículo quince de la Declaración de Río contiene este principio al señalar que “Con el fin de proteger el medio ambiente, los Estados deberán aplicar ampliamente el criterio de precaución conforme a sus capacidades. Cuando haya peligro de daño grave e irreversible, la falta de certeza científica absoluta no deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas eficaces en función de los costos para impedir la degradación del medio ambiente.” A nivel nacional, al artículo once de la Ley de Biodiversidad consagra el principio precautorio, prácticamente en los mismos términos que lo hace la Declaración de Río.  El principio de precautorio ha planteado varias interrogantes, dentro de las cuales destacan: el problema de la reversión de la carga de la prueba en materia ambiental; el equilibrio que debe existir entre las medidas represivas y preventivas; y la motivación que debe darse a industrias y otras empresas a través de políticas estimulantes de la protección del medio ambiente. En lo concerniente a la reversión o inversión de la carga de la prueba, consiste en que el demandado es el llamado a ofrecer pruebas para desvirtuar el contenido de la pretensión, sin olvidar que al Derecho Ambiental le interesa más la prevención que la reparación del daño. Está expresamente regulado en el artículo ciento nueve de la Ley de Biodiversidad, que dispone: “La carga de la prueba, de la ausencia de contaminación, degradación o afectación no permitidas, corresponderá a quien solicite la aprobación, el permiso o acceso a la biodiversidad o a quién se le acuse de haber ocasionado daño ambiental”, norma que debe verse en estrecha relación el artículo cinco de la misma Ley, que señala que lo establecido en esa legislación servirá de marco de interpretación del resto de las normas que regulan la materia objeto de dicha Ley. Esto quiere decir que en materia ambiental se rompe el clásico esquema de que “quién afirma prueba”, y adquiere un papel preponderante la teoría de la carga dinámica de la prueba, según la cual, “se traslada la carga a quién, a raíz de su situación personal, se halla en mejores condiciones para acercar la probanza al proceso, sin que importe si es el actor o el demandado” (sobre la carga dinámica de la prueba puede consultarse la sentencia de la Sala Primera de la Corte Suprema de Justicia N° 212-2008 de las 8:15 horas del 25 de marzo del 2008). Esta posición es aceptada por la doctrina del derecho ambiental, que en ese sentido ha indicado lo siguiente: “En el proceso ambiental, especialmente en función del principio precautorio, se produce una modificación en la carga de la prueba de encuadre clásico (según la cual es principio “que todo el que alega un hecho como pretensión o defensa tiene la carga de probarlo”) y cobra vida, en función de la precaución, la doctrina de las cargas dinámicas probatorias como paliativo para aligerar la ímproba tarea de producir pruebas diabólicas que, en ciertos supuestos, se hacían recaer sin miramientos sobre las espaldas de alguna de las partes (actor o demandado), por malentender las sacrosantas reglas apriorísticas de distribución de la prueba. Finalmente, las modificaciones señaladas en el ámbito del proceso ambiental imponen hablar de un “verdadero derecho procesal ambiental”, sea considerado como una rama autónoma o no; y la complejidad científico-técnica de los casos ambientales, que demandan soluciones inéditas a problemas también inéditos, imponen como mecanismo superador de las estructuras tradicionales del derecho la conveniencia de contar con fueros especializados en la materia ambiental como garantes de la aplicación efectiva del principio de precaución.” (Martínez, María Paulina. “El principio precautorio”. En Protección Ambiental, Argentina, 2008, p. 122). En íntima relación con esta variante procesal, la doctrina resalta el rol activo del Juez de frente a un asunto de carácter ambiental, y al respecto señala lo siguiente: “ Pero fue la Ley N° 25.675 (LGA) la que consagró innovaciones inéditas en materia de potestades judiciales (ordenatorias e instructorias), otorgándole al enjuiciador un rol completamente activo e inquisidor como garante de la aplicación del principio precautorio en aquellos procesos en los que se busca la preservación del equilibrio natural (ver artículo 32 LGA), sin que ello implique quiebre alguno del principio de congruencia. (...) se concluye que no existen áreas inmunes a la fuerza normativa de la Constitución y de las normas ambientales, particularmente la Ley General del Ambiente, que constituyen un orden público ambiental, que confieren amplias facultades, incluso de revisión de cuestiones hasta de índole técnica, que le permiten dar plena operatividad al principio precautorio en cada paso del iter procesal, en una tarea concreta y sin duda alguna macroscópica en pos del derecho a una efectiva tutela judicial efectiva.” (idem, Martínez, p. 117). Este papel que la doctrina le asigna al Juez de frente a asuntos de carácter ambiental, no está disociado del modelo que la Constitución Política y el Código Procesal Contencioso Administrativo le otorgaron al Juez Contencioso Administrativo. La Ley de Biodiversidad, cuyas normas son aplicables a resto del ordenamiento en materia ambiental, dispone expresamente en su artículo ciento ocho que “en materia de biodiversidad y mientras no exista jurisdicción ambiental, toda controversia será competencia exclusiva de la jurisdicción contencioso-administrativa”, excepto aquellos casos donde no medie un acto administrativo ni del dominio público. Fijada esta competencia, debemos recordar que la jurisdicción contencioso-administrativa goza de una amplia potestad de fiscalización, dada por el artículo cuarenta y nueve de la Constitución Política, que le permite ejercer un control tanto subjetivo, consistente en la tutela de las situaciones jurídicas sustanciales de los administrados (derechos subjetivos e intereses legítimos), como objetivo, consistente en garantizar la legalidad de la función administrativa de toda la Administración Pública (sean acciones u omisiones). El artículo primero del Código Procesal Contencioso Administrativo reproduce el contenido del artículo cuarenta y nueve constitucional y señala que la jurisdicción contencioso administrativa tiene por objeto tutelar las situaciones jurídicas de toda persona, garantizar o restablecer la legalidad de cualquier conducta de la Administración Pública sujeta al Derecho administrativo, así como conocer y resolver los diversos aspectos de la relación jurídico-administrativa (Jinesta, Ernesto. “Manual del Proceso Contencioso Administrativo, 2008, p.29). La doctrina nacional reafirma el amplio carácter fiscalizador del Juez contencioso administrativo en nuestro ordenamiento, al indicar lo siguiente: “Cuando la norma permite el control de la “función administrativa”, adopta sin ambages una fórmula amplia de fiscalización, en la que el Juez queda facultado para el control de la totalidad de la conducta administrativa. En efecto, el precepto rompe de tajo con cualquier limitación construida alrededor del objeto contencioso administrativo, pues cuando inserta la generalidad de la “función” administrativa dentro del ojo supervisor del Juez, abre el abanico jurisdiccional respecto de cualquier función, comportamiento o conducta administrativa. Nótese que no se atribuye a la jurisdicción contenciosa el control de la “actividad” o “acción” administrativa, ni mucho menos del “acto administrativo”, sino de la “función”, que no por casualidad, resulta omnicomprensiva no sólo de todas ellas, sino también de todo el ámbito de la inactividad. Cuando el artículo asigna al Juez el control de la “función”, está permitiendo que éste analice jurídicamente cualquiera de las funciones que a ella le son propias, cualquiera de sus conductas en cualquiera de sus manifestaciones administrativas. Puede controlar el Tribunal, tanto la actuación activa como la omisiva. Siempre que la conducta sea administrativa y que el control se realice dentro del marco jurídico, no existe o no debe existir, esfera exenta de control jurisdiccional; su revisión puede y debe ser completa,  sin inmunidad alguna en el objeto. (...) En este aspecto el constituyente nos ofrece un nuevo broche de cierre, una puerta de seguridad adicional como garantía del control pleno y universal, pues además de sujetar la función administrativa al control jurisdiccional de legalidad, permite al Juez comprobar si aquella se encuentra o no ajustada a los fines que la justifican.” (González, Oscar. “Sentencia”. En: El Nuevo Proceso Contencioso-Administrativo, 2006, p.426). Sobre el papel protagónico y activo que ejercer el Juez en la dinámica del Código Procesal se señala: “ Tal autonomía activa y organizacional para el restablecimiento del ordenamiento jurídico público (escrito y no escrito) y la protección efectiva de los intereses legítimos y los derechos subjetivos, confirma la trascendencia de esta jurisdicción como mecanismo reparador y protector de las situaciones jurídicas eventualmente afectadas, por la inmisión indebida del poder público a través de su multiplicado universo de órganos y entes con sus funcionarios generalmente de iure y excepcionalmente de hecho. (...) Incluso, se trastocó el principio clásico civilista que identifica el objeto del proceso con las pretensiones alegadas y deducidas por las partes, a fin de que la autoridad judicial, en calidad de sujeto activo en el proceso, dicte justicia no sólo con apego a lo pretendido sino, también, ajustando las pretensiones a la justicia pronta y cumplida, conforme a la nueva legislación, para satisfacer los valores insertos en el Estado de Derecho presentes en cada proceso para el restablecimiento de la legalidad o, mejor aún, del ordenamiento jurídico. Bajo el nuevo esquema, el juez antes de regirse por el principio dispositivo lo hará también por el inquisitivo, propio de los tribunales constitucionales como cuando, en nuestro caso, la Sala Constitucional condena en ambas costas y daños y perjuicios a las partes vencidas en las acciones de amparo, aunque los vencedores no lo hayan pedido.” (Jiménez, Manrique. “Bases constitucionales para la reforma de la jurisdicción contencioso administrativa”. En: El Nuevo Proceso Contencioso Administrativo, p. 18 y 19, 2006).  Retomando el principio precautorio, una vez ocurrida la acción que provocó el daño al ambiente, el interés se centra en la búsqueda de la mejor solución, tanto a nivel jurídico como práctico, teniendo claro que cualquier reparación que se realice nunca va a restituir en la totalidad la situación original. Por lo anterior, podría resultar criticable la imposición de principios como “El que contamina paga”, toda vez que estaría en contra del ánimo de prevención que es uno de los pilares fundamentales del Derecho Ambiental, y más bien, se estaría fomentando el deterioro del ambiente a cargo del pago o resarcimiento económico del daño ocasionado; pero el derecho debe también establecer las medidas de reparación en caso de que las precautorias o preventivas no sirvan (como sucede en la práctica la muchas ocasiones). La Sala Constitucional ha frecuentado en llamarlo también principio “in dubio pro natura”(voto 2000-9773 de la Sala Constitucional), señalando que comprende una especie de inversión de la carga de la prueba, dado que en caso de falta de certeza sobre las consecuencias de una actividad basta para no llevarla a cabo. Se ha establecido doctrinariamente que este principio se refiere a las políticas ambientales generales, y que para casos concretos opera el principio preventivo. En materia ambiental existe incertidumbre científica sobre los posibles daños que pueden ocasionar algún tipo de actividades. El principio precautorio se refiere a la actitud cautelosa que se debe tomar cuando surja alguna duda razonable en relación con la peligrosidad de cualquier actividad de repercusiones ambientales, sea para que se evite o para tomar las medidas necesarias para evitar el daño eventual.(Loperena Rota, Desiderio, Los Principios del Derecho Ambiental, España, 1998, p. 93).  El Principio preventivo -también- esta muy relacionado con el principio anterior  se refiere a la proyección sobre las consecuencias perjudiciales ciertas de algunas actividades. El tratar de evitar las con anticipación es el propósito de este principio; por ejemplo en el caso de las políticas preventivas reflejadas mediante las Evaluaciones de Impacto Ambiental. En casos concretos este principio se traduce en la aplicación de medidas cautelares. El desarrollo doctrinario y legislativo de la tutela cautelar está centrado, como es lógico, en el proceso jurisdiccional. Debido a la lentitud de los procesos y las verdaderas situaciones de injusticia que se pueden ocasionar por ello, es que ha surgido en el Derecho comparado la necesidad de implementar las medidas cautelares. A pesar de ser esto así, la tutela cautelar no se circunscribe tan solo al ámbito jurisdiccional, sino que su aplicación también se contempla en los procedimientos administrativos. En los procedimientos de naturaleza ambiental la importancia que ha adquirido la tutela cautelar es decisiva a la hora de ejercer el derecho de todos a un medio ambiente sano. En sede jurisdiccional, las medidas cautelares tienen por función principal garantizar provisionalmente la eficacia de la sentencia definitiva, para que no sea una mera declaración de principios. De acuerdo con la doctrina nacional, existe un derecho fundamental a la tutela cautelar que forma parte del derecho a una justicia pronta y cumplida contenido en el artículo 41 constitucional. (Jinesta Lobo, Las Medidas Cautelas Atípicas en el Proceso Contencioso Administrativo, en la Dimensión Constitucional de la Jurisdicción Contencioso Administrativo, p. 171). En este sentido, la jurisprudencia nacional ha manifestado que “ III. ... Resulta obvio, que el derecho a la tutela cautelar y el deber correlativo del órgano jurisdiccional de actuarlo cuando concurran los presupuestos establecidos en la ley, cuya titularidad ostenta todo justiciable, posee una profunda raigambre constitucional, y más concretamente forma parte del haz de facultades que conforman el contenido esencial del derecho fundamental a una justicia pronta y cumplida (tutela judicial efectiva, o en los términos de la Sala Constitucional derecho general a la jurisdicción, artículo 41 de la Constitución Política). En tal sentido, se puede sostener, que no existe una tutela judicial pronta y cumplida – efectiva- sin una cautelar flexible y expedita.”(Voto 405-95 de este Tribunal, o resaltado no corresponde al original). En materia de derecho ambiental la presencia de los presupuestos propios de las medidas cautelares cobra mayor vigencia, dado el carácter irreversible de los daños ambientales.  En cuanto al principio de publicidad es de recordar que la Administración tiene el deber de hacer públicas las informaciones de actividades públicas o privadas que tengan relación con el medio ambiente, dado que media un interés público. Para el autor español Martín Mateo, la información o publicación de los datos es la base sobre la que se asienta igualmente la acción protectora de las Administraciones Públicas, la educación ambiental y la investigación (Tratado de Derecho Ambiental, España, 1991). El artículo treinta de la carta fundamental garantiza el acceso a los departamentos administrativos con propósitos información sobre asuntos de interés público. Sin embargo, en materia medioambiental el concepto de información y acceso adquiere una nueva dimensión y se entiende como el derecho del individuo o colectividad de solicitar información y de ser informado por cualquier ente u órgano estatal sobre cualquier proyecto que pueda afectar su derecho de un ambiente sano y ecológicamente equilibrado (Calzada, Ana Virginia, Garantías e Implicaciones Constitucionales del Medio Ambiente, en Apuntes sobre el Sector Justica al Derecho Ambiental, Costa Rica, 1997, p. 286).  A su vez el principio de restaurabilidad se aplica en presencia de la responsabilidad civil por la generación de una lesión, la sanción al responsable puede ser la indemnización de los daños y perjuicios ocasionados (compensación) o la reparación a su estado originario de la situación alterada por la infracción. La doctrina ha sostenido, que a diferencia de otros ámbitos en los cuales en general existe la opción de reponer o no la cosa dañada, en materia ambiental la efectiva restauración es imprescindible y no opcional para el administrador del bien dañado, esto en particular por la titularidad común de los bienes ambientales dado que no puede dañarse el medio ambiente y destinar su compensación económica para otros usos (Loperena, 1998, p. 73). Sin embargo, es claro que la reparación será sanción en la medida que esta sea posible.  Los artículos cincuenta y tres y cincuenta y cuatro de la Ley de la Biodiversidad contienen este principio, y de este modo se obliga al Estado [incluyendo a las instituciones autónomas] a tener como principio de actuación la restaurabilidad, mediante la obligación de fomento y en caso de que ya se hubiese producido el daño ambiental procurar tanto se recuperación, rehabilitación como la restauración del mismo. Por su parte la regla El que contamina, paga” s egún la doctrina, en el Derecho Ambiental se ha consagrado el principio de la responsabilidad extracontractual objetiva, sin que se examine la culpa o negligencia del agente causante del daño ambiental (Loperena, 1998, p. 64), la cual podría pensarse que se encuentra incluida dentro de la responsabilidad ambiental de la Ley Orgánica del Ambiente establecida en el artículo dos inciso d) [referente a los principios en materia ambiental], la cual es una cláusula amplia de responsabilidad al señalar que: “ Quien contamine el ambiente o le cause daño será responsable, conforme lo establezcan las leyes de la República y los convenios internacionales vigentes”. El origen de este principio es anglosajón y se debe entender de la siguiente manera: “Conforme al principio ‘quien contamina paga’, se entiende por responsable de la contaminación, (...), por agente contaminador a la persona física o jurídica sometida a derecho privado o público que directa o indirectamente deteriora el medio ambiente o crea las condiciones para que se produzca dicho deterioro, tratándose de evitar en principio que la política de protección del medio ambiente se base en subvenciones y ayudas estatales y que se atribuya a la Comunidad la carga de la lucha contra la contaminación, siendo imputable al contaminado el costo de las medidas necesarias para la eliminación de la contaminación o para su reducción hasta estándares o medidas equivalentes de objetivos de calidad ambiental.” (Ibídem, p. 67). Este principio implicaría para el contaminador el pago y cumplimiento de las medidas cautelares que se decreten; el cese de la actividad contaminante o su modificación; el pago de las multas pertinentes; y la reparación e indemnización de los daños y perjuicios ocasionados. Referente a la  realización del estudio de impacto ambiental previo a la iniciación de obras aunque a simple vista más que un principio se podría decir que se trata de una obligación, la doctrina lo ha considerado como un principio, cuyo fundamento constitucional se extrae del mandato cincuenta de la carta fundamental, en el tanto que obliga al Estado a garantizar, defender y preservar el derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado. En el Derecho Ambiental las medidas preventivas tienen una importancia vital; ya que prevenir es siempre mejor que reparar el daño ocasionado, por cuanto restablecer la naturaleza a su estado anterior no es tarea fácil. Dentro de las medidas preventivas se encuentra el estudio de impacto ambiental, el cual es obligatorio para el Estado y los particulares. En nuestro país la primera normativa de carácter legal que involucra este concepto es el Código de Minería, promulgado mediante Ley Número 6797. En el artículo ciento uno se contempla que “con el objeto de garantizar un aprovechamiento racional de los recursos nacionales y de proteger sus usos futuros, los concesionarios deberán efectuar estudios de impacto ambiental de sus actividades, en forma previa y pública. Estos estudios deberán ser efectuados por personal técnico calificado, mediante las normas suministradas por el Estado, y si los estudios se consideraran deficientes podrán ser rechazados por el organismo gubernamental de control.” (Lo resaltado no corresponde al original). Asimismo, el Reglamento al Código de Minería contiene en su artículo treinta y cuatro y siguientes lo establecido por la Comisión Gubernamental de Control Ambiental sobre los Estudios de Impacto Ambiental. Por otro lado, la Ley de Conservación de Vida Silvestre en el numeral 26 establece la facultad de la “Dirección General de Vida Silvestre del Ministerio de Recursos Naturales, Energía y Minas para otorgar permisos de importación de especies de Vida Silvestre. Toda solicitud para esos permisos deberá presentarse, ante esa Dirección, con una evaluación de impacto ambiental la que, para los efectos de esta Ley, se considerará documento público y deberá incluirse los siguientes requisitos...”. Posteriormente, con la Ley de Hidrocarburos, se vino a establecer lo relativo a la protección ambiental, estipulándose la obligación de realizar un Estudio de Impacto Ambiental para el desarrollo de las actividades de exploración y explotación de hidrocarburos. Éste desarrollo normativo, logra en mil novecientos noventa y cinco un importante y significativo avance con la publicación de la Ley Orgánica del Ambiente, en la cual se incluyeron una variedad de normas relacionadas con el Estudio de Impacto Ambiental, y se crea así la Secretaría Técnica Nacional Ambiental.  De tal manera el artículo diecisiete de este cuerpo de normas dispone que las actividades humanas que alteren o destruyan elementos del ambiente o generen residuos materiales tóxicos o peligrosos, requieran de una evaluación de impacto ambiental por parte de la Secretaria Técnica Ambiental (SETENA). Por otro lado, éste principio también ha sido recogido por una serie de instrumentos internacionales, como lo es la Declaración de Río, que en su principio diecisiete contempló que “deberá emprenderse una evaluación de impacto ambiental, en calidad de instrumento nacional, respecto de cualquier actividad propuesta que probablemente haya de producir un impacto negativo considerable en el medio ambiente y que esté sujeta a la decisión de una autoridad nacional competente.” En el Convenio sobre Diversidad Biológica y sus Anexos I y II establece que “ Cada Parte Contratante, en la medida de lo posible y según proceda: Establecerá procedimientos apropiados por los que exija la evaluación del impacto ambiental de sus proyectos propuestos que puedan tener efectos adversos importantes para la diversidad biológica con miras a evitar o reducir al mínimo esos efectos, y cuando proceda, permitirá la participación del público en esos procedimientos...”   Por su parte la Sala Constitucional ha realizado un significativo aporte al disponer que “el Estudio de Impacto Ambiental se establece como el instrumento idóneo que tiene el Estado para garantizar el equilibrio entre la conservación de los recursos naturales, y el desarrollo del ser humano en forma sostenible. De este modo, la actividad humana que conlleve la intervención, alteración o destrucción del medio ambiente, debe ajustarse a lo que ambientalmente resulte más beneficioso para el Estado y la comunidad, o la de grupos que puedan verse afectados.” Ahora bien, el Estudio de Impacto Ambiental no puede eximirse de los proyectos de desarrollo, de explotación o exploración; ni por ley y menos aún por ninguna norma de rango inferior, precisamente por tener fundamentación en la Constitución Política. Por último debe señalarse que la realización del Estudio de Impacto Ambiental no implica la puesta en funcionamiento del proyecto en cuestión, toda vez que se trata de un requisito previo y que, necesariamente debe cumplirse en los casos estipulados. En cuanto al principio de que sólo el Estado de Necesidad declarado excepciona el cumplimiento de las normas ambientales más que un principio se puede tomar como una regla, ya que se determina que la única excepción al cumplimiento de las normas y principios en materia ambiental lo sería el estado de necesidad, ya que el Estado es el llamado a preservar el orden público. Por lo anterior, es que se debe decir que el fundamento de este “principio” lo sería el Estado de Necesidad; es decir, la misma necesidad se convierte en el fundamento. De tal manera, ante la presencia de situaciones transitorias y urgentes en las que se hace necesario la continuidad de los servicios públicos, se permite la dispensa de la normativa ambiental; bastaría con que se produzca el hecho determinante, como por ejemplo, una inundación, un terremoto, una epidemia, o bien, que se tenga un alto grado de certeza que se va a producir el hecho para que se pueda declarar el Estado de Necesidad. Así las cosas, le es permitido a la Administración Pública adoptar una conducta sin cumplir con una disposición en materia ambiental. Por ejemplo, la construcción de un puente sin la realización del Estudio de Impacto Ambiental, o bien, la realización de algún proyecto sin que se cuente con un permiso de salud. Por otra parte, no se debe confundir el Estado de Necesidad con la Contingencia, la cual se puede definir como aquel hecho futuro que puede o no producirse. En estos casos no es posible la dispensa de la normativa ambiental, toda vez que no se tiene certeza que el hecho se va a producir. En ese sentido, la Sala Constitucional ha dispuesto que “es contraria al Derecho de la Constitución, no sólo la normativa, sino la actuación de las instituciones públicas que dispensen los trámites y procedimientos ordinarios para la actuación ordinaria de la Administración.\" (Voto 6503-2001). En consecuencia, “ para que se entienda de desarrollo constitucional la medida de emergencia, ésta debe atender única y exclusivamente a darle solución a la situación de emergencia que la motiva, y tener –además- como propósito el bien común: esto es, debe ser justa y además razonable (proporcionada en sentido estricto)”.(voto 6322-2003 de la Sala Constitucional). Mientras que con respecto al principio que la falta de recursos económicos de las instituciones públicas no es excusa que justifique la omisión de dar protección al Derecho Ambiental es una premisa desarrolla con el avance progresivo de los derechos económicos y sociales; y de la aplicación del principio de la prohibición del retroceso social. En términos de la Sala Constitucional “la falta de presupuestos (recursos económicos, materiales y/o personal calificado) no puede constituirse en un límite entre el respeto y la violación de los derechos fundamentales, es decir, no puede ser motivo para que la Administración no actúe y tome acciones concretas a fin de que a través de su gestión encuentre solución a los problemas que los particulares les requieran en materia ambiental...”(voto 6322-2003 de la Sala Constitucional). No se debe dejar de lado un aspecto vital, y es el hecho que este enunciado se debe analizar conjuntamente con el principio de equilibrio presupuestario, por cuanto la Administración Pública está obligada a cumplir el equilibrio en el presupuesto. De tal manera, se presenta un interesante fenómeno, ya que por una parte se establece la obligación del Estado de proteger el ambiente, sin que pueda excusarse en la falta de recursos para dejar de cumplirlo, y por otra parte, la situación que la Administración, abruptamente, no puede romper con el equilibrio presupuestario para cumplir con sus deberes y obligaciones constitucionales. Consecuentemente, resulta necesario buscar la manera en que se pueda cumplir con ambos enunciados, de tal forma que se garantice la protección al ambiente y además se cumpla con el equilibrio presupuestario. Es decir, se requiere de una aplicación armónica, integral entre ambos postulados. Es conveniente indicar que en la mayoría de los casos la falta de presupuesto es más consecuencia de la línea política imperante en la materia, que a la inexistencia del recurso mismo. Mientras que con respecto al principio de la Coordinación entre las diferentes dependencias de la Administración Pública deriva del principio de la Unidad Estatal. Así se desprende de la jurisprudencia constitucional que al respecto ha consignado que “la protección del medio ambiente es una tarea que corresponde a todos por igual , es decir, que existe una obligación para el Estado –como un todo- de tomar las medidas necesarias para proteger el medio ambiente, a fin de evitar grados de contaminación, deforestación, extinción de flora y fauna, uso desmedido o inadecuado de los recursos naturales, que pongan en peligro la salud de los administrados.” (Ibídem, lo resaltado no corresponde al original). En España este enunciado está contenido expresamente en la Constitución Política en los numerales ciento cuarenta y ocho y ciento cuarenta y nueve; y se denomina el Principio de Coordinación Orgánica; el cual se basa en el dato de que la Constitución atribuye la función de protección de los recursos naturales con carácter compartido al Estado y las Comunidades Autónomas. La coordinación se produce cuando un problema desborda la competencia de un ente, y por esta razón se hace necesaria la coordinación con la entidad o el órgano público que corresponda y se ha definido como “la ordenación de las relaciones entre estas diversas actividades independientes, que se hace cargo de esa concurrencia en un mismo objeto o entidad, para hacerla útil a un plan público global, sin suprimir la independencia recíproca de los sujetos agentes .” (Ibídem, lo resaltado no corresponde al original). En el ordenamiento jurídico costarricense, a nivel legal, se consagra el presente principio en el artículo 3 de la Ley Orgánica del Ambiente y a nivel internacional se ha enunciado, entre otros, en la Declaración de Estocolmo sobre el Medio Humano al contemplar que “a fin de lograr una más racional ordenación de los recursos y mejorar las condiciones ambientales, los Estados deberían adoptar un enfoque integrado y coordinado de la planificación de su desarrollo de modo que quede asegurada la compatibilidad del desarrollo con la necesidad de proteger y mejorar el medio humano en beneficio de su población.” De lo señalado, se extrae la necesaria coordinación estatal para lograr el cambar cumplimiento de las obligaciones constitucionales, importancia que se vuelve aún más importante al tratarse de la protección y preservación del medio ambiente. En este sentido, si bien existe un órgano rector en la materia, como lo es el MINAE, se hace necesaria la colaboración de otras instancias o dependencias, este Ministerio está facultado para integrar a todos aquellos involucrados, como lo son las municipalidades, que en ciertas materias son incluso las únicas con la competencia. Referente a que la lesión a este Derecho Ambiental se da tanto por acción como por omisión se desprende de la propia Constitución Política en el ya tantas veces citado artículo cincuenta, ya que como lo ha señalado la Sala Constitucional “ las omisiones al deber de protección del medio ambiente y de cumplimiento de la normativa ambiental son de relevancia constitucional, por cuanto a consecuencia de la inercia de la Administración en esta materia, se puede producir un daño al medio ambiente y a los recursos naturales, a veces, de similares o mayores consecuencias, que de las derivadas de las actuaciones de la Administración.” (Ibídem). En ese sentido, podría incluso pensarse en la omisión en el dictado de una ley indispensable para la protección del derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado, o bien, llevar a cabo una construcción sin la aprobación del Estudio de Impacto Ambiental; o lo ejercer los deberes de vigilancia; los cuales son apenas algunos ejemplos en los que la inactividad de la Administración, tanto formal como material, puede provocar daños graves al ambiente, muchas veces mayores que los que se producen por medio de acciones. Con respecto a la inoperancia del silencio positivo en materia de utilización de recursos naturales como es sabido, el silencio positivo es un instrumento propio del derecho administrativo y opera en toda aquella actividad fiscalizadora del Estado, cuando luego de transcurrido un plazo prudente, que en nuestro ordenamiento jurídico es de un mes [salvo norma que disponga plazo contrario] después de presentada la solicitud, la Administración no fiscaliza la actividad, entonces se entiende por otorgada. Se presenta para los permisos, autorizaciones, licencias, de conformidad con los numerales trescientos treinta y trescientos treinta y uno de la Ley General de la Administración Pública. No obstante, esta regla no resulta de aplicación en materia ambiental, ya que está por encima el derecho constitucional a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado. Sobre la materia, la Sala Constitucional ha señalado que: “...estas reglas –silencio positivo- no son de aplicación en materia de permisos de aprovechamiento de los recursos naturales (forestales, mineros, marinos, aguas de la Nación, fuerzas que derivan de los recursos hídricos, etc.), [...], precisamente en virtud del valor superior (interés público) de la tutela del ambiente, y precisamente por la conceptualización del derecho ambiental como un derecho fundamental [...]” (Op. Cit). Este principio fue consagrado por la Sala Constitucional para los recursos forestales, sin embargo, dado que la protección se da para toda la naturaleza se entiende que rige para toda la materia ambiental, ya que la no aplicación del silencio positivo en materia ambiental, podría señalarse, que encuentra su justificación en el valor superior, o sea, el interés público, de la tutela del ambiente como un derecho fundamental. A nivel legal, se ha consagrado este “principio” de manera expresa como en la Ley Forestal es una de ellas, al disponer, de una forma muy amplia y clara, que en materia de recursos naturales no opera el silencio positivo.  El problema es que debería encontrarse de manera más directa y expresa su consagración como principio, ya que como es sabido una de las formas de proteger el ambiente es precisamente impidiendo que por la inercia de la Administración se puedan tener por otorgados permisos para la explotación de los recursos naturales, que generarían, en muchos, casos daños irreparables al medio ambiente o incluso la pérdida de algunos de sus componentes. Por último, en cuanto a la participación ciudadana en los asuntos ambientales se consagra en un principio cuyo fundamento se extrae de los artículos veintisiete, treinta y cincuenta constitucionales, por cuanto los ciudadanos tienen derecho al acceso a la información de que se dispone y a la divulgación de ella para la toma de decisiones. La participación ciudadana constituye una consecuencia del principio democrático y abarca el derecho a la información relativa a los proyectos ambientales o que puedan causar una lesión a los recursos naturales y el medio ambiente y la garantía de una efectiva participación en la toma de decisiones. Por su parte, el artículo diez de la Convención de Río elevó la participación a rango de principio en materia ambiental al disponer que “el mejor modo de tratar las cuestiones ambientales es con la participación de todos los ciudadanos interesados, en el nivel que corresponda. En el plano nacional, toda persona debe tener adecuada formación sobre el medio ambiente que dispongan las autoridades públicas, incluida la información sobre los materiales y las actividades que encierran peligro en sus comunidades, así como la oportunidad de participar en los procesos de adopción de decisiones. Los estados deberán facilitar y fomentar la sensibilización y la participación de la población poniendo la información a disposición de todos. Deberá proporcionarse acceso efectivo a los procedimientos judiciales y administrativos, entre éstos el resarcimiento de daños y los recursos pertinentes.” (Lo resaltado no corresponde al original). En el Derecho Español su propia Constitución contiene la participación ciudadana en el artículo ciento veintinueve punto uno al señalar que “ La Ley establecerá las formas de participación de los interesados en la Seguridad Social y en la actividad de los Organismos públicos cuya función afecte directamente a la calidad de la vida o al bienestar general.” Además de la fundamentación constitucional, en nuestro ordenamiento, la Ley Orgánica del Ambiente contempla este principio al igual que el Reglamento sobre Procedimientos de la Secretaría Técnica Nacional Ambiental, incluso establecen la realización de una audiencia pública en el procedimiento del Estudio de Impacto Ambiental; pero el ordenamiento jurídico costarricense no está al margen de este importante postulado, ya que en un Estado Democrático de Derecho como el nuestro, la participación de la población es uno de los pilares fundamentales y debería fortalecerse más.\n\nV.- EN CUANTO AL DOMINIO PÚBLICO EN EL DERECHO AL AGUA: La Constitución Política en el artículo ciento veintiuno inciso catorce, señala: \" (...) Además de las otras atribuciones que le confiere esta Constitución, corresponde exclusivamente a la Asamblea Legislativa: (...) 14) Decretar la enajenación o la aplicación a usos públicos de los bienes propios de la Nación (...)\".  Esta disposición constitucional ha sido desarrollada en el Código Civil, en los artículos doscientos sesenta y uno al doscientos sesenta y tres; el primero de ellos indica: \"Son cosas públicas las que, por ley, están destinadas de un modo permanente a cualquier servicio de utilidad general, y aquellas de que todos pueden aprovecharse por estar entregadas al uso público. Todas las demás cosas son privadas y objeto de propiedad particular, aunque pertenezcan al Estado o a los Municipios, quienes para el caso, como personas civiles, no se diferencian de cualquier otra persona\". Por su parte el canon siguiente agrega: \"Las cosas públicas están fuera del comercio; y no podrán entrar en él, mientras legalmente no se disponga así, separándolas del uso público a que estaban destinadas\". Así, como dominio público se entiende el conjunto de bienes sujeto a un régimen jurídico especial y distinto al que rige el dominio privado, que además de pertenecer o estar bajo la administración de personas jurídicas públicas, están afectados o destinados a fines de utilidad pública y que se manifiesta en el uso directo o indirecto que toda persona pueda hacer de ellos.  No está demás agregar a esa definición la existencia del patrimonio público, entendido este, como la existencia de una serie de bienes que por disposición del constituyente, o derivado de este (normalmente dispuesto positivamente en una ley ordinaria) son patrimonio de la nación en administración del Estado, quien eventualmente podría otorgar alguna situación jurídica a partir de ellos. En estos casos, ese patrimonio no está a disposición de la colectividad de manera directa o indirecta, o incluso afecta a un servicio público; normalmente presentan un considerable valor económico, y La Nación lo ha reservado para sí en provecho de la colectividad. Conforme la normativa legal citada, el Estado posee tanto bienes de dominio público, como privado; los bienes públicos son aquéllos a los cuales una ley les da un destino para uso público o general, se les denomina \"demaniales\" y son inalienables, imprescriptibles, inembargables e indenunciables. La lógica de los bienes públicos es que su dominio antecede al Estado mismo, de suerte que son de La Nación en cuanto requisito para la convivencia en sociedad, El Estado se limita a administrarlo, lo que como regla de principio impide que puedan salir de la esfera pública. Es decir, afectados por su propia naturaleza y vocación (Ver Sala Constitucional, voto 2306-91 de las 14:45 horas del 6 de noviembre de 1991). Se dice que son de La Nación es cuando que el Estado se limita a su resguardo y protección, sin que en principio pueda disponer de ellos. Estos bienes se encuentran fuera del comercio de los hombres y consecuentemente tienen una naturaleza y régimen jurídico diverso de los bienes privados –los cuales se rigen por el derecho de propiedad en los términos del artículo 45 de la Constitución Política–, en tanto, por expresa voluntad del legislador o por su misma esencia se encuentran afectos a un destino especial de servir a la comunidad de manera directa o indirecta, o constituyen patrimonio del Estado, sea al interés público, y que por ello, no pueden ser objeto de propiedad privada, por lo cual, no pueden pertenecer individualmente a los particulares, ni al Estado, en sentido estricto, por cuanto éste se limita a su administración y tutela. Así, lo que define la naturaleza jurídica de los bienes demaniales es su destino, en tanto se afectan y están al servicio del uso público, según lo ha reconocido la doctrina en la materia, así, Marienhoff, Miguel S., en su obra Tratado de Derecho Administrativo (Tomo V. Abeledo-Perrot. Buenos Aires. 1992., pág. 25), consideró: \" Para que un bien o cosa sea considerado como dependencia del dominio público, y sea sometido al régimen pertinente, es menester que dicho bien o cosa estén afectados al «uso público», directo o indirecto, debiendo tratarse, en este «último» supuesto, de cosas afectadas directamente -como «bienes finales» o «bienes de uso»- a la utilidad o comodidad común, quedando excluidos de la dominialidad de los bienes el Estado que revistan carácter simplemente instrumental.\" Por otra parte, los bienes privados del Estado, se regularan por el derecho privado con elementos propios del derecho público. Estos bienes, si están dentro del comercio de los hombres; pueden ser traspasados, apropiados, y no son imprescriptibles; por ende, son susceptibles de usucapión en beneficio de particulares, de conformidad con el artículo doscientos sesenta y uno ya indicado.  Nótese que el énfasis de la diferenciación se da en relación al destino del bien, sea, al hecho de estar afectos a un uso común o al servicio del bien común (ver Sala Constitucional en sentencia número 2301-91, de 6 de noviembre de 1991 mil novecientos noventa y uno y 2000-06903 de las 15:48 horas del 8 de agosto de 2000).  Como ya se adelantó, por su especial naturaleza jurídica, presentan los siguientes atributos: son imprescriptibles, lo cual implica que por el transcurso del tiempo, no puede adquirirse el derecho de propiedad sobre ellos, ni siquiera de mera posesión, es decir, no pueden adquirirse mediante la usucapión, así como tampoco pueden perderse por prescripción; motivo por el cual los permisos de uso que la Administración conceda sobre ellos, siempre tienen un carácter precario, lo cual hace que puedan ser revocadas por motivos de oportunidad o conveniencia en cualquier momento por la Administración –en los términos previstos en los artículos 154 y 155 de la Ley General de la Administración Pública–; y las mismas concesiones que se otorguen sobre ellos para su aprovechamiento, pueden ser canceladas, mediante procedimiento al efecto; son inembargables, que hace que no pueden ser objeto de ningún gravamen o embargo, ni por particulares, ni por la Administración; y son inalienables, lo que se traduce en la condición de que están fuera del comercio de los hombres; de donde no pueden ser enajenados, vendidos o adquiridos, ni a título gratuito ni oneroso, ni por particulares, ni por el Estado, de modo que están excepcionados del comercio los hombres y sujetos a un régimen jurídico especial y reforzado. Además su uso y aprovechamiento está sujeto al poder de policía, en tanto, por tratarse de bienes que no pueden ser objeto de posesión, y mucho menos de propiedad, su utilización y aprovechamiento es posible únicamente a través de actos debidamente autorizados, sea mediante concesión o permiso de uso, otorgado por la autoridad competente; y al control constante de parte de la Administración Pública.  Un bien público puede ser natural o artificial, según se trate de bienes declarados públicos por el legislador considerándolos en el estado en que la naturaleza los presenta u ofrece (un río por ejemplo), o de bienes declarados públicos por el legislador pero cuya creación o existencia depende de un hecho humano (construcción de una calle o un parque público, por ejemplo). La afectación es el hecho o la manifestación de voluntad del poder público, en cuya virtud la cosa queda incorporada al uso y goce de la comunidad y puede efectuarse por ley o por acto administrativo. La doctrina hace la distinción entre “asignación del carácter público” a un bien con la “afectación” de ese bien al dominio público. La asignación del carácter público significa establecer que ese bien determinado tendría calidad demanial; así, por ejemplo, la norma jurídica general diría que todas las vías públicas son integrantes o dependientes del dominio público y ello quiere decir que lo son las actuales y las que se lleguen a construir. En cambio, la afectación significa que el bien declarado dominical queda efectivamente incorporado al uso público y esto tiene que ver con la aceptación y recibo de obras públicas cuando se construyen por administración o por la conclusión de las obras y su recibo oficial, cuando es un particular el que las realiza (construcción de una urbanización o fraccionamiento, por ejemplo).- Es por esto que se dice que la afectación puede ser declarada por ley en forma genérica, o bien por un acto administrativo, el cual, necesariamente, deberá conformarse con la norma jurídica que le sirve de referencia (principio de legalidad). Como consecuencia de lo dicho en el punto anterior, es manifiesto que el régimen demanial es per se. Su existencia y publicidad se da con autonomía del Registro, sin que sea dable al titular registral alegar desconocimiento como medio para desvirtuarlo y contrarrestar la afectación. Los principios de inalienabilidad e imprescriptibilidad que caracterizan el dominio público impiden que en su contra pueda esgrimirse la figura del tercero registral para consolidar la propiedad privada ilícitamente sustraída de ese régimen. El demanio tiene publicidad legal y en muchos casos natural. Lo anterior va aparejado al principio de inmatriculación de los inmuebles componentes del dominio público, el cual cuenta con una publicidad material y no necesariamente formal o registral. Frente al dominio público, las detentaciones privadas adolecen de valor debilitado, por prolongadas que sean en el tiempo y aunque aparezcan amparadas por asientos del Registro de la Propiedad. La condición de bien de dominio público y uso público afecta a tercero, aunque tal cualidad no resulte del Registro de la Propiedad. Se trata de bienes que, por su naturaleza, no necesitan de la inscripción registral (Voto 019-2009-SVII, Tribunal Contencioso Administrativo, Sección Séptima). Nótese, que dicho principio como excepción al principio de publicidad registral tiene su fundamento, en que los bienes de dominio público gozan de publicidad material y por ende no es necesaria su publicidad registral, en el tanto los bienes de dominio público por su naturaleza, no son sujetos a dicho instituto.  Adicionalmente, existe la figura de la \"desafectación\", que se trata de \" la situación jurídica por la que un bien deja de pertenecer al dominio público (...) los bienes que son desafectados se convierten, en principio, en bienes patrimoniales de la Administración titular, que, en su caso, podrá enajenarlos (...)\"(voto 035-2009-SVII, Tribunal Contencioso Administrativo); situación que en sana lógica solo podría ocurrir en aquellos que han sido declarados como tales por ley, pues en los que su condición es intrínseca tal posibilidad resultaría vedada.  Antes de orientar la argumentación más en concreto sobre el punto que nos ocupa, es manifiesto que cuando el bien demanial ha sido creado por un particular o representa una afectación especialmente intensa que no está obligado a soportar este, dicho carácter no inhibe la obligación de asumir responsabilidad por parte de la Administración, a fin de permitir el equilibrio en las cargas públicas.  Ahora bien, con respecto al agua, la Sala Constitucional, en voto n.° 5606-06, se reconoció la condición de derecho humano al señalar:\n\n“VII.- El acceso al agua potable como derecho humano . Adicionalmente a lo señalado, y tal vez el aspecto más relevante en este tema, lo constituye la naturaleza y función del agua para la vida humana. No es necesario detallar aquí una explicación sobre la realidad evidente y notoria de que sin agua no puede haber vida, ni calidad de vida, y que por lo tanto, con ley o sin ley de nacionalización, por su propia esencia, este tema, no es ni puede ser un tema territorial o local. La propia Sala en su jurisprudencia constitucional ha dicho que el acceso al agua potable es un derecho humano fundamental, en cuanto se configura como un integrante del contenido del derecho a la salud y a la vida. (SALA CONSTITUCIONAL, sentencias números 534-96, 2728-91, 3891-93, 1108-96, 2002-06157 2002-10776; 2004-1923). Esta misma línea se ha mantenido en las sentencias 2003-04654 y 2004-07779, que en lo que interesa señalan:  // ‘V.- // La Sala reconoce, como parte del Derecho de la Constitución , un derecho fundamental al agua potable, derivado de los derechos fundamentales a la salud, la vida, al medio ambiente, a la alimentación y la vivienda digna, entre otros, tal como ha sido reconocido también en instrumentos internacionales sobre Derechos Humanos aplicables en Costa Rica: así, figura explícitamente en la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (art. 14) y la Convención sobre los Derechos del Niño (art. 24); además, se enuncia en la Conferencia Internacional sobre Población y el Desarrollo de El Cairo (principio 2), y se declara en otros numerosos del Derecho Internacional Humanitario. En nuestro Sistema Interamericano de Derechos Humanos, el país se encuentra particularmente obligado en esta materia por lo dispuesto en el artículo 11.1 del Protocolo Adicional a la Convención Americana sobre Derechos en Materia de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (“Protocolo de San Salvador” de 1988), el cual dispone que: “Artículo 11. Derecho a un medio ambiente sano 1.-Toda persona tiene derecho a vivir en un medio ambiente sano y a contar con servicios públicos básicos’. La carencia de recursos no justifica el incumplimiento de los cometidos de las administraciones públicas en la prestación de este servicio básico. (SALA CONSTITUCIONAL, resoluciones 2003-04654 y 2004-007779). // Por su parte, como bien lo reconocen tanto la Procuraduría como el representante del AyA en sus informes, en el campo internacional también es mayoritario el reconocimiento del agua como derecho humano y como una pre-condición necesaria para todos nuestros derechos humanos. Se sostiene que sin el acceso equitativo a un requerimiento mínimo de agua potable, serían inalcanzables otros derechos establecidos -como el derecho a un nivel de vida adecuado para la salud y para el bienestar, así como de otros derechos civiles y políticos. En noviembre del 2002, el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas afirmó que el acceso a cantidades adecuadas de agua limpia para uso doméstico y personal es un derecho humano fundamental de toda persona. Asimismo en el Comentario General No. 15 sobre el cumplimiento de los artículos 11 y 12 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, el Comité hizo notar que ‘el derecho humano al agua es indispensable para llevar una vida en dignidad humana. Es un pre-requisito para la realización de otros derechos humanos’. Se enfatiza también que los Estados miembros del Pacto Internacional tienen el deber de cumplir de manera progresiva, sin discriminación alguna, el derecho al agua, el cual da derecho a todos a gozar de agua suficiente, físicamente accesible, segura y aceptable para uso doméstico y personal. // Por su parte se han dado varias conferencias internacionales entre las que destaca la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Agua llevada a cabo en Mar de Plata en 1977 que reconoció que todos los pueblos tienen derecho al acceso a agua potable para satisfacer sus necesidades básicas. También, la Declaración sobre el Derecho al Desarrollo, adoptada por la Asamblea General de la ONU, de 1986 incluye un compromiso por parte de los Estados de asegurar la igualdad de oportunidades para todos para disfrutar de los recursos básicos.  // El concepto de satisfacer las necesidades básicas de agua se fortaleció más durante la Cumbre de la Tierra de 1992 en Río de Janeiro. En la Agenda 21, los gobiernos acordaron que \"al desarrollar y usar los recursos hídricos, debe darse prioridad a la satisfacción de las necesidades básicas y a la conservación de los ecosistemas. De igual forma, en el Plan de Implementación adoptado en la Cumbre de Johannesburgo en el 2002, los gobiernos se comprometieron a \"emplear todos los instrumentos de políticas, incluyendo la regulación, el monitoreo..... y la recuperación de costos de los servicios de agua,\" sin que los objetivos de recuperación de costos se conviertan en una barrera para el acceso de la gente pobre al agua limpia. Asimismo existen decenas de instrumentos internacionales que directa e indirectamente tienen que ver con el agua como un derecho humano de todas las personas y pueblos, de tal forma que no sólo es un tema que por su naturaleza tiende a la nacionalización, sino a la internacionalización de su uso y aprovechamiento”.\n\nVéase como más allá del sustento normativo, el carácter demanial del agua es una consecuencia necesaria del imperioso requerimiento que presenta para la vida humana, lo que lleva aparejado que el norte normativo interno se sustente en el artículo veintiuno constitucional. A nivel infra constitucional, su demaniabilidad viene regulada inicialmente en la Ley de Aguas, número 276, de veintiséis de agosto de mil novecientos cuarenta y dos:\n\n\"Artículo 1º.- Son aguas del dominio público: // I.- Las de los mares territoriales en la extensión y términos que fija el derecho internacional;  // II.- Las de las lagunas y esteros de las playas que se comuniquen permanente o intermitentemente con el mar; // III.- Las de los lagos interiores de formación natural que estén ligados directamente a corrientes constantes; // IV.- Las de los ríos y sus afluentes directos o indirectos, arroyos o manantiales desde el punto en que broten las primeras aguas permanentes hasta su desembocadura en el mar o lagos, lagunas o esteros;  // V.- Las de las corrientes constantes o intermitentes cuyo cauce, en toda su extensión o parte de ella, sirva de límite al territorio nacional, debiendo sujetarse el dominio de esas corrientes a lo que se haya establecido en tratados internacionales celebrados con los países limítrofes y, a falta de ellos, o en cuanto a lo no previsto, a lo dispuesto por esta ley;  // VI.- Las de toda corriente que directa o indirectamente afluyan a las enumeradas en la fracción V; // VII.- Las que se extraigan de las minas, con la limitación señalada en el artículo 10; // VIII.- Las de los manantiales que broten en las playas, zonas marítimas, cauces, vasos o riberas de propiedad nacional y, en general, todas las que nazcan en terrenos de dominio público; // IX.- Las subterráneas cuyo alumbramiento no se haga por medio de pozos; y // X.- Las aguas pluviales que discurran por barrancos o ramblas cuyos cauces sean de dominio público.\n\n Artículo 2º.- Las aguas enumeradas en el artículo anterior son de propiedad nacional y el dominio sobre ellas no se pierde ni se ha perdido cuando por ejecución de obras artificiales o de aprovechamiento anteriores se alteren o hayan alterado las características naturales.\n\nExceptúanse las aguas que se aprovechan en virtud de contratos otorgados por el Estado, las cuales se sujetarán a las condiciones autorizadas en la respectiva concesión. .\"\n\n \n\nPor su parte para cuando acaeció el otorgamiento de la concesión estaba vigente, la Ley 258 del dieciocho de agosto de mil novecientos cuarenta y uno, Ley del Servicio Nacional de Electricidad, que señalaba:\n\n“Artículo 1: Todas las aguas de la República, que no sean dominio privado de acuerdo con la Ley de Aguas vigente, … son inalienable y del dominio, gobierno y vigilancia del Estado”\n\n \n\nAbona a lo dicho lo dispuesto por el artículo cuarto del Código de Minería (Ley 6797 del 4 de octubre de 1982) que señala:\n\n“Artículo 4.- ….  las aguas subterráneas y superficiales, se reservan para el Estado y sólo podrán ser explotados por éste, por particulares de acuerdo con la ley, o mediante una concesión especial otorgada por tiempo limitado y con arreglo a las condiciones y estipulaciones que establezca la Asamblea Legislativa.\n\nLos recursos naturales existentes en el suelo, en el subsuelo y en las aguas de los mares adyacentes al territorio nacional, en una extensión de hasta doscientas millas a partir de la línea de baja mar, a lo largo de las costas, sólo podrán ser explotados de conformidad con lo que establece el inciso 14) ( último párrafo ) del artículo 121 de la Constitución Política.”\n\n \n\nEn cuanto a la Administración del recurso, la derogada Ley número 258 de dieciocho de agosto de mil novecientos cuarenta y uno, creo el Servicio Nacional de Electricidad  para ejercer el dominio, aprovechamiento, utilización, gobierno y vigilancia de varios recursos entre ellos todas las aguas. Facultándolo el numeral sexto para dar concesiones o derechos de aguas, norma que es coherente con la Ley de Aguas ya señalada que en artículo diecisiete establece que “Es necesaria autorización para el aprovechamiento de aguas públicas, especialmente dedicadas a empresas de interés público o privado. Esa autorización la concederá el Servicio Nacional de Electricidad en la forma en que se prescribe en la presente Ley..”, lo que es reafirmado por el artículo setenta de la ley 16 del treinta de octubre de mil novecientos cuarenta y uno. Por su parte la ley Nº 2726 de catorce de abril de mil novecientos sesenta y uno y sus reformas -en especial las de la ley No. 5915 de 12 de julio de 1976-, \"Ley Constitutiva del Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados\" indica:\n\n\"Artículo 1.- Con el objeto de dirigir, fijar políticas, establecer y aplicar normas, realizar y promover el planeamiento, financiamiento y desarrollo y de resolver todo lo relacionado con el suministro de agua potable y recolección y evacuación de aguas negras y residuos industriales líquidos, lo mismo que el aspecto normativo de los sistemas de alcantarillado pluvial en áreas urbanas, para todo el territorio nacional se crea el Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados, como institución autónoma del Estado.” (Así reformado por Ley Nº 5915 de 12 de julio de 1976, artículo 1º) \n\n \n\nComo se puede extraer de los artículos supra transcritos y de la lectura integral de la leyes respectivas, el S.N.E. tenía como finalidad en este campo, representar y ejercer en nombre del Estado el dominio del recurso hídrico del país, con el fin de velar por la preservación del mismo y utilización de forma jerarquizada según la importancia de las necesidades. Por su parte el A y A tiene como finalidad planificar, construir y operar la infraestructura necesaria para abastecer de agua potable y vigilar la planificación, construcción y operación de la misma realizada por los particulares con el indicado fin. Como se observa, el representar al Estado en los contratos de concesión era uno de los mecanismos que le permitía al S.N.E. realizar su fin legal (como se verá esa competencia posteriormente fue trasladada). Establecido de manera expresa en su ley constitutiva como en la Ley de Aguas. Para aquellos años quedaba claro, que el otorgamiento de la conexión le resultaba propio, lo que incluía el correspondiente contrato; mientras el A y A presenta competencia para planear, diseñar, construir, operar y mantener obras de abastecimiento de agua a una población, así como la adecuación a sus recomendaciones de las indicadas obras cuando sean realizadas por particulares -Ley No. 16 del 30 de octubre de 1941, No. 809 de 02 de noviembre de 1949 y la Ley General de Agua Potable, entre otras- función que nunca ha conllevado la de conferir concesiones para la explotación de aguas del dominio público, aún cuando éstas sean destinadas, como es el caso que nos ocupa, a proveer de agua potable a una población definida. A partir de las normas dichas, en especial la Ley del A y A (así como los artículos 266 y 276 de la Ley general de salud, Ley n.° 5395 de 23 de octubre de 1973.), queda claro que a excepción de esta última, solamente las municipalidades, Empresa de Servicios Públicos de Heredia, Asociaciones de Desarrollo Comunal (a través de los Comités de Acueductos Rurales) u otros organismos locales con los que el A y A llegue a celebrar convenio al intento no existe otros organismos facultados para administrar acueductos públicos. De manera que un particular no está autorizado por el ordenamiento jurídico para prestar el servicio público de abastecimiento poblacional de agua potable y alcantarillado sanitario, con excepción de las Asociaciones Administradoras de Acueductos y Alcantarillados (ASADAS) como gestoras del servicio público. De manera que el Ministerio del Ambiente, Energía y Telecomunicaciones (que asumió las funciones de otorgar concesiones de agua ante el transformación del SNE en la ARESEP), de previo a otorgar la concesión, estaría en la obligación legal de verificar que el particular cuenta con la autorización previa del A y A y del Ministerio de Salud  para que la empresa privada preste el servicio de agua potable a la población, así como el sistema de alcantarillado sanitario. En el caso de las ASADAS que actúan por delegación del A y A, su naturaleza jurídica surgen a raíz de la Ley Constitutiva del Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados, en la cual se facultó a este a delegar la administración, operación y mantenimiento de los sistemas de acueductos y alcantarillados --que le fueron encomendados por el legislador--, a agrupaciones debidamente conformadas para tal efecto, según se desprende del artículo segundo inciso g) de la citada ley, al señalar expresamente “Queda facultada la institución para convenir con organismos locales, la administración de tales servicios o administrarlos a través de juntas administradoras de integración mixta entre el Instituto y las respectivas comunidades, siempre que así conviniere para la mejor prestación de los servicios y de acuerdo con los reglamentos respectivos.”   Con fundamento en la norma transcrita anteriormente, el Poder Ejecutivo procedió emitió varios reglamentos, siendo el Reglamento de las Asociaciones Administradoras de Sistemas de Acueductos y Alcantarillados Comunales, (Decreto N°32529 de 2 de febrero de 2005) la norma vigente, que dispone este último reglamento en su artículo 3:\n\n‘Artículo 3. A y A mediante convenio suscrito al efecto, previo acuerdo favorable de su Junta Directiva, podrá delegar la administración, operación, mantenimiento y desarrollo de los sistemas de acueductos y/o alcantarillados comunales, a favor de asociaciones debidamente constituidas e inscritas de conformidad con la Ley de Asociaciones N°218 del 08 de agosto de 1939, sus modificaciones y respectivo Reglamento, Decreto Ejecutivo N°29496-J, publicado en La Gaceta N°95 del 21 de mayo del 2001. ..”\n\nDe la norma transcrita, se desprende que las Asociaciones Administradoras de Acueductos y Alcantarillados constituyen personas jurídicas de naturaleza privada, dado que su creación debe regirse por la Ley de Asociaciones.  Por esta razón, la constitución de dichas asociaciones debe realizarse con absoluto respeto al derecho de libre asociación y consecuentemente son entes de derecho privado y no público, no obstante que su funcionamiento se encuentra sometido a los requisitos y requerimientos exigidos por la normativa que las regula, ya que les fue encomendado el ejercicio de una especial actividad que por intermedio de la figura de la gestión de servicio público se vean involucradas en la prestación de servicios públicos en beneficio de una colectividad. Al respecto, la Sala Constitucional (voto 3041-97 de las 16:00 hrs. del 3 de junio de 1997) ha destacado que la delegación de esa responsabilidad de administrar el sistema de acueductos y/o alcantarillados sanitarios, supone una clara \"concesión\" de gestión de servicio público, lo que desde un plano técnico del derecho administrativo no del todo correcto, en el entendido que una concesión (salvo los supuestos otorgados por la Asamblea Legislativa) presupone un procedimiento concursal, que con respecto a la ASADAS no se da.  De manera que lo que resultaría posible sostener es que dichas agrupaciones presentan un autorización en la gestión del servicio, en cuanto administran por convenio con el Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados ese servicio público, se encuentran, de derecho, en una posición de poder respecto de los usuarios y ejercen, para ese fin, una serie de competencias y funciones públicas (Sala Constitucional, Voto N°2006-01651 de las dieciséis horas con treinta y nueve minutos del catorce de febrero del dos mil seis).\n\nVI.- SOBRE LA INTANGIBILIDAD DE LOS ACTOS DECLARATIVOS DE DERECHO: La nulidad o revocación de los actos declarativos de derechos,  constituye una excepción calificada a la doctrina de la inderogabilidad de los actos propios y favorables para el administrado o del principio de intangibilidad de los actos propios, al que esta Sala especializada le ha conferido rango constitucional por derivar del ordinal treinta y cuatro de la Constitución Política (Ver sentencias Nos. 2186-94 de las 17:03 hrs. del 4 de mayo de 1994 y 899-95 de las 17:18 hrs. del 15 de febrero de 1995)-. La regla general es que la administración pública respectiva no puede anular un acto declaratorio de derechos para el administrado, siendo las excepciones la anulación o revisión de oficio y la revocación. Para ese efecto, la administración pública, como principio general, debe acudir, en calidad de parte actora y previa declaratoria de lesividad del acto a los intereses públicos, económicos o de otra índole, al proceso de lesividad, el cual se ha entendido, tradicionalmente, como una garantía para los administrados. Sobre este particular, este Tribunal Constitucional en el Voto No. 897-98 del 11 de febrero de 1998 señaló que “... a la Administración le está vedado suprimir por su propia acción aquellos actos que haya emitido confiriendo derechos subjetivos a los particulares. Así, los derechos subjetivos constituyen un límite respecto de las potestades de revocación (o modificación) de los actos administrativos, con el fin de poder exigir mayores garantías procedimentales. La Administración, al emitir un acto y con posterioridad al emanar otro contrario al primero, en menoscabo de derechos subjetivos, está desconociendo estos derechos, que a través del primer acto había concedido, sea por error o por cualquier otro motivo. Ello implica que la única vía que el Estado tiene para eliminar un acto suyo del ordenamiento es el proceso de jurisdiccional de lesividad, pues este proceso está concebido como una garantía procesal a favor del administrado, o bien, en nuestro ordenamiento existe la posibilidad de ir contra los actos propios en la vía administrativa, en la hipótesis de nulidades absolutas, evidentes y manifiestas, previo dictamen de la Contraloría General de la República y de la Procuraduría General de la República (como una garantía más a favor del administrado) y de conformidad con el artículo 173 de la Ley General de la Administración Pública. En consecuencia, si la Administración ha inobservado las reglas de estos procedimientos, o bien, las ha omitido del todo o en parte... el principio de los actos propios determina como efecto de dicha irregularidad la invalidez del acto.”. A tenor del numeral ciento setenta y tres de la Ley General de la Administración Pública, un ente u órgano público bien puede anular en vía administrativa un acto declaratorio de derechos para el administrado pero lesivo para los intereses públicos o patrimoniales de la primera, sin necesidad de recurrir al proceso contencioso administrativo de lesividad cuando el mismo este viciado de una nulidad absoluta evidente y manifiesta. La nulidad absoluta evidente y manifiesta debe ser dictaminada, previa y favorablemente, por la Procuraduría o la Contraloría Generales de la República —acto preparatorio del acto anulatorio final—. Le corresponderá a la Contraloría cuando la nulidad verse sobre actos administrativos relacionados directamente con el proceso presupuestario o la contratación administrativa (Hacienda Pública). Ese dictamen es indispensable, a tal punto que esta Sala en el Voto No. 1563-91 de las 15 hrs. del 14 de agosto de 1991 estimó que “... Es evidente, entonces, que a partir de la vigencia de la Ley General de la Administración Pública, la competencia de anular en sede administrativa solamente puede ser admitida si se cumple con el deber de allegar un criterio experto y externo al órgano que va a dictar el acto final.”. Se trata de un dictamen de carácter vinculante —del que no puede apartarse el órgano o ente consultante—, puesto que, el ordinal dos de la Ley Orgánica de la Procuraduría General de la República establece que es de acatamiento obligatorio, a través del cual se ejerce una suerte de control previo o preventivo de legalidad, en cuanto debe anteceder el acto final del procedimiento ordinario incoado para decretar la anulación oficiosa, que no riñe con ninguno de los grados de autonomía administrativa, por ser manifestación específica de la potestad de control inherente a la dirección intersubjetiva o tutela administrativa. Resulta lógico que tal dictamen debe ser favorable a la pretensión anulatoria de la administración consultante, y sobre todo que constate, positivamente, la gravedad y entidad de los vicios que justifican el ejercicio de la potestad de revisión o anulación oficiosa. La Administración pública respectiva está inhibida por el ordenamiento infra constitucional de determinar cuándo hay una nulidad evidente y manifiesta, puesto que, ese extremo le está reservado al órgano técnico-jurídico y consultivo denominado Procuraduría General de la República, como órgano desconcentrado del Ministerio de Justicia. En los supuestos en que el dictamen debe ser vertido por la Contraloría General de la República, también, tiene naturaleza vinculante en virtud de lo dispuesto en artículo cuatro, párrafo in fine, de su Ley Orgánica No. 7428 del 7 de septiembre de 1994.  Debe tenerse claridad que no cualquier grado de invalidez o nulidad autoriza a un ente u órgano público para decretar la anulación oficiosa de un acto administrativo declaratorio de derechos para un administrado, dado que, el ordenamiento jurídico administrativo exige que concurran ciertas características o connotaciones específicas y agravadas que la califiquen. Lo evidente y manifiesto es lo que resulta patente, notorio, ostensible, palpable, claro, cierto y que no ofrece ningún margen de duda o que no requiere de un proceso o esfuerzo dialéctico o lógico de verificación para descubrirlo, precisamente, por su índole grosera y grave. En tal sentido, basta confrontar el acto administrativo con la norma legal o reglamentaria que le dan cobertura para arribar a tal conclusión, sin necesidad de hermenéutica o exégesis ninguna. Cuando la nulidad no reviste de tales características, la administración pública respectiva —autora del acto que se pretende anular o revisar—, de previo a la declaratoria de nulidad, debe abrir un procedimiento administrativo ordinario en el que se deben observar los principios y las garantías del debido proceso y de la defensa (artículo 173, párrafo 3°, de la Ley General de la Administración Pública), la justificación de observar ese procedimiento está en que el acto final puede suprimir un derecho subjetivo del administrado (artículo 308 ibidem). Sobre este punto, el artículo ciento ochenta y tres párrafo primero de la Ley General de la Administración Pública preceptúa que fuera de los casos previstos en el artículo la administración no podrá anular de oficio los actos declaratorios de derechos a favor del administrado y para obtener su eliminación deberá recurrir al contencioso de lesividad.\n\nVII.  SOBRE EL FONDO DEL PROCESO: Sostiene la actora que es poseedora de parte de la finca del partido de Puntarenas con número de Folio Real cincuenta y tres mil quinientos - cero cero cero, lo que de la constatación del elenco de hechos probados resulta un tema incuestionable, incluso carente de discusión desde el mismo expediente administrativo y las manifestaciones del representante del ente público en la audiencia de juicio. Vemos como, la Municipalidad de Corredores adquirió un bien en dicho cantón de la empresa Compañía Bananera Nacional, que posteriormente varió su nombre por el de Palmatica con el fin de desarrollar una serie de actividades públicas y distribuir el remanente dentro de un grupo de personas de escasos recursos dentro de los cuales se ubica la señora actora.  Si bien la accionante sostiene que ese traspaso a favor del ente público se dio hace casi veinte años, la certificación presentada al efecto indica lo contrario, más ambas partes demandadas ubican en la corporación de derecho público la titularidad del bien. Dicho aspecto es relevante desde el tema de la legitimación pasiva como se verá pero será retomado de manera posterior. Conforme con la teoría del caso de la actora tiene derecho a que se inscriba parte de ese bien a su nombre, al haber ejercido la posesión de manera pública, pacífica, ininterrumpida y a título de dueña, sobre lo que deben realizarse varias aclaraciones.  Es evidente que durante muchos años la señora Herrera Méndez ha poseído de manera pública y a título de dueña, pero la condición de pacífica e ininterrumpida resulta cuestionable.  Sobre estos dos aspectos, véase como durante los últimos diez años la Corporación de derecho público ha realizado gestiones a la desocupación del bien, lo que ha sido contendido por la señora actora tanto con el uso de los instrumentos legales como de hecho, lo que impediría tener por cumplidos dichos requisitos. Por otro lado, la doctrina civil para reconocer la existencia de un derecho de propiedad en los términos que pretende la señora actora exige el denominado justo título, a saber la existencia de un acto traslativo que legitime la posesión reclamada.  En este caso correspondería a un acto a título gratuito, que como es sabido se trata de un contrato formal y que no surte efectos hasta el momento en que se generado y se encuentra debidamente inscrito en el Registro Público.  Situación por demás compleja en la especie si consideramos que el bien ni siquiera se encuentra inscrito a nombre del ente público, lo que le impediría cualquier disposición. En dichos términos la pretensión debería ser rechazada sin mayores discusiones. Más a criterio de este Tribunal la medula del asunto no se sustenta en esos tópicos sino en la naturaleza del bien que se pretende adquirir. Se indicó que las Administraciones presentan dos tipos de bienes los dominicales y los fiscales. Como ya ha quedado evidenciado por diferente prueba, incluyendo la de la misma actora, el lote en consideración se encuentra a menos de doscientos metros del pozo de suministro de agua a la comunidad de La Cartonera, es decir no presenta la distancia ordenada por la Ley de Aguas en su canon treinta y uno. Se trata en efecto de doscientos metros alrededor de la zona de captación que se encuentran afectadas y como tales no se encuentran dentro del comercio de los hombres.  Eso nos lleva a la necesaria consecuencia que las normas propias del derecho privado que invoca la actora en su beneficio no resultan de aplicación a la sub júdice. Dicho en pocas palabras, el bien que pretende adquirir la actora no puede ser objeto de prescripción positiva, en tanto está afectado de manera manifiesta y evidente al uso público de manera indirecta, en la medida que garantiza un servicio público fundamental como lo es el suministro de agua potable en la zona en consideración. Véase como todo orienta a pensar que la existencia del pozo es anterior a la adjudicación que fuera objeto la actora, lo que determina no solo que la ausencia de comercialización del bien no resulta intempestiva sino además que desde aquella data el bien no era posible de aplicarse la prescripción positiva. Se trata de aplicar las normas propias del derecho privado a un inmueble que reviste características diametralmente opuestas. Lo que sin mayores cuestionamientos obliga la existencia de una falta de derecho que debe ser declarada.  Durante el juicio oral y público la actora pretendió acreditar que existían otras personas más cerca del pozo que no habían sido objeto de molestias por parte del ente público, lo que de alguna manera determinaría una especie de trato discriminatorio, argumento que sin mayores cuestionamientos debemos rechazar. Es una obligación del ente público menor recuperar todos los terrenos que se encuentren dentro del radio del pozo por la razones ya vertidas, sea a la actora y cualquier otra persona, si ha existido inercia en el cumplimiento de las obligaciones legales frente a otras personas ubicadas en el inmueble, es una situación reprochable que bien puede derivar en responsabilidad civil, disciplinaria y hasta penal de los funcionarios involucrados (incluyendo al mismo alcalde) que no han cumplido con su deber legal, más eso no permite que se genere un derecho alguno a favor de la señora accionante. Se trataría de pretender generar un derecho a partir de una acción ilícita y contraria al ordenamiento que de manera alguna puede ser aceptada por este órgano jurisdiccional.  No sobra indicar que para la Cámara no es posible justificar como ha transcurrido tanto tiempo sin que se hubieran adoptado los procedimientos legales pese a la claridad de la resolución del jerarca impropio, lo que en su momento fue advertido por la misma Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia. Así el actuar del ente público menor de cumplir con sus obligaciones se torna ante todo en una postura contraria al derecho público, que como tal nos corresponde repudiar. También procuró evidenciar la señora Herrera Sánchez que se habían adoptado las medidas preventivas para evitar una posible contaminación del pozo, situación que se había presentado en su oportunidad pero que se había suprimido a partir de las medidas correctivas, lo que haría lícita su posesión. Al respecto conforme se explicó de manera detallada en los considerandos cuarto y quinto de esta resolución, el tema del agua potable es referente a aspectos ambientales y se encuentra cubierto por una serie de principios que le resultan propios. En dicho marco, el principio protector y el pro natura, sin perjuicio del estudio previo, determinan que aún cuando no exista daño alguno, el solo peligro de la existencia de este, genera que el terreno en consideración no puede salir de manos gubernamentales, toda vez que no es posible en esta materia correr riesgos innecesarios en tanto los peligros pueden afectar a considerable cantidad de personas. Amén de que la norma de la Ley de Aguas resulta imperativa, de orden público e imposible de otorgar una interpretación como la parte lo pretende que cumplido el fin es posible incumplir la letra de la norma positiva en su beneficio. Por el contrario, el fin permitiría que en condiciones especiales el diámetro de retiro pudiera ser mayor, pero la letra de la disposición obliga a la protección mínima de los metros ya señalados. De esa manera, ese argumento también debe ser rechazado. Por último, invocó la actora no presentar condiciones económicas para construir su casa nuevamente, lo que le generaría un grave perjuicio. Está acreditado en el expediente que la Municipalidad ha procurado corregir la situación, otorgándole a la actora otro lote dentro de la comunidad, el cual no reúne el interés de esta (pese a haberlo aceptado y estar inscrito a su nombre) en tanto ya realizó una construcción en el inmueble objeto de disputa y representarle una mayor distancia con respecto a la madre de la accionante quien le colabora con el cuido de los hijos de esta. Al respecto, el Tribunal debe resultar más que enfático en señalar que el ente público lo que pretendió otorgar originalmente fue un lote, no una casa; igualmente, si la corporación pretendía mitigar las condiciones de pobreza en la zona nada le obliga a otorgar el bien en las condiciones que mejor se acomodan a los intereses de la actora. Resulta una situación lamentable que casualmente se otorgaran varios lotes en la comunidad, donde algunos de ellos no se ven afectados por la prohibición legal y otros sí (el relación directa del mencionado pozo), estando en este último supuesto el caso de la señora accionante; empero la corporación territorial no se encuentra obligada a otorgar el bien en las condiciones que pretende interesada, sino con respecto a aquellas que técnicamente resulten procedentes, lo que lleva incluido el respeto de los bienes demaniales que pudieran verse involucrados. Hasta este momento nos hemos referido a la pretensión de generar una prescripción adquisitiva, siendo imperativo considerar las restantes. La segunda solicitud deducida se orienta a pedir la inscripción del bien base del conflicto a favor de la actora, es decir corresponde a un requerimiento de naturaleza subsidiaria, que al haberse rechazado la anterior, la presente debe seguir la misma suerte. La inscripción a final de cuentas depende de la constitución de la usucapión ya considerada y rechazada, al no existir esta no es posible inscripción alguna ante el Registro Público. Por último, la pretensión indemnizatoria tiene sustento, por verse limitada en servicios públicos básicos por no haberse inscrito la finca a su nombre en virtud de la oposición de las demandadas.  En cuanto a la restricción de los servicios públicos véase como la construcción adoptada por la actora no existe un solo elemento de convicción que evidencie la licitud de esta, pues todo indica lo contrario, lo que prima facie llevaría a la necesaria consecuencia de su rechazo. Por otro lado, la carencia de inscripción se sustenta ante la imposibilidad legal, volviendo nuevamente a solicitarse un aspecto en contraposición del ordenamiento legal. De manera que la carencia de derecho le resulta aplicable a esa solicitud. A manera de conclusión es posible asegurar que la pretensión expuesta por la actora es contraria al derecho, debiendo ser rechazada en su integralidad, como en efecto se dispone. El Tribunal se siente en la obligación de realizar algunas aclaraciones a lo dispuesto. Según se ha señalado anteriormente, pese al rechazo de la demanda, se torna incontrovertible la existencia de un acto declarativo de derechos a favor de la señora actora, vigente a la fecha, que al margen de su ilicitud o conformidad con el ordenamiento continua a la fecha generando efectos jurídicos. Si bien se argumentó en el juicio oral y público que ese acto había sido revocado, lo cierto es que la Sección Tercera de este Tribunal anuló dicha revocatoria y procuró reorientar el actuar administrativo, lo que pese a la claridad de lo dispuesto no ha sido cumplido por el ente público menor. Frente a dicho actuar administrativo, la conducta de la accionante se torna de buena fe y amparado al principio de confianza legítima, en tanto no le ha sido revocado el derecho constituido a su favor.  La ley resulta incontrovertible de cuál es el procedimiento para anular dicho acto o revocarlo según corresponda, lo que en efecto debe disponerse siguiendo exclusivamente el trámite legal. De esa manera cualquier gestión intempestiva o sin seguir ese trámite se torna ilegitima e ilegal; de manera que no es un trámite viable. Consideramos necesario advertir esa situación a fin de no propiciar la generación de una conducta contraria al ordenamiento jurídico.\n\nVIII.  SOBRE LAS EXCEPCIONES INVOCADAS: La demandada Compañía Palmatica interpuso la excepción de falta de legitimación pasiva, sustentada en que el bien base del conflicto no es de su propiedad.  Como quedó evidenciado dicha venta se produjo efectivamente, más no se encuentra inscrita.  De manera que la señora Herrera Méndez estaba llamada a presentar su demanda contra esa empresa también a fin de tener debidamente integrada la litis. La consideración de la procedencia de la demanda por el fondo, es un tema a considerar hasta en sentencia. Generando el rechazo la excepción presentada. Por su parte, con respecto a la excepción de falta de derecho, como se ha indicado la actora pretende una solicitud que no corresponde a lo regulado por el ordenamiento, de suerte que debe acogerse y declarar sin lugar la demanda en todos sus extremos.” \n\n \n\n... Ver más\nCitas de Legislación y Doctrina Sentencias Relacionadas\nTexto de la resolución\n\n \n\nVoto N° 0 41-2013\n\nTRIBUNAL CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO, SECCIÓN CUARTA, San José, a las dieciseis horas y quince minutos del Dirección13094      .-\n\nProceso de conocimiento de la señora Nombre110720   conocida como Nombre110720  , casada, cédula número CED87477 -     -     y vecina de Corredores, en contra de la Compañía Palma Tica S. A. cédula jurídica número tres - ciento uno - ciento setenta y tres mil novecientos noventa y nueve, representada por el señor Nombre110721  , casado, ingeniero mecánico, vecino de Dirección6702, , cédula de identidad número CED87478 -     -    , y la Municipalidad de Corredores, cédula de persona jurídica número CED87479 -   -      , representada por los señores Nombre110722  , casado, bachiller en educación, cédula de identidad número CED87480 -   -  , vecino de Paso Canoas, y Nombre110723   , casada, licenciada en ciencias educativas, cédula de identidad número CED87481 -     -    , y vecina de Ciudad Neily.  Actúa el Licenciado Juan Emilio Jiménez Delegado por apoderado del ente público y los Licenciados Allan Guerrero Vargas como abogado director de la empresa privada y el Licenciado Fernando Gómez Concepción por parte de la señora actora.  Todas las personas físicas son mayores.\n\nRESULTANDO:\n\n1.- Que la actora se ha presentado a esta jurisdicción a solicitar, en lo que el Tribunal de manera resumida corresponde a que se declare que por haber poseído de forma quieta, pública, pacífica de buena fe e ininterrumpida, a título de dueña, ha operado a favor suya la prescripción adquisitiva de la finca del partido de Punteras con número de Folio Real seis - cincuenta y tres mil quinientos ochenta y tres - cero cero cero. Debiendo inscribirse a su favor y como finca independiente ante el Registro Público de la Propiedad, Sección de Propiedad del partido de Puntarenas.  Solicita la condenatoria en daños y perjuicios, los que en el juicio oral y público limitó a daño moral subjetivo, en razón de quince millones de colones, por verse limitada en servicios públicos básicos por no haberse inscrito la finca a su nombre en virtud de la oposición de las demandadas. Así mismo, en caso de oposición de su contraparte, solicita se le condene al pago de costas procesales y personales de la presente acción.\n\n2.-  Conferido el traslado de rigor, la empresa Palmatica indica que el bien no es de su propiedad, sino de la Municipalidad de Corredores desde el año mil novecientos noventa y cinco, argumentando una falta de legitimación pasiva y una falta de derecho. Por su parte el ente corporativo reconocer ser dueña del inmueble, indica que no resulta jurídicamente posible otorgar el bien solicitado por la actora, que ellos le entregaron un lote en una zona cercana, pero que pese a eso la señora Nombre110720  se ha negado a dejar el inmueble. Argumenta lo que el Tribunal entiende como una falta de derecho.\n\n3.- Que el juicio oral fue realizado el día treinta de abril del año en curso, disponiéndose su tramitación como compleja al amparo de los numerales ciento once del Código Procesal Contencioso Administrativo y cuarenta y siete del Reglamento, así como el dictado de la sentencia que corresponde de manera escrita. \n\n4.- En los procedimientos se han observado las prescripciones de rigor y no se notan causales de nulidad capaces de invalidar lo actuado. Esta sentencia se dicta previo las deliberaciones de rigor y por unanimidad.\n\nRedacta el Juez Madrigal Jiménez; y,\n\nCONSIDERANDO:\n\nI.  DE LA BASE DEL PROCESO: Sostiene la actora que es poseedora de parte de la finca del partido de Puntarenas con número de Folio Real cincuenta y tres mil quinientos - cero cero cero, en la cual construyó una casa de cuarenta y nueve metros cuadrados. Dicho bien lo adquirió por adjudicación de la Municipalidad de Corredores. Hace ver que esa condición y por el tiempo que la ha disfrutado le otorga el derecho a que se inscriba a su nombre el bien en consideración. Palmatica evidencia que el doce de septiembre de mil novecientos ochenta y cinco firmó un compromiso de compra - venta con la Municipalidad de Corredores, encontrándose pagado dicho bien, inscribiéndose el traspaso el ocho de abril de mil novecientos ochenta y seis, bajo el número de Folio Real cincuenta y tres mil quinientos ochenta y tres - cero cero cero, argumentando una falta de legitimación pasiva y una falta de derecho. Mientras que la Municipalidad de Corredores se reconoce como dueña de la finca. Indica que en marzo de mil novecientos noventa y siete se recomendó la adjudicación del lote en disputa a la señora actora, lo que fue paralizado por situaciones exógenas.  Hace ver que el terreno tiene relación con un pozo que nutre a la comunidad, por lo que no es posible inscribirlo a nombre de la interesada por las afectaciones que podrían presentarse en esta materia, al no tener el suficiente retiro. Indica que desde marzo de dos mil uno se le ofreció a la señora Nombre110720  un terreno en Dirección181   de Ciudad Neily, llegando a inscribirse el inmueble a su nombre, para que ella pudiera construir lícitamente, más aún cuando se dio generó el negocio jurídico la señora se niega a salir.  En el juicio oral y público evidenció que la construcción se había realizado sin los permisos de ley, llegando a generarse una denuncia penal por violación se señas y marcas cuando la señora desacató los sellos puestos por el ayuntamiento. Requiriendo que la demanda fuera declarada sin lugar.\n\nII.  HECHOS PROBADOS: De importancia para el dictado de esta sentencia, se tienen los siguientes hechos de relevancia: 1) Por compromiso de compra suscrito el doce de septiembre de mil novecientos ochenta y cinco, la Municipalidad de Corredores y la Compañía Bananera de Costa Rica (hoy Compañía Palmatica S. A. acordaron la compra de un terreno de veinte mil metros quinientos noventa y seis metros con catorce decímetros cuadrados, en el Dirección13096   del cantón de Corredores de la provincia de Puntarenas (ver folio 38 del expediente judicial y 41). 2) Durante el año mil novecientos ochenta y cinco, la Municipalidad de Corredores canceló a la Compañía Bananera de Costa Rica la suma de cuatrocientos veinticinco mil colones por concepto de compra del lote que incluye el área en dispuesta de este proceso (ver folios del 1 al 7 del expediente administrativo y 39 al 40 del judicial). C) La finca del partido de Puntarenas con número de Folio Real cincuenta y tres mil quinientos ochenta y tres - cero cero cero esta inscrita a nombre de la sociedad Compañía Palmatica S. A. (ver folio 8 del expediente judicial). 3) Mediante acuerdo número cuatro del once de marzo de mil novecientos noventa y siete, del Concejo Municipal de Corredores se acordó adjudicar un lote en el Dirección13096   a la señora Nombre110720  para que resolviera su problema de vivienda (ver folio 6 del expediente judicial y 231 al 237 del expediente judicial que el Tribunal entiende que es actualización del expediente administrativo). 4) Por nota del catorce de septiembre de mil novecientos noventa y ocho, la Asociación Administradora del Acueducto Rural de la Cartonera recuerda al Alcalde de Corredores la necesidad de respetar el área de protección del pozo de la comunidad en los terrenos adquiridos a la compañía bananera y que iban a ser distribuidos entre personas de escasos recursos (ver folio 36 del expediente administrativo). 5) En el terreno objeto de litigo la actora construyó sin permiso anterior al año mil novecientos noventa y ocho, lo que determinó la clausura produciendo muchas dificultades para el suministro de servicios públicos esenciales (ver declaración de la señora Vega García rendida en el juicio oral y público). 6) Que dicha construcción cuenta con un tanque séptico (ver declaración de la señora Nombre110720  rendida en el juicio oral y público). 7) Contra la señora actora se tramitó expediente penal bajo el número 98-200467-456-PE ante el Juzgado Penal de Corredores, por el delito de violación de sellos en virtud de haber construido en el terreno objeto del litigio sin los permisos y no cumplir con la cláusula ordenada por la corporación municipal (ver folios 133 al 127 y 39 al 37 del expediente administrativo). 8) Que dentro del expediente penal, la accionante aceptó la reubicación ofrecida por la corporación pública, haciendo ver que no le servía para Dirección181   por situaciones de traslado de sus hijos y el cuido de ellos (ver folio 148 del expediente administrativo). 9) A partir del Informe Final de la Defensoría de los Habitantes número 4837-23-98, recomienda entre otras cosas, que se realicen las acciones necesarias para evitar la contaminación del pozo en la Cartonera de Corredores, así como las medidas para retirar a todos las personas que están ocupando el área de protección (ver folios del 40 al 66 del expediente administrativo). 10) Por acuerdo número uno, del Consejo Municipal de Corredores, en sesión extraordinaria número seis, del diez de abril de mil novecientos noventa y nueve, el Concejo Municipal de Corredores dispuso acoger el recurso extraordinario de revisión presentado contra los acuerdos cuatro de la sesión ordinaria doscientos treinta y tres del siete de marzo de mil novecientos noventa y siete, número doscientos treinta y seis del diecisiete de marzo de mil novecientos noventa y siete, presentado por la Asociación Administradora del Acueducto Rural de la Cartonera y en consecuencia revocar el acuerdo número cuatro de la sesión doscientos treinta y tres del siete de marzo de mil novecientos noventa y siete y los acuerdos que sobre ese mismo tema se dictaron en la sesión doscientos treinta y seis del diecisiete de marzo de mil novecientos noventa y siete, en relación a las adjudicaciones de lotes en un terreno propiedad de la Municipalidad ubicado en La Cartonera, que comprende el terreno objeto de litigio (ver folio 91 del expediente administrativo y 258 del expediente judicial que el Tribunal entiende que es parte del expediente administrativo). 11) Contra este último acuerdo, algunas de las personas afectadas interpusieron recurso de apelación (ver folios 369 al 371 del expediente judicial que el Tribunal entiende que es parte del expediente administrativo). 12) En virtud de nota DH-244-99 del doce de abril de mil novecientos noventa y nueve, la Defensoría de los Habitantes le solicita al Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados que realice informe sobre los avances a partir de las situaciones detectadas en cuanto  a la contaminación del pozo del Dirección13096   en Corredores, así como del respeto del retiro del área pública (ver folios 87 al 90 del expediente administrativo). 13) Por nota del diecinueve de julio de dos mil nueve, la Asociación Administradora del Acueducto de la Zona hace ver la necesidad de respetar el área de protección, declarada pública por la ley de aguas a partir del lugar donde se extraía el agua para el Barrio la Cartonera (ver folios 92 al 98 del expediente administrativo). 14) Mediante informe UPAH-026-02 del tres de mayo de dos mil dos, el Ministerio de Salud hace ver la existencia de contaminación en el pozo que suple al barrio la cartonera por las construcciones cercanas a él, entre las cuales se ubica la de la actora (ver folios 150 y 151 del expediente administrativo). 15) En virtud de nota de fecha tres de mayo de dos mil dos, el jefe de la oficina de catastro de la Municipalidad de Corredores hace ver que no se ha otorgado permiso de construcción a la señora Nombre110720 , con respecto a la finca objeto del litigio (ver folio 152 del expediente administrativo). 16) Por criterio legal del veintiuno de octubre de dos mil tres, se le hace ver al señor Alcalde de aquel momento, que el área de protección de una captación de agua es de doscientos metros conforme con la Ley de Aguas, por lo que debían recuperarse cualquier terreno en esa condición incluyendo la finca objeto de disputa (ver folios del 168 a 165 del expediente administrativo). 17) Por nota AM-271-2003 del veintiocho de octubre de dos mil tres, el Alcalde Municipal de Corredores comunica a la accionante que le otorga quince días para desocupar el terreno que presentaba en las inmediaciones del pozo que suple de agua al Dirección13096  , pues cumplido dicho plazo se procedería a retirarla con el uso de la fuerza pública (ver folio 176 del expediente administrativo). 18) En virtud de nota presentada el cinco de noviembre de dos mil tres, la señora Nombre110720  interpone recurso de revocatoria con apelación en subsidio, e incidente de nulidad contra el acto de desalojo administrativo dispuesto en su contra (ver folio 177 del expediente administrativo). 19) Por resolución de las diez horas del doce de noviembre de dos mil tres, el Alcalde Municipal de Corredores, se rechazó recurso de revocatoria con nulidad interpuesto por la señora actora contra el acto de desalojo y se le da trámite al recurso de apelación presentado (ver folio 179 del expediente administrativo). 20) Por resolución 37-2004 de la Sección Tercera de este Tribunal, de las  nueve horas cincuenta minutos del veinte de febrero del dos mil cuatro, conociendo recurso de apelación en contra de la sesión extraordinaria número 6 de 10 de abril de 1999, Acuerdo N°1 del Concejo Municipal de Corredores; mediante el cual se acoge un recurso extraordinario de revisión, revocándose los acuerdos N°4 de la sesión ordinaria N°233 del 7 de marzo de 1997 y la N°236 del 17 de marzo de 1997, ambos relacionados con la adjudicación de lotes en un terreno propiedad de la Municipalidad ubicado en la Dirección11099   , se dispone en lo que interesa; \"II.- En el caso concreto, sin entrar a pronunciarse sobre la cuestión de fondo, es decir, si la adjudicación de lotes en terrenos de la Municipalidad es nula o no; es lo cierto que el Concejo Municipal de Corredores en sesión ordinaria N°233, Acuerdo N°4 del 7 de marzo de 1997 y en sesión ordinaria N°236 de 17 de marzo de 1997, realizó adjudicaciones de lotes en un terreno de su propiedad;  todo lo cual generó derechos que ahora no puede simplemente desconocer o dejar directa o indirectamente sin efecto, revocándolos. Porque como se explicó anteriormente, la Administración no puede volverse contra sus propios actos, sino a través de los procedimientos establecidos por la ley, lo que no ocurre aquí. Si  la corporación municipal, acogió un recurso extraordinario de revisión, con la finalidad de declarar la nulidad de los actos de adjudicación de esos lotes, debe entonces seguir el procedimiento establecido en el numeral 173 de la Ley General de la Administración Pública.  // III.- La Municipalidad al haber actuado como lo hizo, incurrió en una lesión al principio constitucional de la intangibilidad de los actos propios (artículo 34 constitucional), según el cual un acto declarativo de derechos, como lo es el del caso de marras, no puede ser dejado sin efecto por propia mano, salvo en los casos de excepción que habilita el mismo ordenamiento jurídico, según procedimientos establecidos al efecto. En consecuencia, se acoge el recurso conocido en alzada y se declara la nulidad del acuerdo aquí recurrido. Se da por agotada la vía administrativa. // POR TANTO // Se anula el acuerdo apelado. Se da por agotada la vía administrativa.\" (ver folios del 369 al 371 del expediente judicial que el Tribunal entiende que es parte del expediente administrativo). 21) Bajo el expediente 04-758-007-CO la ASADA de la Cartonera interpuso recurso de amparo ante la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia contra la Municipalidad de Corredores, el Ministerio de Salud y el Instituto de Acueductos y Alcantarillados,  requiriendo que por una afectación a la salud pública se ordena la reubicación de dos viviendas que se encontraban muy cerca de los pozos en la cartonera, incluyendo el terreno de la señora Nombre110720 (ver folios del 207 al 230 del expediente judicial, que el Tribunal entiende que es parte del expediente administrativo). 22) Por voto 2004-9913 de la Sala Constitucional, de las diez horas con cuarenta y siete minutos del tres de septiembre de dos mil cuatro, se ordena realizar las medidas para evitar la contaminación de los pozos que abastecen de agua a la comunidad de La Cartonera (ver folios 207 al 229 del expediente judicial, que el Tribunal entiende que es parte del expediente administrativo). 22) Por acuerdo de la Sesión 458-06 del veintiocho de septiembre de dos mil seis, el Instituto Mixto de Ayuda Social acordó donar a la actora la finca del partido de Puntarenas con un área de ciento cuarenta y cuatro metros cuadrados y cincuenta decímetros, ubicada en el cantón de Corredores de la provincia de Puntarenas (ver folios 188 y 189 del expediente administrativo). 23) Bajo el expediente 10-017699-007-CO se presentó recurso de amparo en beneficio de la actora por ausencia de suministro de agua potable (ver folios del 192 al 205 del expediente judicial, que el tribunal entiende que es parte del expediente administrativo). 24) En el expediente 10-017699-007-CO antes citado, fue resuelto por voto 2011-2874 de las once horas y veintiún minutos del cuatro de marzo de dos mil once, declarándolo sin lugar y reconociendo que la actora debía ser desalojada por el peligro que representaba de contaminación del agua en la zona (ver folios del 192 al 205 del expediente judicial, que el tribunal entiende que es parte del expediente administrativo). 25) En el terreno en disputa la señora accionante tiene actualmente construida su casa de habitación (ver folios 89, 327 al 332 del expediente judicial). 26) La casa de la señora Nombre110720  se ubica a treinta y siete metros de uno de los pozos que suministran agua al Dirección13096   (ver folios 89 y 325 del expediente judicial). 27) Que además  de la construcción de la señora Nombre110720 existen otras construcciones que representan un riesgo para los pozos de la comunidad (ver folio 325 del expediente judicial).\n\nIII. SOBRE HECHOS NO PROBADOS: Se tienen como tales, los siguientes: a) Los motivos por los cuales el objeto del litigio fue adquirido en su oportunidad por la corporación de derecho público y todavía se encuentre inscrito a nombre de la empresa privada (existe carencia probatoria en ese sentido). b) Que la actora haya ejercido la posesión de una manera pacífica e ininterrumpida  dueña durante el plazo de diez años según lo dispone la legislación civil al respecto (los autos). c) Que la Corporación demandada haya seguido el procedimiento de lesividad que dispone el canon ciento setenta y tres de la Ley General de la Administración Pública con respecto al derecho declarado en favor de la señora actora, como en su momento lo ordenó la Sección Tercera de este Tribunal (no hay prueba en ese sentido).  d) La existencia de algún daño que sea susceptible de ser reconocido (los autos).\n\nIV.- SOBRE LOS PRINCIPIOS DEL DERECHO AMBIENTAL: El Derecho Ambiental, como Derecho autónomo que es, cuenta con principios propios, los cuales orientan la actividad ambiental. Estos principios se encuentran la mayoría recogidos, de uno u otro modo, en los textos legales o al menos señalados por la jurisprudencia. Asimismo debe recordarse que el artículo cincuenta constitucional consagra el derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado; y que del mismo numeral derivan una serie de principios que se analizarán en la presente sección. La doctrina especializada ha señalado como principios rectores en la materia cuando menos los de Igualdad, De la Tutela del Derecho Ambiental a cargo del Estado, Sostenibilidad, Principio del uso racional de los recursos, a fin de que exista el necesario equilibrio entre el desarrollo del país y el derecho al ambiente, de la Calidad Ambiental, Principio de solidaridad, Principio Precautorio, Principio preventivo, Publicidad, Restaurabilidad, \"El que contamina, paga”, De la realización del estudio de impacto ambiental previo a la iniciación de obras, Sólo el Estado de Necesidad declarado excepciona el cumplimiento de las normas ambientales, La falta de recursos económicos de las instituciones públicas no es excusa que justifique la omisión de dar protección al Derecho Ambiental, Coordinación para garantizar la protección del medio ambiente, La lesión a este Derecho Ambiental se da tanto por acción como por omisión, Inoperancia del silencio positivo en materia de utilización de recursos naturales y la participación ciudadana en los asuntos ambientales. Sin que se pueda entender que dicha lista resuelta cerrada en tanto como derecho en construcción podrían agregarse nuevas líneas de aplicación e interpretación de dicho ordenamiento. La igualdad de las personas ante la ley, sin ningún tipo de discriminación, es un derecho fundamental recogido en nuestro ordenamiento por el artículo treinta y tres de la Constitución Política y establecido también en el artículo veinticuatro de la Convención Americana de los Derechos Humanos. El derecho al medio ambiente y a su protección se encuentra también protegidos por este principio de igualdad, el cual debe aplicarse a la materia. De este modo, todos los seres humanos tienen por igual el derecho a disfrutar del medio ambiente adecuado y acceder a la justicia de sin discriminación alguna para hacer valer sus derechos en caso de haber visto violentado el derecho a un ambiente sano (de manera directa o indirecta). El artículo cincuenta constitucional declara que toda persona tiene derecho a un ambiente sano y equilibrado. El artículo dos inciso a) de la Ley Orgánica del Ambiente contiene dicho principio al declarar que el ambiente es patrimonio común de todos los habitantes de la Nación y por ello tanto a nivel institucional (del Poder Ejecutivo) como jurisdiccional los ciudadano tienen derecho a un trato igualitario. El principio de la Tutela del Derecho Ambiental a cargo del Estado se extrae también del canon cincuenta Constitucional derivando la obligación del Estado de ejercer una función tutelar y rectora en materia ambiental. Al respecto la Sala Constitucional ha señalado que el Estado debe “asegurar y proteger el derecho contra algún riesgo o necesidad, defender es vedar, prohibir e impedir toda actividad que atente contra el derecho, y preservar es una acción dirigida a poner a cubierto anticipadamente el derecho de posibles peligros a efectos de hacerlo perdurar para futuras generaciones. El Estado debe asumir un doble comportamiento de hacer y no hacer; por un lado debe abstenerse de atentar él mismo contra el derecho a contar con un ambiente sano y ecológicamente equilibrado, y por otro lado debe asumir la tarea de dictar las medidas que permitan cumplir con los requerimientos constitucionales.” (voto 9193 de la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia). De tal manera desarrolla la Sala Constitucional todas las acciones que comprende la tutela que debe ejercer el Estado en aras de proteger el medio ambiente; incluyendo tanto un comportamiento de hacer como de no hacer, toda vez que por una parte, debe abstenerse de cometer algún acto en contra del derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado; y por otra parte, debe adoptar una conducta activa, en el sentido de dictar las medidas, regulaciones que estime pertinentes para el resguardo de este derecho. El órgano rector en la materia de estudio lo constituye el Ministerio del Ambiente y Energía (no está demás recordar que ese ministerio ha cambio de nombre)  de conformidad con el numeral dos de la Ley Orgánica de este Ministerio; con lo cual se debe decir que la figura del Estado como sujeto, el cual está llamado a ejercer la tutela en materia ambiental, es un Ministerio en el cual recae la rectoría, pero además, para que esta función de protección del medio ambiente sea real y efectiva, es necesaria la participación de una serie de entes y órganos estatales, los cuales, en coordinación con el MINAE (ó MINAET, según el momento histórico), están llamados a interactuar (como lo son las municipalidades). La sostenibilidad en el uso de los recursos naturales es uno de los principios aceptados universalmente y con perspectiva jurídica. De acuerdo con un informe de las Naciones Unidas, desarrollo sostenible es el desarrollo capaz de satisfacer las necesidades del presente, sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las suyas (Loperena Rota, Nombre110724, los Principios del Derecho Ambiental, 1998, p. 62). Por su parte, el artículo dos incisos a) y b) de la Ley Orgánica del Ambiente establecen la obligación del Estado y los particulares de participar en la conservación y utilización sostenible del ambiente; y el derecho de todos de disfrutar de un ambiente sano y ecológicamente sostenible para el desarrollarse. Asimismo se ha señalado que el deterioro al ambiente condiciona las posibilidades de desarrollo humanas; por lo que se ha vuelto común el utilizar el término de “desarrollo sostenible” el cual encierra ambos derechos. En ese sentido la Sala Constitucional ha definido “desarrollo sostenible” como “una de esas políticas generales que el Estado dicta para ampliar las posibilidades de que todos puedan colmar sus aspiraciones a una vida mejor, incrementando la capacidad de producción o bien, ampliando las posibilidades de llegar a un progreso equitativo entre un crecimiento equitativo entre un crecimiento demográfico o entre este y los sistemas naturales. Es el desarrollo sostenible, el proceso de transformación en la utilización de los recursos, orientación de las inversiones, canalización del desarrollo tecnológico, cambios institucionales y todo aquello que coadyuve para atender las necesidades humanas del presente y del futuro.” (voto 1763-94). El principio del uso racional de los recursos, a fin de que exista el necesario equilibrio entre el desarrollo del país y el derecho al ambiente está muy relacionado con el principio anterior, incluso podría pensarse en que es parte del mismo se encuentra con fundamento constitucional en el artículo sesenta y nueve de la Constitución el presente principio (uso racional de los recursos). Ahora bien, en este principio encontramos un componente ideológico, lo cual genera, en algún modo, algunos problemas al momento de su aplicación; ya que comprende además conceptos jurídicos indeterminados, como lo son el uso racional y el necesario equilibrio entre el desarrollo y medio ambiente. Estos conceptos muchas veces generan incertidumbre al momento de su aplicación. La Administración Pública es la encargada de determinar este punto de equilibrio y en última instancia lo serán los órganos jurisdiccionales. Sobre el principio en estudio, la Sala Constitucional ha señalado que: “ ...la protección del ambiente debe encaminarse a la utilización adecuada e inteligente de sus elementos y en sus relaciones naturales, socioculturales, tecnológicos y de orden político (desarrollo sostenible), para con ello salvaguardar el patrimonio al que tienen derecho las generaciones presentes y futuras. Por ello, el objetivo primordial del uso y protección del ambiente es que a través de la producción y el uso de la tecnología, se obtengan no sólo ganancias económicas (libertad de empresa) sino sobre todo un desarrollo y evolución favorable del medio ambiente y los recursos naturales con el ser humano, esto es, sin que se cause daño o perjuicio...”(voto 6322-2003). Por tal manera, la protección del ambiente debe encaminarse a la utilización adecuada de sus elementos, toda vez que es necesario la conservación del medio ambiente, pero también es indispensable la utilización de sus recursos para emprender procesos de desarrollo en beneficio de la sociedad en general. La cual a su vez, por una parte, demanda la protección del ambiente, y por otro lado, el desarrollo del país, desarrollo que, en un país como el nuestro, en muchos de los casos, tiene su fundamento en las riquezas naturales. De tal manera, la Sala Constitucional ha manifestado que “es preciso optar por el desarrollo sostenible, el cual satisface las necesidades del presente sin comprometer nuestra capacidad para hacer frente a las del futuro. Se trata en consecuencia, de una política cuyo núcleo es una planificación a largo plazo a través de políticas estatales, las cuales deben cumplir con todos los requisitos exigidos por las normas existentes y que lógicamente en este campo deben ser vistos con criterios restringidos, pues si se destruyen o se dañan los recursos naturales por una decisión precipitada o bien cuando las condiciones requeridas no son cumplidas, el desarrollo económico, social y político se afectará y decaerá, trayendo como consecuencia lógica la pérdida de la calidad de vida del ciudadano, y por ende, la pérdida de una riqueza invaluable que bondadosamente la Naturaleza nos ha regalado. Este desarrollo significa reconocer que deseamos tener acceso continuo a los recursos que posibiliten la vida y si hacemos expandir los beneficios del proceso industrial tenemos que estar conscientes de las implicaciones y limitaciones que supone este derrotero.”(voto 4423-93). El Principio de la Calidad Ambiental constituye un parámetro fundamental de la calidad de vida, ya que ligado a la vida que cada individuo pueda llevar; y a su vez se encuentra ligado el uso que se haga del ambiente para el propio desarrollo. Es así como el Tribunal Constitucional ha estimado que el derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado, implica el correlativo deber de proteger y preservar el medio, mediante el ejercicio racional y el disfrute útil del derecho mismo. (Voto 6233-2993). En ese sentido, siempre y cuando se demuestre que alguna actividad es dañina para la salud, se estaría en presencia de una violación del principio en estudio. O bien, cuando alguna actividad económica implique la pérdida de un recurso natural importante, dicha actividad debe ser prohibida, porque de lo contrario, se estaría fomentando el deterioro al ambiente, y con ello, a la calidad de vida de las personas. Igualmente se puede encontrar el fundamento del presente principio en el ya mencionado el artículo cincuenta constitucional y además se encuentra contenido en instrumentos internacionales que garantizan la protección al medio ambiente (como la Declaración de Estocolmo). En lo tocante al principio de solidaridad por tratarse el derecho al ambiente de un derecho de tercera generación se encuentra desarrollado bajo el valor de la solidaridad (así como el de libertad e igualdad fueron los principios y valores que respectivamente los que orientaron los derechos de primera y segunda generación). Se ha configurado como un “auténtico principio jurídico formalizado, generador de obligaciones exigibles en el seno de las relaciones sociales” (Real Ferrer, El Principio de Solidaridad en la Declaración de Río, 1994, p. 78). El principio de solidaridad implica y genera una responsabilidad colectiva para su realización, la cual es compartida pero diferenciada. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo de 1992 dejaron establecido que “Los Estados deberán cooperar con espíritu de solidaridad mundial para conservar, proteger y restablecer la salud y la integridad del ecosistema de la Tierra. En vista de que han contribuido en distinta medida a la degradación del medio ambiente mundial, los Estados tienen responsabilidades comunes pero diferenciadas. Los países desarrollados reconocen la responsabilidad que les cabe en la búsqueda internacional del desarrollo sostenible, en vista de las presiones que sus sociedades ejercen en el ambiente mundial y de las tecnologías y recursos financieros que disponen”(Principio 7 de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo 1992). Con la aparición del principio de solidaridad se vislumbra una humanización y preocupación no solo por le disfrute del derecho actual sino también por la preservación del mismo para asegurar el disfrute a las generaciones futuras. El derecho de las futuras generaciones implica a su vez una serie de derechos y deberes intergeneracionales relacionados entre sí y que a su vez se dividen en 3 principios básicos: a- Principio de conservación de opciones: se traduce en el derecho de cada generación a recibir la diversidad de los recursos naturales y el correlativo deber a mantenerlos, lo que implica una explotación racional y eficiente de los mismos.  b- Principio de conservación de la calidad: supone el derecho de todas las generaciones a recibir el planeta en condiciones de calidad óptimas y a su vez un correlativo deber de conservarlas y transmitirlas a futuras generaciones para que no la reciban en peores condiciones.  c- Principio de conservación de acceso: el derecho de acceso equitativo al legado de las generaciones pasadas y el deber de procurarlo a todos sus miembros (Franco del Pozco, Nombre64645, El Derecho Humano a un medio ambiente adecuado, en Cuadernos de Derechos Humanos, Bilbao, 2000, p. 21).  Por su parte el principio Precautorio , es uno de los principios más desarrollados, tanto por la doctrina como por la jurisprudencia, y se le ha considerado como principio esencial componente del derecho ambiental. Las Administraciones Públicas tienen la obligación de actuar en protección del derecho de todos al medio ambiente, y es así como se han delineado principios de actuación administrativa propios de la protección del medio ambiente y que particularizan este ámbito. Es importante hacer ver que el principio precautorio constituye un parámetro de legalidad de las conductas administrativas, y sobre ese particular, el doctor Aldo Milano señala que “ gran parte de las actividades riesgosas están sujetas a un régimen de policía administrativa, lo cual se manifiesta en el otorgamiento o la negativa de autorizaciones de ese mismo carácter. Esto hace que se planteen conflictos relacionados con tales decisiones, sea porque se estima que al otorgarse en un caso concreto la autorización, se quebranta el Principio Precautorio o bien, porque al ser denegada o condicionada con sustento en aquél, el afectado estima ilegítima la decisión.” Así, aludiendo a un caso concreto de la jurisprudencia francesa, indica que la decisión atacada en lo contencioso administrativo constituye el último paso en el largo procedimiento de evaluación de la inocuidad de la actividad de que se trate, y que la doctrina encuentra en el principio precautorio una fuente de derecho que impone una forma determinada de actuar de la Administración, de modo que –en caso de no respetarse esa forma de actuar- procedimiento- se estimará la nulidad del acto final que se adopte (ver Milano, Aldo. “El Principio Precautorio”, 2005, p. 55 a 58). El principio precautorio, también llamado como Principio de la Evitación Prudente, adquiere fuerza con la Declaración de Río de 1992 (Cumbre de la Tierra), pero ya la idea venía desarrollándose en otros convenios internacionales como la Declaración de Estocolmo y La Carta Mundial de la Naturaleza. El artículo quince de la Declaración de Río contiene este principio al señalar que “Con el fin de proteger el medio ambiente, los Estados deberán aplicar ampliamente el criterio de precaución conforme a sus capacidades. Cuando haya peligro de daño grave e irreversible, la falta de certeza científica absoluta no deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas eficaces en función de los costos para impedir la degradación del medio ambiente.” A nivel nacional, al artículo once de la Ley de Biodiversidad consagra el principio precautorio, prácticamente en los mismos términos que lo hace la Declaración de Río.  El principio de precautorio ha planteado varias interrogantes, dentro de las cuales destacan: el problema de la reversión de la carga de la prueba en materia ambiental; el equilibrio que debe existir entre las medidas represivas y preventivas; y la motivación que debe darse a industrias y otras empresas a través de políticas estimulantes de la protección del medio ambiente. En lo concerniente a la reversión o inversión de la carga de la prueba, consiste en que el demandado es el llamado a ofrecer pruebas para desvirtuar el contenido de la pretensión, sin olvidar que al Derecho Ambiental le interesa más la prevención que la reparación del daño. Está expresamente regulado en el artículo ciento nueve de la Ley de Biodiversidad, que dispone: “La carga de la prueba, de la ausencia de contaminación, degradación o afectación no permitidas, corresponderá a quien solicite la aprobación, el permiso o acceso a la biodiversidad o a quién se le acuse de haber ocasionado daño ambiental”, norma que debe verse en estrecha relación el artículo cinco de la misma Ley, que señala que lo establecido en esa legislación servirá de marco de interpretación del resto de las normas que regulan la materia objeto de dicha Ley. Esto quiere decir que en materia ambiental se rompe el clásico esquema de que “quién afirma prueba”, y adquiere un papel preponderante la teoría de la carga dinámica de la prueba, según la cual, “se traslada la carga a quién, a raíz de su situación personal, se halla en mejores condiciones para acercar la probanza al proceso, sin que importe si es el actor o el demandado” (sobre la carga dinámica de la prueba puede consultarse la sentencia de la Sala Primera de la Corte Suprema de Justicia N° 212-2008 de las 8:15 horas del 25 de marzo del 2008). Esta posición es aceptada por la doctrina del derecho ambiental, que en ese sentido ha indicado lo siguiente: “En el proceso ambiental, especialmente en función del principio precautorio, se produce una modificación en la carga de la prueba de encuadre clásico (según la cual es principio “que todo el que alega un hecho como pretensión o defensa tiene la carga de probarlo”) y cobra vida, en función de la precaución, la doctrina de las cargas dinámicas probatorias como paliativo para aligerar la ímproba tarea de producir pruebas diabólicas que, en ciertos supuestos, se hacían recaer sin miramientos sobre las espaldas de alguna de las partes (actor o demandado), por malentender las sacrosantas reglas apriorísticas de distribución de la prueba. Finalmente, las modificaciones señaladas en el ámbito del proceso ambiental imponen hablar de un “verdadero derecho procesal ambiental”, sea considerado como una rama autónoma o no; y la complejidad científico-técnica de los casos ambientales, que demandan soluciones inéditas a problemas también inéditos, imponen como mecanismo superador de las estructuras tradicionales del derecho la conveniencia de contar con fueros especializados en la materia ambiental como garantes de la aplicación efectiva del principio de precaución.” (Nombre5945, María Paulina. “El principio precautorio”. En Protección Ambiental, Argentina, 2008, p. 122). En íntima relación con esta variante procesal, la doctrina resalta el rol activo del Juez de frente a un asunto de carácter ambiental, y al respecto señala lo siguiente: “ Pero fue la Ley N° 25.675 (LGA) la que consagró innovaciones inéditas en materia de potestades judiciales (ordenatorias e instructorias), otorgándole al enjuiciador un rol completamente activo e inquisidor como garante de la aplicación del principio precautorio en aquellos procesos en los que se busca la preservación del equilibrio natural (ver artículo 32 LGA), sin que ello implique quiebre alguno del principio de congruencia. (...) se concluye que no existen áreas inmunes a la fuerza normativa de la Constitución y de las normas ambientales, particularmente la Ley General del Ambiente, que constituyen un orden público ambiental, que confieren amplias facultades, incluso de revisión de cuestiones hasta de índole técnica, que le permiten dar plena operatividad al principio precautorio en cada paso del iter procesal, en una tarea concreta y sin duda alguna macroscópica en pos del derecho a una efectiva tutela judicial efectiva.” (idem, Nombre5945, p. 117). Este papel que la doctrina le asigna al Juez de frente a asuntos de carácter ambiental, no está disociado del modelo que la Constitución Política y el Código Procesal Contencioso Administrativo le otorgaron al Juez Contencioso Administrativo. La Ley de Biodiversidad, cuyas normas son aplicables a resto del ordenamiento en materia ambiental, dispone expresamente en su artículo ciento ocho que “en materia de biodiversidad y mientras no exista jurisdicción ambiental, toda controversia será competencia exclusiva de la jurisdicción contencioso-administrativa”, excepto aquellos casos donde no medie un acto administrativo ni del dominio público. Fijada esta competencia, debemos recordar que la jurisdicción contencioso-administrativa goza de una amplia potestad de fiscalización, dada por el artículo cuarenta y nueve de la Constitución Política, que le permite ejercer un control tanto subjetivo, consistente en la tutela de las situaciones jurídicas sustanciales de los administrados (derechos subjetivos e intereses legítimos), como objetivo, consistente en garantizar la legalidad de la función administrativa de toda la Administración Pública (sean acciones u omisiones). El artículo primero del Código Procesal Contencioso Administrativo reproduce el contenido del artículo cuarenta y nueve constitucional y señala que la jurisdicción contencioso administrativa tiene por objeto tutelar las situaciones jurídicas de toda persona, garantizar o restablecer la legalidad de cualquier conducta de la Administración Pública sujeta al Derecho administrativo, así como conocer y resolver los diversos aspectos de la relación jurídico-administrativa (Jinesta, Ernesto. “Manual del Proceso Contencioso Administrativo, 2008, p.29). La doctrina nacional reafirma el amplio carácter fiscalizador del Juez contencioso administrativo en nuestro ordenamiento, al indicar lo siguiente: “Cuando la norma permite el control de la “función administrativa”, adopta sin ambages una fórmula amplia de fiscalización, en la que el Juez queda facultado para el control de la totalidad de la conducta administrativa. En efecto, el precepto rompe de tajo con cualquier limitación construida alrededor del objeto contencioso administrativo, pues cuando inserta la generalidad de la “función” administrativa dentro del ojo supervisor del Juez, abre el abanico jurisdiccional respecto de cualquier función, comportamiento o conducta administrativa. Nótese que no se atribuye a la jurisdicción contenciosa el control de la “actividad” o “acción” administrativa, ni mucho menos del “acto administrativo”, sino de la “función”, que no por casualidad, resulta omnicomprensiva no sólo de todas ellas, sino también de todo el ámbito de la inactividad. Cuando el artículo asigna al Juez el control de la “función”, está permitiendo que éste analice jurídicamente cualquiera de las funciones que a ella le son propias, cualquiera de sus conductas en cualquiera de sus manifestaciones administrativas. Puede controlar el Tribunal, tanto la actuación activa como la omisiva. Siempre que la conducta sea administrativa y que el control se realice dentro del marco jurídico, no existe o no debe existir, esfera exenta de control jurisdiccional; su revisión puede y debe ser completa,  sin inmunidad alguna en el objeto. (...) En este aspecto el constituyente nos ofrece un nuevo broche de cierre, una puerta de seguridad adicional como garantía del control pleno y universal, pues además de sujetar la función administrativa al control jurisdiccional de legalidad, permite al Juez comprobar si aquella se encuentra o no ajustada a los fines que la justifican.” (González, Oscar. “Sentencia”. En: El Nuevo Proceso Contencioso-Administrativo, 2006, p.426). Sobre el papel protagónico y activo que ejercer el Juez en la dinámica del Código Procesal se señala: “ Tal autonomía activa y organizacional para el restablecimiento del ordenamiento jurídico público (escrito y no escrito) y la protección efectiva de los intereses legítimos y los derechos subjetivos, confirma la trascendencia de esta jurisdicción como mecanismo reparador y protector de las situaciones jurídicas eventualmente afectadas, por la inmisión indebida del poder público a través de su multiplicado universo de órganos y entes con sus funcionarios generalmente de iure y excepcionalmente de hecho. (...) Incluso, se trastocó el principio clásico civilista que identifica el objeto del proceso con las pretensiones alegadas y deducidas por las partes, a fin de que la autoridad judicial, en calidad de sujeto activo en el proceso, dicte justicia no sólo con apego a lo pretendido sino, también, ajustando las pretensiones a la justicia pronta y cumplida, conforme a la nueva legislación, para satisfacer los valores insertos en el Estado de Derecho presentes en cada proceso para el restablecimiento de la legalidad o, mejor aún, del ordenamiento jurídico. Bajo el nuevo esquema, el juez antes de regirse por el principio dispositivo lo hará también por el inquisitivo, propio de los tribunales constitucionales como cuando, en nuestro caso, la Sala Constitucional condena en ambas costas y daños y perjuicios a las partes vencidas en las acciones de amparo, aunque los vencedores no lo hayan pedido.” (Jiménez, Nombre25610. “Bases constitucionales para la reforma de la jurisdicción contencioso administrativa”. En: El Nuevo Proceso Contencioso Administrativo, p. 18 y 19, 2006).  Retomando el principio precautorio, una vez ocurrida la acción que provocó el daño al ambiente, el interés se centra en la búsqueda de la mejor solución, tanto a nivel jurídico como práctico, teniendo claro que cualquier reparación que se realice nunca va a restituir en la totalidad la situación original. Por lo anterior, podría resultar criticable la imposición de principios como “El que contamina paga”, toda vez que estaría en contra del ánimo de prevención que es uno de los pilares fundamentales del Derecho Ambiental, y más bien, se estaría fomentando el deterioro del ambiente a cargo del pago o resarcimiento económico del daño ocasionado; pero el derecho debe también establecer las medidas de reparación en caso de que las precautorias o preventivas no sirvan (como sucede en la práctica la muchas ocasiones). La Sala Constitucional ha frecuentado en llamarlo también principio “in dubio pro natura”(voto 2000-9773 de la Sala Constitucional), señalando que comprende una especie de inversión de la carga de la prueba, dado que en caso de falta de certeza sobre las consecuencias de una actividad basta para no llevarla a cabo. Se ha establecido doctrinariamente que este principio se refiere a las políticas ambientales generales, y que para casos concretos opera el principio preventivo. En materia ambiental existe incertidumbre científica sobre los posibles daños que pueden ocasionar algún tipo de actividades. El principio precautorio se refiere a la actitud cautelosa que se debe tomar cuando surja alguna duda razonable en relación con la peligrosidad de cualquier actividad de repercusiones ambientales, sea para que se evite o para tomar las medidas necesarias para evitar el daño eventual.(Loperena Rota, Nombre110725, Los Principios del Derecho Ambiental, España, 1998, p. 93).  El Principio preventivo -también- esta muy relacionado con el principio anterior  se refiere a la proyección sobre las consecuencias perjudiciales ciertas de algunas actividades. El tratar de evitar las con anticipación es el propósito de este principio; por ejemplo en el caso de las políticas preventivas reflejadas mediante las Evaluaciones de Impacto Ambiental. En casos concretos este principio se traduce en la aplicación de medidas cautelares. El desarrollo doctrinario y legislativo de la tutela cautelar está centrado, como es lógico, en el proceso jurisdiccional. Debido a la lentitud de los procesos y las verdaderas situaciones de injusticia que se pueden ocasionar por ello, es que ha surgido en el Derecho comparado la necesidad de implementar las medidas cautelares. A pesar de ser esto así, la tutela cautelar no se circunscribe tan solo al ámbito jurisdiccional, sino que su aplicación también se contempla en los procedimientos administrativos. En los procedimientos de naturaleza ambiental la importancia que ha adquirido la tutela cautelar es decisiva a la hora de ejercer el derecho de todos a un medio ambiente sano. En sede jurisdiccional, las medidas cautelares tienen por función principal garantizar provisionalmente la eficacia de la sentencia definitiva, para que no sea una mera declaración de principios. De acuerdo con la doctrina nacional, existe un derecho fundamental a la tutela cautelar que forma parte del derecho a una justicia pronta y cumplida contenido en el artículo 41 constitucional. (Jinesta Lobo, Las Medidas Cautelas Atípicas en el Proceso Contencioso Administrativo, en la Dimensión Constitucional de la Jurisdicción Contencioso Administrativo, p. 171). En este sentido, la jurisprudencia nacional ha manifestado que “ III. ... Resulta obvio, que el derecho a la tutela cautelar y el deber correlativo del órgano jurisdiccional de actuarlo cuando concurran los presupuestos establecidos en la ley, cuya titularidad ostenta todo justiciable, posee una profunda raigambre constitucional, y más concretamente forma parte del haz de facultades que conforman el contenido esencial del derecho fundamental a una justicia pronta y cumplida (tutela judicial efectiva, o en los términos de la Sala Constitucional derecho general a la jurisdicción, artículo 41 de la Constitución Política). En tal sentido, se puede sostener, que no existe una tutela judicial pronta y cumplida – efectiva- sin una cautelar flexible y expedita.”(Voto 405-95 de este Tribunal, o resaltado no corresponde al original). En materia de derecho ambiental la presencia de los presupuestos propios de las medidas cautelares cobra mayor vigencia, dado el carácter irreversible de los daños ambientales.  En cuanto al principio de publicidad es de recordar que la Administración tiene el deber de hacer públicas las informaciones de actividades públicas o privadas que tengan relación con el medio ambiente, dado que media un interés público. Para el autor español Martín Mateo, la información o publicación de los datos es la base sobre la que se asienta igualmente la acción protectora de las Administraciones Públicas, la educación ambiental y la investigación (Tratado de Derecho Ambiental, España, 1991). El artículo treinta de la carta fundamental garantiza el acceso a los departamentos administrativos con propósitos información sobre asuntos de interés público. Sin embargo, en materia medioambiental el concepto de información y acceso adquiere una nueva dimensión y se entiende como el derecho del individuo o colectividad de solicitar información y de ser informado por cualquier ente u órgano estatal sobre cualquier proyecto que pueda afectar su derecho de un ambiente sano y ecológicamente equilibrado (Nombre368, Ana Virginia, Garantías e Implicaciones Constitucionales del Medio Ambiente, en Apuntes sobre el Sector Justica al Derecho Ambiental, Costa Rica, 1997, p. 286).  A su vez el principio de restaurabilidad se aplica en presencia de la responsabilidad civil por la generación de una lesión, la sanción al responsable puede ser la indemnización de los daños y perjuicios ocasionados (compensación) o la reparación a su estado originario de la situación alterada por la infracción. La doctrina ha sostenido, que a diferencia de otros ámbitos en los cuales en general existe la opción de reponer o no la cosa dañada, en materia ambiental la efectiva restauración es imprescindible y no opcional para el administrador del bien dañado, esto en particular por la titularidad común de los bienes ambientales dado que no puede dañarse el medio ambiente y destinar su compensación económica para otros usos (Loperena, 1998, p. 73). Sin embargo, es claro que la reparación será sanción en la medida que esta sea posible.  Los artículos cincuenta y tres y cincuenta y cuatro de la Ley de la Biodiversidad contienen este principio, y de este modo se obliga al Estado [incluyendo a las instituciones autónomas] a tener como principio de actuación la restaurabilidad, mediante la obligación de fomento y en caso de que ya se hubiese producido el daño ambiental procurar tanto se recuperación, rehabilitación como la restauración del mismo. Por su parte la regla El que contamina, paga” s egún la doctrina, en el Derecho Ambiental se ha consagrado el principio de la responsabilidad extracontractual objetiva, sin que se examine la culpa o negligencia del agente causante del daño ambiental (Loperena, 1998, p. 64), la cual podría pensarse que se encuentra incluida dentro de la responsabilidad ambiental de la Ley Orgánica del Ambiente establecida en el artículo dos inciso d) [referente a los principios en materia ambiental], la cual es una cláusula amplia de responsabilidad al señalar que: “ Quien contamine el ambiente o le cause daño será responsable, conforme lo establezcan las leyes de la República y los convenios internacionales vigentes”. El origen de este principio es anglosajón y se debe entender de la siguiente manera: “Conforme al principio ‘quien contamina paga’, se entiende por responsable de la contaminación, (...), por agente contaminador a la persona física o jurídica sometida a derecho privado o público que directa o indirectamente deteriora el medio ambiente o crea las condiciones para que se produzca dicho deterioro, tratándose de evitar en principio que la política de protección del medio ambiente se base en subvenciones y ayudas estatales y que se atribuya a la Comunidad la carga de la lucha contra la contaminación, siendo imputable al contaminado el costo de las medidas necesarias para la eliminación de la contaminación o para su reducción hasta estándares o medidas equivalentes de objetivos de calidad ambiental.” (Ibídem, p. 67). Este principio implicaría para el contaminador el pago y cumplimiento de las medidas cautelares que se decreten; el cese de la actividad contaminante o su modificación; el pago de las multas pertinentes; y la reparación e indemnización de los daños y perjuicios ocasionados. Referente a la  realización del estudio de impacto ambiental previo a la iniciación de obras aunque a simple vista más que un principio se podría decir que se trata de una obligación, la doctrina lo ha considerado como un principio, cuyo fundamento constitucional se extrae del mandato cincuenta de la carta fundamental, en el tanto que obliga al Estado a garantizar, defender y preservar el derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado. En el Derecho Ambiental las medidas preventivas tienen una importancia vital; ya que prevenir es siempre mejor que reparar el daño ocasionado, por cuanto restablecer la naturaleza a su estado anterior no es tarea fácil. Dentro de las medidas preventivas se encuentra el estudio de impacto ambiental, el cual es obligatorio para el Estado y los particulares. En nuestro país la primera normativa de carácter legal que involucra este concepto es el Código de Minería, promulgado mediante Ley Número 6797. En el artículo ciento uno se contempla que “con el objeto de garantizar un aprovechamiento racional de los recursos nacionales y de proteger sus usos futuros, los concesionarios deberán efectuar estudios de impacto ambiental de sus actividades, en forma previa y pública. Estos estudios deberán ser efectuados por personal técnico calificado, mediante las normas suministradas por el Estado, y si los estudios se consideraran deficientes podrán ser rechazados por el organismo gubernamental de control.” (Lo resaltado no corresponde al original). Asimismo, el Reglamento al Código de Minería contiene en su artículo treinta y cuatro y siguientes lo establecido por la Comisión Gubernamental de Control Ambiental sobre los Estudios de Impacto Ambiental. Por otro lado, la Ley de Conservación de Vida Silvestre en el numeral 26 establece la facultad de la “Dirección General de Vida Silvestre del Ministerio de Recursos Naturales, Energía y Minas para otorgar permisos de importación de especies de Vida Silvestre. Toda solicitud para esos permisos deberá presentarse, ante esa Dirección, con una evaluación de impacto ambiental la que, para los efectos de esta Ley, se considerará documento público y deberá incluirse los siguientes requisitos...”. Posteriormente, con la Ley de Hidrocarburos, se vino a establecer lo relativo a la protección ambiental, estipulándose la obligación de realizar un Estudio de Impacto Ambiental para el desarrollo de las actividades de exploración y explotación de hidrocarburos. Éste desarrollo normativo, logra en mil novecientos noventa y cinco un importante y significativo avance con la publicación de la Ley Orgánica del Ambiente, en la cual se incluyeron una variedad de normas relacionadas con el Estudio de Impacto Ambiental, y se crea así la Secretaría Técnica Nacional Ambiental.  De tal manera el artículo diecisiete de este cuerpo de normas dispone que las actividades humanas que alteren o destruyan elementos del ambiente o generen residuos materiales tóxicos o peligrosos, requieran de una evaluación de impacto ambiental por parte de la Secretaria Técnica Ambiental (SETENA). Por otro lado, éste principio también ha sido recogido por una serie de instrumentos internacionales, como lo es la Declaración de Río, que en su principio diecisiete contempló que “deberá emprenderse una evaluación de impacto ambiental, en calidad de instrumento nacional, respecto de cualquier actividad propuesta que probablemente haya de producir un impacto negativo considerable en el medio ambiente y que esté sujeta a la decisión de una autoridad nacional competente.” En el Convenio sobre Diversidad Biológica y sus Anexos I y II establece que “ Cada Parte Contratante, en la medida de lo posible y según proceda: Establecerá procedimientos apropiados por los que exija la evaluación del impacto ambiental de sus proyectos propuestos que puedan tener efectos adversos importantes para la diversidad biológica con miras a evitar o reducir al mínimo esos efectos, y cuando proceda, permitirá la participación del público en esos procedimientos...”   Por su parte la Sala Constitucional ha realizado un significativo aporte al disponer que “el Estudio de Impacto Ambiental se establece como el instrumento idóneo que tiene el Estado para garantizar el equilibrio entre la conservación de los recursos naturales, y el desarrollo del ser humano en forma sostenible. De este modo, la actividad humana que conlleve la intervención, alteración o destrucción del medio ambiente, debe ajustarse a lo que ambientalmente resulte más beneficioso para el Estado y la comunidad, o la de grupos que puedan verse afectados.” Ahora bien, el Estudio de Impacto Ambiental no puede eximirse de los proyectos de desarrollo, de explotación o exploración; ni por ley y menos aún por ninguna norma de rango inferior, precisamente por tener fundamentación en la Constitución Política. Por último debe señalarse que la realización del Estudio de Impacto Ambiental no implica la puesta en funcionamiento del proyecto en cuestión, toda vez que se trata de un requisito previo y que, necesariamente debe cumplirse en los casos estipulados. En cuanto al principio de que sólo el Estado de Necesidad declarado excepciona el cumplimiento de las normas ambientales más que un principio se puede tomar como una regla, ya que se determina que la única excepción al cumplimiento de las normas y principios en materia ambiental lo sería el estado de necesidad, ya que el Estado es el llamado a preservar el orden público. Por lo anterior, es que se debe decir que el fundamento de este “principio” lo sería el Estado de Necesidad; es decir, la misma necesidad se convierte en el fundamento. De tal manera, ante la presencia de situaciones transitorias y urgentes en las que se hace necesario la continuidad de los servicios públicos, se permite la dispensa de la normativa ambiental; bastaría con que se produzca el hecho determinante, como por ejemplo, una inundación, un terremoto, una epidemia, o bien, que se tenga un alto grado de certeza que se va a producir el hecho para que se pueda declarar el Estado de Necesidad. Así las cosas, le es permitido a la Administración Pública adoptar una conducta sin cumplir con una disposición en materia ambiental. Por ejemplo, la construcción de un puente sin la realización del Estudio de Impacto Ambiental, o bien, la realización de algún proyecto sin que se cuente con un permiso de salud. Por otra parte, no se debe confundir el Estado de Necesidad con la Contingencia, la cual se puede definir como aquel hecho futuro que puede o no producirse. En estos casos no es posible la dispensa de la normativa ambiental, toda vez que no se tiene certeza que el hecho se va a producir. En ese sentido, la Sala Constitucional ha dispuesto que “es contraria al Derecho de la Constitución, no sólo la normativa, sino la actuación de las instituciones públicas que dispensen los trámites y procedimientos ordinarios para la actuación ordinaria de la Administración.\" (Voto 6503-2001). En consecuencia, “ para que se entienda de desarrollo constitucional la medida de emergencia, ésta debe atender única y exclusivamente a darle solución a la situación de emergencia que la motiva, y tener –además- como propósito el bien común: esto es, debe ser justa y además razonable (proporcionada en sentido estricto)”.(voto 6322-2003 de la Sala Constitucional). Mientras que con respecto al principio que la falta de recursos económicos de las instituciones públicas no es excusa que justifique la omisión de dar protección al Derecho Ambiental es una premisa desarrolla con el avance progresivo de los derechos económicos y sociales; y de la aplicación del principio de la prohibición del retroceso social. En términos de la Sala Constitucional “la falta de presupuestos (recursos económicos, materiales y/o personal calificado) no puede constituirse en un límite entre el respeto y la violación de los derechos fundamentales, es decir, no puede ser motivo para que la Administración no actúe y tome acciones concretas a fin de que a través de su gestión encuentre solución a los problemas que los particulares les requieran en materia ambiental...”(voto 6322-2003 de la Sala Constitucional). No se debe dejar de lado un aspecto vital, y es el hecho que este enunciado se debe analizar conjuntamente con el principio de equilibrio presupuestario, por cuanto la Administración Pública está obligada a cumplir el equilibrio en el presupuesto. De tal manera, se presenta un interesante fenómeno, ya que por una parte se establece la obligación del Estado de proteger el ambiente, sin que pueda excusarse en la falta de recursos para dejar de cumplirlo, y por otra parte, la situación que la Administración, abruptamente, no puede romper con el equilibrio presupuestario para cumplir con sus deberes y obligaciones constitucionales. Consecuentemente, resulta necesario buscar la manera en que se pueda cumplir con ambos enunciados, de tal forma que se garantice la protección al ambiente y además se cumpla con el equilibrio presupuestario. Es decir, se requiere de una aplicación armónica, integral entre ambos postulados. Es conveniente indicar que en la mayoría de los casos la falta de presupuesto es más consecuencia de la línea política imperante en la materia, que a la inexistencia del recurso mismo. Mientras que con respecto al principio de la Coordinación entre las diferentes dependencias de la Administración Pública deriva del principio de la Unidad Estatal. Así se desprende de la jurisprudencia constitucional que al respecto ha consignado que “la protección del medio ambiente es una tarea que corresponde a todos por igual , es decir, que existe una obligación para el Estado –como un todo- de tomar las medidas necesarias para proteger el medio ambiente, a fin de evitar grados de contaminación, deforestación, extinción de flora y fauna, uso desmedido o inadecuado de los recursos naturales, que pongan en peligro la salud de los administrados.” (Ibídem, lo resaltado no corresponde al original). En España este enunciado está contenido expresamente en la Constitución Política en los numerales ciento cuarenta y ocho y ciento cuarenta y nueve; y se denomina el Principio de Coordinación Orgánica; el cual se basa en el dato de que la Constitución atribuye la función de protección de los recursos naturales con carácter compartido al Estado y las Comunidades Autónomas. La coordinación se produce cuando un problema desborda la competencia de un ente, y por esta razón se hace necesaria la coordinación con la entidad o el órgano público que corresponda y se ha definido como “la ordenación de las relaciones entre estas diversas actividades independientes, que se hace cargo de esa concurrencia en un mismo objeto o entidad, para hacerla útil a un plan público global, sin suprimir la independencia recíproca de los sujetos agentes .” (Ibídem, lo resaltado no corresponde al original). En el ordenamiento jurídico costarricense, a nivel legal, se consagra el presente principio en el artículo 3 de la Ley Orgánica del Ambiente y a nivel internacional se ha enunciado, entre otros, en la Declaración de Estocolmo sobre el Medio Humano al contemplar que “a fin de lograr una más racional ordenación de los recursos y mejorar las condiciones ambientales, los Estados deberían adoptar un enfoque integrado y coordinado de la planificación de su desarrollo de modo que quede asegurada la compatibilidad del desarrollo con la necesidad de proteger y mejorar el medio humano en beneficio de su población.” De lo señalado, se extrae la necesaria coordinación estatal para lograr el cambar cumplimiento de las obligaciones constitucionales, importancia que se vuelve aún más importante al tratarse de la protección y preservación del medio ambiente. En este sentido, si bien existe un órgano rector en la materia, como lo es el MINAE, se hace necesaria la colaboración de otras instancias o dependencias, este Ministerio está facultado para integrar a todos aquellos involucrados, como lo son las municipalidades, que en ciertas materias son incluso las únicas con la competencia. Referente a que la lesión a este Derecho Ambiental se da tanto por acción como por omisión se desprende de la propia Constitución Política en el ya tantas veces citado artículo cincuenta, ya que como lo ha señalado la Sala Constitucional “ las omisiones al deber de protección del medio ambiente y de cumplimiento de la normativa ambiental son de relevancia constitucional, por cuanto a consecuencia de la inercia de la Administración en esta materia, se puede producir un daño al medio ambiente y a los recursos naturales, a veces, de similares o mayores consecuencias, que de las derivadas de las actuaciones de la Administración.” (Ibídem). En ese sentido, podría incluso pensarse en la omisión en el dictado de una ley indispensable para la protección del derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado, o bien, llevar a cabo una construcción sin la aprobación del Estudio de Impacto Ambiental; o lo ejercer los deberes de vigilancia; los cuales son apenas algunos ejemplos en los que la inactividad de la Administración, tanto formal como material, puede provocar daños graves al ambiente, muchas veces mayores que los que se producen por medio de acciones. Con respecto a la inoperancia del silencio positivo en materia de utilización de recursos naturales como es sabido, el silencio positivo es un instrumento propio del derecho administrativo y opera en toda aquella actividad fiscalizadora del Estado, cuando luego de transcurrido un plazo prudente, que en nuestro ordenamiento jurídico es de un mes [salvo norma que disponga plazo contrario] después de presentada la solicitud, la Administración no fiscaliza la actividad, entonces se entiende por otorgada. Se presenta para los permisos, autorizaciones, licencias, de conformidad con los numerales trescientos treinta y trescientos treinta y uno de la Ley General de la Administración Pública. No obstante, esta regla no resulta de aplicación en materia ambiental, ya que está por encima el derecho constitucional a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado. Sobre la materia, la Sala Constitucional ha señalado que: “...estas reglas –silencio positivo- no son de aplicación en materia de permisos de aprovechamiento de los recursos naturales (forestales, mineros, marinos, aguas de la Nación, fuerzas que derivan de los recursos hídricos, etc.), [...], precisamente en virtud del valor superior (interés público) de la tutela del ambiente, y precisamente por la conceptualización del derecho ambiental como un derecho fundamental [...]” (Op. Cit). Este principio fue consagrado por la Sala Constitucional para los recursos forestales, sin embargo, dado que la protección se da para toda la naturaleza se entiende que rige para toda la materia ambiental, ya que la no aplicación del silencio positivo en materia ambiental, podría señalarse, que encuentra su justificación en el valor superior, o sea, el interés público, de la tutela del ambiente como un derecho fundamental. A nivel legal, se ha consagrado este “principio” de manera expresa como en la Ley Forestal es una de ellas, al disponer, de una forma muy amplia y clara, que en materia de recursos naturales no opera el silencio positivo.  El problema es que debería encontrarse de manera más directa y expresa su consagración como principio, ya que como es sabido una de las formas de proteger el ambiente es precisamente impidiendo que por la inercia de la Administración se puedan tener por otorgados permisos para la explotación de los recursos naturales, que generarían, en muchos, casos daños irreparables al medio ambiente o incluso la pérdida de algunos de sus componentes. Por último, en cuanto a la participación ciudadana en los asuntos ambientales se consagra en un principio cuyo fundamento se extrae de los artículos veintisiete, treinta y cincuenta constitucionales, por cuanto los ciudadanos tienen derecho al acceso a la información de que se dispone y a la divulgación de ella para la toma de decisiones. La participación ciudadana constituye una consecuencia del principio democrático y abarca el derecho a la información relativa a los proyectos ambientales o que puedan causar una lesión a los recursos naturales y el medio ambiente y la garantía de una efectiva participación en la toma de decisiones. Por su parte, el artículo diez de la Convención de Río elevó la participación a rango de principio en materia ambiental al disponer que “el mejor modo de tratar las cuestiones ambientales es con la participación de todos los ciudadanos interesados, en el nivel que corresponda. En el plano nacional, toda persona debe tener adecuada formación sobre el medio ambiente que dispongan las autoridades públicas, incluida la información sobre los materiales y las actividades que encierran peligro en sus comunidades, así como la oportunidad de participar en los procesos de adopción de decisiones. Los estados deberán facilitar y fomentar la sensibilización y la participación de la población poniendo la información a disposición de todos. Deberá proporcionarse acceso efectivo a los procedimientos judiciales y administrativos, entre éstos el resarcimiento de daños y los recursos pertinentes.” (Lo resaltado no corresponde al original). En el Derecho Español su propia Constitución contiene la participación ciudadana en el artículo ciento veintinueve punto uno al señalar que “ La Ley establecerá las formas de participación de los interesados en la Seguridad Social y en la actividad de los Organismos públicos cuya función afecte directamente a la calidad de la vida o al bienestar general.” Además de la fundamentación constitucional, en nuestro ordenamiento, la Ley Orgánica del Ambiente contempla este principio al igual que el Reglamento sobre Procedimientos de la Secretaría Técnica Nacional Ambiental, incluso establecen la realización de una audiencia pública en el procedimiento del Estudio de Impacto Ambiental; pero el ordenamiento jurídico costarricense no está al margen de este importante postulado, ya que en un Estado Democrático de Derecho como el nuestro, la participación de la población es uno de los pilares fundamentales y debería fortalecerse más.\n\nV.- EN CUANTO AL DOMINIO PÚBLICO EN EL DERECHO AL AGUA: La Constitución Política en el artículo ciento veintiuno inciso catorce, señala: \" (...) Además de las otras atribuciones que le confiere esta Constitución, corresponde exclusivamente a la Asamblea Legislativa: (...) 14) Decretar la enajenación o la aplicación a usos públicos de los bienes propios de la Nación (...)\".  Esta disposición constitucional ha sido desarrollada en el Código Civil, en los artículos doscientos sesenta y uno al doscientos sesenta y tres; el primero de ellos indica: \"Son cosas públicas las que, por ley, están destinadas de un modo permanente a cualquier servicio de utilidad general, y aquellas de que todos pueden aprovecharse por estar entregadas al uso público. Todas las demás cosas son privadas y objeto de propiedad particular, aunque pertenezcan al Estado o a los Municipios, quienes para el caso, como personas civiles, no se diferencian de cualquier otra persona\". Por su parte el canon siguiente agrega: \"Las cosas públicas están fuera del comercio; y no podrán entrar en él, mientras legalmente no se disponga así, separándolas del uso público a que estaban destinadas\". Así, como dominio público se entiende el conjunto de bienes sujeto a un régimen jurídico especial y distinto al que rige el dominio privado, que además de pertenecer o estar bajo la administración de personas jurídicas públicas, están afectados o destinados a fines de utilidad pública y que se manifiesta en el uso directo o indirecto que toda persona pueda hacer de ellos.  No está demás agregar a esa definición la existencia del patrimonio público, entendido este, como la existencia de una serie de bienes que por disposición del constituyente, o derivado de este (normalmente dispuesto positivamente en una ley ordinaria) son patrimonio de la nación en administración del Estado, quien eventualmente podría otorgar alguna situación jurídica a partir de ellos. En estos casos, ese patrimonio no está a disposición de la colectividad de manera directa o indirecta, o incluso afecta a un servicio público; normalmente presentan un considerable valor económico, y La Nación lo ha reservado para sí en provecho de la colectividad. Conforme la normativa legal citada, el Estado posee tanto bienes de dominio público, como privado; los bienes públicos son aquéllos a los cuales una ley les da un destino para uso público o general, se les denomina \"demaniales\" y son inalienables, imprescriptibles, inembargables e indenunciables. La lógica de los bienes públicos es que su dominio antecede al Estado mismo, de suerte que son de La Nación en cuanto requisito para la convivencia en sociedad, El Estado se limita a administrarlo, lo que como regla de principio impide que puedan salir de la esfera pública. Es decir, afectados por su propia naturaleza y vocación (Ver Sala Constitucional, voto 2306-91 de las 14:45 horas del 6 de noviembre de 1991). Se dice que son de La Nación es cuando que el Estado se limita a su resguardo y protección, sin que en principio pueda disponer de ellos. Estos bienes se encuentran fuera del comercio de los hombres y consecuentemente tienen una naturaleza y régimen jurídico diverso de los bienes privados –los cuales se rigen por el derecho de propiedad en los términos del artículo 45 de la Constitución Política–, en tanto, por expresa voluntad del legislador o por su misma esencia se encuentran afectos a un destino especial de servir a la comunidad de manera directa o indirecta, o constituyen patrimonio del Estado, sea al interés público, y que por ello, no pueden ser objeto de propiedad privada, por lo cual, no pueden pertenecer individualmente a los particulares, ni al Estado, en sentido estricto, por cuanto éste se limita a su administración y tutela. Así, lo que define la naturaleza jurídica de los bienes demaniales es su destino, en tanto se afectan y están al servicio del uso público, según lo ha reconocido la doctrina en la materia, así, Nombre33033, Miguel S., en su obra Tratado de Derecho Administrativo (Tomo V. Abeledo-Perrot. Buenos Aires. 1992., pág. 25), consideró: \" Para que un bien o cosa sea considerado como dependencia del dominio público, y sea sometido al régimen pertinente, es menester que dicho bien o cosa estén afectados al «uso público», directo o indirecto, debiendo tratarse, en este «último» supuesto, de cosas afectadas directamente -como «bienes finales» o «bienes de uso»- a la utilidad o comodidad común, quedando excluidos de la dominialidad de los bienes el Estado que revistan carácter simplemente instrumental.\" Por otra parte, los bienes privados del Estado, se regularan por el derecho privado con elementos propios del derecho público. Estos bienes, si están dentro del comercio de los hombres; pueden ser traspasados, apropiados, y no son imprescriptibles; por ende, son susceptibles de usucapión en beneficio de particulares, de conformidad con el artículo doscientos sesenta y uno ya indicado.  Nótese que el énfasis de la diferenciación se da en relación al destino del bien, sea, al hecho de estar afectos a un uso común o al servicio del bien común (ver Sala Constitucional en sentencia número 2301-91, de 6 de noviembre de 1991 mil novecientos noventa y uno y 2000-06903 de las 15:48 horas del 8 de agosto de 2000).  Como ya se adelantó, por su especial naturaleza jurídica, presentan los siguientes atributos: son imprescriptibles, lo cual implica que por el transcurso del tiempo, no puede adquirirse el derecho de propiedad sobre ellos, ni siquiera de mera posesión, es decir, no pueden adquirirse mediante la usucapión, así como tampoco pueden perderse por prescripción; motivo por el cual los permisos de uso que la Administración conceda sobre ellos, siempre tienen un carácter precario, lo cual hace que puedan ser revocadas por motivos de oportunidad o conveniencia en cualquier momento por la Administración –en los términos previstos en los artículos 154 y 155 de la Ley General de la Administración Pública–; y las mismas concesiones que se otorguen sobre ellos para su aprovechamiento, pueden ser canceladas, mediante procedimiento al efecto; son inembargables, que hace que no pueden ser objeto de ningún gravamen o embargo, ni por particulares, ni por la Administración; y son inalienables, lo que se traduce en la condición de que están fuera del comercio de los hombres; de donde no pueden ser enajenados, vendidos o adquiridos, ni a título gratuito ni oneroso, ni por particulares, ni por el Estado, de modo que están excepcionados del comercio los hombres y sujetos a un régimen jurídico especial y reforzado. Además su uso y aprovechamiento está sujeto al poder de policía, en tanto, por tratarse de bienes que no pueden ser objeto de posesión, y mucho menos de propiedad, su utilización y aprovechamiento es posible únicamente a través de actos debidamente autorizados, sea mediante concesión o permiso de uso, otorgado por la autoridad competente; y al control constante de parte de la Administración Pública.  Un bien público puede ser natural o artificial, según se trate de bienes declarados públicos por el legislador considerándolos en el estado en que la naturaleza los presenta u ofrece (un río por ejemplo), o de bienes declarados públicos por el legislador pero cuya creación o existencia depende de un hecho humano (construcción de una calle o un parque público, por ejemplo). La afectación es el hecho o la manifestación de voluntad del poder público, en cuya virtud la cosa queda incorporada al uso y goce de la comunidad y puede efectuarse por ley o por acto administrativo. La doctrina hace la distinción entre “asignación del carácter público” a un bien con la “afectación” de ese bien al dominio público. La asignación del carácter público significa establecer que ese bien determinado tendría calidad demanial; así, por ejemplo, la norma jurídica general diría que todas las vías públicas son integrantes o dependientes del dominio público y ello quiere decir que lo son las actuales y las que se lleguen a construir. En cambio, la afectación significa que el bien declarado dominical queda efectivamente incorporado al uso público y esto tiene que ver con la aceptación y recibo de obras públicas cuando se construyen por administración o por la conclusión de las obras y su recibo oficial, cuando es un particular el que las realiza (construcción de una urbanización o fraccionamiento, por ejemplo).- Es por esto que se dice que la afectación puede ser declarada por ley en forma genérica, o bien por un acto administrativo, el cual, necesariamente, deberá conformarse con la norma jurídica que le sirve de referencia (principio de legalidad). Como consecuencia de lo dicho en el punto anterior, es manifiesto que el régimen demanial es per se. Su existencia y publicidad se da con autonomía del Registro, sin que sea dable al titular registral alegar desconocimiento como medio para desvirtuarlo y contrarrestar la afectación. Los principios de inalienabilidad e imprescriptibilidad que caracterizan el dominio público impiden que en su contra pueda esgrimirse la figura del tercero registral para consolidar la propiedad privada ilícitamente sustraída de ese régimen. El demanio tiene publicidad legal y en muchos casos natural. Lo anterior va aparejado al principio de inmatriculación de los inmuebles componentes del dominio público, el cual cuenta con una publicidad material y no necesariamente formal o registral. Frente al dominio público, las detentaciones privadas adolecen de valor debilitado, por prolongadas que sean en el tiempo y aunque aparezcan amparadas por asientos del Registro de la Propiedad. La condición de bien de dominio público y uso público afecta a tercero, aunque tal cualidad no resulte del Registro de la Propiedad. Se trata de bienes que, por su naturaleza, no necesitan de la inscripción registral (Voto 019-2009-SVII, Tribunal Contencioso Administrativo, Sección Séptima). Nótese, que dicho principio como excepción al principio de publicidad registral tiene su fundamento, en que los bienes de dominio público gozan de publicidad material y por ende no es necesaria su publicidad registral, en el tanto los bienes de dominio público por su naturaleza, no son sujetos a dicho instituto.  Adicionalmente, existe la figura de la \"desafectación\", que se trata de \" la situación jurídica por la que un bien deja de pertenecer al dominio público (...) los bienes que son desafectados se convierten, en principio, en bienes patrimoniales de la Administración titular, que, en su caso, podrá enajenarlos (...)\"(voto 035-2009-SVII, Tribunal Contencioso Administrativo); situación que en sana lógica solo podría ocurrir en aquellos que han sido declarados como tales por ley, pues en los que su condición es intrínseca tal posibilidad resultaría vedada.  Antes de orientar la argumentación más en concreto sobre el punto que nos ocupa, es manifiesto que cuando el bien demanial ha sido creado por un particular o representa una afectación especialmente intensa que no está obligado a soportar este, dicho carácter no inhibe la obligación de asumir responsabilidad por parte de la Administración, a fin de permitir el equilibrio en las cargas públicas.  Ahora bien, con respecto al agua, la Sala Constitucional, en voto n.° 5606-06, se reconoció la condición de derecho humano al señalar:\n\n“VII.- El acceso al agua potable como derecho humano . Adicionalmente a lo señalado, y tal vez el aspecto más relevante en este tema, lo constituye la naturaleza y función del agua para la vida humana. No es necesario detallar aquí una explicación sobre la realidad evidente y notoria de que sin agua no puede haber vida, ni calidad de vida, y que por lo tanto, con ley o sin ley de nacionalización, por su propia esencia, este tema, no es ni puede ser un tema territorial o local. La propia Sala en su jurisprudencia constitucional ha dicho que el acceso al agua potable es un derecho humano fundamental, en cuanto se configura como un integrante del contenido del derecho a la salud y a la vida. (SALA CONSTITUCIONAL, sentencias números 534-96, 2728-91, 3891-93, 1108-96, 2002-06157 2002-10776; 2004-1923). Esta misma línea se ha mantenido en las sentencias 2003-04654 y 2004-07779, que en lo que interesa señalan:  // ‘V.- // La Sala reconoce, como parte del Derecho de la Constitución , un derecho fundamental al agua potable, derivado de los derechos fundamentales a la salud, la vida, al medio ambiente, a la alimentación y la vivienda digna, entre otros, tal como ha sido reconocido también en instrumentos internacionales sobre Derechos Humanos aplicables en Costa Rica: así, figura explícitamente en la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (art. 14) y la Convención sobre los Derechos del Niño (art. 24); además, se enuncia en la Conferencia Internacional sobre Población y el Desarrollo de El Cairo (principio 2), y se declara en otros numerosos del Derecho Internacional Humanitario. En nuestro Sistema Interamericano de Derechos Humanos, el país se encuentra particularmente obligado en esta materia por lo dispuesto en el artículo 11.1 del Protocolo Adicional a la Convención Americana sobre Derechos en Materia de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (“Protocolo de San Salvador” de 1988), el cual dispone que: “Artículo 11. Derecho a un medio ambiente sano 1.-Toda persona tiene derecho a vivir en un medio ambiente sano y a contar con servicios públicos básicos’. La carencia de recursos no justifica el incumplimiento de los cometidos de las administraciones públicas en la prestación de este servicio básico. (SALA CONSTITUCIONAL, resoluciones 2003-04654 y 2004-007779). // Por su parte, como bien lo reconocen tanto la Procuraduría como el representante del AyA en sus informes, en el campo internacional también es mayoritario el reconocimiento del agua como derecho humano y como una pre-condición necesaria para todos nuestros derechos humanos. Se sostiene que sin el acceso equitativo a un requerimiento mínimo de agua potable, serían inalcanzables otros derechos establecidos -como el derecho a un nivel de vida adecuado para la salud y para el bienestar, así como de otros derechos civiles y políticos. En noviembre del 2002, el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas afirmó que el acceso a cantidades adecuadas de agua limpia para uso doméstico y personal es un derecho humano fundamental de toda persona. Asimismo en el Comentario General No. 15 sobre el cumplimiento de los artículos 11 y 12 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, el Comité hizo notar que ‘el derecho humano al agua es indispensable para llevar una vida en dignidad humana. Es un pre-requisito para la realización de otros derechos humanos’. Se enfatiza también que los Estados miembros del Pacto Internacional tienen el deber de cumplir de manera progresiva, sin discriminación alguna, el derecho al agua, el cual da derecho a todos a gozar de agua suficiente, físicamente accesible, segura y aceptable para uso doméstico y personal. // Por su parte se han dado varias conferencias internacionales entre las que destaca la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Agua llevada a cabo en Mar de Plata en 1977 que reconoció que todos los pueblos tienen derecho al acceso a agua potable para satisfacer sus necesidades básicas. También, la Declaración sobre el Derecho al Desarrollo, adoptada por la Asamblea General de la ONU, de 1986 incluye un compromiso por parte de los Estados de asegurar la igualdad de oportunidades para todos para disfrutar de los recursos básicos.  // El concepto de satisfacer las necesidades básicas de agua se fortaleció más durante la Cumbre de la Tierra de 1992 en Río de Janeiro. En la Agenda 21, los gobiernos acordaron que \"al desarrollar y usar los recursos hídricos, debe darse prioridad a la satisfacción de las necesidades básicas y a la conservación de los ecosistemas. De igual forma, en el Plan de Implementación adoptado en la Cumbre de Johannesburgo en el 2002, los gobiernos se comprometieron a \"emplear todos los instrumentos de políticas, incluyendo la regulación, el monitoreo..... y la recuperación de costos de los servicios de agua,\" sin que los objetivos de recuperación de costos se conviertan en una barrera para el acceso de la gente pobre al agua limpia. Asimismo existen decenas de instrumentos internacionales que directa e indirectamente tienen que ver con el agua como un derecho humano de todas las personas y pueblos, de tal forma que no sólo es un tema que por su naturaleza tiende a la nacionalización, sino a la internacionalización de su uso y aprovechamiento”.\n\nVéase como más allá del sustento normativo, el carácter demanial del agua es una consecuencia necesaria del imperioso requerimiento que presenta para la vida humana, lo que lleva aparejado que el norte normativo interno se sustente en el artículo veintiuno constitucional. A nivel infra constitucional, su demaniabilidad viene regulada inicialmente en la Ley de Aguas, número 276, de veintiséis de agosto de mil novecientos cuarenta y dos:\n\n\"Artículo 1º.- Son aguas del dominio público: // I.- Las de los mares territoriales en la extensión y términos que fija el derecho internacional;  // II.- Las de las lagunas y esteros de las playas que se comuniquen permanente o intermitentemente con el mar; // III.- Las de los lagos interiores de formación natural que estén ligados directamente a corrientes constantes; // IV.- Las de los ríos y sus afluentes directos o indirectos, arroyos o manantiales desde el punto en que broten las primeras aguas permanentes hasta su desembocadura en el mar o lagos, lagunas o esteros;  // V.- Las de las corrientes constantes o intermitentes cuyo cauce, en toda su extensión o parte de ella, sirva de límite al territorio nacional, debiendo sujetarse el dominio de esas corrientes a lo que se haya establecido en tratados internacionales celebrados con los países limítrofes y, a falta de ellos, o en cuanto a lo no previsto, a lo dispuesto por esta ley;  // VI.- Las de toda corriente que directa o indirectamente afluyan a las enumeradas en la fracción V; // VII.- Las que se extraigan de las minas, con la limitación señalada en el artículo 10; // VIII.- Las de los manantiales que broten en las playas, zonas marítimas, cauces, vasos o riberas de propiedad nacional y, en general, todas las que nazcan en terrenos de dominio público; // IX.- Las subterráneas cuyo alumbramiento no se haga por medio de pozos; y // X.- Las aguas pluviales que discurran por barrancos o ramblas cuyos cauces sean de dominio público.\n\n Artículo 2º.- Las aguas enumeradas en el artículo anterior son de propiedad nacional y el dominio sobre ellas no se pierde ni se ha perdido cuando por ejecución de obras artificiales o de aprovechamiento anteriores se alteren o hayan alterado las características naturales.\n\nExceptúanse las aguas que se aprovechan en virtud de contratos otorgados por el Estado, las cuales se sujetarán a las condiciones autorizadas en la respectiva concesión. .\"\n\n \n\nPor su parte para cuando acaeció el otorgamiento de la concesión estaba vigente, la Ley 258 del dieciocho de agosto de mil novecientos cuarenta y uno, Ley del Servicio Nacional de Electricidad, que señalaba:\n\n“Artículo 1: Todas las aguas de la República, que no sean dominio privado de acuerdo con la Ley de Aguas vigente, … son inalienable y del dominio, gobierno y vigilancia del Estado”\n\n \n\nAbona a lo dicho lo dispuesto por el artículo cuarto del Código de Minería (Ley 6797 del 4 de octubre de 1982) que señala:\n\n“Artículo 4.- ….  las aguas subterráneas y superficiales, se reservan para el Estado y sólo podrán ser explotados por éste, por particulares de acuerdo con la ley, o mediante una concesión especial otorgada por tiempo limitado y con arreglo a las condiciones y estipulaciones que establezca la Asamblea Legislativa.\n\nLos recursos naturales existentes en el suelo, en el subsuelo y en las aguas de los mares adyacentes al territorio nacional, en una extensión de hasta doscientas millas a partir de la línea de baja mar, a lo largo de las costas, sólo podrán ser explotados de conformidad con lo que establece el inciso 14) ( último párrafo ) del artículo 121 de la Constitución Política.”\n\n \n\nEn cuanto a la Administración del recurso, la derogada Ley número 258 de dieciocho de agosto de mil novecientos cuarenta y uno, creo el Servicio Nacional de Electricidad  para ejercer el dominio, aprovechamiento, utilización, gobierno y vigilancia de varios recursos entre ellos todas las aguas. Facultándolo el numeral sexto para dar concesiones o derechos de aguas, norma que es coherente con la Ley de Aguas ya señalada que en artículo diecisiete establece que “Es necesaria autorización para el aprovechamiento de aguas públicas, especialmente dedicadas a empresas de interés público o privado. Esa autorización la concederá el Servicio Nacional de Electricidad en la forma en que se prescribe en la presente Ley..”, lo que es reafirmado por el artículo setenta de la ley 16 del treinta de octubre de mil novecientos cuarenta y uno. Por su parte la ley Nº 2726 de catorce de abril de mil novecientos sesenta y uno y sus reformas -en especial las de la ley No. 5915 de 12 de julio de 1976-, \"Ley Constitutiva del Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados\" indica:\n\n\"Artículo 1.- Con el objeto de dirigir, fijar políticas, establecer y aplicar normas, realizar y promover el planeamiento, financiamiento y desarrollo y de resolver todo lo relacionado con el suministro de agua potable y recolección y evacuación de aguas negras y residuos industriales líquidos, lo mismo que el aspecto normativo de los sistemas de alcantarillado pluvial en áreas urbanas, para todo el territorio nacional se crea el Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados, como institución autónoma del Estado.” (Así reformado por Ley Nº 5915 de 12 de julio de 1976, artículo 1º) \n\n \n\nComo se puede extraer de los artículos supra transcritos y de la lectura integral de la leyes respectivas, el S.N.E. tenía como finalidad en este campo, representar y ejercer en nombre del Estado el dominio del recurso hídrico del país, con el fin de velar por la preservación del mismo y utilización de forma jerarquizada según la importancia de las necesidades. Por su parte el A y A tiene como finalidad planificar, construir y operar la infraestructura necesaria para abastecer de agua potable y vigilar la planificación, construcción y operación de la misma realizada por los particulares con el indicado fin. Como se observa, el representar al Estado en los contratos de concesión era uno de los mecanismos que le permitía al S.N.E. realizar su fin legal (como se verá esa competencia posteriormente fue trasladada). Establecido de manera expresa en su ley constitutiva como en la Ley de Aguas. Para aquellos años quedaba claro, que el otorgamiento de la conexión le resultaba propio, lo que incluía el correspondiente contrato; mientras el A y A presenta competencia para planear, diseñar, construir, operar y mantener obras de abastecimiento de agua a una población, así como la adecuación a sus recomendaciones de las indicadas obras cuando sean realizadas por particulares -Ley No. 16 del 30 de octubre de 1941, No. 809 de 02 de noviembre de 1949 y la Ley General de Agua Potable, entre otras- función que nunca ha conllevado la de conferir concesiones para la explotación de aguas del dominio público, aún cuando éstas sean destinadas, como es el caso que nos ocupa, a proveer de agua potable a una población definida. A partir de las normas dichas, en especial la Ley del A y A (así como los artículos 266 y 276 de la Ley general de salud, Ley n.° 5395 de 23 de octubre de 1973.), queda claro que a excepción de esta última, solamente las municipalidades, Empresa de Servicios Públicos de Heredia, Asociaciones de Desarrollo Comunal (a través de los Comités de Acueductos Rurales) u otros organismos locales con los que el A y A llegue a celebrar convenio al intento no existe otros organismos facultados para administrar acueductos públicos. De manera que un particular no está autorizado por el ordenamiento jurídico para prestar el servicio público de abastecimiento poblacional de agua potable y alcantarillado sanitario, con excepción de las Asociaciones Administradoras de Acueductos y Alcantarillados (ASADAS) como gestoras del servicio público. De manera que el Ministerio del Ambiente, Energía y Telecomunicaciones (que asumió las funciones de otorgar concesiones de agua ante el transformación del SNE en la ARESEP), de previo a otorgar la concesión, estaría en la obligación legal de verificar que el particular cuenta con la autorización previa del A y A y del Ministerio de Salud  para que la empresa privada preste el servicio de agua potable a la población, así como el sistema de alcantarillado sanitario. En el caso de las ASADAS que actúan por delegación del A y A, su naturaleza jurídica surgen a raíz de la Ley Constitutiva del Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados, en la cual se facultó a este a delegar la administración, operación y mantenimiento de los sistemas de acueductos y alcantarillados --que le fueron encomendados por el legislador--, a agrupaciones debidamente conformadas para tal efecto, según se desprende del artículo segundo inciso g) de la citada ley, al señalar expresamente “Queda facultada la institución para convenir con organismos locales, la administración de tales servicios o administrarlos a través de juntas administradoras de integración mixta entre el Instituto y las respectivas comunidades, siempre que así conviniere para la mejor prestación de los servicios y de acuerdo con los reglamentos respectivos.”   Con fundamento en la norma transcrita anteriormente, el Poder Ejecutivo procedió emitió varios reglamentos, siendo el Reglamento de las Asociaciones Administradoras de Sistemas de Acueductos y Alcantarillados Comunales, (Decreto N°32529 de 2 de febrero de 2005) la norma vigente, que dispone este último reglamento en su artículo 3:\n\n‘Artículo 3. A y A mediante convenio suscrito al efecto, previo acuerdo favorable de su Junta Directiva, podrá delegar la administración, operación, mantenimiento y desarrollo de los sistemas de acueductos y/o alcantarillados comunales, a favor de asociaciones debidamente constituidas e inscritas de conformidad con la Ley de Asociaciones N°218 del 08 de agosto de 1939, sus modificaciones y respectivo Reglamento, Decreto Ejecutivo N°29496-J, publicado en La Gaceta N°95 del 21 de mayo del 2001. ..”\n\nDe la norma transcrita, se desprende que las Asociaciones Administradoras de Acueductos y Alcantarillados constituyen personas jurídicas de naturaleza privada, dado que su creación debe regirse por la Ley de Asociaciones.  Por esta razón, la constitución de dichas asociaciones debe realizarse con absoluto respeto al derecho de libre asociación y consecuentemente son entes de derecho privado y no público, no obstante que su funcionamiento se encuentra sometido a los requisitos y requerimientos exigidos por la normativa que las regula, ya que les fue encomendado el ejercicio de una especial actividad que por intermedio de la figura de la gestión de servicio público se vean involucradas en la prestación de servicios públicos en beneficio de una colectividad. Al respecto, la Sala Constitucional (voto 3041-97 de las 16:00 hrs. del 3 de junio de 1997) ha destacado que la delegación de esa responsabilidad de administrar el sistema de acueductos y/o alcantarillados sanitarios, supone una clara \"concesión\" de gestión de servicio público, lo que desde un plano técnico del derecho administrativo no del todo correcto, en el entendido que una concesión (salvo los supuestos otorgados por la Asamblea Legislativa) presupone un procedimiento concursal, que con respecto a la ASADAS no se da.  De manera que lo que resultaría posible sostener es que dichas agrupaciones presentan un autorización en la gestión del servicio, en cuanto administran por convenio con el Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados ese servicio público, se encuentran, de derecho, en una posición de poder respecto de los usuarios y ejercen, para ese fin, una serie de competencias y funciones públicas (Sala Constitucional, Voto N°2006-01651 de las dieciséis horas con treinta y nueve minutos del catorce de febrero del dos mil seis).\n\nVI.- SOBRE LA INTANGIBILIDAD DE LOS ACTOS DECLARATIVOS DE DERECHO: La nulidad o revocación de los actos declarativos de derechos,  constituye una excepción calificada a la doctrina de la inderogabilidad de los actos propios y favorables para el administrado o del principio de intangibilidad de los actos propios, al que esta Sala especializada le ha conferido rango constitucional por derivar del ordinal treinta y cuatro de la Constitución Política (Ver sentencias Nos. 2186-94 de las 17:03 hrs. del 4 de mayo de 1994 y 899-95 de las 17:18 hrs. del 15 de febrero de 1995)-. La regla general es que la administración pública respectiva no puede anular un acto declaratorio de derechos para el administrado, siendo las excepciones la anulación o revisión de oficio y la revocación. Para ese efecto, la administración pública, como principio general, debe acudir, en calidad de parte actora y previa declaratoria de lesividad del acto a los intereses públicos, económicos o de otra índole, al proceso de lesividad, el cual se ha entendido, tradicionalmente, como una garantía para los administrados. Sobre este particular, este Tribunal Constitucional en el Voto No. 897-98 del 11 de febrero de 1998 señaló que “... a la Administración le está vedado suprimir por su propia acción aquellos actos que haya emitido confiriendo derechos subjetivos a los particulares. Así, los derechos subjetivos constituyen un límite respecto de las potestades de revocación (o modificación) de los actos administrativos, con el fin de poder exigir mayores garantías procedimentales. La Administración, al emitir un acto y con posterioridad al emanar otro contrario al primero, en menoscabo de derechos subjetivos, está desconociendo estos derechos, que a través del primer acto había concedido, sea por error o por cualquier otro motivo. Ello implica que la única vía que el Estado tiene para eliminar un acto suyo del ordenamiento es el proceso de jurisdiccional de lesividad, pues este proceso está concebido como una garantía procesal a favor del administrado, o bien, en nuestro ordenamiento existe la posibilidad de ir contra los actos propios en la vía administrativa, en la hipótesis de nulidades absolutas, evidentes y manifiestas, previo dictamen de la Contraloría General de la República y de la Procuraduría General de la República (como una garantía más a favor del administrado) y de conformidad con el artículo 173 de la Ley General de la Administración Pública. En consecuencia, si la Administración ha inobservado las reglas de estos procedimientos, o bien, las ha omitido del todo o en parte... el principio de los actos propios determina como efecto de dicha irregularidad la invalidez del acto.”. A tenor del numeral ciento setenta y tres de la Ley General de la Administración Pública, un ente u órgano público bien puede anular en vía administrativa un acto declaratorio de derechos para el administrado pero lesivo para los intereses públicos o patrimoniales de la primera, sin necesidad de recurrir al proceso contencioso administrativo de lesividad cuando el mismo este viciado de una nulidad absoluta evidente y manifiesta. La nulidad absoluta evidente y manifiesta debe ser dictaminada, previa y favorablemente, por la Procuraduría o la Contraloría Generales de la República —acto preparatorio del acto anulatorio final—. Le corresponderá a la Contraloría cuando la nulidad verse sobre actos administrativos relacionados directamente con el proceso presupuestario o la contratación administrativa (Hacienda Pública). Ese dictamen es indispensable, a tal punto que esta Sala en el Voto No. 1563-91 de las 15 hrs. del 14 de agosto de 1991 estimó que “... Es evidente, entonces, que a partir de la vigencia de la Ley General de la Administración Pública, la competencia de anular en sede administrativa solamente puede ser admitida si se cumple con el deber de allegar un criterio experto y externo al órgano que va a dictar el acto final.”. Se trata de un dictamen de carácter vinculante —del que no puede apartarse el órgano o ente consultante—, puesto que, el ordinal dos de la Ley Orgánica de la Procuraduría General de la República establece que es de acatamiento obligatorio, a través del cual se ejerce una suerte de control previo o preventivo de legalidad, en cuanto debe anteceder el acto final del procedimiento ordinario incoado para decretar la anulación oficiosa, que no riñe con ninguno de los grados de autonomía administrativa, por ser manifestación específica de la potestad de control inherente a la dirección intersubjetiva o tutela administrativa. Resulta lógico que tal dictamen debe ser favorable a la pretensión anulatoria de la administración consultante, y sobre todo que constate, positivamente, la gravedad y entidad de los vicios que justifican el ejercicio de la potestad de revisión o anulación oficiosa. La Administración pública respectiva está inhibida por el ordenamiento infra constitucional de determinar cuándo hay una nulidad evidente y manifiesta, puesto que, ese extremo le está reservado al órgano técnico-jurídico y consultivo denominado Procuraduría General de la República, como órgano desconcentrado del Ministerio de Justicia. En los supuestos en que el dictamen debe ser vertido por la Contraloría General de la República, también, tiene naturaleza vinculante en virtud de lo dispuesto en artículo cuatro, párrafo in fine, de su Ley Orgánica No. 7428 del 7 de septiembre de 1994.  Debe tenerse claridad que no cualquier grado de invalidez o nulidad autoriza a un ente u órgano público para decretar la anulación oficiosa de un acto administrativo declaratorio de derechos para un administrado, dado que, el ordenamiento jurídico administrativo exige que concurran ciertas características o connotaciones específicas y agravadas que la califiquen. Lo evidente y manifiesto es lo que resulta patente, notorio, ostensible, palpable, claro, cierto y que no ofrece ningún margen de duda o que no requiere de un proceso o esfuerzo dialéctico o lógico de verificación para descubrirlo, precisamente, por su índole grosera y grave. En tal sentido, basta confrontar el acto administrativo con la norma legal o reglamentaria que le dan cobertura para arribar a tal conclusión, sin necesidad de hermenéutica o exégesis ninguna. Cuando la nulidad no reviste de tales características, la administración pública respectiva —autora del acto que se pretende anular o revisar—, de previo a la declaratoria de nulidad, debe abrir un procedimiento administrativo ordinario en el que se deben observar los principios y las garantías del debido proceso y de la defensa (artículo 173, párrafo 3°, de la Ley General de la Administración Pública), la justificación de observar ese procedimiento está en que el acto final puede suprimir un derecho subjetivo del administrado (artículo 308 ibidem). Sobre este punto, el artículo ciento ochenta y tres párrafo primero de la Ley General de la Administración Pública preceptúa que fuera de los casos previstos en el artículo la administración no podrá anular de oficio los actos declaratorios de derechos a favor del administrado y para obtener su eliminación deberá recurrir al contencioso de lesividad.\n\nVII.  SOBRE EL FONDO DEL PROCESO: Sostiene la actora que es poseedora de parte de la finca del partido de Puntarenas con número de Folio Real cincuenta y tres mil quinientos - cero cero cero, lo que de la constatación del elenco de hechos probados resulta un tema incuestionable, incluso carente de discusión desde el mismo expediente administrativo y las manifestaciones del representante del ente público en la audiencia de juicio. Vemos como, la Municipalidad de Corredores adquirió un bien en dicho cantón de la empresa Compañía Bananera Nacional, que posteriormente varió su nombre por el de Palmatica con el fin de desarrollar una serie de actividades públicas y distribuir el remanente dentro de un grupo de personas de escasos recursos dentro de los cuales se ubica la señora actora.  Si bien la accionante sostiene que ese traspaso a favor del ente público se dio hace casi veinte años, la certificación presentada al efecto indica lo contrario, más ambas partes demandadas ubican en la corporación de derecho público la titularidad del bien. Dicho aspecto es relevante desde el tema de la legitimación pasiva como se verá pero será retomado de manera posterior. Conforme con la teoría del caso de la actora tiene derecho a que se inscriba parte de ese bien a su nombre, al haber ejercido la posesión de manera pública, pacífica, ininterrumpida y a título de dueña, sobre lo que deben realizarse varias aclaraciones.  Es evidente que durante muchos años la señora Nombre110720  ha poseído de manera pública y a título de dueña, pero la condición de pacífica e ininterrumpida resulta cuestionable.  Sobre estos dos aspectos, véase como durante los últimos diez años la Corporación de derecho público ha realizado gestiones a la desocupación del bien, lo que ha sido contendido por la señora actora tanto con el uso de los instrumentos legales como de hecho, lo que impediría tener por cumplidos dichos requisitos. Por otro lado, la doctrina civil para reconocer la existencia de un derecho de propiedad en los términos que pretende la señora actora exige el denominado justo título, a saber la existencia de un acto traslativo que legitime la posesión reclamada.  En este caso correspondería a un acto a título gratuito, que como es sabido se trata de un contrato formal y que no surte efectos hasta el momento en que se generado y se encuentra debidamente inscrito en el Registro Público.  Situación por demás compleja en la especie si consideramos que el bien ni siquiera se encuentra inscrito a nombre del ente público, lo que le impediría cualquier disposición. En dichos términos la pretensión debería ser rechazada sin mayores discusiones. Más a criterio de este Tribunal la medula del asunto no se sustenta en esos tópicos sino en la naturaleza del bien que se pretende adquirir. Se indicó que las Administraciones presentan dos tipos de bienes los dominicales y los fiscales. Como ya ha quedado evidenciado por diferente prueba, incluyendo la de la misma actora, el lote en consideración se encuentra a menos de doscientos metros del pozo de suministro de agua a la comunidad de La Cartonera, es decir no presenta la distancia ordenada por la Ley de Aguas en su canon treinta y uno. Se trata en efecto de doscientos metros alrededor de la zona de captación que se encuentran afectadas y como tales no se encuentran dentro del comercio de los hombres.  Eso nos lleva a la necesaria consecuencia que las normas propias del derecho privado que invoca la actora en su beneficio no resultan de aplicación a la sub júdice. Dicho en pocas palabras, el bien que pretende adquirir la actora no puede ser objeto de prescripción positiva, en tanto está afectado de manera manifiesta y evidente al uso público de manera indirecta, en la medida que garantiza un servicio público fundamental como lo es el suministro de agua potable en la zona en consideración. Véase como todo orienta a pensar que la existencia del pozo es anterior a la adjudicación que fuera objeto la actora, lo que determina no solo que la ausencia de comercialización del bien no resulta intempestiva sino además que desde aquella data el bien no era posible de aplicarse la prescripción positiva. Se trata de aplicar las normas propias del derecho privado a un inmueble que reviste características diametralmente opuestas. Lo que sin mayores cuestionamientos obliga la existencia de una falta de derecho que debe ser declarada.  Durante el juicio oral y público la actora pretendió acreditar que existían otras personas más cerca del pozo que no habían sido objeto de molestias por parte del ente público, lo que de alguna manera determinaría una especie de trato discriminatorio, argumento que sin mayores cuestionamientos debemos rechazar. Es una obligación del ente público menor recuperar todos los terrenos que se encuentren dentro del radio del pozo por la razones ya vertidas, sea a la actora y cualquier otra persona, si ha existido inercia en el cumplimiento de las obligaciones legales frente a otras personas ubicadas en el inmueble, es una situación reprochable que bien puede derivar en responsabilidad civil, disciplinaria y hasta penal de los funcionarios involucrados (incluyendo al mismo alcalde) que no han cumplido con su deber legal, más eso no permite que se genere un derecho alguno a favor de la señora accionante. Se trataría de pretender generar un derecho a partir de una acción ilícita y contraria al ordenamiento que de manera alguna puede ser aceptada por este órgano jurisdiccional.  No sobra indicar que para la Cámara no es posible justificar como ha transcurrido tanto tiempo sin que se hubieran adoptado los procedimientos legales pese a la claridad de la resolución del jerarca impropio, lo que en su momento fue advertido por la misma Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia. Así el actuar del ente público menor de cumplir con sus obligaciones se torna ante todo en una postura contraria al derecho público, que como tal nos corresponde repudiar. También procuró evidenciar la señora Nombre47162  que se habían adoptado las medidas preventivas para evitar una posible contaminación del pozo, situación que se había presentado en su oportunidad pero que se había suprimido a partir de las medidas correctivas, lo que haría lícita su posesión. Al respecto conforme se explicó de manera detallada en los considerandos cuarto y quinto de esta resolución, el tema del agua potable es referente a aspectos ambientales y se encuentra cubierto por una serie de principios que le resultan propios. En dicho marco, el principio protector y el pro natura, sin perjuicio del estudio previo, determinan que aún cuando no exista daño alguno, el solo peligro de la existencia de este, genera que el terreno en consideración no puede salir de manos gubernamentales, toda vez que no es posible en esta materia correr riesgos innecesarios en tanto los peligros pueden afectar a considerable cantidad de personas. Amén de que la norma de la Ley de Aguas resulta imperativa, de orden público e imposible de otorgar una interpretación como la parte lo pretende que cumplido el fin es posible incumplir la letra de la norma positiva en su beneficio. Por el contrario, el fin permitiría que en condiciones especiales el diámetro de retiro pudiera ser mayor, pero la letra de la disposición obliga a la protección mínima de los metros ya señalados. De esa manera, ese argumento también debe ser rechazado. Por último, invocó la actora no presentar condiciones económicas para construir su casa nuevamente, lo que le generaría un grave perjuicio. Está acreditado en el expediente que la Municipalidad ha procurado corregir la situación, otorgándole a la actora otro lote dentro de la comunidad, el cual no reúne el interés de esta (pese a haberlo aceptado y estar inscrito a su nombre) en tanto ya realizó una construcción en el inmueble objeto de disputa y representarle una mayor distancia con respecto a la madre de la accionante quien le colabora con el cuido de los hijos de esta. Al respecto, el Tribunal debe resultar más que enfático en señalar que el ente público lo que pretendió otorgar originalmente fue un lote, no una casa; igualmente, si la corporación pretendía mitigar las condiciones de pobreza en la zona nada le obliga a otorgar el bien en las condiciones que mejor se acomodan a los intereses de la actora. Resulta una situación lamentable que casualmente se otorgaran varios lotes en la comunidad, donde algunos de ellos no se ven afectados por la prohibición legal y otros sí (el relación directa del mencionado pozo), estando en este último supuesto el caso de la señora accionante; empero la corporación territorial no se encuentra obligada a otorgar el bien en las condiciones que pretende interesada, sino con respecto a aquellas que técnicamente resulten procedentes, lo que lleva incluido el respeto de los bienes demaniales que pudieran verse involucrados. Hasta este momento nos hemos referido a la pretensión de generar una prescripción adquisitiva, siendo imperativo considerar las restantes. La segunda solicitud deducida se orienta a pedir la inscripción del bien base del conflicto a favor de la actora, es decir corresponde a un requerimiento de naturaleza subsidiaria, que al haberse rechazado la anterior, la presente debe seguir la misma suerte. La inscripción a final de cuentas depende de la constitución de la usucapión ya considerada y rechazada, al no existir esta no es posible inscripción alguna ante el Registro Público. Por último, la pretensión indemnizatoria tiene sustento, por verse limitada en servicios públicos básicos por no haberse inscrito la finca a su nombre en virtud de la oposición de las demandadas.  En cuanto a la restricción de los servicios públicos véase como la construcción adoptada por la actora no existe un solo elemento de convicción que evidencie la licitud de esta, pues todo indica lo contrario, lo que prima facie llevaría a la necesaria consecuencia de su rechazo. Por otro lado, la carencia de inscripción se sustenta ante la imposibilidad legal, volviendo nuevamente a solicitarse un aspecto en contraposición del ordenamiento legal. De manera que la carencia de derecho le resulta aplicable a esa solicitud. A manera de conclusión es posible asegurar que la pretensión expuesta por la actora es contraria al derecho, debiendo ser rechazada en su integralidad, como en efecto se dispone. El Tribunal se siente en la obligación de realizar algunas aclaraciones a lo dispuesto. Según se ha señalado anteriormente, pese al rechazo de la demanda, se torna incontrovertible la existencia de un acto declarativo de derechos a favor de la señora actora, vigente a la fecha, que al margen de su ilicitud o conformidad con el ordenamiento continua a la fecha generando efectos jurídicos. Si bien se argumentó en el juicio oral y público que ese acto había sido revocado, lo cierto es que la Sección Tercera de este Tribunal anuló dicha revocatoria y procuró reorientar el actuar administrativo, lo que pese a la claridad de lo dispuesto no ha sido cumplido por el ente público menor. Frente a dicho actuar administrativo, la conducta de la accionante se torna de buena fe y amparado al principio de confianza legítima, en tanto no le ha sido revocado el derecho constituido a su favor.  La ley resulta incontrovertible de cuál es el procedimiento para anular dicho acto o revocarlo según corresponda, lo que en efecto debe disponerse siguiendo exclusivamente el trámite legal. De esa manera cualquier gestión intempestiva o sin seguir ese trámite se torna ilegitima e ilegal; de manera que no es un trámite viable. Consideramos necesario advertir esa situación a fin de no propiciar la generación de una conducta contraria al ordenamiento jurídico.\n\nVIII.  SOBRE LAS EXCEPCIONES INVOCADAS: La demandada Compañía Palmatica interpuso la excepción de falta de legitimación pasiva, sustentada en que el bien base del conflicto no es de su propiedad.  Como quedó evidenciado dicha venta se produjo efectivamente, más no se encuentra inscrita.  De manera que la señora Nombre110720  estaba llamada a presentar su demanda contra esa empresa también a fin de tener debidamente integrada la litis. La consideración de la procedencia de la demanda por el fondo, es un tema a considerar hasta en sentencia. Generando el rechazo la excepción presentada. Por su parte, con respecto a la excepción de falta de derecho, como se ha indicado la actora pretende una solicitud que no corresponde a lo regulado por el ordenamiento, de suerte que debe acogerse y declarar sin lugar la demanda en todos sus extremos. \n\nIX- EN CUANTO A LAS COSTAS: En lo que refiere a las costas, considera este órgano jurisdiccional que nos encontramos en uno de los supuestos de excepción de condenatoria al vencido, pese a su condición. La actora presenta un acto declarativo del derecho y existe inercia administrativa en la conducta que le corresponde, lo que la obligaba a accionar para resolver la situación de alguna manera, lamentablemente en los términos presentados resulta no sustentable jurídicamente. Lo que nos orienta a señalar la presente resolución sin especial condenatoria por ambas costas del proceso.\n\nPOR TANTO:\n\nSe declara sin lugar la defensa de falta de legitimación pasiva interpuesta por la Compañía Palmatica S.A.  S e acoge la excepción de falta de derecho interpuesta por ambas demandadas.   Consecuentemente  se declara sin lugar en todos sus extremos la demanda. Tome nota el ente público de lo expuesto en la parte considerativa de esta resolución,  en especial que la actora presenta un acto firme y declarativo de derechos por lo que sí es de su interés recobrar el bien objeto del litigio deberá seguir el procedimiento de ley, con las garantías correspondientes, y bajo ningún supuesto podrá actuar en forma intempestiva. Se emite sin especial condenatoria en costas.\n\n \n\n \n\n \n\nRicardo A. Madrigal Jiménez\n\n \n\n \n\n \n\nGrace Loaiza Sánchez                                                                Sandra María Quesada Vargas\n\nExpediente: 10-000042-0419-AG\n\nProceso de Conocimiento\n\nActor: Nombre110720 \n\nContra: Compañía Palma Tica S. A. y Municipalidad de Corredores\n\n \n\nClasificación elaborada por CENTRO DE INFORMACIÓN JURISPRUDENCIALdel Poder Judicial. Prohibida su reproducción y/o distribución en forma onerosa.\n\nEs copia fiel del original - Tomado del Nexus.PJ el: 22-03-2026 08:02:26.\n\nSCIJ de Hacienda\nSCIJ de la Procuraduría General de la República",
  "body_en_text": "IV.- ON THE PRINCIPLES OF ENVIRONMENTAL LAW: Environmental Law, as an autonomous body of law, has its own principles, which guide environmental activity. Most of these principles are contained, in one way or another, in legal texts or at least have been identified by case law. It must also be recalled that Article fifty of the Constitution enshrines the right to a healthy and ecologically balanced environment; and from that same provision derive a series of principles that will be analyzed in this section. Specialized doctrine has identified as guiding principles in this matter at least those of Equality, Environmental Law Guardianship (Tutela del Derecho Ambiental) by the State, Sustainability, the Principle of Rational Use of Resources, so that a necessary balance exists between the country's development and the right to the environment, Environmental Quality, the Principle of Solidarity, the Precautionary Principle, the Preventive Principle, Publicity, Restorability, \"Polluter Pays,\" conducting an environmental impact assessment (evaluación de impacto ambiental) prior to the commencement of works, Only a declared State of Necessity exempts compliance with environmental regulations, The lack of financial resources of public institutions is not an excuse to justify the omission of providing protection to Environmental Law, Coordination to guarantee environmental protection, Injury to this Environmental Law occurs both by action and by omission, Inoperativeness of positive silence (silencio positivo) regarding the use of natural resources, and citizen participation in environmental matters. Without it being understood that this list is closed, since as a law under construction, new lines of application and interpretation of said legal system could be added. The equality of persons before the law, without any type of discrimination, is a fundamental right enshrined in our legal system by Article thirty-three of the Political Constitution and also established in Article twenty-four of the American Convention on Human Rights. The right to the environment and its protection are also protected by this principle of equality, which must be applied to the matter. In this way, all human beings equally have the right to enjoy an adequate environment and to access justice without any discrimination to enforce their rights should their right to a healthy environment (directly or indirectly) have been violated. Article fifty of the Constitution declares that every person has the right to a healthy and balanced environment. Article two, subsection a) of the Organic Environmental Law (Ley Orgánica del Ambiente) contains this principle by declaring that the environment is the common heritage of all the inhabitants of the Nation, and therefore, both at the institutional (of the Executive Branch) and jurisdictional levels, citizens have the right to equal treatment. The principle of the Guardianship of Environmental Law by the State is also derived from constitutional canon fifty, deriving the State's obligation to exercise a guardianship and governing function in environmental matters. In this regard, the Constitutional Chamber (Sala Constitucional) has stated that the State must \"ensure and protect the right against any risk or need, defend means to prohibit, ban and impede any activity that threatens the right, and preserve is an action aimed at anticipatorily safeguarding the right from possible dangers in order to make it endure for future generations. The State must assume a dual behavior of doing and not doing; on the one hand, it must refrain from itself threatening the right to a healthy and ecologically balanced environment, and on the other hand, it must undertake the task of dictating the measures that allow compliance with constitutional requirements.\" (vote 9193 of the Constitutional Chamber of the Supreme Court of Justice). In this manner, the Constitutional Chamber develops all the actions that comprise the guardianship that the State must exercise in order to protect the environment; including both a behavior of doing and not doing, since on the one hand, it must refrain from committing any act against the right to a healthy and ecologically balanced environment; and on the other hand, it must adopt an active conduct, in the sense of dictating the measures and regulations it deems pertinent for the safeguarding of this right. The governing body in the matter under study is the Ministry of Environment and Energy, MINAE (it is worth remembering that this ministry has changed names) in accordance with provision two of the Organic Law of this Ministry; whereby it must be said that the figure of the State as the subject called to exercise guardianship in environmental matters is a Ministry upon which the stewardship falls, but furthermore, for this environmental protection function to be real and effective, the participation of a series of state entities and bodies is necessary, which, in coordination with MINAE (or MINAET, depending on the historical moment), are called to interact (such as the municipalities). Sustainability in the use of natural resources is one of the universally accepted principles with a legal perspective. According to a United Nations report, sustainable development is development capable of satisfying the needs of the present without compromising the ability of future generations to satisfy their own (Loperena Rota, Demetrio, los Principios del Derecho Ambiental, 1998, p. 62). For its part, Article two, subsections a) and b) of the Organic Environmental Law establish the obligation of the State and private parties to participate in the conservation and sustainable use of the environment; and the right of everyone to enjoy a healthy and ecologically sustainable environment for development. Likewise, it has been pointed out that environmental deterioration conditions human development possibilities; therefore, it has become common to use the term \"sustainable development,\" which encompasses both rights. In that sense, the Constitutional Chamber has defined \"sustainable development\" as \"one of those general policies that the State dictates to expand the possibilities for everyone to fulfill their aspirations for a better life, increasing production capacity or expanding the possibilities of achieving equitable progress between demographic growth or between this and natural systems. Sustainable development is the process of transformation in the use of resources, the orientation of investments, the channeling of technological development, institutional changes, and everything that helps to meet the human needs of the present and the future.\" (vote 1763-94). The principle of the rational use of resources, so that a necessary balance exists between the country's development and the right to the environment, is closely related to the previous principle; one could even think it is part of it. The present principle (rational use of resources) has its constitutional basis in Article sixty-nine of the Constitution. Now, in this principle we find an ideological component, which generates, in some way, certain problems at the time of its application; since it also comprises indeterminate legal concepts, such as rational use and the necessary balance between development and the environment. These concepts often generate uncertainty at the time of their application. The Public Administration is responsible for determining this point of balance, and ultimately, the jurisdictional bodies will be. On the principle under study, the Constitutional Chamber has stated that: \"...environmental protection must be directed toward the adequate and intelligent use of its elements and in their natural, sociocultural, technological, and political relationships (sustainable development), in order to thereby safeguard the heritage to which present and future generations are entitled. Therefore, the primary objective of the use and protection of the environment is that, through production and the use of technology, not only economic gains are obtained (freedom of enterprise) but above all a favorable development and evolution of the environment and natural resources with the human being, that is, without causing harm or injury...\" (vote 6322-2003). Thus, environmental protection must be directed toward the adequate use of its elements, since the conservation of the environment is necessary, but the use of its resources is also indispensable to undertake development processes for the benefit of society in general. Which in turn, on the one hand, demands environmental protection, and on the other hand, the country's development, development that, in a country like ours, is in many cases based on natural riches. In this manner, the Constitutional Chamber has stated that \"it is necessary to opt for sustainable development, which satisfies the needs of the present without compromising our capacity to meet those of the future. It is, consequently, a policy whose core is long-term planning through state policies, which must comply with all the requirements demanded by existing regulations and which logically in this field must be viewed with restrictive criteria, because if natural resources are destroyed or damaged by a hasty decision or when the required conditions are not met, economic, social, and political development will be affected and decline, bringing as a logical consequence the loss of the citizen's quality of life, and therefore, the loss of an invaluable wealth that Nature has generously bestowed upon us. This development means recognizing that we wish to have continued access to the resources that make life possible, and if we are to expand the benefits of the industrial process, we must be aware of the implications and limitations that this course entails.\" (vote 4423-93). The Principle of Environmental Quality constitutes a fundamental parameter of quality of life, since it is linked to the life that each individual can lead; and in turn, it is linked to the use made of the environment for one's own development. It is thus that the Constitutional Court has considered that the right to a healthy and ecologically balanced environment implies the correlative duty to protect and preserve the environment, through the rational exercise and useful enjoyment of the right itself. (Vote 6233-2993). In that sense, whenever it is demonstrated that an activity is harmful to health, one would be in the presence of a violation of the principle under study. Or, whenever an economic activity implies the loss of an important natural resource, said activity must be prohibited, because otherwise, environmental deterioration would be encouraged, and with it, the deterioration of people's quality of life. Equally, the basis for the present principle can be found in the aforementioned Article fifty of the Constitution and is also contained in international instruments that guarantee environmental protection (such as the Stockholm Declaration). Regarding the principle of solidarity, because the right to the environment is a third-generation right, it is developed under the value of solidarity (just as liberty and equality were the principles and values that respectively guided first and second-generation rights). It has been configured as an \"authentic formalized legal principle, generating enforceable obligations within social relationships\" (Real Ferrer, El Principio de Solidaridad en la Declaración de Río, 1994, p. 78). The principle of solidarity implies and generates a collective responsibility for its realization, which is shared but differentiated. The 1992 United Nations Conference on Environment and Development established that \"States shall cooperate in a spirit of global partnership to conserve, protect and restore the health and integrity of the Earth's ecosystem. In view of the different contributions to global environmental degradation, States have common but differentiated responsibilities. The developed countries acknowledge the responsibility that they bear in the international pursuit of sustainable development in view of the pressures their societies place on the global environment and of the technologies and financial resources they command\" (Principle 7 of the 1992 United Nations Conference on Environment and Development). With the emergence of the principle of solidarity, a humanization and concern is glimpsed not only for the enjoyment of the current right but also for its preservation to ensure enjoyment for future generations. The right of future generations in turn implies a series of intergenerational rights and duties that are related to each other and are further divided into 3 basic principles: a- Principle of conservation of options: translates into the right of each generation to receive the diversity of natural resources and the correlative duty to maintain them, which implies their rational and efficient exploitation. b- Principle of conservation of quality: presupposes the right of all generations to receive the planet in optimal quality conditions and in turn a correlative duty to conserve them and transmit them to future generations so that they do not receive them in worse conditions. c- Principle of conservation of access: the right of equitable access to the legacy of past generations and the duty to provide it to all its members (Franco del Pozco, Mercedes, El Derecho Humano a un medio ambiente adecuado, en Cuadernos de Derechos Humanos, Bilbao, 2000, p. 21). For its part, the Precautionary Principle is one of the most developed principles, both by doctrine and by case law, and it has been considered an essential component principle of environmental law. Public Administrations have the obligation to act in protection of everyone's right to the environment, and it is thus that principles of administrative action specific to environmental protection have been outlined, which particularize this area. It is important to note that the precautionary principle constitutes a parameter of legality for administrative conduct, and on this matter, Dr. Aldo Milano points out that \"a large part of risky activities are subject to an administrative police regime, which is manifested in the granting or denial of authorizations of that same nature. This means that conflicts arise related to such decisions, either because it is considered that by granting the authorization in a specific case, the Precautionary Principle is violated, or because, when it is denied or conditioned based on that principle, the affected party considers the decision illegitimate.\" Thus, referring to a specific case in French case law, he indicates that the contested decision in administrative litigation constitutes the last step in the long procedure for evaluating the harmlessness of the activity in question, and that doctrine finds in the precautionary principle a source of law that imposes a specific way for the Administration to act, such that – if that way of acting (procedure) is not respected – the nullity of the final act adopted will be deemed (see Milano, Aldo. \"El Principio Precautorio\", 2005, p. 55 to 58). The precautionary principle, also called the Principle of Prudent Avoidance, gained strength with the 1992 Rio Declaration (Earth Summit), but the idea was already being developed in other international conventions such as the Stockholm Declaration and the World Charter for Nature. Article fifteen of the Rio Declaration contains this principle when it states that \"In order to protect the environment, the precautionary approach shall be widely applied by States according to their capabilities. Where there are threats of serious or irreversible damage, lack of full scientific certainty shall not be used as a reason for postponing cost-effective measures to prevent environmental degradation.\" At the national level, Article eleven of the Biodiversity Law (Ley de Biodiversidad) enshrines the precautionary principle, practically in the same terms as the Rio Declaration does. The precautionary principle has raised several questions, among which the following stand out: the problem of the reversal of the burden of proof in environmental matters; the balance that must exist between repressive and preventive measures; and the motivation that must be given to industries and other companies through policies that stimulate environmental protection. Concerning the reversal or inversion of the burden of proof, it consists of the defendant being the one called to offer evidence to refute the content of the claim, without forgetting that Environmental Law is more interested in prevention than in repairing damage. It is expressly regulated in Article one hundred and nine of the Biodiversity Law, which provides: \"The burden of proof, of the absence of contamination, degradation, or unpermitted affectation, shall correspond to whoever requests the approval, permit, or access to biodiversity or to whoever is accused of having caused environmental damage,\" a rule that must be seen in close relation to Article five of the same Law, which points out that the provisions of that legislation shall serve as a framework of interpretation for the rest of the rules regulating the matter subject to said Law. This means that in environmental matters, the classic scheme that \"he who asserts proves\" is broken, and the theory of the dynamic burden of proof (carga dinámica de la prueba) acquires a preponderant role, according to which \"the burden is transferred to whoever, as a result of their personal situation, is in a better position to bring proof to the process, regardless of whether they are the plaintiff or the defendant\" (on the dynamic burden of proof, see judgment of the First Chamber (Sala Primera) of the Supreme Court of Justice No. 212-2008 of 8:15 a.m. on March 25, 2008). This position is accepted by environmental law doctrine, which in that sense has indicated the following: \"In the environmental process, especially by virtue of the precautionary principle, a modification occurs in the burden of proof of the classic framework (according to which the principle is that 'everyone who alleges a fact as a claim or defense has the burden of proving it') and, by virtue of precaution, the doctrine of dynamic evidentiary burdens comes to life as a palliative to lighten the arduous task of producing diabolical evidence that, in certain cases, was made to fall without consideration upon the shoulders of one of the parties (plaintiff or defendant), due to a misunderstanding of the sacrosanct a priori rules of evidence distribution. Finally, the modifications indicated in the sphere of environmental procedure mandate speaking of a 'true environmental procedural law,' whether it is considered an autonomous branch or not; and the scientific-technical complexity of environmental cases, which demand novel solutions to equally novel problems, impose as a mechanism to overcome traditional legal structures the convenience of having specialized forums in environmental matters as guarantors of the effective application of the principle of precaution.\" (Martínez, María Paulina. \"El principio precautorio\". En Protección Ambiental, Argentina, 2008, p. 122). In close relation to this procedural variant, doctrine highlights the active role of the Judge in the face of an environmental matter, and in this regard points out the following: \"But it was Law No. 25,675 (LGA) that enshrined unprecedented innovations regarding judicial powers (ordering and investigating), granting the judge a completely active and inquisitorial role as guarantor of the application of the precautionary principle in those processes where the preservation of natural balance is sought (see Article 32 LGA), without this implying any breach of the principle of congruence. (...) it is concluded that there are no areas immune to the normative force of the Constitution and environmental norms, particularly the General Environmental Law (Ley General del Ambiente), which constitute a public environmental order, conferring broad powers, including the review of even technical matters, that allow giving full operability to the precautionary principle at each step of the procedural path, in a concrete and undoubtedly macroscopic task in pursuit of the right to effective judicial protection.\" (idem, Martínez, p. 117). This role that doctrine assigns to the Judge in the face of environmental matters is not dissociated from the model that the Political Constitution and the Contentious-Administrative Procedure Code (Código Procesal Contencioso Administrativo) granted to the Contentious-Administrative Judge. The Biodiversity Law, whose norms are applicable to the rest of the environmental legal system, expressly provides in its Article one hundred and eight that \"in biodiversity matters and as long as there is no environmental jurisdiction, any controversy shall be the exclusive competence of the contentious-administrative jurisdiction,\" except for those cases where there is no administrative act or public domain involved. Having established this competence, we must remember that the contentious-administrative jurisdiction enjoys a broad oversight power, given by Article forty-nine of the Political Constitution, which allows it to exercise control that is both subjective, consisting of the protection of the substantial legal situations of the administered parties (subjective rights and legitimate interests), and objective, consisting of guaranteeing the legality of the administrative function of the entire Public Administration (whether actions or omissions). Article one of the Contentious-Administrative Procedure Code reproduces the content of constitutional Article forty-nine and points out that the contentious-administrative jurisdiction has the purpose of protecting the legal situations of every person, guaranteeing or restoring the legality of any conduct of the Public Administration subject to Administrative law, as well as hearing and resolving the diverse aspects of the administrative-legal relationship (Jinesta, Ernesto. \"Manual del Proceso Contencioso Administrativo, 2008, p.29). National doctrine reaffirms the broad oversight character of the Contentious-Administrative Judge in our legal system, by indicating the following: \"When the norm permits the control of the 'administrative function,' it unequivocally adopts a broad formula of oversight, in which the Judge is empowered to control the entirety of administrative conduct. Indeed, the precept cuts sharply through any limitation built around the contentious-administrative object, because when it inserts the generality of the administrative 'function' within the supervisory eye of the Judge, it opens the jurisdictional scope regarding any administrative function, behavior, or conduct. Note that the contentious jurisdiction is not attributed the control of administrative 'activity' or 'action,' much less of the 'administrative act,' but of the 'function,' which, not by chance, is all-encompassing not only of all of them but also of the entire sphere of inactivity. When the article assigns to the Judge the control of the 'function,' it is allowing the latter to legally analyze any of the functions proper to it, any of its conducts in any of its administrative manifestations. The Court can control both active and omissive conduct. As long as the conduct is administrative and the control is carried out within the legal framework, there does not exist, or there should not exist, a sphere exempt from jurisdictional control; its review can and must be complete, without any immunity in the object. (...) In this aspect, the constituent offers us a new closing clasp, an additional security door as a guarantee of full and universal control, because in addition to subjecting the administrative function to jurisdictional legality control, it allows the Judge to verify whether or not it is adjusted to the purposes that justify it.\" (González, Oscar. \"Sentencia\". En: El Nuevo Proceso Contencioso-Administrativo, 2006, p.426). Regarding the active and leading role that the Judge exercises in the dynamics of the Procedural Code, it is noted: \"Such active and organizational autonomy for the restoration of the public legal order (written and unwritten) and the effective protection of legitimate interests and subjective rights confirms the transcendence of this jurisdiction as a reparatory and protective mechanism for legal situations potentially affected by the improper intrusion of public power through its multiplied universe of bodies and entities with their de jure and exceptionally de facto officials.\"\n\n(...) Even the classic civil law principle that identifies the object of the proceeding with the claims alleged and deduced by the parties was disrupted, so that the judicial authority, as an active subject in the proceeding, may dispense justice not only in accordance with what was claimed but also by adjusting the claims to prompt and complete justice, in accordance with the new legislation, to satisfy the values embedded in the Rule of Law present in each proceeding for the restoration of legality or, better yet, of the legal order. Under the new scheme, before being governed by the dispositive principle, the judge will also be governed by the inquisitorial principle, typical of constitutional courts such as when, in our case, the Constitutional Chamber (Sala Constitucional) condemns the losing parties in amparo actions to pay both sets of costs and damages, even if the winning parties did not request it.\" (Jiménez, Manrique. \"Bases constitucionales para la reforma de la jurisdicción contencioso administrativa\". In: El Nuevo Proceso Contencioso Administrativo, pp. 18 and 19, 2006). Returning to the precautionary principle, once the action that caused the environmental damage has occurred, the interest focuses on finding the best solution, both legally and practically, with the clear understanding that any repair carried out will never fully restore the original situation. Due to the foregoing, the imposition of principles such as \"The Polluter Pays\" could be criticized, since it would be contrary to the spirit of prevention that is one of the fundamental pillars of Environmental Law, and instead, it would be encouraging environmental deterioration in exchange for payment or economic compensation for the damage caused; but the law must also establish repair measures in case the precautionary or preventive ones are ineffective (as often happens in practice). The Constitutional Chamber (Sala Constitucional) has also frequently called it the \"in dubio pro natura\" principle (ruling 2000-9773 of the Constitutional Chamber), noting that it comprises a kind of reversal of the burden of proof, given that a lack of certainty about the consequences of an activity is sufficient grounds not to carry it out. It has been doctrinally established that this principle refers to general environmental policies, and that the preventive principle operates for specific cases. In environmental matters, there is scientific uncertainty about the possible damages that certain types of activities may cause. The precautionary principle refers to the cautious attitude that must be taken when any reasonable doubt arises regarding the dangerousness of any activity with environmental repercussions, whether to avoid it or to take the necessary measures to prevent eventual damage. (Loperena Rota, Desiderio, Los Principios del Derecho Ambiental, Spain, 1998, p. 93). The Preventive principle is also very closely related to the previous principle; it refers to the projection of the certain harmful consequences of some activities. Trying to avoid them in advance is the purpose of this principle; for example, in the case of preventive policies reflected through Environmental Impact Assessments (Evaluaciones de Impacto Ambiental). In specific cases, this principle translates into the application of precautionary measures. The doctrinal and legislative development of precautionary protection (tutela cautelar) is focused, logically, on the jurisdictional process. Due to the slowness of proceedings and the real situations of injustice that can be caused by this, the need to implement precautionary measures has arisen in comparative law. Despite this being so, precautionary protection is not limited solely to the jurisdictional sphere; rather, its application is also contemplated in administrative procedures. In environmental procedures, the importance that precautionary protection has acquired is decisive when exercising everyone's right to a healthy environment (medio ambiente sano). In the jurisdictional venue, the main function of precautionary measures is to provisionally guarantee the effectiveness of the final judgment, so that it is not a mere declaration of principles. According to national doctrine, there is a fundamental right to precautionary protection that forms part of the right to prompt and complete justice contained in Article 41 of the Constitution. (Jinesta Lobo, Las Medidas Cautelares Atípicas en el Proceso Contencioso Administrativo, in La Dimensión Constitucional de la Jurisdicción Contencioso Administrativo, p. 171). In this sense, national jurisprudence has stated that \"III. ... It is obvious that the right to precautionary protection and the correlative duty of the jurisdictional body to act upon it when the prerequisites established by law are met, which every litigant holds, has deep constitutional roots, and more specifically forms part of the bundle of powers that make up the essential content of the fundamental right to prompt and complete justice (effective judicial protection, or in the terms of the Constitutional Chamber, the general right to jurisdiction, Article 41 of the Political Constitution). In this regard, it can be maintained that there is no prompt and complete—effective—judicial protection without flexible and expeditious precautionary protection.\" (Ruling 405-95 of this Court, highlighting does not correspond to the original). In environmental law, the presence of the prerequisites typical of precautionary measures becomes more valid, given the irreversible nature of environmental damages. Regarding the principle of publicity, it must be remembered that the Administration has the duty to make public information on public or private activities related to the environment, given that there is a public interest involved. For the Spanish author Martín Mateo, the information or publication of data is the basis upon which the protective action of Public Administrations, environmental education, and research also rests (Tratado de Derecho Ambiental, Spain, 1991). Article 30 of the fundamental charter guarantees access to administrative departments for the purpose of obtaining information on matters of public interest. However, in environmental matters, the concept of information and access acquires a new dimension and is understood as the right of the individual or community to request information and to be informed by any state entity or body about any project that could affect their right to a healthy and ecologically balanced environment (Calzada, Ana Virginia, Garantías e Implicaciones Constitucionales del Medio Ambiente, in Apuntes sobre el Sector Justicia al Derecho Ambiental, Costa Rica, 1997, p. 286). In turn, the principle of restorability applies in the presence of civil liability for causing an injury; the sanction on the responsible party can be compensation for the damages caused (indemnización) or the repair of the situation altered by the infraction to its original state. Doctrine has maintained that, unlike other areas where the option to replace or not the damaged thing generally exists, in environmental matters, effective restoration is essential and not optional for the administrator of the damaged good, particularly due to the common ownership of environmental goods, given that the environment cannot be damaged and the economic compensation destined for other uses (Loperena, 1998, p. 73). However, it is clear that repair will be a sanction to the extent that it is possible. Articles 53 and 54 of the Biodiversity Law (Ley de la Biodiversidad) contain this principle, and in this way, the State [including autonomous institutions] is obligated to have restorability as a principle of action, through the obligation of promotion, and in the event that environmental damage has already occurred, to seek its recovery, rehabilitation, and restoration. For its part, the rule \"The Polluter Pays,\" according to doctrine, in Environmental Law, the principle of strict liability in tort (responsabilidad extracontractual objetiva) has been enshrined, without examining the fault or negligence of the agent causing the environmental damage (Loperena, 1998, p. 64), which could be thought to be included within the environmental liability established in Article 2, subsection d) of the Organic Environmental Law (Ley Orgánica del Ambiente) [referring to principles in environmental matters], which is a broad liability clause by stating that: \"Whoever pollutes the environment or causes it damage shall be liable, as established by the laws of the Republic and the international conventions in force.\" The origin of this principle is Anglo-Saxon and should be understood as follows: \"In accordance with the 'polluter pays' principle, the person responsible for pollution is understood to be (...), as a polluting agent, the natural or legal person subject to private or public law who directly or indirectly deteriorates the environment or creates the conditions for such deterioration to occur, seeking in principle to prevent environmental protection policy from being based on state subsidies and aid and to prevent the Community from bearing the burden of the fight against pollution, with the cost of the measures necessary for the elimination of pollution or for its reduction to standards or equivalent measures of environmental quality objectives being attributable to the polluter.\" (Ibid., p. 67). This principle would imply for the polluter the payment and compliance with the decreed precautionary measures; the cessation or modification of the polluting activity; the payment of the pertinent fines; and the repair and compensation for the damages caused. Regarding the completion of the environmental impact study prior to the commencement of works, although at first glance it might be said to be an obligation rather than a principle, doctrine has considered it a principle, whose constitutional basis is extracted from the 50th mandate of the fundamental charter, insofar as it obliges the State to guarantee, defend, and preserve the right to a healthy and ecologically balanced environment. In Environmental Law, preventive measures are of vital importance; since preventing is always better than repairing the damage caused, because restoring nature to its previous state is not an easy task. Among the preventive measures is the environmental impact study, which is mandatory for the State and private parties. In our country, the first legislation of a legal nature that involves this concept is the Mining Code (Código de Minería), enacted through Law Number 6797. Article 101 contemplates that \"in order to guarantee rational use of national resources and to protect their future uses, concessionaires must carry out environmental impact studies of their activities, in a prior and public manner. These studies must be carried out by qualified technical personnel, using the standards provided by the State, and if the studies are considered deficient, they may be rejected by the governmental control agency.\" (Highlighting does not correspond to the original). Likewise, the Regulation to the Mining Code contains in its Article 34 and following what is established by the Governmental Commission for Environmental Control regarding Environmental Impact Studies. On the other hand, the Wildlife Conservation Law (Ley de Conservación de Vida Silvestre), in numeral 26, establishes the power of the \"Dirección General de Vida Silvestre of the Ministry of Natural Resources, Energy and Mines (Ministerio de Recursos Naturales, Energía y Minas) to grant import permits for wildlife species. Every application for such permits must be submitted to this Directorate with an environmental impact evaluation (evaluación de impacto ambiental), which, for the purposes of this Law, shall be considered a public document and must include the following requirements...\". Subsequently, with the Hydrocarbons Law (Ley de Hidrocarburos), provisions related to environmental protection were established, stipulating the obligation to carry out an Environmental Impact Study for the development of hydrocarbon exploration and exploitation activities. This regulatory development achieved an important and significant advance in 1995 with the publication of the Organic Environmental Law (Ley Orgánica del Ambiente), in which a variety of rules related to the Environmental Impact Study were included, thus creating the National Environmental Technical Secretariat (Secretaría Técnica Nacional Ambiental, SETENA). Thus, Article 17 of this body of rules provides that human activities that alter or destroy elements of the environment or generate toxic or hazardous waste materials require an environmental impact assessment (evaluación de impacto ambiental) by SETENA. On the other hand, this principle has also been incorporated by a series of international instruments, such as the Rio Declaration, which in its Principle 17 contemplated that \"an environmental impact assessment, as a national instrument, shall be undertaken for proposed activities that are likely to have a significant adverse impact on the environment and are subject to a decision of a competent national authority.\" The Convention on Biological Diversity and its Annexes I and II establishes that \"Each Contracting Party, as far as possible and as appropriate, shall: Introduce appropriate procedures requiring environmental impact assessment of its proposed projects that are likely to have significant adverse effects on biological diversity with a view to avoiding or minimizing such effects, and where appropriate, allow for public participation in such procedures...\" For its part, the Constitutional Chamber (Sala Constitucional) has made a significant contribution by providing that \"the Environmental Impact Study is established as the ideal instrument that the State has to guarantee the balance between the conservation of natural resources and human development in a sustainable manner. In this way, human activity that involves the intervention, alteration, or destruction of the environment must be adjusted to what is most environmentally beneficial for the State and the community, or for groups that may be affected.\" Now, the Environmental Impact Study cannot be exempted from development, exploitation, or exploration projects; not by law and even less by any lower-ranking norm, precisely because it is grounded in the Political Constitution. Finally, it must be noted that carrying out the Environmental Impact Study does not imply the start-up of the project in question, since it is a prerequisite that must necessarily be met in the stipulated cases. Regarding the principle that only a declared State of Necessity (Estado de Necesidad) exempts compliance with environmental standards, more than a principle, it can be taken as a rule, since it is determined that the only exception to compliance with environmental laws and principles would be the state of necessity, as the State is called upon to preserve public order. Therefore, it must be said that the foundation of this \"principle\" would be the State of Necessity; that is, the necessity itself becomes the foundation. Thus, in the presence of transitory and urgent situations in which the continuity of public services is necessary, the exemption from environmental regulations is allowed; it would suffice for the determining event to occur, such as a flood, an earthquake, an epidemic, or having a high degree of certainty that the event will occur, for the State of Necessity to be declared. This being the case, the Public Administration is permitted to adopt conduct without complying with an environmental provision. For example, the construction of a bridge without carrying out the Environmental Impact Study, or the implementation of a project without a health permit. On the other hand, the State of Necessity should not be confused with Contingency, which can be defined as a future event that may or may not occur. In these cases, the exemption from environmental regulations is not possible, since there is no certainty that the event will occur. In this sense, the Constitutional Chamber has provided that \"it is contrary to the Law of the Constitution, not only the regulations, but also the actions of public institutions that dispense with the ordinary formalities and procedures for the ordinary action of the Administration.\" (Ruling 6503-2001). Consequently, \"for the emergency measure to be understood as constitutional development, it must attend solely and exclusively to solving the emergency situation that motivates it, and also have the common good as its purpose: that is, it must be just and also reasonable (proportionate in the strict sense).\" (Ruling 6322-2003 of the Constitutional Chamber). Meanwhile, with respect to the principle that the lack of economic resources of public institutions is no excuse that justifies the omission of providing protection to Environmental Law, this is a premise developed with the progressive advancement of economic and social rights; and from the application of the principle of the prohibition of social regression. In terms of the Constitutional Chamber, \"the lack of budgets (economic resources, materials, and/or qualified personnel) cannot constitute a limit between the respect and the violation of fundamental rights, that is, it cannot be a reason for the Administration not to act and take concrete actions so that, through its management, it finds a solution to the problems that private parties require in environmental matters...\" (Ruling 6322-2003 of the Constitutional Chamber). A vital aspect should not be overlooked, which is the fact that this statement must be analyzed jointly with the principle of budgetary balance, since the Public Administration is obliged to comply with budget equilibrium. Thus, an interesting phenomenon is presented, since on the one hand, the obligation of the State to protect the environment is established, without being able to excuse itself in the lack of resources to stop complying, and on the other hand, the situation that the Administration cannot abruptly break the budgetary balance to fulfill its constitutional duties and obligations. Consequently, it is necessary to find a way to comply with both statements, in such a way that environmental protection is guaranteed and budgetary balance is also met. That is, a harmonious, integral application between both postulates is required. It is convenient to indicate that in most cases, the lack of budget is more a consequence of the prevailing political line on the matter than of the non-existence of the resource itself. Meanwhile, regarding the principle of Coordination among the different dependencies of the Public Administration, it derives from the principle of State Unity. This is evident from constitutional jurisprudence, which has recorded that \"environmental protection is a task that corresponds to everyone equally, that is, there is an obligation for the State—as a whole—to take the necessary measures to protect the environment, in order to avoid degrees of contamination, deforestation, extinction of flora and fauna, excessive or inadequate use of natural resources, that endanger the health of the governed.\" (Ibid., highlighting does not correspond to the original). In Spain, this statement is expressly contained in the Political Constitution in numerals 148 and 149; and is called the Principle of Organic Coordination; which is based on the fact that the Constitution attributes the function of protecting natural resources in a shared manner to the State and the Autonomous Communities. Coordination occurs when a problem exceeds the competence of one entity, and for this reason, coordination with the corresponding public entity or body becomes necessary, and it has been defined as \"the ordering of the relationships between these various independent activities, which takes charge of this concurrence in a single object or entity, to make it useful for a global public plan, without suppressing the reciprocal independence of the acting subjects.\" (Ibid., highlighting does not correspond to the original). In the Costa Rican legal system, at the legal level, this principle is enshrined in Article 3 of the Organic Environmental Law (Ley Orgánica del Ambiente), and at the international level, it has been stated, among others, in the Stockholm Declaration on the Human Environment by contemplating that \"in order to achieve a more rational management of resources and thus improve environmental conditions, States should adopt an integrated and coordinated approach to their development planning so as to ensure that development is compatible with the need to protect and improve the human environment for the benefit of their population.\" From the foregoing, the necessary state coordination is extracted to achieve the full compliance with constitutional obligations, an importance that becomes even more significant when dealing with the protection and preservation of the environment. In this sense, although there is a governing body on the matter, such as MINAE, the collaboration of other instances or dependencies is necessary; this Ministry is empowered to integrate all those involved, such as the municipalities, which in certain matters are even the only ones with the competence. Regarding the fact that harm to this Environmental Law occurs both by action and by omission, it follows from the Political Constitution itself in the oft-cited Article 50, since, as the Constitutional Chamber has pointed out, \"omissions in the duty to protect the environment and comply with environmental regulations are of constitutional relevance, because as a consequence of the Administration's inertia in this matter, damage can be caused to the environment and natural resources, sometimes with similar or greater consequences than those derived from the actions of the Administration.\" (Ibid.). In that sense, one could even think of the omission in the issuance of a law essential for the protection of the right to a healthy and ecologically balanced environment, or carrying out a construction without the approval of the Environmental Impact Study; or failing to exercise surveillance duties; these are just a few examples in which the inactivity of the Administration, both formal and material, can cause serious damage to the environment, often greater than that produced through actions. Regarding the inoperability of positive silence (silencio positivo) in the use of natural resources, as is known, positive silence is a typical instrument of administrative law and operates in all state oversight activities, when after a reasonable period has elapsed, which in our legal system is one month [unless a norm provides for a contrary period] after the application is submitted, the Administration does not oversee the activity, then it is understood as granted. It applies to permits, authorizations, licenses, in accordance with numerals 330 and 331 of the General Law of Public Administration (Ley General de la Administración Pública). However, this rule does not apply in environmental matters, since the constitutional right to a healthy and ecologically balanced environment prevails. On this matter, the Constitutional Chamber has indicated that: \"...these rules—positive silence—are not applicable in matters of permits for the use of natural resources (forestry, mining, marine, national waters, forces derived from water resources, etc.), [...], precisely by virtue of the superior value (public interest) of environmental protection, and precisely because of the conceptualization of environmental law as a fundamental right [...]\" (Op. Cit.). This principle was enshrined by the Constitutional Chamber for forest resources; however, given that protection is given to all of nature, it is understood that it governs for all environmental matters, since the non-application of positive silence in environmental matters, it could be noted, finds its justification in the superior value, that is, the public interest, of protecting the environment as a fundamental right. At the legal level, this \"principle\" has been expressly enshrined, as in the Forestry Law (Ley Forestal), which is one of them, by providing, in a very broad and clear manner, that positive silence does not operate in matters of natural resources. The problem is that its enshrinement as a principle should be found in a more direct and express manner, since, as is known, one of the ways to protect the environment is precisely by preventing the Administration's inertia from allowing permits for the exploitation of natural resources to be considered granted, which would generate, in many cases, irreparable damage to the environment or even the loss of some of its components. Finally, regarding citizen participation in environmental matters, it is enshrined as a principle whose foundation is extracted from Articles 27, 30, and 50 of the Constitution, since citizens have the right to access the information available and to its dissemination for decision-making. Citizen participation constitutes a consequence of the democratic principle and encompasses the right to information relating to environmental projects or projects that may cause harm to natural resources and the environment, and the guarantee of effective participation in decision-making. Furthermore, Article 10 of the Rio Convention elevated participation to the status of a principle in environmental matters by providing that \"environmental issues are best handled with the participation of all concerned citizens, at the relevant level. At the national level, each individual shall have appropriate access to information concerning the environment that is held by public authorities, including information on hazardous materials and activities in their communities, and the opportunity to participate in decision-making processes. States shall facilitate and encourage public awareness and participation by making information widely available. Effective access to judicial and administrative proceedings, including redress and remedy, shall be provided.\" (Highlighting does not correspond to the original). In Spanish Law, its own Constitution contains citizen participation in Article 129.1 by stating that \"The law shall establish the forms of participation of those interested in Social Security and in the activity of public bodies whose function directly affects the quality of life or general welfare.\" In addition to the constitutional basis, in our system, the Organic Environmental Law contemplates this principle, as does the Regulation on Procedures of the National Environmental Technical Secretariat (SETENA); they even establish the holding of a public hearing in the procedure of the Environmental Impact Study; but the Costa Rican legal system is not on the sidelines of this important postulate, since in a Democratic State of Law like ours, the participation of the population is one of the fundamental pillars and should be further strengthened.\n\nV.- REGARDING THE PUBLIC DOMAIN IN THE RIGHT TO WATER: The Political Constitution, in Article 121, subsection 14, states: \"(...) In addition to the other powers conferred by this Constitution, it corresponds exclusively to the Legislative Assembly: (...) 14) To decree the alienation or application to public uses of the property of the Nation (...)\". This constitutional provision has been developed in the Civil Code, in Articles 261 to 263; the first of them indicates: \"Public things are those that, by law, are permanently destined for any service of general utility, and those that everyone can make use of because they are delivered for public use. All other things are private and objects of particular property, even if they belong to the State or the Municipalities, who in such case, as civil persons, do not differ from any other person.\" For its part, the following canon adds: \"Public things are outside of commerce; and they may not enter into it, while it is not legally provided so, separating them from the public use to which they were destined.\" Thus, the public domain (dominio público) is understood as the set of goods subject to a special legal regime, different from the one that governs private domain, which in addition to belonging to or being under the administration of public legal entities, are affected or destined for purposes of public utility and that manifests itself in the direct or indirect use that any person may make of them. It is worth adding to that definition the existence of the public patrimony, understood as the existence of a series of goods that by provision of the constituent, or derived from it (normally positively provided in an ordinary law), are the patrimony of the nation under the administration of the State, who eventually could grant some legal situation arising from them.\n\nIn these cases, that patrimony is not directly or indirectly available to the community, or even affects a public service; it normally has considerable economic value, and the Nation has reserved it for itself for the benefit of the community. Pursuant to the cited legal regulations, the State possesses both public domain and private domain assets; public assets are those to which a law assigns a purpose for public or general use, they are called \"demaniales\" and are inalienable, imprescriptible, unattachable, and cannot be acquired by adverse possession. The logic of public assets is that their domain precedes the State itself, such that they belong to the Nation as a requirement for coexistence in society; the State merely administers them, which as a general rule prevents them from leaving the public sphere. That is, they are affected by their own nature and vocation (See Constitutional Chamber, vote 2306-91 of 14:45 hours of November 6, 1991). It is said that they belong to the Nation when the State limits itself to their safeguarding and protection, without in principle being able to dispose of them. These assets are outside the commerce of men and consequently have a legal nature and regime different from private assets—which are governed by the right of property under the terms of Article 45 of the Political Constitution—inasmuch as, by express will of the legislator or by their very essence, they are affected to a special purpose of serving the community directly or indirectly, or constitute patrimony of the State, that is, to the public interest, and for that reason, they cannot be the object of private property, and therefore, they cannot belong individually to private persons, nor to the State, in the strict sense, since the latter limits itself to their administration and guardianship. Thus, what defines the legal nature of demanial assets is their purpose, inasmuch as they are affected and at the service of public use, as recognized by doctrine in the matter, thus, Marienhoff, Miguel S., in his work Tratado de Derecho Administrativo (Volume V. Abeledo-Perrot. Buenos Aires. 1992., p. 25), considered: \"For a good or thing to be considered as a dependency of the public domain, and to be subject to the pertinent regime, it is necessary that said good or thing be affected to 'public use,' direct or indirect, and it must be, in this 'latter' case, things directly affected—as 'final goods' or 'use goods'—to common utility or comfort, excluding from the public domain those goods of the State that are of a merely instrumental nature.\"\n\nOn the other hand, the private assets of the State shall be regulated by private law with elements proper to public law. These assets are within the commerce of men; they can be transferred, appropriated, and are not imprescriptible; therefore, they are susceptible to usucapion for the benefit of private persons, in accordance with Article two hundred sixty-one already indicated. Note that the emphasis of the differentiation lies in relation to the purpose of the asset, that is, the fact of being affected to a common use or to the service of the common good (see Constitutional Chamber in judgment number 2301-91, of November 6, 1991 and 2000-06903 of 15:48 hours of August 8, 2000). As already noted, due to their special legal nature, they present the following attributes: they are imprescriptible, which implies that by the passage of time, the right of property over them cannot be acquired, not even mere possession, that is, they cannot be acquired through usucapion, nor can they be lost by prescription; for which reason the use permits that the Administration grants over them are always of a precarious nature, which means they can be revoked for reasons of opportunity or convenience at any time by the Administration—under the terms provided in Articles 154 and 155 of the General Law of Public Administration—; and the same concessions granted over them for their use can be canceled, through a procedure to that effect; they are unattachable, meaning they cannot be the object of any lien or embargo, neither by private persons nor by the Administration; and they are inalienable, which translates into the condition that they are outside the commerce of men; whence they cannot be alienated, sold, or acquired, neither gratuitously nor for valuable consideration, neither by private persons nor by the State, so that they are excepted from the commerce of men and subject to a special and reinforced legal regime. Furthermore, their use and exploitation is subject to police power, inasmuch as, being assets that cannot be the object of possession, much less of property, their utilization and exploitation is possible only through duly authorized acts, that is, through a concession or use permit granted by the competent authority; and to constant control by the Public Administration. A public asset may be natural or artificial, depending on whether they are assets declared public by the legislator considering them in the state in which nature presents or offers them (a river, for example), or assets declared public by the legislator but whose creation or existence depends on a human act (construction of a street or a public park, for example). The affectation (afectación) is the act or manifestation of will of the public power, by virtue of which the thing is incorporated into the use and enjoyment of the community and can be carried out by law or by administrative act. Doctrine makes a distinction between \"assignment of public character\" to an asset and the \"affectation\" of that asset to the public domain. The assignment of public character means establishing that that specific asset would have demanial status; thus, for example, the general legal norm would say that all public roads are integrants or dependents of the public domain and that means that both current ones and those that come to be built are so. In contrast, affectation means that the asset declared demanial is effectively incorporated into public use and this has to do with the acceptance and receipt of public works when they are built by administration or with the conclusion of works and their official receipt, when a private person carries them out (construction of a subdivision (urbanización) or land division (fraccionamiento), for example).— It is for this reason that it is said that affectation can be declared by law in a generic manner, or by an administrative act, which, necessarily, must conform to the legal norm that serves as its reference (principle of legality). As a consequence of what was said in the previous point, it is manifest that the demanial regime is per se. Its existence and publicity exist autonomously from the Registry, without it being possible for the registered titleholder to allege lack of knowledge as a means to distort it and counteract the affectation. The principles of inalienability and imprescriptibility that characterize the public domain prevent the figure of the good-faith third-party purchaser (tercero registral) from being wielded against it to consolidate private property illicitly removed from that regime. The public domain has legal publicity and in many cases natural publicity. The foregoing goes hand in hand with the principle of initial registration (inmatriculación) of real properties forming part of the public domain, which has material publicity and not necessarily formal or registered publicity. Against the public domain, private detentions suffer from a weakened value, however prolonged they may be in time and even if they appear protected by entries in the Property Registry. The condition of an asset of public domain and public use affects third parties, even if such quality does not appear from the Property Registry. These are assets which, by their nature, do not need registry inscription (Vote 019-2009-SVII, Contentious-Administrative Tribunal, Seventh Section). Note that said principle as an exception to the principle of registry publicity has its foundation in that public domain assets enjoy material publicity and therefore registry publicity is not necessary, inasmuch as public domain assets by their nature are not subject to said institution. Additionally, there exists the figure of \"declassification (desafectación)\", which is \"the legal situation by which an asset ceases to belong to the public domain (...) assets that are declassified become, in principle, patrimonial assets of the holder Administration, which, as the case may be, may alienate them (...)\" (vote 035-2009-SVII, Contentious-Administrative Tribunal); a situation that in sound logic could only occur for those that have been declared as such by law, since for those whose condition is intrinsic such a possibility would be barred. Before directing the argumentation more specifically to the point that concerns us, it is manifest that when the demanial asset has been created by a private person or represents an especially intense affectation that the latter is not obligated to bear, said character does not inhibit the obligation to assume responsibility on the part of the Administration, in order to allow equilibrium in public burdens.\n\nNow, with respect to water, Constitutional Chamber, in vote No. 5606-06, recognized the condition of a human right by stating:\n\n\"VII.— Access to potable water as a human right. In addition to what has been noted, and perhaps the most relevant aspect in this matter, is the nature and function of water for human life. It is not necessary to detail here an explanation of the evident and notorious reality that without water there can be no life, nor quality of life, and that therefore, with or without a nationalization law, by its own essence, this issue is not and cannot be a territorial or local issue. The Chamber itself in its constitutional jurisprudence has said that access to potable water is a fundamental human right, insofar as it forms an integral part of the right to health and to life. (CONSTITUTIONAL CHAMBER, judgments numbers 534-96, 2728-91, 3891-93, 1108-96, 2002-06157 2002-10776; 2004-1923). This same line has been maintained in judgments 2003-04654 and 2004-07779, which, as relevant, state:  // 'V.— // The Chamber recognizes, as part of Constitutional Law, a fundamental right to potable water, derived from the fundamental rights to health, life, the environment, food, and decent housing, among others, as has also been recognized in international instruments on Human Rights applicable in Costa Rica: thus, it appears explicitly in the Convention on the Elimination of All Forms of Discrimination against Women (art. 14) and the Convention on the Rights of the Child (art. 24); furthermore, it is enunciated in the International Conference on Population and Development of Cairo (principle 2), and is declared in numerous other instruments of International Humanitarian Law. In our Inter-American System of Human Rights, the country is particularly obligated in this matter by the provisions of Article 11.1 of the Additional Protocol to the American Convention on Human Rights in the Area of Economic, Social and Cultural Rights (\"Protocol of San Salvador\" of 1988), which provides that: \"Article 11. Right to a healthy environment 1.—Every person has the right to live in a healthy environment and to have basic public services.' The lack of resources does not justify non-compliance with the duties of public administrations in the provision of this basic service. (CONSTITUTIONAL CHAMBER, resolutions 2003-04654 and 2004-007779). // For its part, as both the Attorney General's Office and the representative of AyA well recognize in their reports, in the international field the recognition of water as a human right and as a necessary precondition for all our human rights is also majority. It is maintained that without equitable access to a minimum requirement of potable water, other established rights would be unattainable—such as the right to an adequate standard of living for health and well-being, as well as other civil and political rights. In November 2002, the United Nations Committee on Economic, Social and Cultural Rights affirmed that access to adequate quantities of clean water for domestic and personal use is a fundamental human right of every person. Likewise, in General Comment No. 15 on compliance with Articles 11 and 12 of the International Covenant on Economic, Social and Cultural Rights, the Committee noted that 'the human right to water is indispensable for leading a life in human dignity. It is a prerequisite for the realization of other human rights.' It is also emphasized that the States parties to the International Covenant have the duty to progressively fulfill, without any discrimination, the right to water, which gives everyone the right to enjoy sufficient, physically accessible, safe, and acceptable water for domestic and personal use. // For its part, several international conferences have been held, among which the United Nations Water Conference held in Mar del Plata in 1977 stands out, which recognized that all peoples have the right to access potable water to satisfy their basic needs. Also, the Declaration on the Right to Development, adopted by the UN General Assembly in 1986, includes a commitment by States to ensure equality of opportunity for all to enjoy basic resources. // The concept of satisfying basic water needs was further strengthened during the 1992 Earth Summit in Rio de Janeiro. In Agenda 21, governments agreed that \\\"in developing and using water resources, priority must be given to the satisfaction of basic needs and the conservation of ecosystems.\\\" Similarly, in the Plan of Implementation adopted at the Johannesburg Summit in 2002, governments committed to \\\"use all policy instruments, including regulation, monitoring..... and cost recovery of water services,\\\" without the objectives of cost recovery becoming a barrier to poor people's access to clean water. Likewise, there are dozens of international instruments that directly and indirectly deal with water as a human right of all persons and peoples, such that it is not only an issue that by its nature tends toward nationalization, but toward the internationalization of its use and exploitation.'\"\n\nSee how beyond the normative support, the demanial character of water is a necessary consequence of the imperative requirement it presents for human life, which entails that the internal normative north is supported by Article twenty-one of the Constitution. At the infra-constitutional level, its demaniality is regulated initially in the Ley de Aguas, number 276, of August twenty-six, nineteen forty-two:\n\n\"Article 1.— The following are waters of the public domain: // I.— Those of the territorial seas in the extension and terms set by international law;  // II.— Those of the lagoons and estuaries of the beaches that communicate permanently or intermittently with the sea; // III.— Those of interior lakes of natural formation that are directly linked to constant currents; // IV.— Those of the rivers and their direct or indirect tributaries, streams or springs (manantiales) from the point where the first permanent waters emerge to their mouth in the sea or lakes, lagoons, or estuaries; // V.— Those of constant or intermittent currents whose channel, in all or part of its extent, serves as a boundary of the national territory, and the domain of those currents must be subject to what has been established in international treaties entered into with the neighboring countries and, in the absence thereof, or as to matters not provided for, to the provisions of this law; // VI.— Those of any current that directly or indirectly flows into those listed in fraction V; // VII.— Those extracted from mines, with the limitation set forth in Article 10; // VIII.— Those of the springs (manantiales) that emerge on beaches, maritime zones, channels, beds, or banks of national property and, in general, all those that arise on public domain lands; // IX.— Subterranean waters whose extraction is not done by means of wells; and // X.— Rainwater that flows through gullies or wadis whose channels are of public domain.\n\nArticle 2.— The waters listed in the preceding article are national property and the domain over them is not lost nor has it been lost when by execution of artificial works or prior exploitation works the natural characteristics are altered or have been altered.\n\nExcepted are waters that are exploited by virtue of contracts granted by the State, which shall be subject to the conditions authorized in the respective concession.\"\n\nFor its part, at the time the granting of the concession occurred, Law 258 of August eighteen, nineteen forty-one, Ley del Servicio Nacional de Electricidad, was in force, which provided:\n\n\"Article 1: All waters of the Republic, which are not private domain in accordance with the Ley de Aguas in force, … are inalienable and under the domain, government, and surveillance of the State\"\n\nWhat is provided by Article four of the Código de Minería (Law 6797 of October 4, 1982) supports the foregoing, which provides:\n\n\"Article 4.— …. subterranean and surface waters are reserved for the State and may only be exploited by it, or by private persons in accordance with the law, or through a special concession granted for a limited time and in accordance with the conditions and stipulations established by the Legislative Assembly.\n\nNatural resources existing in the soil, subsoil, and in the waters of the seas adjacent to the national territory, within an extent of up to two hundred miles from the low-water line, along the coasts, may only be exploited in accordance with the provisions of subsection 14) (last paragraph) of Article 121 of the Political Constitution.\"\n\nWith respect to the Administration of the resource, the repealed Law number 258 of August eighteen, nineteen forty-one, created the Servicio Nacional de Electricidad to exercise the domain, exploitation, utilization, government, and surveillance of various resources, among them all waters. Empowering it by provision six to grant concessions or water rights, a norm that is coherent with the Ley de Aguas already noted, which in Article seventeen establishes that \"Authorization is necessary for the exploitation of public waters, especially dedicated to enterprises of public or private interest. That authorization shall be granted by the Servicio Nacional de Electricidad in the manner prescribed in this Law…,\" which is reaffirmed by Article seventy of Law 16 of October thirty, nineteen forty-one. For its part, Law No. 2726 of April fourteen, nineteen sixty-one and its amendments—especially those of Law No. 5915 of July 12, 1976—, \"Ley Constitutiva del Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados\" provides:\n\n\"Article 1.— With the purpose of directing, setting policies, establishing and applying norms, carrying out and promoting planning, financing, and development, and resolving everything related to the provision of potable water and collection and disposal of sewage and liquid industrial waste, as well as the normative aspect of stormwater drainage systems in urban areas, for the entire national territory, the Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados is created, as an autonomous institution of the State.\" (Thus amended by Law No. 5915 of July 12, 1976, Article 1)\n\nAs can be extracted from the articles transcribed above and from the integral reading of the respective laws, the S.N.E. had as its purpose in this field to represent and exercise in the name of the State the domain over the country's water resources, in order to ensure the preservation thereof and prioritized utilization according to the importance of needs. For its part, A y A has as its purpose to plan, build, and operate the necessary infrastructure to supply potable water and to oversee the planning, construction, and operation of the same carried out by private persons for the indicated purpose. As observed, representing the State in concession contracts was one of the mechanisms that allowed the S.N.E. to fulfill its legal purpose (as will be seen, that competence was later transferred). Established expressly in its organic law as in the Ley de Aguas. For those years it was clear that the granting of the connection was proper to it, which included the corresponding contract; while A y A has competence to plan, design, build, operate, and maintain works for the supply of water to a population, as well as the adaptation to its recommendations of said works when carried out by private persons—Law No. 16 of October 30, 1941, No. 809 of November 2, 1949, and the General Law of Potable Water, among others—a function that has never entailed that of granting concessions for the exploitation of public domain waters, even when these are destined, as in the case at hand, to provide potable water to a defined population. Based on said norms, especially the Law of A y A (as well as Articles 266 and 276 of the General Health Law, Law No. 5395 of October 23, 1973.), it is clear that except for the latter, only municipalities, Empresa de Servicios Públicos de Heredia, Community Development Associations (through Rural Aqueduct Committees), or other local bodies with which A y A enters into an agreement to that end, no other bodies are empowered to administer public aqueducts. So that a private person is not authorized by the legal system to provide the public service of supplying potable water and sanitary sewer to the population, with the exception of the Asociaciones Administradoras de Acueductos y Alcantarillados (ASADAS) as managers of the public service. So that the Ministry of Environment, Energy and Telecommunications (MINAE) (which assumed the functions of granting water concessions upon the transformation of SNE into ARESEP), prior to granting the concession, would be under the legal obligation to verify that the private person has prior authorization from A y A and from the Ministry of Health for the private enterprise to provide the potable water service to the population, as well as the sanitary sewer system. In the case of ASADAS that act by delegation of A y A, their legal nature arises from the Ley Constitutiva del Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados, in which the latter was empowered to delegate the administration, operation, and maintenance of aqueduct and sewer systems—which were entrusted to it by the legislator—to properly formed groups for that purpose, as follows from Article two, subsection g) of the cited law, by expressly stating \"The Institution is empowered to agree with local bodies on the administration of such services or to administer them through administrative boards of mixed integration between the Institute and the respective communities, whenever it is appropriate for the better provision of services and in accordance with the respective regulations.\" With foundation in the norm transcribed above, the Executive Branch proceeded to issue several regulations, with the Reglamento de las Asociaciones Administradoras de Sistemas de Acueductos y Alcantarillados Comunales, (Decree No. 32529 of February 2, 2005) being the current norm, which in its Article 3 provides:\n\n'Article 3. A y A through an agreement signed to that effect, upon prior favorable agreement of its Board of Directors, may delegate the administration, operation, maintenance, and development of communal aqueduct and/or sewer systems to associations duly constituted and registered in accordance with the Ley de Asociaciones No. 218 of August 8, 1939, its amendments, and respective Reglamento, Executive Decree No. 29496-J, published in La Gaceta No. 95 of May 21, 2001. ..'\"\n\nFrom the transcribed norm, it follows that the Asociaciones Administradoras de Acueductos y Alcantarillados constitute legal persons of a private nature, since their creation must be governed by the Ley de Asociaciones. For this reason, the constitution of said associations must be carried out with absolute respect for the right of free association and consequently they are private law entities and not public, notwithstanding that their operation is subject to the requirements and demands imposed by the regulations governing them, since they were entrusted with the exercise of a special activity that, through the mechanism of the management of public service, they become involved in providing public services for the benefit of a community. In this regard, Constitutional Chamber (vote 3041-97 of 16:00 hrs. of June 3, 1997) has emphasized that the delegation of that responsibility to administer the aqueduct and/or sanitary sewer system implies a clear \"concession\" of public service management, which from a technical standpoint of administrative law is not entirely correct, with the understanding that a concession (except for cases granted by the Legislative Assembly) presupposes a competitive bidding procedure, which does not occur with respect to ASADAS. So that what would be possible to maintain is that said groups have an authorization in the management of the service, in that by administering that public service through an agreement with the Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados, they are, by law, in a position of power with respect to users and exercise, for that purpose, a series of public powers and functions (Constitutional Chamber, Vote No. 2006-01651 of sixteen hours thirty-nine minutes of February fourteen, two thousand six).\n\nVI.— ON THE INTANGIBILITY OF ACTS DECLARATIVE OF RIGHTS: The nullity or revocation of acts declarative of rights constitutes a qualified exception to the doctrine of the irrevocability of one's own favorable acts toward the administered party or the principle of intangibility of one's own acts, to which this specialized Chamber has granted constitutional rank as it derives from provision thirty-four of the Political Constitution (See judgments Nos. 2186-94 of 17:03 hrs. of May 4, 1994 and 899-95 of 17:18 hrs. of February 15, 1995).— The general rule is that the respective public administration cannot annul an act declaratory of rights for the administered party, the exceptions being ex officio annulment or review and revocation. To that end, the public administration, as a general principle, must turn, in the capacity of plaintiff and upon prior declaration of harmfulness (lesividad) of the act to public, economic, or other interests, to the lesividad proceeding, which has been understood, traditionally, as a guarantee for administered parties. In this regard, this Constitutional Tribunal in Vote No. 897-98 of February 11, 1998 noted that \"... the Administration is barred from suppressing by its own action those acts it has issued conferring subjective rights on private persons. Thus, subjective rights constitute a limit with respect to the powers of revocation (or modification) of administrative acts, in order to be able to demand greater procedural guarantees. The Administration, when issuing an act and subsequently issuing another contrary to the first, to the detriment of subjective rights, is disregarding those rights that through the first act it had granted, whether by error or for any other reason. This implies that the only way the State has to eliminate one of its own acts from the legal system is the judicial lesividad proceeding, since this proceeding is conceived as a procedural guarantee in favor of the administered party, or, in our legal system, there exists the possibility of going against one's own acts in the administrative channel, in the case of absolute, evident, and manifest nullities, upon prior opinion of the Office of the Comptroller General of the Republic and the Office of the Attorney General of the Republic (as an additional guarantee in favor of the administered party) and in accordance with Article 173 of the General Law of Public Administration. Consequently, if the Administration has failed to observe the rules of these procedures, or has omitted them wholly or in part... the principle of one's own acts determines as an effect of said irregularity the invalidity of the act.\" Pursuant to provision one hundred seventy-three of the General Law of Public Administration, a public entity or body may well annul in the administrative channel an act declaratory of rights for the administered party but harmful to the public or patrimonial interests of the former, without the need to resort to the contentious-administrative lesividad proceeding when the same is vitiated by an absolute, evident, and manifest nullity. The absolute, evident, and manifest nullity must be opined on, previously and favorably, by the Office of the Attorney General or the Office of the Comptroller General of the Republic—a preparatory act of the final annulment act—.\n\nIt will be the responsibility of the Contraloría when the nullity concerns administrative acts directly related to the budgetary process or administrative contracting (Public Treasury). That opinion is indispensable, to such an extent that this Chamber in Voto No. 1563-91 of 3:00 p.m. on August 14, 1991, considered that “... It is evident, then, that from the effective date of the Ley General de la Administración Pública, the competence to annul in administrative proceedings can only be admitted if the duty to obtain an expert and external opinion for the body that will issue the final act is fulfilled.” It is a binding opinion—from which the consulting body or entity cannot depart—since subsection two of the Ley Orgánica de la Procuraduría General de la República establishes that it is of obligatory compliance, through which a kind of prior or preventive legality control is exercised, as it must precede the final act of the ordinary proceeding initiated to decree the ex officio annulment, which does not conflict with any of the degrees of administrative autonomy, being a specific manifestation of the control power inherent to intersubjective direction or administrative oversight. It is logical that such an opinion must be favorable to the annulment claim of the consulting administration, and above all that it positively verifies the seriousness and magnitude of the defects that justify the exercise of the power of ex officio review or annulment. The respective Public Administration is inhibited by the infra-constitutional legal order from determining when there is an evident and manifest nullity, since that determination is reserved to the technical-legal and consultative body called Procuraduría General de la República, as a deconcentrated body of the Ministry of Justice. In cases where the opinion must be rendered by the Contraloría General de la República, it also has a binding nature by virtue of the provisions of article four, final paragraph, of its Ley Orgánica No. 7428 of September 7, 1994. It must be clear that not any degree of invalidity or nullity authorizes a public entity or body to decree the ex officio annulment of an administrative act that declares rights for an administered person, given that the administrative legal order requires that certain specific and aggravated characteristics or connotations be present to qualify it. What is evident and manifest is that which is patent, notorious, ostensible, palpable, clear, certain and that offers no margin of doubt or that does not require a dialectical or logical process or effort of verification to discover it, precisely because of its gross and serious nature. In this sense, it is sufficient to compare the administrative act with the legal or regulatory norm that covers it to reach such a conclusion, without any need for hermeneutics or exegesis. When the nullity does not present such characteristics, the respective public administration—author of the act sought to be annulled or reviewed—must, prior to the declaration of nullity, open an ordinary administrative proceeding in which the principles and guarantees of due process and defense must be observed (article 173, paragraph 3, of the Ley General de la Administración Pública); the justification for observing that proceeding lies in the fact that the final act may suppress a subjective right of the administered person (article 308 ibidem). On this point, article one hundred eighty-three, first paragraph, of the Ley General de la Administración Pública prescribes that outside the cases provided for in the article, the administration may not ex officio annul acts that declare rights in favor of the administered person, and to obtain their elimination it must resort to the contentious action for injury (contencioso de lesividad).\n\nVII. ON THE MERITS OF THE PROCEEDING: The plaintiff maintains that she is the possessor of part of the property in the Puntarenas district with Folio Real number fifty-three thousand five hundred - zero zero zero, which, from the verification of the list of proven facts, is an unquestionable issue, even lacking discussion from the administrative file itself and the statements of the representative of the public entity at the trial hearing. We see how the Municipalidad de Corredores acquired a property in said canton from the company Compañía Bananera Nacional, which later changed its name to Palmatica, for the purpose of developing a series of public activities and distributing the remainder among a group of low-income persons, among whom the plaintiff is situated. Although the plaintiff maintains that said transfer in favor of the public entity took place almost twenty years ago, the certification presented to that effect indicates the contrary, but both defendant parties place title to the property in the public law corporation. Said aspect is relevant from the standpoint of passive standing (legitimación pasiva), as will be seen, but will be taken up again later. According to the plaintiff’s theory of the case, she has the right to have part of that property registered in her name, having exercised possession publicly, peacefully, uninterruptedly, and as owner, regarding which several clarifications must be made. It is evident that for many years Mrs. Herrera Méndez has possessed publicly and as owner, but the condition of peaceful and uninterrupted is questionable. Regarding these two aspects, note how over the last ten years the public law corporation has taken steps toward the eviction of the property, which has been contested by the plaintiff both through the use of legal instruments and de facto, which would prevent considering those requirements as fulfilled. On the other hand, civil doctrine, in order to recognize the existence of a property right in the terms sought by the plaintiff, requires the so-called just title (justo título), namely the existence of a transfer act that legitimizes the claimed possession. In this case, it would correspond to a gratuitous act, which, as is known, is a formal contract and does not take effect until the moment it is executed and duly registered in the Public Registry. A situation that is otherwise complex in the present case if we consider that the property is not even registered in the name of the public entity, which would prevent any disposition. In those terms, the claim should be rejected without further discussion. However, in the opinion of this Tribunal, the heart of the matter does not rest on those topics but rather on the nature of the property sought to be acquired. It has been indicated that Administrations have two types of property: public domain property (bienes dominicales) and fiscal property (bienes fiscales). As has been demonstrated by different evidence, including that of the plaintiff herself, the lot under consideration is located less than two hundred meters from the water supply well for the community of La Cartonera, meaning it does not present the distance ordered by the Ley de Aguas in its canon thirty-one. This is, in effect, two hundred meters around the catchment area that are affected and, as such, are not within the commerce of men. This leads us to the necessary consequence that the norms of private law that the plaintiff invokes for her benefit are not applicable to the sub júdice. In short, the property the plaintiff seeks to acquire cannot be the subject of adverse possession (prescripción positiva), as it is manifestly and evidently affected for indirect public use, insofar as it guarantees a fundamental public service such as the supply of potable water in the area under consideration. Note how everything points to the existence of the well being prior to the adjudication (adjudicación) that the plaintiff was subject to, which determines not only that the absence of commercialization of the property is not untimely but also that since that date the property was not susceptible to the application of adverse possession. This involves applying the norms of private law to a real property that presents diametrically opposed characteristics. Which, without major question, compels the existence of a lack of right that must be declared. During the oral and public trial, the plaintiff sought to prove that there were other persons closer to the well who had not been subject to disturbances by the public entity, which would somehow determine a kind of discriminatory treatment, an argument that we must reject without further question. It is an obligation of the minor public entity to recover all lands located within the radius of the well for the reasons already stated, whether from the plaintiff or any other person. If there has been inertia in the fulfillment of legal obligations toward other persons located on the property, it is a reprehensible situation that may well give rise to civil, disciplinary, and even criminal liability of the involved officials (including the mayor himself) who have not fulfilled their legal duty, but that does not permit the creation of any right in favor of the plaintiff. It would be an attempt to create a right from an illicit action contrary to the legal order, which in no way can be accepted by this jurisdictional body. It is not superfluous to indicate that for this Chamber it is not possible to justify how so much time has passed without the legal procedures having been adopted, despite the clarity of the resolution of the improper hierarch, which was warned in its time by the Sala Constitucional of the Corte Suprema de Justicia itself. Thus, the minor public entity’s failure to comply with its obligations becomes, above all, a posture contrary to public law, which as such we must repudiate. Mrs. Herrera Sánchez also sought to show that preventive measures had been adopted to avoid possible contamination of the well, a situation that had occurred at one time but had been eliminated through corrective measures, which would make her possession lawful. In this regard, as explained in detail in the fourth and fifth considerandos of this resolution, the issue of potable water relates to environmental aspects and is covered by a series of principles specific to it. Within that framework, the protective principle and the pro natura principle, without prejudice to prior study, determine that even when there is no damage whatsoever, the mere danger of its existence means that the land under consideration cannot leave governmental hands, since it is not possible in this matter to run unnecessary risks as the dangers may affect a considerable number of people. Besides, the norm of the Ley de Aguas is imperative, a matter of public order, and it is impossible to grant an interpretation as the party intends that once the objective is achieved, it is possible to breach the letter of the positive norm for her benefit. On the contrary, the objective would allow that under special conditions the withdrawal diameter could be greater, but the letter of the provision mandates the minimum protection of the meters already indicated. In this way, that argument must also be rejected. Lastly, the plaintiff invoked that she does not have the economic means to build her house again, which would cause her serious harm. It is proven in the file that the Municipality has sought to correct the situation, granting the plaintiff another lot within the community, which does not meet her interest (despite having accepted it and it being registered in her name) as she already completed construction on the property under dispute and it represents a greater distance from the plaintiff’s mother, who helps her with the care of her children. In this regard, the Tribunal must be more than emphatic in pointing out that what the public entity originally sought to grant was a lot, not a house; likewise, if the corporation sought to mitigate conditions of poverty in the area, nothing obligates it to grant the property under the conditions that best suit the plaintiff’s interests. It is a regrettable situation that coincidentally several lots were granted in the community, where some of them are not affected by the legal prohibition and others are (in direct relation to the mentioned well), the plaintiff’s case falling under this last scenario; however, the territorial corporation is not obliged to grant the property under the conditions the interested party seeks, but rather under those that are technically appropriate, which includes respect for the public domain property (bienes demaniales) that may be involved. Up to this point we have referred to the claim of generating adverse possession, it being imperative to consider the remaining claims. The second deduced petition is aimed at requesting the registration of the property at the base of the conflict in favor of the plaintiff, meaning it corresponds to a subsidiary request, which, having rejected the former, must follow the same fate. Registration ultimately depends on the constitution of the usucapion already considered and rejected; since this does not exist, no registration before the Public Registry is possible. Lastly, the indemnity claim is based on being limited in basic public services because the property has not been registered in her name by virtue of the defendants’ opposition. Regarding the restriction of public services, note that with respect to the construction undertaken by the plaintiff, there is not a single element of conviction that evidences its lawfulness, since everything indicates the contrary, which prima facie would lead to the necessary consequence of its rejection. On the other hand, the lack of registration is based on legal impossibility, again requesting an aspect contrary to the legal order. So that the lack of right is applicable to that request. By way of conclusion, it is possible to state that the claim presented by the plaintiff is contrary to law, and must be rejected in its entirety, as is indeed ordered. The Tribunal feels obliged to make some clarifications to what has been ordered. As has been previously indicated, despite the rejection of the claim, the existence of a declaratory act of rights in favor of the plaintiff, in force to date, becomes incontrovertible, which, regardless of its unlawfulness or conformity with the legal order, continues to produce legal effects to date. Although it was argued during the oral and public trial that said act had been revoked, the fact is that the Third Section of this Tribunal annulled said revocation and sought to redirect the administrative action, which, despite the clarity of what was ordered, has not been complied with by the minor public entity. Faced with said administrative action, the plaintiff’s conduct becomes one of good faith and protected by the principle of legitimate expectations (principio de confianza legítima), insofar as the right constituted in her favor has not been revoked. The law is incontrovertible as to what the procedure is to annul said act or revoke it as appropriate, which in effect must be ordered following exclusively the legal process. In this way, any untimely action or action without following that process becomes illegitimate and illegal; so it is not a viable procedure. We consider it necessary to warn of that situation in order not to foster conduct contrary to the legal order.\n\nVIII. ON THE DEFENSES INVOKED: The defendant Compañía Palmatica raised the defense of lack of passive standing (falta de legitimación pasiva), based on the fact that the property at the base of the conflict is not its property. As was demonstrated, said sale indeed took place, but it is not registered. So Mrs. Herrera Méndez was required to present her claim against that company as well, in order to have the litis properly integrated. The consideration of the admissibility of the claim on the merits is a matter to be considered until judgment. Resulting in the rejection of the exception presented. For its part, with respect to the defense of lack of right, as has been indicated, the plaintiff seeks a request that does not correspond to what is regulated by the legal order, so it must be upheld and the claim declared without merit in all its aspects.”\n\n...\n\nVoto N° 0 41-2013\n\nTRIBUNAL CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO, SECCIÓN CUARTA, San José, at sixteen hours and fifteen minutes on the Dirección13094      .-\n\nProceeding for declaratory relief brought by Mrs. Nombre110720   known as Nombre110720  , married, identification number CED87477 -     -     and resident of Corredores, against Compañía Palma Tica S. A. legal identification number three - one hundred one - one hundred seventy-three thousand nine hundred ninety-nine, represented by Mr. Nombre110721  , married, mechanical engineer, resident of Dirección6702, , identification number CED87478 -     -    , and the Municipalidad de Corredores, legal entity identification number CED87479 -   -      , represented by Mr. Nombre110722  , married, bachelor in education, identification number CED87480 -   -  , resident of Paso Canoas, and Mrs. Nombre110723   , married, licentiate in educational sciences, identification number CED87481 -     -    , and resident of Ciudad Neily. Acting are Licenciado Juan Emilio Jiménez Delegado as proxy for the public entity and Licenciados Allan Guerrero Vargas as lead attorney for the private company and Licenciado Fernando Gómez Concepción on behalf of the plaintiff. All natural persons are of legal age.\n\nRESULTANDO:\n\n1.- That the plaintiff has appeared before this jurisdiction to request, in what the Tribunal summarizedly corresponds to, a declaration that, by having possessed quietly, publicly, peacefully, in good faith, and uninterruptedly, as owner, adverse possession (prescripción adquisitiva) has operated in her favor over the property in the Puntarenas district with Folio Real number six - fifty-three thousand five hundred eighty-three - zero zero zero. It must be registered in her favor and as an independent property before the Registro Público de la Propiedad, Property Section of the Puntarenas district. She seeks an award for damages, which during the oral and public trial she limited to subjective moral damage, in the amount of fifteen million colones, for being limited in basic public services because the property has not been registered in her name by virtue of the defendants’ opposition. Likewise, in case of opposition from her counterpart, she requests that they be ordered to pay the procedural and personal costs of this action.\n\n2.- Once the corresponding transfer was granted, the company Palmatica indicates that the property is not its property, but rather that of the Municipalidad de Corredores since the year nineteen ninety-five, arguing a lack of passive standing and a lack of right. For its part, the corporate entity acknowledges being the owner of the property, indicates that it is not legally possible to grant the property requested by the plaintiff, that they gave her a lot in a nearby area, but that despite that Mrs. Nombre110720 has refused to vacate the property. It argues what the Tribunal understands as a lack of right.\n\n3.- That the oral trial was held on the thirtieth day of April of the current year, ordering its processing as complex under the protection of numerals one hundred eleven of the Código Procesal Contencioso Administrativo and forty-seven of the Reglamento, as well as the issuance of the corresponding judgment in writing.\n\n4.- The prescribed formalities have been observed in the proceedings and no grounds for nullity capable of invalidating what has been done are noted. This judgment is rendered after the required deliberations and unanimously.\n\nDrafted by Judge Madrigal Jiménez; and,\n\nCONSIDERANDO:\n\nI. ON THE BASIS OF THE PROCEEDING: The plaintiff maintains that she is the possessor of part of the property in the Puntarenas district with Folio Real number fifty-three thousand five hundred - zero zero zero, on which she built a house of forty-nine square meters. Said property was acquired by adjudication (adjudicación) from the Municipalidad de Corredores. She indicates that this condition and the time she has enjoyed it grants her the right to have the property under consideration registered in her name. Palmatica demonstrates that on the twelfth of September, nineteen eighty-five, it signed a purchase-sale commitment with the Municipalidad de Corredores, said property being paid for, the transfer being registered on the eighth of April, nineteen eighty-six, under Folio Real number fifty-three thousand five hundred eighty-three - zero zero zero, arguing a lack of passive standing and a lack of right. Meanwhile, the Municipalidad de Corredores acknowledges itself as the owner of the property. It indicates that in March nineteen ninety-seven, the adjudication of the disputed lot to the plaintiff was recommended, which was halted due to external situations. It notes that the land is related to a well that serves the community, so it is not possible to register it in the name of the interested party due to the affectations that could arise in this matter, for not having sufficient withdrawal distance. It indicates that since March two thousand one, Mrs. Nombre110720 was offered land in Dirección181   of Ciudad Neily, the property being registered in her name, so that she could build lawfully, even more so when despite the legal transaction having been concluded, the lady refuses to leave. During the oral and public trial, it demonstrated that the construction had been carried out without the legal permits, a criminal complaint for violation of seals and marks having been filed when the lady disregarded the seals placed by the town hall. It requested that the claim be declared without merit.\n\nII. PROVEN FACTS: Of importance for the issuance of this judgment, the following relevant facts are taken as proven: 1) By purchase commitment signed on the twelfth of September, nineteen eighty-five, the Municipalidad de Corredores and the Compañía Bananera de Costa Rica (now Compañía Palmatica S. A.) agreed to the purchase of a parcel of land of twenty thousand five hundred ninety-six square meters and fourteen square decimeters, in the Dirección13096   of the canton of Corredores in the province of Puntarenas (see folio 38 of the judicial file and 41). 2) During the year nineteen eighty-five, the Municipalidad de Corredores paid the Compañía Bananera de Costa Rica the sum of four hundred twenty-five thousand colones for the purchase of the lot that includes the area at issue in this proceeding (see folios 1 to 7 of the administrative file and 39 to 40 of the judicial one). C) The property in the Puntarenas district with Folio Real number fifty-three thousand five hundred eighty-three - zero zero zero is registered in the name of the company Compañía Palmatica S. A. (see folio 8 of the judicial file). 3) By agreement number four of the eleventh of March, nineteen ninety-seven, of the Concejo Municipal of Corredores, it was agreed to adjudicate a lot in Dirección13096   to Mrs. Nombre110720 so that she could resolve her housing problem (see folio 6 of the judicial file and 231 to 237 of the judicial file that the Tribunal understands to be an update of the administrative file). 4) By note of the fourteenth of September, nineteen ninety-eight, the Asociación Administradora del Acueducto Rural de la Cartonera reminds the Mayor of Corredores of the need to respect the protection area of the community well on the lands acquired from the banana company and that were to be distributed among low-income persons (see folio 36 of the administrative file). 5) On the land under litigation, the plaintiff built without a permit prior to the year nineteen ninety-eight, which led to the closure, producing many difficulties for the supply of essential public services (see statement of Mrs. Vega García given at the oral and public trial). 6) That said construction has a septic tank (see statement of Mrs. Nombre110720 given at the oral and public trial). 7) A criminal case was processed against the plaintiff under number 98-200467-456-PE before the Juzgado Penal de Corredores, for the crime of violation of seals by virtue of having built on the land under litigation without permits and failing to comply with the closure ordered by the municipal corporation (see folios 133 to 127 and 39 to 37 of the administrative file). 8) That within the criminal case, the plaintiff accepted the relocation offered by the public corporation, noting that it was not suitable for her in Dirección181   due to issues of transporting her children and caring for them (see folio 148 of the administrative file). 9) Based on the Final Report of the Defensoría de los Habitantes number 4837-23-98, it recommends, among other things, that the necessary actions be taken to prevent contamination of the well in La Cartonera de Corredores, as well as measures to remove all persons who are occupying the protection area (see folios 40 to 66 of the administrative file). 10) By agreement number one, of the Concejo Municipal of Corredores, in extraordinary session number six, of the tenth of April, nineteen ninety-nine, the Concejo Municipal of Corredores decided to grant the extraordinary appeal for review filed against agreements four of ordinary session two hundred thirty-three of the seventh of March, nineteen ninety-seven, number two hundred thirty-six of the seventeenth of March, nineteen ninety-seven, filed by the Asociación Administradora del Acueducto Rural de la Cartonera, and consequently to revoke agreement number four of session two hundred thirty-three of the seventh of March, nineteen ninety-seven, and the agreements issued on that same matter in session two hundred thirty-six of the seventeenth of March, nineteen ninety-seven, in relation to the adjudications of lots on land owned by the Municipality located in La Cartonera, which includes the land under litigation (see folio 91 of the administrative file and 258 of the judicial file that the Tribunal understands to be part of the administrative file). 11) Against this last agreement, some of the affected persons filed an appeal (see folios 369 to 371 of the judicial file that the Tribunal understands to be part of the administrative file). 12) By virtue of note DH-244-99 of the twelfth of April, nineteen ninety-nine, the Defensoría de los Habitantes requests the Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados to prepare a report on the progress regarding the situations detected concerning the contamination of the well at Dirección13096   in Corredores, as well as compliance with the withdrawal of the public area (see folios 87 to 90 of the administrative file). 13) By note of the nineteenth of July, two thousand nine, the Asociación Administradora del Acueducto de la Zona notes the need to respect the protection area, declared public by the law of waters, around the place from which water was extracted for Barrio la Cartonera (see folios 92 to 98 of the administrative file). 14) By report UPAH-026-02 of the third of May, two thousand two, the Ministry of Health notes the existence of contamination in the well that supplies Barrio la Cartonera due to the constructions near it, among which that of the plaintiff is located (see folios 150 and 151 of the administrative file). 15) By virtue of a note dated the third of May, two thousand two, the head of the cadastre office of the Municipalidad de Corredores notes that no construction permit has been granted to Mrs. Nombre110720 regarding the property under litigation (see folio 152 of the administrative file). 16) By legal opinion of the twenty-first of October, two thousand three, the then Mayor was informed that the protection area for a water catchment is two hundred meters in accordance with the Ley de Aguas, and therefore any land in that condition must be recovered, including the property under dispute (see folios 168 to 165 of the administrative file). 17) By note AM-271-2003 of the twenty-eighth of October, two thousand three, the Municipal Mayor of Corredores notifies the plaintiff that he is granting her fifteen days to vacate the land she occupied in the vicinity of the well that supplies water to Dirección13096  , since after said period proceedings would commence to remove her using public force (see folio 176 of the administrative file). 18) By virtue of a note filed on the fifth of November, two thousand three, Mrs. Nombre110720 files an appeal for revocation with subsidiary appeal, and a motion for nullity against the administrative eviction act ordered against her (see folio 177 of the administrative file). 19) By resolution at ten hours on the twelfth of November, two thousand three, the Municipal Mayor of Corredores rejected the appeal for revocation with nullity filed by the plaintiff against the eviction act and granted processing to the appeal filed (see folio 179 of the administrative file).\n\n20) By resolution 37-2004 of the Third Section of this Court, issued at nine hours fifty minutes on February twenty, two thousand four, hearing an appeal against extraordinary session number 6 of April 10, 1999, Agreement No. 1 of the Municipal Council of Corredores; by which an extraordinary review appeal was granted, revoking agreements No. 4 of ordinary session No. 233 of March 7, 1997, and No. 236 of March 17, 1997, both related to the adjudication of lots on land owned by the Municipality located at Dirección11099, it is ordered in relevant part: \"II.- In the specific case, without ruling on the substantive issue, that is, whether the adjudication of lots on Municipality lands is null or not; the fact is that the Municipal Council of Corredores, in ordinary session No. 233, Agreement No. 4 of March 7, 1997, and in ordinary session No. 236 of March 17, 1997, carried out adjudications of lots on land it owns; all of which generated rights that it cannot now simply disregard or directly or indirectly nullify by revoking them. Because as previously explained, the Administration cannot go against its own acts, except through the procedures established by law, which is not the case here. If the municipal corporation granted an extraordinary review appeal for the purpose of declaring the nullity of the acts of adjudication of those lots, it must then follow the procedure established in numeral 173 of the Ley General de la Administración Pública. // III.- By having acted as it did, the Municipality incurred a violation of the constitutional principle of the intangibility of one's own acts (Article 34 of the Constitution), according to which a declaratory act of rights, such as the one in the case at hand, cannot be nullified by one's own hand, except in the exceptional cases permitted by the legal system itself, according to the procedures established for that purpose. Consequently, the appeal heard is granted, and the nullity of the agreement appealed here is declared. The administrative route is deemed exhausted. // POR TANTO // The appealed agreement is annulled. The administrative route is deemed exhausted.\" (see folios 369 to 371 of the judicial file, which the Court understands to be part of the administrative file). 21) Under file 04-758-007-CO, the ASADA of La Cartonera filed an amparo appeal before the Constitutional Chamber of the Supreme Court of Justice against the Municipality of Corredores, the Ministry of Health, and the Instituto de Acueductos y Alcantarillados, requesting that, due to an impact on public health, the relocation be ordered of two dwellings that were very close to the wells at La Cartonera, including the land of Ms. Nombre110720 (see folios 207 to 230 of the judicial file, which the Court understands to be part of the administrative file). 22) By vote 2004-9913 of the Constitutional Chamber, issued at ten hours forty-seven minutes on September third, two thousand four, it was ordered that measures be taken to prevent the contamination of the wells that supply water to the community of La Cartonera (see folios 207 to 229 of the judicial file, which the Court understands to be part of the administrative file). 22) By agreement of Session 458-06 of September twenty-eight, two thousand six, the Instituto Mixto de Ayuda Social agreed to donate to the plaintiff the farm in the district of Puntarenas with an area of one hundred forty-four square meters and fifty decimeters, located in the canton of Corredores, province of Puntarenas (see folios 188 and 189 of the administrative file). 23) Under file 10-017699-007-CO, an amparo appeal was filed on behalf of the plaintiff for lack of drinking water supply (see folios 192 to 205 of the judicial file, which the court understands to be part of the administrative file). 24) The aforementioned file 10-017699-007-CO was resolved by vote 2011-2874 at eleven hours twenty-one minutes on March fourth, two thousand eleven, dismissing it and recognizing that the plaintiff had to be evicted due to the danger she posed of water contamination in the area (see folios 192 to 205 of the judicial file, which the court understands to be part of the administrative file). 25) The plaintiff currently has her dwelling house built on the disputed land (see folios 89, 327 to 332 of the judicial file). 26) Ms. Nombre110720's house is located thirty-seven meters from one of the wells that supply water to the Dirección13096 (see folios 89 and 325 of the judicial file). 27) That in addition to Ms. Nombre110720's construction, there are other constructions that represent a risk to the community's wells (see folio 325 of the judicial file).\n\nIII. ON UNPROVEN FACTS: The following are considered as such: a) The reasons why the object of the litigation was acquired at the time by the public law corporation and is still registered in the name of the private company (there is a lack of evidence in that regard). b) That the plaintiff exercised peaceful and uninterrupted possession as owner for the ten-year period as provided by civil legislation on the matter (the case record). c) That the defendant Corporation followed the lesivity procedure provided by canon one hundred seventy-three of the Ley General de la Administración Pública with respect to the right declared in favor of the plaintiff, as previously ordered by the Third Section of this Court (there is no evidence in that regard). d) The existence of any damage that may be susceptible to recognition (the case record).\n\nIV.- ON THE PRINCIPLES OF ENVIRONMENTAL LAW: Environmental Law, as the autonomous law that it is, has its own principles, which guide environmental activity. These principles are mostly collected, in one way or another, in legal texts or at least indicated by jurisprudence. Also, it must be remembered that Article fifty of the Constitution enshrines the right to a healthy and ecologically balanced environment; and that from this same numeral derive a series of principles that will be analyzed in this section. Specialized doctrine has indicated as guiding principles in the matter at least those of Equality, State Guardianship of Environmental Law, Sustainability, Principle of rational use of resources so that there is a necessary balance between the country's development and the right to the environment, Environmental Quality, Principle of solidarity, Precautionary Principle, Preventive Principle, Publicity, Restorability, \"Polluter Pays\", Conducting the environmental impact assessment prior to the start of works, Only a Declared State of Necessity exempts compliance with environmental regulations, The lack of economic resources of public institutions is no excuse justifying the omission of protecting Environmental Law, Coordination to guarantee environmental protection, The injury to Environmental Law occurs through both action and omission, Inoperativeness of positive silence in matters of natural resource use, and citizen participation in environmental matters. Without it being understood that this list is closed, since as a law under construction, new lines of application and interpretation of said legal system could be added. The equality of persons before the law, without any type of discrimination, is a fundamental right enshrined in our legal system by Article thirty-three of the Political Constitution and also established in Article twenty-four of the American Convention on Human Rights. The right to the environment and its protection is also protected by this principle of equality, which must be applied to the matter. In this way, all human beings equally have the right to enjoy an adequate environment and access justice without any discrimination to assert their rights should the right to a healthy environment have been violated (directly or indirectly). Article fifty of the Constitution declares that every person has the right to a healthy and balanced environment. Article two, subsection a) of the Ley Orgánica del Ambiente contains this principle by declaring that the environment is the common heritage of all the inhabitants of the Nation, and therefore, both at the institutional level (of the Executive Branch) and the jurisdictional level, citizens have the right to equal treatment. The principle of State Guardianship of Environmental Law is also drawn from canon fifty of the Constitution, deriving the State's obligation to exercise a guardianship and steering function in environmental matters. In this regard, the Constitutional Chamber has indicated that the State must “ensure and protect the right against any risk or necessity, defend is to forbid, prohibit, and impede any activity that threatens the right, and preserve is an action aimed at sheltering the right in advance from possible dangers in order to make it last for future generations. The State must assume a double behavior of doing and not doing; on one hand, it must refrain from itself threatening the right to a healthy and ecologically balanced environment, and on the other hand, it must undertake the task of issuing the measures that allow compliance with constitutional requirements.” (vote 9193 of the Constitutional Chamber of the Supreme Court of Justice). In this way, the Constitutional Chamber develops all the actions comprised by the guardianship that the State must exercise in order to protect the environment; including both a behavior of doing and of not doing, since, on one hand, it must refrain from committing any act against the right to a healthy and ecologically balanced environment; and on the other hand, it must adopt an active conduct, in the sense of issuing the measures and regulations it deems pertinent for the safeguarding of this right. The steering body in the subject under study is the Ministry of Environment and Energy (it is worth remembering that this ministry has changed names) in accordance with numeral two of the Organic Law of this Ministry; thus, it must be said that the figure of the State as the subject called to exercise guardianship in environmental matters is a Ministry on which the steering role falls, but in addition, for this function of environmental protection to be real and effective, the participation of a series of state entities and organs is necessary, which, in coordination with MINAE (or MINAET, depending on the historical moment), are called to interact (such as the municipalities). Sustainability in the use of natural resources is one of the universally accepted principles, with a legal perspective. According to a United Nations report, sustainable development is development capable of satisfying the needs of the present without compromising the ability of future generations to satisfy their own (Loperena Rota, Nombre110724, los Principios del Derecho Ambiental, 1998, p. 62). For its part, Article two subsections a) and b) of the Ley Orgánica del Ambiente establish the obligation of the State and private parties to participate in the conservation and sustainable use of the environment; and the right of everyone to enjoy a healthy and ecologically sustainable environment for development. It has also been pointed out that deterioration of the environment conditions human development possibilities; hence the term \"sustainable development,\" which encompasses both rights, has become common. In that sense, the Constitutional Chamber has defined “sustainable development” as “one of those general policies that the State issues to expand the possibilities for everyone to fulfill their aspirations for a better life, increasing production capacity or, alternatively, expanding the possibilities of achieving equitable progress between demographic growth and natural systems. Sustainable development is the process of transformation in the utilization of resources, the orientation of investments, the channeling of technological development, institutional changes, and everything that contributes to meeting the human needs of the present and the future.” (vote 1763-94). The principle of rational use of resources, so that there is a necessary balance between the country's development and the right to the environment, is closely related to the previous principle; one might even think it is part of it. This principle (rational use of resources) has its constitutional basis in Article sixty-nine of the Constitution. Now, in this principle we find an ideological component, which generates, in some way, certain problems at the time of its application, as it also comprises indeterminate legal concepts, such as rational use and the necessary balance between development and the environment. These concepts often generate uncertainty at the time of their application. The Public Administration is responsible for determining this point of equilibrium, and ultimately the jurisdictional bodies will be. Regarding the principle under study, the Constitutional Chamber has indicated that: “...environmental protection must aim at the adequate and intelligent utilization of its elements within their natural, sociocultural, technological, and political relationships (sustainable development), to thereby safeguard the heritage to which present and future generations are entitled. Therefore, the primary objective of environmental use and protection is that through production and the use of technology, not only economic gains are obtained (freedom of enterprise) but, above all, a favorable development and evolution of the environment and natural resources with the human being, that is, without causing damage or harm...” (vote 6322-2003). In this way, environmental protection must be directed towards the adequate utilization of its elements, since environmental conservation is necessary, but the use of its resources to undertake development processes for the benefit of society in general is also indispensable. Society, in turn, demands, on one hand, environmental protection, and on the other hand, the development of the country, a development that, in a country like ours, in many cases has its basis in natural riches. In this manner, the Constitutional Chamber has stated that “it is necessary to opt for sustainable development, which satisfies present needs without compromising our capacity to meet those of the future. It is, consequently, a policy whose core is long-term planning through State policies, which must comply with all the requirements demanded by existing regulations and which, logically, in this field, must be viewed with restricted criteria, because if natural resources are destroyed or damaged by a hasty decision or when the required conditions are not met, economic, social, and political development will be affected and will decline, bringing as a logical consequence the loss of the citizen's quality of life, and therefore, the loss of an invaluable richness that Nature has generously gifted us. This development means recognizing that we wish to have continuous access to the resources that make life possible, and if we expand the benefits of the industrial process, we must be aware of the implications and limitations that this course entails.” (vote 4423-93). The Principle of Environmental Quality constitutes a fundamental parameter for quality of life, as it is linked to the life each individual may lead; and in turn, it is linked to the use made of the environment for one's own development. It is thus that the Constitutional Court has considered that the right to a healthy and ecologically balanced environment implies the correlative duty to protect and preserve the environment through the rational exercise and useful enjoyment of the right itself. (Vote 6233-2993). In that sense, whenever it is demonstrated that some activity is harmful to health, a violation of the principle under study would exist. Or, when any economic activity implies the loss of an important natural resource, that activity must be prohibited, because otherwise, environmental deterioration would be fomented, and with it, the quality of life of the people. Likewise, the basis of this principle can be found in the aforementioned Article fifty of the Constitution and is also contained in international instruments that guarantee environmental protection (such as the Stockholm Declaration). Regarding the principle of solidarity, as the right to the environment is a third-generation right, it is developed under the value of solidarity (just as liberty and equality were the principles and values that guided first and second generation rights, respectively). It has been configured as an “authentic formalized legal principle, generating enforceable obligations within the bosom of social relations” (Real Ferrer, El Principio de Solidaridad en la Declaración de Río, 1994, p. 78). The principle of solidarity implies and generates a collective responsibility for its realization, which is shared but differentiated. The 1992 United Nations Conference on Environment and Development established that “States shall cooperate in a spirit of global solidarity to conserve, protect, and restore the health and integrity of the Earth's ecosystem. In view of the different contributions to global environmental degradation, States have common but differentiated responsibilities. The developed countries acknowledge the responsibility that they bear in the international pursuit of sustainable development, in view of the pressures their societies place on the global environment and of the technologies and financial resources they command” (Principle 7 of the 1992 United Nations Conference on Environment and Development). With the emergence of the principle of solidarity, a humanization and concern is glimpsed not only for the enjoyment of the current right but also for its preservation to ensure enjoyment for future generations. The right of future generations implies, in turn, a series of intergenerational rights and duties related to each other and which are themselves divided into 3 basic principles: a- Principle of conservation of options: translates into the right of each generation to receive the diversity of natural resources and the correlative duty to maintain them, which implies their rational and efficient exploitation. b- Principle of conservation of quality: implies the right of all generations to receive the planet in optimal quality conditions and, in turn, a correlative duty to conserve them and transmit them to future generations so they do not receive it in worse conditions. c- Principle of conservation of access: the right of equitable access to the legacy of past generations and the duty to ensure it for all its members (Franco del Pozco, Nombre64645, El Derecho Humano a un medio ambiente adecuado, en Cuadernos de Derechos Humanos, Bilbao, 2000, p. 21). For its part, the Precautionary Principle is one of the most developed principles, both by doctrine and jurisprudence, and has been considered an essential component principle of environmental law. Public Administrations have the obligation to act in protection of everyone's right to the environment, and thus, principles of administrative action specific to environmental protection have been delineated, which particularize this field. It is important to note that the precautionary principle constitutes a parameter of legality for administrative conduct, and on this matter, Dr. Aldo Milano points out that “a large part of risky activities are subject to an administrative policing regime, which manifests itself in the granting or denial of authorizations of that same nature. This causes conflicts related to such decisions to arise, either because it is considered that by granting authorization in a specific case, the Precautionary Principle is violated, or because, when it is denied or conditioned based on that principle, the affected party considers the decision illegitimate.” Thus, alluding to a specific case of French jurisprudence, he indicates that the decision challenged in administrative litigation constitutes the last step in the long procedure of evaluating the innocuousness of the activity in question, and that the doctrine finds in the precautionary principle a source of law that imposes a specific way for the Administration to act, so that—if that way of acting (procedure) is not respected—the nullity of the final act adopted will be declared (see Milano, Aldo. “El Principio Precautorio”, 2005, p. 55 to 58). The precautionary principle, also called the Principle of Prudent Avoidance, gained strength with the Rio Declaration of 1992 (Earth Summit), but the idea was already developing in other international conventions such as the Stockholm Declaration and the World Charter for Nature. Article fifteen of the Rio Declaration contains this principle by stating that “In order to protect the environment, the precautionary approach shall be widely applied by States according to their capabilities. Where there are threats of serious or irreversible damage, lack of full scientific certainty shall not be used as a reason for postponing cost-effective measures to prevent environmental degradation.” At the national level, Article eleven of the Biodiversity Law enshrines the precautionary principle in practically the same terms as the Rio Declaration. The precautionary principle has raised several questions, among which the following stand out: the problem of the reversal of the burden of proof in environmental matters; the balance that must exist between repressive and preventive measures; and the motivation that must be given to industries and other companies through policies that stimulate environmental protection. Regarding the reversal or inversion of the burden of proof, it consists of the defendant being the one called to offer evidence to rebut the content of the claim, without forgetting that Environmental Law is more interested in prevention than in repairing damage. It is expressly regulated in Article one hundred nine of the Biodiversity Law, which provides: “The burden of proof for the absence of impermissible contamination, degradation, or affectation shall correspond to the person requesting the approval, permission, or access to biodiversity, or to the person accused of having caused environmental damage.” This rule must be seen in close relation to Article five of the same Law, which indicates that what is established in that legislation shall serve as a framework for the interpretation of the other rules that regulate the subject matter of said Law. This means that in environmental matters, the classic scheme of “he who asserts must prove” is broken, and the theory of the dynamic burden of proof takes on a preponderant role, according to which, “the burden is transferred to whoever, due to their personal situation, is in a better position to bring the proof to the proceeding, regardless of whether it is the plaintiff or the defendant” (regarding the dynamic burden of proof, see ruling No. 212-2008 of the First Chamber of the Supreme Court of Justice, issued at 8:15 a.m. on March 25, 2008). This position is accepted by environmental law doctrine, which in that sense has indicated the following: “In the environmental process, especially according to the precautionary principle, a modification occurs in the burden of proof of the classic framework (according to which the principle is that ‘everyone who alleges a fact as a claim or defense has the burden of proving it'), and the doctrine of dynamic probative burdens comes to life, based on precaution, as a palliative to lighten the arduous task of producing diabolical evidence that, in certain cases, was placed without consideration on the shoulders of one of the parties (plaintiff or defendant) due to a misunderstanding of the sacrosanct a priori rules of evidence distribution. Finally, the modifications indicated in the scope of the environmental process compel us to speak of a ‘true environmental procedural law,' whether considered an autonomous branch or not; and the scientific-technical complexity of environmental cases, which demand unprecedented solutions to equally unprecedented problems, imposes, as a mechanism to overcome the traditional structures of law, the convenience of having specialized forums in environmental matters as guarantors of the effective application of the precautionary principle.” (Nombre5945, María Paulina. “El principio precautorio”. En Protección Ambiental, Argentina, 2008, p. 122). In close relationship with this procedural variant, the doctrine highlights the active role of the Judge when faced with an environmental matter, and in this regard, states the following: “But it was Law No. 25.675 (LGA) that enshrined unprecedented innovations regarding judicial powers (ordering and investigative powers), granting the adjudicator a completely active and inquisitive role as guarantor of the application of the precautionary principle in those processes seeking the preservation of the natural balance (see Article 32 LGA), without this implying any break in the principle of congruence. (...) it is concluded that there are no areas immune to the normative force of the Constitution and environmental regulations, particularly the General Environmental Law, which constitute environmental public order, conferring broad powers, including the review of even technical matters, which allow full operability of the precautionary principle at every step of the procedural iter, in a concrete and undoubtedly macroscopic task in pursuit of the right to effective judicial protection.” (idem, Nombre5945, p. 117). This role that doctrine assigns to the Judge when faced with environmental matters is not dissociated from the model that the Political Constitution and the Code of Contentious-Administrative Procedure granted to the Contentious-Administrative Judge. The Biodiversity Law, whose rules are applicable to the rest of the legal system in environmental matters, expressly provides in its Article one hundred eight that “in matters of biodiversity, and while no environmental jurisdiction exists, any controversy shall be the exclusive competence of the contentious-administrative jurisdiction,” except for those cases where there is no administrative act or public domain involved. Having established this competence, we must remember that the contentious-administrative jurisdiction enjoys broad supervisory power, granted by Article forty-nine of the Political Constitution, which allows it to exercise both subjective control, consisting of the protection of the substantial legal situations of the administered parties (subjective rights and legitimate interests), and objective control, consisting of guaranteeing the legality of the administrative function of the entire Public Administration (whether actions or omissions). Article one of the Code of Contentious-Administrative Procedure reproduces the content of Article forty-nine of the Constitution and indicates that the contentious-administrative jurisdiction has the objective of protecting the legal situations of every person, guaranteeing or restoring the legality of any conduct of the Public Administration subject to Administrative Law, as well as hearing and resolving the various aspects of the administrative-legal relationship (Jinesta, Ernesto. “Manual del Proceso Contencioso Administrativo, 2008, p.29). National doctrine reaffirms the broad supervisory character of the Contentious-Administrative Judge in our legal system by indicating the following: “When the rule allows the control of the ‘administrative function,' it adopts, without ambiguity, a broad formula of supervision, in which the Judge is empowered to control the totality of administrative conduct. Indeed, the precept breaks cleanly with any limitation built around the contentious-administrative object, because when it inserts the generality of the administrative ‘function' within the supervisory eye of the Judge, it opens the jurisdictional range with respect to any function, behavior, or administrative conduct. Note that the contentious jurisdiction is not assigned the control of administrative ‘activity' or ‘action,' much less of the ‘administrative act,' but of the ‘function,' which, not by chance, is all-encompassing not only of all of them but also of the entire sphere of inactivity. When the article assigns the Judge control of the ‘function,' it is allowing the latter to legally analyze any of the functions proper to it, any of its conducts in any of its administrative manifestations. The Court can control both active conduct and omission.”\n\nWhenever the conduct is administrative and the control is exercised within the legal framework, there is no, nor should there be, any sphere exempt from judicial review (control jurisdiccional); its review can and must be complete, without any immunity in its object. (...) In this regard, the constituent offers us a new closing clasp, an additional safety door as a guarantee of full and universal control, since in addition to subjecting the administrative function to judicial review of legality, it allows the Judge to verify whether or not it is aligned with the purposes that justify it.\" (González, Oscar. “Sentencia”. In: El Nuevo Proceso Contencioso-Administrativo, 2006, p.426). Regarding the leading and active role exercised by the Judge in the dynamics of the Procedural Code, it is stated: \"Such active and organizational autonomy for the restoration of the public legal order (written and unwritten) and the effective protection of legitimate interests and subjective rights confirms the transcendence of this jurisdiction as a remedial and protective mechanism for legal situations eventually affected by the undue interference of public power through its multiplied universe of organs and entities with their officials, generally de jure and exceptionally de facto. (...) Even the classic civil law principle that identifies the object of the process with the claims alleged and deduced by the parties was subverted, so that the judicial authority, as an active subject in the process, dispenses justice not only in adherence to what was claimed but also adjusting the claims to prompt and complete justice, in accordance with the new legislation, to satisfy the values embedded in the Rule of Law present in each process for the restoration of legality or, better yet, of the legal order. Under the new scheme, the judge, before being governed by the dispositive principle, will also be governed by the inquisitorial principle, typical of constitutional courts, as when, in our case, the Constitutional Chamber (Sala Constitucional) condemns the losing parties in amparo actions to pay both costs and damages, even if the winning parties did not request it.\" (Jiménez, Nombre25610. “Bases constitucionales para la reforma de la jurisdicción contencioso administrativa”. In: El Nuevo Proceso Contencioso Administrativo, pp. 18 and 19, 2006). Returning to the precautionary principle, once the action that caused the environmental damage has occurred, the interest focuses on the search for the best solution, both at a legal and practical level, clearly understanding that any repair performed will never fully restore the original situation. Therefore, the imposition of principles such as \"The polluter pays\" could be criticized, as it would be contrary to the spirit of prevention that is one of the fundamental pillars of Environmental Law, and rather, it would be fostering environmental deterioration paid for by the payment or economic compensation of the damage caused; but the law must also establish repair measures in case the precautionary or preventive measures do not work (as frequently happens in practice). The Constitutional Chamber has also often called it the \"in dubio pro natura\" principle (vote 2000-9773 of the Constitutional Chamber), noting that it comprises a kind of reversal of the burden of proof, given that a lack of certainty about the consequences of an activity is enough not to carry it out. It has been established doctrinally that this principle refers to general environmental policies, and that the preventive principle operates for specific cases. In environmental matters, there is scientific uncertainty about the possible damage that certain types of activities may cause. The precautionary principle refers to the cautious attitude that must be taken when any reasonable doubt arises regarding the dangerousness of any activity with environmental repercussions, whether to avoid it or to take the necessary measures to prevent eventual damage. (Loperena Rota, Nombre110725, Los Principios del Derecho Ambiental, Spain, 1998, p. 93). The preventive principle is also closely related to the previous principle; it refers to the projection of the certain harmful consequences of some activities. Trying to avoid them in advance is the purpose of this principle; for example, in the case of preventive policies reflected through Environmental Impact Assessments. In specific cases, this principle translates into the application of precautionary measures. The doctrinal and legislative development of precautionary protection (tutela cautelar) is centered, logically, on the jurisdictional process. Due to the slowness of processes and the true situations of injustice that can be caused thereby, the need to implement precautionary measures has emerged in comparative Law. Despite this, precautionary protection is not limited solely to the jurisdictional sphere; its application is also contemplated in administrative procedures. In procedures of an environmental nature, the importance that precautionary protection has acquired is decisive when exercising the right of all to a healthy environment. In the jurisdictional sphere, the main function of precautionary measures is to provisionally guarantee the effectiveness of the definitive judgment, so that it is not a mere declaration of principles. According to national doctrine, there is a fundamental right to precautionary protection that forms part of the right to prompt and complete justice contained in Article 41 of the Constitution. (Jinesta Lobo, Las Medidas Cautelares Atípicas en el Proceso Contencioso Administrativo, in the work Dimensión Constitucional de la Jurisdicción Contencioso Administrativo, p. 171). In this sense, national jurisprudence has stated that \"III. ... It is obvious that the right to precautionary protection and the correlative duty of the jurisdictional body to act upon it when the prerequisites established by law are met, which every litigant holds, has a deep constitutional root, and more specifically forms part of the bundle of faculties that make up the essential content of the fundamental right to prompt and complete justice (effective judicial protection, or in the terms of the Constitutional Chamber, the general right to jurisdiction, Article 41 of the Political Constitution). In this regard, it can be maintained that there is no prompt and complete – effective – judicial protection without flexible and expeditious precautionary protection.\" (Vote 405-95 of this Court, the highlighting does not correspond to the original). In environmental law matters, the presence of the prerequisites inherent to precautionary measures gains greater validity, given the irreversible nature of environmental damage. Regarding the principle of publicity, it should be remembered that the Administration has the duty to make public information on public or private activities related to the environment, given that a public interest is involved. For the Spanish author Martín Mateo, the information or publication of data is the basis upon which the protective action of Public Administrations, environmental education, and research is also founded (Tratado de Derecho Ambiental, Spain, 1991). Article thirty of the fundamental charter guarantees access to administrative departments for purposes of information on matters of public interest. However, in environmental matters, the concept of information and access acquires a new dimension and is understood as the right of the individual or community to request information and to be informed by any state entity or body about any project that may affect their right to a healthy and ecologically balanced environment (Nombre368, Ana Virginia, Garantías e Implicaciones Constitucionales del Medio Ambiente, in Apuntes sobre el Sector Justicia al Derecho Ambiental, Costa Rica, 1997, p. 286). In turn, the principle of restorability is applied in the presence of civil liability for the generation of an injury; the sanction on the responsible party can be compensation for the damages caused (compensation) or the restoration to its original state of the situation altered by the infraction. Doctrine has maintained that, unlike other areas in which generally there is the option to restore the damaged thing or not, in environmental matters effective restoration is indispensable and not optional for the administrator of the damaged good, particularly due to the common ownership of environmental goods, given that the environment cannot be damaged and its economic compensation used for other purposes (Loperena, 1998, p. 73). However, it is clear that restoration will be a sanction to the extent that it is possible. Articles fifty-three and fifty-four of the Biodiversity Law contain this principle, and thus the State [including autonomous institutions] is obligated to have restorability as a principle of action, through the obligation of promotion and, in case environmental damage has already occurred, to seek its recovery, rehabilitation, and restoration. For its part, the rule \"The polluter pays,\" according to doctrine, in Environmental Law has enshrined the principle of strict liability (responsabilidad extracontractual objetiva), without examining the fault or negligence of the agent causing the environmental damage (Loperena, 1998, p. 64), which could be thought to be included within the environmental liability of the Organic Law of the Environment established in Article two, subsection d) [referring to principles in environmental matters], which is a broad liability clause by stating that: \"Whoever pollutes the environment or causes it damage shall be responsible, as established by the laws of the Republic and the international conventions in force.\" The origin of this principle is Anglo-Saxon and should be understood as follows: \"According to the ‘polluter pays’ principle, the person responsible for pollution, (...), a polluting agent is understood as the natural or legal person subject to private or public law that directly or indirectly deteriorates the environment or creates the conditions for such deterioration to occur, seeking in principle to avoid that the environmental protection policy is based on subsidies and state aid and that the burden of the fight against pollution is attributed to the Community, with the cost of the measures necessary for the elimination of pollution or for its reduction to standards or equivalent measures of environmental quality objectives being attributable to the polluter.\" (Ibidem, p. 67). This principle would imply for the polluter the payment and fulfillment of the precautionary measures decreed; the cessation of the polluting activity or its modification; the payment of the pertinent fines; and the repair and compensation for the damages caused. Regarding the completion of the environmental impact assessment (estudio de impacto ambiental) prior to the commencement of works, although at first glance it could be said to be more of an obligation than a principle, doctrine has considered it a principle, whose constitutional foundation is extracted from mandate fifty of the fundamental charter, insofar as it obligates the State to guarantee, defend, and preserve the right to a healthy and ecologically balanced environment. In Environmental Law, preventive measures are vitally important; since preventing is always better than repairing the damage caused, because restoring nature to its previous state is not an easy task. Among the preventive measures is the environmental impact assessment, which is mandatory for the State and individuals. In our country, the first legal regulation involving this concept is the Mining Code, enacted by Law Number 6797. Article one hundred one contemplates that \"in order to guarantee rational use of national resources and to protect their future uses, concessionaires must conduct environmental impact assessments of their activities, in a prior and public manner. These assessments must be conducted by qualified technical personnel, according to the norms provided by the State, and if the assessments are considered deficient they may be rejected by the governmental control body.\" (The highlighting does not correspond to the original). Likewise, the Regulation to the Mining Code contains in its article thirty-four and following what was established by the Governmental Commission for Environmental Control regarding Environmental Impact Assessments. On the other hand, the Wildlife Conservation Law, in numeral 26, establishes the power of the \"General Directorate of Wildlife of the Ministry of Natural Resources, Energy and Mines to grant import permits for wildlife species. Any application for these permits must be submitted, before that Directorate, with an environmental impact assessment (evaluación de impacto ambiental) which, for the purposes of this Law, shall be considered a public document and must include the following requirements...\". Subsequently, with the Hydrocarbons Law, matters relating to environmental protection were established, stipulating the obligation to conduct an Environmental Impact Assessment for the development of hydrocarbon exploration and exploitation activities. This regulatory development achieved an important and significant advance in nineteen ninety-five with the publication of the Organic Law of the Environment, which included a variety of norms related to the Environmental Impact Assessment, and the National Environmental Technical Secretariat (Secretaría Técnica Nacional Ambiental, SETENA) was thus created. Accordingly, article seventeen of this body of norms provides that human activities that alter or destroy elements of the environment or generate toxic or hazardous material waste require an environmental impact assessment (evaluación de impacto ambiental, EIA) by the National Environmental Technical Secretariat (SETENA). On the other hand, this principle has also been incorporated by a series of international instruments, such as the Rio Declaration, which in its principle seventeen contemplated that \"environmental impact assessment, as a national instrument, shall be undertaken for proposed activities that are likely to have a significant adverse impact on the environment and are subject to a decision of a competent national authority.\" In the Convention on Biological Diversity and its Annexes I and II, it establishes that \"Each Contracting Party shall, as far as possible and as appropriate: Introduce appropriate procedures requiring environmental impact assessment of its proposed projects that are likely to have significant adverse effects on biological diversity with a view to avoiding or minimizing such effects, and, where appropriate, allow for public participation in such procedures...\" For its part, the Constitutional Chamber has made a significant contribution by providing that \"the Environmental Impact Assessment is established as the ideal instrument that the State has to guarantee the balance between the conservation of natural resources and the development of human beings in a sustainable manner. In this way, human activity involving the intervention, alteration, or destruction of the environment must be adjusted to what is most environmentally beneficial for the State and the community, or the groups that may be affected.\" Now, the Environmental Impact Assessment cannot be exempted from development, exploitation, or exploration projects; neither by law nor, even less, by any lower-ranking norm, precisely because it has its foundation in the Political Constitution. Finally, it must be noted that the completion of the Environmental Impact Assessment does not imply the start-up of the project in question, since it is a prior requirement that must necessarily be met in the stipulated cases. Regarding the principle that only a declared State of Necessity exempts compliance with environmental norms, more than a principle, it can be taken as a rule, since it is determined that the only exception to compliance with the norms and principles in environmental matters would be the state of necessity, given that the State is the entity called to preserve public order. Therefore, it must be said that the foundation of this \"principle\" would be the State of Necessity; that is, the necessity itself becomes the foundation. Thus, in the presence of transitory and urgent situations in which the continuity of public services becomes necessary, the dispensation of environmental regulations is permitted; it would suffice for the determining event to occur, such as a flood, an earthquake, an epidemic, or for there to be a high degree of certainty that the event will occur in order for the State of Necessity to be declared. As things stand, the Public Administration is permitted to adopt conduct without complying with an environmental provision. For example, the construction of a bridge without completing the Environmental Impact Assessment, or carrying out a project without having a health permit. On the other hand, the State of Necessity must not be confused with Contingency, which can be defined as a future event that may or may not occur. In these cases, dispensation from environmental regulations is not possible, since there is no certainty that the event will occur. In that sense, the Constitutional Chamber has provided that \"contrary to the Law of the Constitution is not only the regulation but also the action of public institutions that dispense with the ordinary procedures and processes for the ordinary action of the Administration.\" (Vote 6503-2001). Consequently, \"for an emergency measure to be understood as a constitutional development, it must attend solely and exclusively to solving the emergency situation that motivates it, and also have – as its purpose – the common good: that is, it must be just and also reasonable (proportionate in the strict sense).\" (vote 6322-2003 of the Constitutional Chamber). Meanwhile, with respect to the principle that the lack of economic resources of public institutions is no excuse that justifies the omission of providing protection to Environmental Law, it is a premise developed with the progressive advancement of economic and social rights; and the application of the principle of the prohibition of social regression. In the terms of the Constitutional Chamber, \"the lack of budgets (economic, material resources and/or qualified personnel) cannot constitute a limit between respect for and violation of fundamental rights, that is, it cannot be a reason for the Administration not to act and take concrete actions so that through its management it finds a solution to the problems that individuals require of it in environmental matters...\" (vote 6322-2003 of the Constitutional Chamber). A vital aspect must not be set aside, and that is the fact that this statement must be analyzed jointly with the principle of budgetary balance, since the Public Administration is obligated to maintain balance in the budget. Thus, an interesting phenomenon arises, since on the one hand the State's obligation to protect the environment is established, without being able to excuse itself due to a lack of resources to fail to comply, and on the other hand, the situation that the Administration cannot abruptly break the budgetary balance to fulfill its constitutional duties and obligations. Consequently, it is necessary to seek a way to comply with both statements, in such a way that environmental protection is guaranteed and budgetary balance is also maintained. That is, a harmonious, integral application between both postulates is required. It is convenient to indicate that in most cases, a lack of budget is more a consequence of the prevailing political line on the matter than the non-existence of the resource itself. Meanwhile, with respect to the principle of Coordination among the different dependencies of the Public Administration, it derives from the principle of State Unity. This follows from constitutional jurisprudence, which has recorded that \"the protection of the environment is a task that corresponds to everyone equally, that is, there is an obligation for the State – as a whole – to take the necessary measures to protect the environment, in order to avoid degrees of pollution, deforestation, extinction of flora and fauna, excessive or inadequate use of natural resources that endanger the health of the governed.\" (Ibidem, the highlighting does not correspond to the original). In Spain, this statement is expressly contained in the Political Constitution in numerals one hundred forty-eight and one hundred forty-nine; and is called the Principle of Organic Coordination; which is based on the fact that the Constitution attributes the function of protecting natural resources on a shared basis to the State and the Autonomous Communities. Coordination occurs when a problem exceeds the competence of one entity, and for this reason, coordination with the corresponding entity or public body becomes necessary, and it has been defined as \"the ordering of the relationships between these various independent activities, which takes charge of that concurrence in the same object or entity, to make it useful for a global public plan, without suppressing the reciprocal independence of the agent subjects.\" (Ibidem, the highlighting does not correspond to the original). In the Costa Rican legal system, at the legal level, this principle is enshrined in Article 3 of the Organic Law of the Environment, and at the international level, it has been stated, among others, in the Stockholm Declaration on the Human Environment by contemplating that \"in order to achieve a more rational management of resources and to improve environmental conditions, States should adopt an integrated and coordinated approach to their development planning so as to ensure that development is compatible with the need to protect and improve the human environment for the benefit of its population.\" From the foregoing, the necessary state coordination to achieve full compliance with constitutional obligations is extracted, an importance that becomes even greater when dealing with the protection and preservation of the environment. In this sense, although there is a governing body in the matter, such as MINAE, the collaboration of other instances or dependencies is necessary; this Ministry is empowered to integrate all those involved, such as the municipalities, which in certain matters are even the only ones with competence. Regarding the fact that injury to this Environmental Law occurs both by action and by omission, it follows from the Political Constitution itself in the many times cited article fifty, since as the Constitutional Chamber has pointed out, \"omissions in the duty to protect the environment and comply with environmental regulations are of constitutional relevance, because as a consequence of the Administration's inertia in this matter, damage can be caused to the environment and natural resources, sometimes with similar or greater consequences than those derived from the actions of the Administration.\" (Ibidem). In that sense, one could even think of the omission in the issuance of a law indispensable for the protection of the right to a healthy and ecologically balanced environment, or carrying out construction without the approval of the Environmental Impact Assessment; or failing to exercise oversight duties; which are just some examples in which the inactivity of the Administration, both formal and material, can cause serious damage to the environment, often greater than that produced through actions. Regarding the inoperability of positive silence (silencio positivo) in matters concerning the use of natural resources, as is known, positive silence is an instrument typical of administrative law and operates in all that oversight activity of the State, when after a reasonable period has elapsed, which in our legal system is one month [unless a norm provides a contrary period] after the application is submitted, the Administration does not oversee the activity, then it is deemed granted. It arises for permits, authorizations, licenses, in accordance with numerals three hundred thirty and three hundred thirty-one of the General Law of Public Administration. However, this rule is not applicable in environmental matters, since the constitutional right to a healthy and ecologically balanced environment is above it. On the matter, the Constitutional Chamber has stated that: \"...these rules – positive silence – are not applicable in matters of permits for the use of natural resources (forestry, mining, marine, waters of the Nation, forces derived from water resources, etc.), [...], precisely by virtue of the superior value (public interest) of environmental protection, and precisely because of the conceptualization of environmental law as a fundamental right [...]\" (Op. Cit). This principle was enshrined by the Constitutional Chamber for forest resources; however, given that protection is afforded to all of nature, it is understood to govern for all environmental matters, since the non-application of positive silence in environmental matters, it could be noted, finds its justification in the superior value, that is, the public interest, of protecting the environment as a fundamental right. At the legal level, this \"principle\" has been expressly enshrined, as in the Forestry Law, which is one of them, by providing, in a very broad and clear manner, that positive silence does not operate in matters of natural resources. The problem is that its enshrinement as a principle should be found in a more direct and express manner, since as is known, one of the ways to protect the environment is precisely by preventing permits for the exploitation of natural resources from being deemed granted due to the inertia of the Administration, which would generate, in many cases, irreparable damage to the environment or even the loss of some of its components. Finally, regarding citizen participation in environmental matters, it is enshrined in a principle whose foundation is extracted from Articles twenty-seven, thirty, and fifty of the Constitution, insofar as citizens have the right to access the information available and to its dissemination for decision-making. Citizen participation constitutes a consequence of the democratic principle and encompasses the right to information relating to environmental projects or projects that may cause injury to natural resources and the environment, and the guarantee of effective participation in decision-making. For its part, Article ten of the Rio Convention elevated participation to the rank of principle in environmental matters by providing that \"Environmental issues are best handled with the participation of all concerned citizens, at the relevant level. At the national level, each individual shall have appropriate access to information concerning the environment that is held by public authorities, including information on hazardous materials and activities in their communities, and the opportunity to participate in decision-making processes. States shall facilitate and encourage public awareness and participation by making information widely available. Effective access to judicial and administrative proceedings, including redress and remedy, shall be provided.\" (Highlighting not from the original). In Spanish Law, its own Constitution contains citizen participation in article one hundred twenty-nine point one by stating that \"The law shall establish the forms of participation of those interested in Social Security and in the activity of the public organizations whose function directly affects the quality of life or general welfare.\" In addition to the constitutional foundation, in our legal system, the Organic Law of the Environment contemplates this principle, as does the Regulation on Procedures of the National Environmental Technical Secretariat; they even establish the holding of a public hearing in the Environmental Impact Assessment procedure; but the Costa Rican legal system is not on the sidelines of this important postulate, since in a Democratic Rule of Law State like ours, the participation of the population is one of the fundamental pillars and should be further strengthened.\n\nV.- REGARDING THE PUBLIC DOMAIN IN THE RIGHT TO WATER: The Political Constitution, in article one hundred twenty-one subsection fourteen, states: \" (...) In addition to the other powers conferred by this Constitution, it corresponds exclusively to the Legislative Assembly: (...) 14) To decree the alienation or the application to public uses of the property belonging to the Nation (...).\"\n\nThis constitutional provision has been developed in the Civil Code, in articles two hundred sixty-one to two hundred sixty-three; the first of them states: \"Public things are those which, by law, are permanently destined for any service of general utility, and those which everyone may use because they are given over to public use. All other things are private and subject to private property, even if they belong to the State or the Municipalities, which for that purpose, as civil persons, are no different from any other person.\" In turn, the following provision adds: \"Public things are outside commerce; and they may not enter into it, as long as it is not legally so ordered, separating them from the public use to which they were destined.\" Thus, public domain (dominio público) is understood as the set of goods subject to a special legal regime different from that governing private domain, which, in addition to belonging to or being under the administration of public legal entities, are affected or destined for purposes of public utility and which manifests itself in the direct or indirect use that any person may make of them. It is worth adding to that definition the existence of public patrimony (patrimonio público), understood as the existence of a series of goods that by provision of the constitution-maker, or derived from it (normally positively provided in an ordinary law), are patrimony of the Nation under the administration of the State, which eventually could grant some legal situation based on them. In these cases, that patrimony is not available to the community directly or indirectly, nor does it even affect a public service; they normally have considerable economic value, and the Nation has reserved them for itself for the benefit of the community. Pursuant to the cited legal provisions, the State possesses both public domain goods and private goods; public goods are those to which a law gives a destination for public or general use, they are called \"demanial\" (demaniales) and are inalienable (inalienables), imprescriptible (imprescriptibles), unseizable (inembargables), and not subject to adverse possession claims (indenunciables). The logic of public goods is that their domain precedes the State itself, so that they belong to the Nation as a requirement for coexistence in society; the State merely administers them, which as a rule of principle prevents them from leaving the public sphere. That is, they are affected by their own nature and vocation (See Constitutional Chamber, Voto 2306-91 of 14:45 hours on November 6, 1991). It is said that they belong to the Nation when the State limits itself to their safekeeping and protection, without in principle being able to dispose of them. These goods are outside the commerce of men and consequently have a nature and legal regime different from private goods—which are governed by the right of property in the terms of Article 45 of the Political Constitution—inasmuch as, by express will of the legislator or by their very essence, they are affected to a special destiny of serving the community directly or indirectly, or constitute patrimony of the State, that is, to the public interest, and for that reason, cannot be the object of private property, and therefore, cannot belong individually to private parties, nor to the State, in the strict sense, since the latter limits itself to their administration and guardianship. Thus, what defines the legal nature of demanial goods is their destiny, insofar as they are affected and are at the service of public use, as recognized by the doctrine on the matter; thus, Nombre33033, Miguel S., in his work Tratado de Derecho Administrativo (Vol. V. Abeledo-Perrot. Buenos Aires. 1992., p. 25), considered: \"For a good or thing to be considered as a dependency of the public domain, and to be subject to the pertinent regime, it is necessary that said good or thing be affected to 'public use,' direct or indirect, it being necessary, in this 'latter' case, that things be directly affected—as 'final goods' or 'use goods'—to the utility or common convenience, excluding from the public domain status those State goods that are of a merely instrumental character.\" On the other hand, the State's private goods are regulated by private law with elements characteristic of public law. These goods are within the commerce of men; they can be transferred, appropriated, and are not imprescriptible; therefore, they are susceptible to usucapion (usucapión) for the benefit of private parties, in accordance with Article two hundred sixty-one already indicated. Note that the emphasis of the differentiation is given in relation to the destiny of the good, that is, the fact of being affected to a common use or to the service of the common good (see Constitutional Chamber in Judgment No. 2301-91, of November 6, 1991 and 2000-06903 of 15:48 hours on August 8, 2000). As already noted, due to their special legal nature, they present the following attributes: they are imprescriptible, which implies that by the passage of time, the right of property over them cannot be acquired, not even mere possession, that is, they cannot be acquired through usucapion, nor can they be lost by prescription; for which reason the use permits that the Administration grants over them always have a precarious character, which means they can be revoked for reasons of opportunity or convenience at any time by the Administration—in the terms provided in Articles 154 and 155 of the General Law of Public Administration; and the concessions granted over them for their use can be canceled, through a procedure for that purpose; they are unseizable, meaning they cannot be subject to any encumbrance or seizure, either by private parties or by the Administration; and they are inalienable, which translates into the condition that they are outside the commerce of men; hence they cannot be alienated, sold, or acquired, whether gratuitously or for consideration, either by private parties or by the State, such that they are excepted from the commerce of men and subject to a special and reinforced legal regime. In addition, their use and utilization is subject to the police power, in that, being goods that cannot be the object of possession, much less property, their utilization and use is possible only through duly authorized acts, that is, by concession or use permit, granted by the competent authority; and to constant control by the Public Administration. A public good may be natural or artificial, depending on whether they are goods declared public by the legislator considering them in the state that nature presents or offers them (a river, for example), or goods declared public by the legislator but whose creation or existence depends on a human act (construction of a street or a public park, for example). Affectation (afectación) is the fact or the manifestation of will of the public power, by virtue of which the thing becomes incorporated into the use and enjoyment of the community and may be effected by law or by administrative act. The doctrine distinguishes between \"assignment of the public character\" to a good and the \"affectation\" of that good to the public domain. The assignment of the public character means establishing that that specific good would have demanial status; thus, for example, the general legal norm would say that all public roads are components or dependencies of the public domain, and that means that both current ones and those that may eventually be built are such. In contrast, affectation means that the good declared demanial becomes effectively incorporated into public use, and this has to do with the acceptance and receipt of public works when they are built by administration or by the conclusion of the works and their official receipt, when a private party carries them out (construction of an urbanization or subdivision (fraccionamiento), for example). It is for this reason that it is said that affectation may be declared by law in a generic form, or by an administrative act, which, necessarily, must conform to the legal norm that serves as its reference (principle of legality). As a consequence of what was said in the previous point, it is evident that the demanial regime exists per se. Its existence and public notice occur independently of the Registry, and it is not permissible for the registered owner to allege lack of knowledge as a means to distort it and counteract the affectation. The principles of inalienability and imprescriptibility that characterize the public domain prevent the figure of the third-party registrar from being invoked against it to consolidate private property illicitly removed from that regime. The public domain has legal public notice and, in many cases, natural public notice. The foregoing goes hand in hand with the principle of initial registration (inmatriculación) of real estate components of the public domain, which has material public notice and not necessarily formal or registry public notice. In the face of the public domain, private detentations suffer from a weakened value, no matter how prolonged in time and even if they appear protected by entries in the Property Registry. The condition of a public domain good and of public use affects third parties, even if such quality does not appear from the Property Registry. These are goods that, by their nature, do not need registry inscription (Voto 019-2009-SVII, Administrative Litigation Court, Seventh Section). Note that said principle, as an exception to the principle of registry publicity, has its basis in that public domain goods enjoy material public notice and therefore their registry publicity is not necessary, insofar as public domain goods, by their nature, are not subject to said institution. Additionally, there exists the figure of \"de-affectation (desafectación),\" which is \"the legal situation by which a good ceases to belong to the public domain (...) goods that are de-affected become, in principle, patrimonial goods of the titular Administration, which, where appropriate, may alienate them (...)\" (Voto 035-2009-SVII, Administrative Litigation Court); a situation that in sound logic could only occur in those that have been declared as such by law, since in those where their condition is intrinsic, such possibility would be barred. Before directing the argument more specifically to the point at issue, it is evident that when the demanial good has been created by a private party or represents an especially intense affectation that the party is not obligated to bear, said character does not inhibit the obligation to assume responsibility on the part of the Administration, in order to permit equilibrium in public burdens. Now, with respect to water, the Constitutional Chamber, in Voto No. 5606-06, recognized its condition as a human right when stating:\n\n\"VII.- Access to potable water as a human right. In addition to what has been indicated, and perhaps the most relevant aspect of this issue, is the nature and function of water for human life. It is not necessary to detail here an explanation of the evident and notorious reality that without water there can be no life, nor quality of life, and that therefore, with or without a nationalization law, by its own essence, this issue is not and cannot be a territorial or local issue. This Chamber itself in its constitutional jurisprudence has stated that access to potable water is a fundamental human right, insofar as it constitutes an integral part of the content of the right to health and to life. (CONSTITUTIONAL CHAMBER, Judgments Nos. 534-96, 2728-91, 3891-93, 1108-96, 2002-06157, 2002-10776; 2004-1923). This same line has been maintained in Judgments 2003-04654 and 2004-07779, which, as relevant, state:  // 'V.- // The Chamber recognizes, as part of the Law of the Constitution, a fundamental right to potable water, derived from the fundamental rights to health, life, to the environment, to food, and to decent housing, among others, as has also been recognized in international instruments on Human Rights applicable in Costa Rica: thus, it appears explicitly in the Convention on the Elimination of All Forms of Discrimination against Women (Art. 14) and the Convention on the Rights of the Child (Art. 24); in addition, it is enunciated in the International Conference on Population and Development in Cairo (principle 2), and is declared in numerous other instruments of International Humanitarian Law. In our Inter-American Human Rights System, the country is particularly obligated in this matter by the provisions of Article 11.1 of the Additional Protocol to the American Convention on Human Rights in the Area of Economic, Social, and Cultural Rights (\"Protocol of San Salvador\" of 1988), which provides that: \"Article 11. Right to a healthy environment 1.- Everyone shall have the right to live in a healthy environment and to have basic public services.' The lack of resources does not justify the non-fulfillment of the duties of public administrations in the provision of this basic service. (CONSTITUTIONAL CHAMBER, resolutions 2003-04654 and 2004-007779). // In turn, as both the Procuraduría and the representative of AyA well recognize in their reports, in the international field the recognition of water as a human right and as a necessary precondition for all our human rights is also majority. It is held that without equitable access to a minimum requirement of potable water, other established rights would be unattainable—such as the right to an adequate standard of living for health and well-being, as well as other civil and political rights. In November 2002, the United Nations Committee on Economic, Social, and Cultural Rights affirmed that access to adequate quantities of clean water for domestic and personal use is a fundamental human right of every person. Likewise, in General Comment No. 15 on the fulfillment of Articles 11 and 12 of the International Covenant on Economic, Social, and Cultural Rights, the Committee noted that 'the human right to water is indispensable for leading a life in human dignity. It is a prerequisite for the realization of other human rights.' It is also emphasized that the State parties to the International Covenant have the duty to progressively fulfill, without any discrimination, the right to water, which entitles everyone to enjoy sufficient, physically accessible, safe, and acceptable water for domestic and personal use. // For its part, several international conferences have been held, among which the United Nations Water Conference held in Mar del Plata in 1977 stands out, which recognized that all peoples have the right to access to potable water to satisfy their basic needs. Also, the Declaration on the Right to Development, adopted by the UN General Assembly in 1986, includes a commitment by States to ensure equality of opportunities for all to enjoy basic resources. // The concept of satisfying basic water needs was further strengthened during the 1992 Earth Summit in Rio de Janeiro. In Agenda 21, governments agreed that \"in developing and using water resources, priority must be given to the satisfaction of basic needs and to the conservation of ecosystems.\" Similarly, in the Plan of Implementation adopted at the Johannesburg Summit in 2002, governments committed to \"employ all policy instruments, including regulation, monitoring..... and recovery of costs of water services,\" without the cost recovery objectives becoming a barrier to poor people's access to clean water. There are also dozens of international instruments that directly and indirectly deal with water as a human right of all persons and peoples, such that it is not only an issue that by its nature tends toward nationalization, but toward the internationalization of its use and utilization.\"\n\nSee how, beyond the normative support, the demanial character of water is a necessary consequence of the imperative requirement it presents for human life, which entails that the internal normative north is supported by Article twenty-one of the Constitution. At the infra-constitutional level, its demaniality is initially regulated in the Water Law, No. 276, of August twenty-six, nineteen forty-two:\n\n\"Article 1.- The following are waters of the public domain: // I.- Those of the territorial seas in the extent and terms established by international law;  // II.- Those of the lagoons and estuaries of the beaches that communicate permanently or intermittently with the sea; // III.- Those of interior lakes of natural formation that are directly linked to constant currents; // IV.- Those of rivers and their direct or indirect tributaries, streams or springs (manantiales) from the point where the first permanent waters spring forth to their mouth in the sea or lakes, lagoons, or estuaries;  // V.- Those of constant or intermittent currents whose channel, in all its extension or part thereof, serves as the limit of the national territory, the domain over said currents being subject to what has been established in international treaties concluded with neighboring countries and, in the absence thereof, or as to what is not provided for, to the provisions of this law;  // VI.- Those of any current that directly or indirectly flow into those listed in fraction V; // VII.- Those extracted from mines, with the limitation indicated in Article 10; // VIII.- Those of springs that spring forth on beaches, maritime zones, channels, basins, or banks of national property and, in general, all those that arise in lands of public domain; // IX.- Subterranean waters whose extraction is not done by means of wells; and // X.- Pluvial waters that flow through ravines or dry streams whose channels are of public domain.\n\n Article 2.- The waters enumerated in the preceding article are of national property and the domain over them is not lost nor has been lost when, through the execution of artificial works or prior utilization works, the natural characteristics are altered or have been altered.\n\nExceptions are waters that are utilized by virtue of contracts granted by the State, which shall be subject to the conditions authorized in the respective concession.\"\n\nFor its part, at the time the granting of the concession occurred, Law 258 of August eighteen, nineteen forty-one, Law of the National Electricity Service, was in force, which stated:\n\n\"Article 1: All the waters of the Republic, which are not of private domain in accordance with the Water Law in force, … are inalienable and subject to the domain, governance, and vigilance of the State\"\n\nWhat is provided by Article four of the Mining Code (Law 6797 of October 4, 1982) supports the foregoing, which states:\n\n\"Article 4.- …. subterranean and surface waters are reserved for the State and may only be exploited by the latter, by private parties in accordance with the law, or through a special concession granted for a limited time and subject to the conditions and stipulations established by the Legislative Assembly.\n\nThe natural resources existing in the soil, subsoil, and in the waters of the seas adjacent to the national territory, within an extension of up to two hundred miles from the low-tide line, along the coasts, may only be exploited in accordance with the provisions of subparagraph 14) (last paragraph) of Article 121 of the Political Constitution.\"\n\nRegarding the Administration of the resource, the repealed Law No. 258 of August eighteen, nineteen forty-one, created the National Electricity Service to exercise the domain, utilization, use, governance, and vigilance of several resources, among them all waters. Authorizing it through numeral six to grant concessions or water rights, a norm that is consistent with the Water Law already indicated, which in Article seventeen establishes that \"Authorization is necessary for the utilization of public waters, especially dedicated to enterprises of public or private interest. That authorization shall be granted by the National Electricity Service in the manner prescribed in this Law.,\" which is reaffirmed by Article seventy of Law 16 of October thirty, nineteen forty-one. In turn, Law No. 2726 of April fourteen, nineteen sixty-one and its amendments—especially those of Law No. 5915 of July 12, 1976—, \"Constitutive Law of the Costa Rican Institute of Aqueducts and Sewers,\" indicates:\n\n\"Article 1.- For the purpose of directing, setting policies, establishing and applying norms, carrying out and promoting planning, financing, and development, and resolving everything related to the supply of potable water and the collection and evacuation of sewage and liquid industrial waste, as well as the normative aspect of storm sewer systems in urban areas, for the entire national territory, the Costa Rican Institute of Aqueducts and Sewers is created, as an autonomous institution of the State.\" (As amended by Law No. 5915 of July 12, 1976, Article 1)\n\nAs can be extracted from the articles transcribed supra and from an integral reading of the respective laws, the S.N.E. had the purpose in this field of representing and exercising in the name of the State the domain over the country's water resource, in order to ensure its preservation and hierarchical use according to the importance of needs. In turn, A y A has the purpose of planning, building, and operating the necessary infrastructure to supply potable water and of overseeing the planning, construction, and operation of the same carried out by private parties for the indicated purpose. As can be seen, representing the State in concession contracts was one of the mechanisms that allowed the S.N.E. to fulfill its legal purpose (as will be seen, that competence was later transferred). Established expressly in its constitutive law as well as in the Water Law. For those years, it was clear that the granting of the connection was its own purview, which included the corresponding contract; while A y A has competence to plan, design, build, operate, and maintain water supply works for a population, as well as the adaptation to its recommendations of the indicated works when carried out by private parties—Law No. 16 of October 30, 1941, No. 809 of November 2, 1949, and the General Law of Potable Water, among others—a function that has never entailed that of granting concessions for the exploitation of waters of the public domain, even when these are destined, as in the case at issue, to supply potable water to a defined population. From the stated norms, especially the Law of A y A (as well as Articles 266 and 276 of the General Health Law, Law No. 5395 of October 23, 1973), it is clear that with the exception of the latter, only the municipalities, Empresa de Servicios Públicos de Heredia, Community Development Associations (through Rural Aqueduct Committees), or other local bodies with which A y A may enter into an agreement to that intent, are there no other bodies empowered to administer public aqueducts. Thus, a private party is not authorized by the legal system to provide the public service of population supply of potable water and sanitary sewerage, with the exception of the Administrative Associations of Aqueducts and Sewers (ASADAS) as managers of the public service. Consequently, the Ministry of Environment, Energy, and Telecommunications (which assumed the functions of granting water concessions upon the transformation of SNE into ARESEP), prior to granting the concession, would be under the legal obligation to verify that the private party has the prior authorization of A y A and of the Ministry of Health in order for the private company to provide the potable water service to the population, as well as the sanitary sewerage system. In the case of ASADAS that act by delegation from A y A, their legal nature arises from the Constitutive Law of the Costa Rican Institute of Aqueducts and Sewers, in which the latter was empowered to delegate the administration, operation, and maintenance of the aqueduct and sewer systems—which were entrusted to it by the legislator—to groups duly formed for that purpose, as follows from Article two, subparagraph g) of the cited law, when expressly stating: \"The institution is empowered to agree with local bodies on the administration of such services or to administer them through administrative boards of mixed composition between the Institute and the respective communities, whenever it is convenient for the better provision of the services and in accordance with the respective regulations.\" Based on the norm transcribed above, the Executive Branch proceeded to issue several regulations, the most recent being the Regulation of Administrative Associations of Communal Aqueduct and Sewer Systems, (Decree No. 32529 of February 2, 2005), the norm in force, with this latter regulation providing in its Article 3:\n\n'Article 3. A y A, by means of an agreement signed for that purpose, prior favorable agreement of its Board of Directors, may delegate the administration, operation, maintenance, and development of communal aqueduct and/or sewer systems, to associations duly constituted and registered in accordance with the Law of Associations No. 218 of August 8, 1939, its amendments, and respective Regulation, Executive Decree No. 29496-J, published in La Gaceta No. 95 of May 21, 2001. ..\"\n\nFrom the transcribed norm, it follows that the Administrative Associations of Aqueducts and Sewers constitute legal entities of a private nature, given that their creation must be governed by the Law of Associations. For this reason, the constitution of said associations must be carried out with absolute respect for the right to free association and, consequently, they are entities of private law and not public law, notwithstanding that their functioning is subject to the requirements and demands imposed by the regulations that govern them, since they have been entrusted with the exercise of a special activity that, through the figure of public service management, sees them involved in the provision of public services for the benefit of a community. In this regard, the Constitutional Chamber (Voto 3041-97 of 16:00 hrs. on June 3, 1997) has highlighted that the delegation of that responsibility to administer the aqueduct and/or sanitary sewer system implies a clear \"concession\" of public service management, which from a technical standpoint of administrative law is not entirely correct, in the understanding that a concession (except for those granted by the Legislative Assembly) presupposes a competitive bidding procedure, which does not occur with respect to ASADAS. Thus, what would be possible to maintain is that said groups present an authorization in the management of the service, in that they administer by agreement with the Costa Rican Institute of Aqueducts and Sewers that public service, they are, by right, in a position of power with respect to the users and exercise, for that purpose, a series of public competences and functions (Constitutional Chamber, Voto No. 2006-01651 of sixteen hours and thirty-nine minutes on February fourteen, two thousand six).\n\nVI.- ON THE INTANGIBILITY OF DECLARATORY ACTS OF RIGHTS: The nullity or revocation of declaratory acts of rights constitutes a qualified exception to the doctrine of the irrevocability of one's own acts that are favorable to the administered party or to the principle of intangibility of one's own acts, to which this specialized Chamber has conferred constitutional rank as deriving from Article thirty-four of the Political Constitution (See Judgments Nos. 2186-94 of 17:03 hrs. on May 4, 1994 and 899-95 of 17:18 hrs. on February 15, 1995). The general rule is that the respective public administration cannot annul a declaratory act of rights for the administered party, the exceptions being annulment or review ex officio and revocation. For that purpose, the public administration, as a general principle, must resort, as plaintiff and after a prior declaration that the act is harmful to public, economic, or other interests, to the lesivity proceeding (proceso de lesividad), which has traditionally been understood as a guarantee for the administered parties. On this matter, this Constitutional Tribunal in Voto No. 897-98 of February 11, 1998, indicated that \"... the Administration is barred from suppressing by its own action those acts it has issued conferring subjective rights on private parties. Thus, subjective rights constitute a limit regarding the powers of revocation (or modification) of administrative acts, in order to be able to demand greater procedural guarantees. The Administration, by issuing an act and subsequently issuing another contrary to the first, to the detriment of subjective rights, is negating those rights, which it had granted through the first act, whether by error or for any other reason.\"\n\nThis implies that the only avenue the State has to eliminate its own act from the legal system is the jurisdictional lesivity proceeding (proceso de jurisdiccional de lesividad), since this proceeding is conceived as a procedural guarantee in favor of the administered party, or alternatively, in our legal system there exists the possibility of going against one's own acts in the administrative venue, in the case of absolute, evident, and manifest nullities (nulidades absolutas, evidentes y manifiestas), upon prior opinion of the Contraloría General de la República and the Procuraduría General de la República (as a further guarantee in favor of the administered party) and in accordance with Article 173 of the Ley General de la Administración Pública. Consequently, if the Administration has failed to observe the rules of these procedures, or has omitted them wholly or partially... the principle of one's own acts (principio de los actos propios) determines as the effect of such irregularity the invalidity of the act.\" Pursuant to Article one hundred seventy-three of the Ley General de la Administración Pública, a public entity or organ may well annul in the administrative venue an act declaratory of rights for the administered party but harmful to the public or patrimonial interests of the former, without needing to resort to the administrative contentious lesivity proceeding when the act is vitiated by an absolute, evident, and manifest nullity. The absolute, evident, and manifest nullity must be the subject of a prior, favorable opinion by the Procuraduría General de la República or the Contraloría General de la República—a preparatory act to the final annulment act. It shall correspond to the Contraloría when the nullity concerns administrative acts directly related to the budget process or administrative contracting (Hacienda Pública). That opinion is indispensable, to such an extent that this Chamber, in Voto No. 1563-91 of 3:00 p.m. on August 14, 1991, held that \"...It is evident, then, that as of the entry into force of the Ley General de la Administración Pública, the competence to annul in the administrative venue may only be admitted if the duty to provide an expert and external opinion to the organ that will issue the final act is fulfilled.\" It is a binding opinion—from which the consulting organ or entity may not depart—since Article two of the Ley Orgánica de la Procuraduría General de la República establishes that it is of mandatory compliance, through which a type of prior or preventive legality control is exercised, insofar as it must precede the final act of the ordinary proceeding initiated to decree the ex officio annulment (anulación oficiosa), which does not conflict with any of the degrees of administrative autonomy, as it is a specific manifestation of the supervisory power inherent in intersubjective direction or administrative oversight. It is logical that such opinion must be favorable to the annulment claim of the consulting administration, and above all that it positively verifies the gravity and substance of the defects justifying the exercise of the power of ex officio review or annulment. The respective public Administration is barred by the infra-constitutional legal system from determining when an evident and manifest nullity exists, since this determination is reserved to the technical-legal and consultative organ called the Procuraduría General de la República, as a deconcentrated organ of the Ministerio de Justicia. In cases where the opinion must be rendered by the Contraloría General de la República, it is also binding in nature by virtue of Article four, final paragraph, of its Ley Orgánica No. 7428 of September 7, 1994. It must be clear that not any degree of invalidity or nullity authorizes a public entity or organ to decree the ex officio annulment of an administrative act declaratory of rights for an administered party, since the administrative legal system requires that certain specific and aggravated characteristics or connotations be present to qualify it. That which is evident and manifest is that which is patent, notorious, ostensible, palpable, clear, certain, and leaves no margin for doubt or requires no dialectical or logical process or effort of verification to discover it, precisely because of its gross and serious nature. In this sense, it suffices to compare the administrative act with the legal or regulatory norm that gives it coverage to reach such a conclusion, without any need for hermeneutics or exegesis. When the nullity does not possess such characteristics, the respective public administration—author of the act sought to be annulled or reviewed—must, prior to the declaration of nullity, open an ordinary administrative proceeding in which the principles and guarantees of due process and defense must be observed (Article 173, paragraph 3, of the Ley General de la Administración Pública); the justification for observing that proceeding lies in the fact that the final act may eliminate a subjective right of the administered party (Article 308 ibidem). On this point, Article one hundred eighty-three, first paragraph, of the Ley General de la Administración Pública prescribes that, outside the cases provided for in the article, the administration may not annul ex officio acts declaratory of rights in favor of the administered party and, to obtain their elimination, must resort to the lesivity contentious proceeding.\n\nVII. ON THE MERITS OF THE PROCEEDING: The plaintiff maintains that she is the possessor of part of the property of the Puntarenas district with Folio Real number fifty-three thousand five hundred - zero zero zero, which, from the verification of the list of proven facts, is an unquestionable matter, even lacking discussion from the administrative file itself and the statements of the representative of the public entity at the trial hearing. We see how the Municipalidad de Corredores acquired a property in said canton from the company Compañía Bananera Nacional, which later changed its name to Palmatica, for the purpose of developing a series of public activities and distributing the remainder among a group of low-income persons, among whom the plaintiff is situated. Although the plaintiff asserts that this transfer to the public entity occurred nearly twenty years ago, the certification submitted for that purpose indicates the contrary, yet both defendant parties place title to the property in the public-law corporation. This aspect is relevant from the perspective of passive standing (legitimación pasiva), as will be seen, but it will be revisited later. According to the plaintiff's theory of the case, she has the right to have part of that property registered in her name, having exercised possession in a public, peaceful, uninterrupted manner and as owner (a título de dueña), regarding which several clarifications must be made. It is evident that for many years Mrs. Nombre110720  has possessed publicly and as owner, but the peaceful and uninterrupted condition is questionable. Regarding these two aspects, note how during the last ten years the public-law Corporation has undertaken efforts toward the vacating of the property, which has been contested by the plaintiff both through legal instruments and in fact, which would prevent considering those requirements fulfilled. Furthermore, civil doctrine, in order to recognize the existence of a property right in the terms sought by the plaintiff, requires what is called just title (justo título), namely the existence of an act of transfer that legitimizes the possession claimed. In this case, it would correspond to a gratuitous act, which, as is known, is a formal contract and does not take effect until it is executed and duly registered in the Public Registry (Registro Público). A situation that is moreover complex in this case if we consider that the property is not even registered in the name of the public entity, which would prevent any disposition. In those terms, the claim should be rejected without further discussion. However, in the opinion of this Court, the crux of the matter rests not on those topics but on the nature of the property sought to be acquired. It was indicated that Administrations possess two types of property: public domain property and fiscal property. As has already been evidenced by various evidence, including that of the plaintiff herself, the lot under consideration is located less than two hundred meters from the water supply well serving the community of La Cartonera, meaning it does not present the distance ordered by the Ley de Aguas in its Article thirty-one. It involves, in effect, two hundred meters around the intake zone that are affected and, as such, are not within the commerce of men. This leads us to the necessary consequence that the norms of private law invoked by the plaintiff for her benefit are not applicable to the sub júdice. Stated simply, the property the plaintiff seeks to acquire cannot be the object of adverse possession (prescripción positiva), as it is manifestly and evidently affected to indirect public use, insofar as it guarantees a fundamental public service such as the supply of potable water in the area under consideration. Note how everything suggests that the existence of the well predates the adjudication of which the plaintiff was the object, which determines not only that the absence of commercialization of the property is not untimely but also that, since that date, the property was not susceptible to the application of adverse possession. It is a matter of applying the norms of private law to an immovable property that possesses diametrically opposite characteristics. This, without further question, compels the existence of a lack of right (falta de derecho) that must be declared. During the oral and public trial, the plaintiff sought to demonstrate that there were other persons closer to the well who had not been subject to disturbances by the public entity, which would somehow determine a type of discriminatory treatment, an argument that, without further questioning, we must reject. It is an obligation of the minor public entity to recover all lands located within the radius of the well for the reasons already stated, whether from the plaintiff or any other person; if there has been inertia in fulfilling legal obligations toward other persons located on the immovable property, it is a reprehensible situation that may well give rise to civil, disciplinary, and even criminal liability of the involved officials (including the mayor himself) who have not fulfilled their legal duty, but that does not allow any right to arise in favor of the plaintiff. It would be an attempt to generate a right from an illegal action contrary to the legal system, which can in no way be accepted by this jurisdictional organ. It is not superfluous to indicate that for this Chamber it is not possible to justify how so much time has passed without the legal procedures having been adopted, despite the clarity of the resolution of the improper hierarch, which was at the time noted by the Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia itself. Thus, the minor public entity's conduct in failing to comply with its obligations becomes, above all, a posture contrary to public law, which we are bound to repudiate. Mrs. Nombre47162  also sought to demonstrate that preventive measures had been taken to avoid possible contamination of the well, a situation that had arisen in its time but had been eliminated through corrective measures, which would make her possession lawful. In this regard, as explained in detail in the fourth and fifth whereas clauses of this decision, the issue of potable water pertains to environmental aspects and is covered by a series of principles that are its own. Within that framework, the protective principle and the pro natura principle, without prejudice to the prior study, determine that even when there is no damage whatsoever, the mere danger of its existence means that the land under consideration cannot leave government hands, since it is not possible in this area to run unnecessary risks insofar as the dangers may affect a considerable number of persons. Besides, the norm of the Ley de Aguas is imperative, of public order, and impossible to interpret as the party intends—that once the objective is fulfilled, it is possible to violate the letter of the positive norm for her benefit. On the contrary, the objective would allow that, under special conditions, the withdrawal diameter could be greater, but the letter of the provision mandates a minimum protection of the meters already indicated. In that manner, this argument must also be rejected. Finally, the plaintiff invoked that she does not have the economic means to build her house again, which would cause her serious harm. It is proven in the file that the Municipalidad has sought to correct the situation, granting the plaintiff another lot within the community, which does not meet her interest (despite her having accepted it and it being registered in her name), as she has already built on the immovable property under dispute and it represents a greater distance from her mother, who assists her with the care of her children. In this regard, the Court must be more than emphatic in pointing out that the public entity originally intended to grant a lot, not a house; likewise, if the corporation sought to mitigate poverty conditions in the area, nothing obliges it to grant the property under the conditions that best suit the plaintiff's interests. It is a regrettable situation that, coincidentally, several lots were granted in the community, where some are not affected by the legal prohibition and others are (in direct relation to the aforementioned well), the plaintiff's case being in the latter situation; however, the territorial corporation is not obligated to grant the property under the terms sought by the interested party, but rather with respect to those that are technically appropriate, which includes respect for public domain property that might be involved. Up to this point, we have referred to the claim to generate an acquisitive prescription (prescripción adquisitiva), and it is imperative to consider the remaining claims. The second claim advanced seeks the registration of the property underlying the conflict in favor of the plaintiff, that is, it corresponds to a subsidiary request, which, having rejected the former, must suffer the same fate. Registration ultimately depends on the constitution of the usucaption already considered and rejected; without it, no registration before the Public Registry is possible. Finally, the indemnity claim is based on being limited in basic public services due to the property not having been registered in her name by virtue of the defendants' opposition. With regard to the restriction of public services, note that concerning the construction undertaken by the plaintiff, there is not a single element of conviction evidencing its lawfulness, as everything indicates the contrary, which would prima facie lead to the necessary consequence of its rejection. Moreover, the lack of registration is based on legal impossibility, again requesting an aspect contrary to the legal system. Thus, the lack of right is applicable to that request. By way of conclusion, it is possible to affirm that the claim presented by the plaintiff is contrary to law and must be rejected in its entirety, as is hereby ordered. The Court feels obligated to make some clarifications to what is ordered. As previously stated, despite the dismissal of the lawsuit, the existence of an act declaratory of rights in favor of the plaintiff, in force to date, remains incontrovertible, and regardless of its illegality or conformity with the legal system, it continues to date to produce legal effects. Although it was argued at the oral and public trial that this act had been revoked, the truth is that the Third Section of this Court annulled that revocation and sought to redirect the administrative action, which, despite the clarity of what was ordered, has not been complied with by the minor public entity. In view of that administrative action, the plaintiff's conduct becomes one of good faith and covered by the principle of legitimate expectations (principio de confianza legítima), insofar as the right constituted in her favor has not been revoked. The law is incontrovertible as to which is the procedure to annul that act or revoke it as appropriate, which must indeed be ordered following exclusively the legal process. In that manner, any untimely action or one not following that process becomes illegitimate and illegal; thus, it is not a viable course of action. We consider it necessary to note that situation in order to avoid fostering conduct contrary to the legal system.\n\nVIII. ON THE EXCEPTIONS RAISED: The defendant Compañía Palmatica raised the exception of lack of passive standing, based on the fact that the property underlying the conflict is not its property. As was evidenced, said sale indeed occurred, but it is not registered. Thus, Mrs. Nombre110720  was called upon to file her lawsuit against this company as well, in order to have the litis properly joined. The consideration of the substantive admissibility of the lawsuit is a matter to be considered only at judgment. This results in the rejection of the exception raised. For its part, with regard to the exception of lack of right, as indicated, the plaintiff seeks a request that does not correspond to what is regulated by the legal system, such that it must be upheld, and the lawsuit declared without merit on all its grounds.\n\nIX. AS TO COSTS: As regards costs, this jurisdictional organ considers that we are in one of the exceptional cases where the loser is not ordered to pay costs, despite that condition. The plaintiff holds an act declaratory of rights, and there is administrative inertia in the conduct corresponding to it, which compelled her to bring an action to resolve the situation in some manner; regrettably, in the terms presented, it is not legally sustainable. This leads us to issue this decision without special order as to costs for either party in the proceeding.\n\nTHEREFORE:\n\nThe defense of lack of passive standing raised by Compañía Palmatica S.A. is declared without merit. The exception of lack of right raised by both defendants is upheld. Consequently, the lawsuit is declared without merit on all its grounds. Let the public entity take note of what is set forth in the whereas part of this decision, especially that the plaintiff holds a firm and declaratory act of rights, and therefore, if it is in its interest to recover the property subject to the litigation, it must follow the legal procedure, with the corresponding guarantees, and under no circumstances may it act in an untimely manner. Issued without special order as to costs.\n\nRicardo A. Madrigal Jiménez\n\nGrace Loaiza Sánchez                                                                Sandra María Quesada Vargas\n\nExpediente: 10-000042-0419-AG\n\nProceeding of Cognition\n\nPlaintiff: Nombre110720\n\nAgainst: Compañía Palma Tica S. A. and Municipalidad de Corredores\n\nClassification prepared by the CENTRO DE INFORMACIÓN JURISPRUDENCIAL of the Poder Judicial. Its reproduction and/or distribution for profit is prohibited.\n\nIt is a faithful copy of the original - Taken from Nexus.PJ on: 22-03-2026 08:02:26.\n\nSCIJ de Hacienda\nSCIJ de la Procuraduría General de la República"
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